Dulce Cine de Juventud; E.T. el extraterreste

El recuerdo de nuestra infancia viene comúnmente delimitado por aquellas experiencias que conectaron con ese espíritu curioso y tendente a la evasión que todos hemos atesorado y ya olvidado en el marasmo inconsciente de la madurez. Todo niño ha soñado alguna vez con viajar en el tiempo, vivir en un mundo paralelo, tener poderes extraordinarios o disfrutar de la compañía de algún extraño y fascinante ser. Y, de hecho, esos anhelos pueriles heredados de una desbordante capacidad onírica son los que, en último término, enlazan íntimamente con algunos aspectos de la personalidad del adulto en el que nos convertimos. En este sentido, E.T el extraterrestre puede considerarse como la exteriorización que su creador, Steven Spielberg, lleva a cabo para rendir cuentas con su infancia y su imaginativa relación con el mundo que de niño lo incitaba a soñar para escapar de realidades traumáticas.
Producto de esta íntima relación entablada entre creador y obra, resulta paradigmática la inocencia de una película concebida para conmover a todos aquellos que algún día se sintieron solos y precisaron de un amigo con el que vivir aventuras, aunque fuese ficticio o de otro planeta. E.T el extraterrestre es una de esas películas con alma, que conmueven por la sinceridad de su planteamiento, dirigidas con una sutil y limpia mirada, y coherentes con una visión del mundo más agradable, idealista y fraternal. Desconfíen de aquellos que achacan un exceso de edulcorante en la trama ideada por Spielberg, pues está en su propia naturaleza, la de la película, ofrecer una historia de cuento tan bonita como fascinante donde sería absurdo calibrar su verosimilitud; simplemente es necesario un ánimo dispuesto a creer en la magia que rige la amistad entre un chico solitario y un ser tierno y amable de otro planeta.
El mérito de Spielberg es mayor si cabe en cuanto confecciona una trama que mezcla la ciencia ficción, en concreto de extraterrestres, con un género enfocado a los más pequeños, dando inicio, además, a toda una serie de películas ya míticas y con un espíritu de aventura como rasgo característico aglutinadas en torno a la nueva productora del director, Amblin (de lasque en esta sección hemos dado buena cuenta de ellas; Los Goonies, Regreso al Futuro, Quién engañó a Roger Rabbit, Hook, Parque Jurásico...). En este sentido, E.T fue la precursora de un cine familiar que marcó a generaciones de jóvenes cinéfilos gracias a su cuidada y cándida apuesta por valores como la amistad o el afán por vivir experiencias trepidantes.

Y todo a raíz de la llegada a la Tierra de E.T., un extraterrestre que se aleja demasiado de su nave perseguido por unos enigmáticos hombres y finalmente halla refugio en el cobertizo de una familia de la zona. Hasta que Elliot, el introvertido y curioso niño que lo acogerá como su improbable amigo, lo descubre en medio de la niebla cuando se disponía a sacar la basura con una mayúscula y evidente sorpresa. El acercamiento es paulatino, se observan mutuamente en sus actos, con precaución y desconfianza; pero el interés suscitado por la singularidad del otro es más fuerte y la conexión entablada entre ambos se va reforzando progresivamente venciendo las previsibles trabas prejuiciosas. La amistad, entonces, comienza a brotar y Elliott se asegura, con la ayuda de su hermano mayor y su pequeña hermanita, de que su nuevo compañero no sea descubierto por los adultos, personajes sin rostros y con un halo de misterio, que lo llevarán irremediablemente a la muerte.
La película de Spielberg camina de forma fluida, con una claridad expositiva pasmosa, sin ambages y con una mirada inocente como único foco con el que alumbrar su desarrollo. E.T. se introduce en la vida de la familia poco a poco, a través de escenas inolvidables de una comicidad incontenible insertas aún en nuestra memoria colectiva. Cómo olvidar esa hilera de caramelos de colores con los que guiar a E.T hasta un lugar seguro y lejos de miradas indiscretas, o la escena en la que el extraterrestre se pasa con la cerveza y el alcohol le provoca estragos evidentes, o cuando se disfraza en el armario para camuflarse entre un montón de peluches. Mención aparte merece el legendario "Teléfono, mi casa" o esa escena final de bicis voladores surcando el cielo con la luna como telón de fondo (imagen icónica donde las haya que dio identidad a la productora de Spielberg, Amblin), momentos siempre acompañados con la mítica banda sonora del maestro John Williams (er resumen de los mejores momentos aquí).
En E.T todos son recuerdos que permanecen indolentes al paso del tiempo en el imaginario social. Como el propio Spielberg ha reconocido en sucesivas entrevistas, esta es su película más personal, y se nota. Es mágica, hermosa, sincera, inocente, apasionante... sencillamente genial. Uno de esos films que jamás caerán en el olvido por su capacidad para encandilar tanto a jóvenes como a adultos que se niegan a crecer. Como su director, quién siempre soñó con que le cayera un amigo del cielo y décadas después lo consiguió con una envidiable dosis de imaginación y muchas más de aventura y calidad cinematográfica. Siempre llevaremos en nuestros corazones de cinéfilos a ese extraño ser de cuello superlativo, modales exquisitos, timidez encantadora, comicidad desarmante, ternura infinita y luminoso corazón; esté donde esté, E.T.

Películas para Dos Vidas; Chacal (1973)

Esta sección se está convirtiendo para mí en todo un reto para sacar a la luz piezas perdidas de la Historia del Cine. Hace algunos meses publiqué mis impresiones sobre La Noche de la Iguana, una de las obras magnas de John Huston. Me queda mucho camino y este mes no voy a faltar a mi cita mensual con el cine de verdad, el clásico, el de toda la vida.
Para ello me gustaría que todos vosotros os pusiéseis delante del ordenador con la paciencia necesaria para soportar el rollo macabeo que os pienso soltar sobre la "Película Para Dos Vidas" de este noviembre. Hablo de Chacal (Fred Zinnemann, 1973). ¿Y por qué esta película tan rara? Pues por que hace poco observé como alguien, un anónimo, se llevaba de una gran superficie comercial una copia en DVD de una versión patética que Bruce Willis y Richard Gere sacaron hace ya por lo menos 15 años. Se llamaba The Day of the Jackal y estaba dirigida por Michael Caton Jones. Es decir, todo un exitazo.
Aquello me nubló la vista y decidí recuperar el clásico de verdad y verlo con la intención de que tú, querido lector, busques Chacal en cualquier sitio y la veas. Para que contemples cine en estado puro, suspense del mejor que se ha hecho nunca e historia reciente de Europa y de Francia.
Fred Zinnemann (De Aquí a la Eternidad, Historia de una Monja) pidió a Kenneth Ross que adaptara la formidable novela, posiblemente basada en hechos reales (nunca lo sabremos), de Frederick Forsyth titulada Chacal. En ella, el novelista contaba la historia de un asesino a sueldo que era contratado por una organización terrorista en la Francia de los años 60 para dar muerte al entonces presidente, el general Charles De Gaulle.
Ahora que ha terminado el Festival de Cine Europeo de Sevilla, es bueno hacer memoria y recuperar esas películas enteramente europeas que marcaron una época y que son de una calidad mucho mayor que cualquiera de las cintas presentadas este año en el certamen sevillano. La fidelidad con la que Zinnemann lleva a la pantalla las andanzas de este asesino frío, calculador y sin ningún atisbo de escrúpulo es pasmosa. Jamás he visto una adaptación de una novela tan perfectamente realizada.
Soy joven y nadie de la gente que me rodea (a excepción de algún amigo perdido en los lares de Madrid) conoce de la existencia de esta película, lo cual me entristece.
Imperdible es decir poco, apasionante es quedarse corto. A veces, peco de exagerado, pero es que la sección lo merece y la película también. Mi afición al cine me ha llevado desde muy joven a hacer pequeños ciclos de cine en mi casa, con una televisión pequeña de salita de estar y un VHS ante el que me pasaba las horas muertas. Antes de cumplir los 15 años, ya me había visto buena parte de la filmografía de los que hoy descubro que son los mejores directores de la Historia. Llevo recomendando Chacal a todo el mundo que veo desde que tenía esa tierna edad. Ahora, al verla por cuarta o quinta vez, contemplo su magnífico guión, sus impactantes interpretaciones (sobre todo Edward Fox y Michael Lonsdale) y su armoniosa dirección, digna de uno de los mejores realizadores que la Historia del Cine ha visto pasar por sus despachos.
Si se decide a verla, contemplará una apasionante historia acerca de la OAS, un grupo terrorista de acción y liberación en el que el principal enemigo es De Gaulle. Edward Fox es contratado para llevar a cabo una misión que lo ensalzará dentro de la organización y quien sabe las consecuencias que traerá a la mermada estabilidad política de la Francia de finales de los 70.
Una curiosa anécdota histórica cuenta la historia de Carlos Martínez Torres, el pseudónimo de un terrorista miembro de la Organización para la Liberación de Palestina que fue arrestado por aquellas fechas. La Policía le puso el apodo de "Chacal", cuando descubrieron en su equipaje un ejemplar de la novela de Frederick Forsyth. Y es que mucho se ha especulado acerca de la existencia de este terrorista. Si existió, jamás fue capturado y lo más cercano a su persona es este tal Martínez Torres.
El enigma sigue en el aire. ¿Realidad o ficción? ¿Llegó Charles De Gaulle a temer por su vida?

Películas para Dos Vidas; Los puentes de Madison

 Jamás la luz intermitente de una vieja camioneta encerró tanto significado. De tenue intensidad, color macilento y desvaído, repetición mecánica; todo un flujo de sentimientos desatados por la cruel despedida. Una escena que aglutina, en sí misma, toda la capacidad expresiva que el cine puede sugerir con una mera sucesión de imágenes inocentes. El Cine como arte de transmitir el dolor, la pasión, el pesar, la injusticia de la vida misma. No son necesarios discursos grandilocuentes y de extremo dramatismo para ilustrar lo que el espíritu es incapaz de contener; sólo un intermitente simulando el adiós definitivo y una mano crispada asiendo el mecanismo de apertura de una puerta, justo en esa frontera, a pie del puente, inmóvil y dubitativa a ser cruzada, pues, al otro lado, un nuevo mundo, desconocido.
Los Puentes de Madison es una de esas películas estigmatizadas por el conocimiento popular con la categoría de 'drama romántico', que muchos confunden con un edulcorado espectáculo concebido para suscitar las lágrimas de los más sensibles; ignorando la sutileza en la forma y el tormentoso desgarro emocional en el fondo que hacen de esta película una experiencia imprescindible para todo amante del buen cine. Aquí todo despide un agradable aroma a clasicismo, desde su estructura narrativa, heredada de la novela de Robert James Waller (y el guión de Richard LaGravenese), hasta una portentosa dirección precisa en los detalles e implacable en el retrato sentimental de los personajes. 
La sencillez es su premisa; a partir de ahí, todo un desbocado y complejo flujo de miradas, deseos, responsabilidades paralizantes y ansiedades latentes canalizadas por la pasión del encuentro espontáneo; hasta desembocar en el aciago destino que no es más que una realidad que sueña ser ficción.
Francesca es ama de casa en una granja enclavada en el anodino condado de Madison, donde, tras criar a sus hijos y cuidar de su vetusto marido, se enfrenta ahora a la madurez de una vida frustrada en la que los sueños quedaron aparcados por las obligaciones. Nada parece alterar la quietud exasperante del lugar, idílico no obstante en la simplicidad de su paisaje y el agradable transcurrir de la consabida rutina. 
Hasta que un día cualquiera, alguien se presenta ante la puerta de Francesca en busca de una dirección; un hombre maduro y robusto, se trata de un fotógrafo del National Geography que recorre la región para retratar la belleza silente de sus puentes. Las miradas inocentes, entonces, se cruzan, los pensamientos prohibidos brotan, la curiosidad ahonda en la necesidad de la conversación y la compañía mutuas. Se entabla, pues, una relación que entronca con las carencias de cada uno; la sed de intriga y aventura para ella, la figura de la mujer para él; y la pasión, posibilitada por la ausencia de marido e hijos, se desata como una corriente demasiados años estancada.
Sería obvio decir que Clint Eastwood es una figura imponente por la genialidad que atesora, ya sea como actor o como director. Pero en este caso urge reseñar con mayor fruición lo que supone unas cotas de maestría que rayan la excelencia. Los Puentes de Madison supone la obra más personal, intimista, emotiva y desgarrada de su dilatada carrera como realizador, por la sencilla razón de que todo en ella es veraz, sutil y francamente conmovedor. Incluso su interpretación como ese elemento discordante y tan esperado en la vida de Francesca, encarnada por una actriz, Meryl Streep, a la que le sobran los calificativos aduladores. Ambos constituyen una pareja inolvidable en la historia del cine que reivindica la madurez como una época en la que la pasión, aunque soterrada, puede emerger con tanto desenfreno como en la más tierna juventud.
De hecho, esa pasión es la que aún mantiene viva a Francesca, la que la mueve a seguir fantaseando con una vida que nunca tuvo, a permanecer de pie ante ese puente que la acerca a lo ignoto y enigmático. Aquí, los puentes son esa sugerente metáfora que nos habla de oportunidades perdidas y vidas frustradas, de la incoherencia que reina en nuestra experiencia y que nos sitúa en el desasosiego de lo que pudo haber sido. Por un lado, un rumbo arbitrario y apasionante para Francesca; por otro, la apacible vida del hogar que ansía el trotamundos fotógrafos. Sus vidas, al fin, unidas por el deseo compartido del cambio que jamás se atreverán a emprender.
Los Puentes de Madison camina con aplomo y éxtasis a un final apoteósico en la crudeza de su planteamiento. Tras un idilio encantador, filmado con elegancia y detallismo, todo regresa a su estado natural. Regresan los hijos y el marido para Francesca; la carretera y los moteles para Robert Kincaid. Como únicos testigos de esa historia de amor inmortal, los hijos de esta, ya adultos, desenterrando los recuerdos de su madre  fallecida.
La sensación que deja esta película, como un poso agridulce y poderoso en su esencia, es la de haber asistido a un trozo de vida elevado a paradigma del romanticismo más puro y sincero. Una obra maestra.

La saga Harry Potter; Las reliquias de la muerte Parte I

6/10
Harry Potter es ya todo un hombre. Es curioso hacer notar la evolución psicológica y social de un personaje al que hemos visto crecer a lo largo de estos últimos diez años en las pantallas de nuestros cines, desde aquel primer e infantil acercamiento al fascinante mundo mágico ideado por J.K. Rowling, hasta esta última entrega concebida de forma dual en la que la grandilocuencia y gravedad de su discurso nos interna en un complejo universo adulto donde las traiciones, la hipocresía, la envidia o las ineludibles responsabilidades del héroe se conjugan para narrarnos el teleológico final de una saga; la pugna definitiva entre las fuerzas del Bien y del Mal.
Las iniciáticas aventuras de adolescentes que salpicaron las primeras entregas de esta magna obra del cine (por extensión y seguimiento) se han ido diluyendo en la progresiva oscuridad sobre la que se asienta una trama épica de heroes y villanos de corte clásico muy arraigada en el imaginario social de fantasía que todos hemos concebido alguna vez. En ese aspecto, pocas son las novedades que se incluyen en el desarrollo de Las reliquias de la muerte; la lucha introspectiva del personaje central y su contraposición al reverso oscuro amenazante, las repercusiones que acarrea su preeminencia como el elegido ante el resto de personajes secundarios, la exhaltación de los valores de amistad como canalizador necesario para la realización de la misión, y, finalmente, la soledad del héroe en la toma de decisiones y su enfrentamiento contra el vértice del Mal.
La expectación originada por la venta de la última novela sacudió a legiones de fans de todo el mundo en busca de las respuestas que satisficieran las incognitas que jalonaban los últimos episodios literarios del mago de gafas redondas, sin embargo, ese nerviosismo generalizado dio paso rápidamente a un decepción palpable ante el largo y tedioso preámbulo que la autora introducía con caracter previo a la lucha final y que alargaba este último libro hasta las 700 páginas. Curiosamente, esta primera parte cinematográfica que los responsables de la saga han ideado con un evidente objetivo comercial versa exclusivamente sobre ese preámbulo, aburrido, innecesario, enervante y profundamente insatisfactorio. 
Con este planteamiento inicial, no era nada fácil que los aficionados o no del mundo de Potter salieran extasiados con la acción frenética contenida en esta película. Paradójicamente, y si bien la materia prima es la que genuinamente concibió Rowling con sus evidentes deficiencias, Las reliquias de la muerte sorprende como un maduro producto cinematográfico salpicado de momentos realmente sugerentes apoyados con un uso de los efectos visuales demoledor, descarnado e impactante, que elevan el tono espectacular de una trama por lo general anodina.
El arranque de la película es intenso e intrigante, ejemplarizado por ese tour de force a escoba por el cielo londinense en el que los chorros de luz de las varitas de las maléficos mortífagos persiguen a una pléyade de Harry Potter clonados; o la caída apocalíptica del Ministerio de Magia con su líder a la cabeza (maravilloso el breve rol de Bill Nighy) en las manos de un cruel establishment mágico que persigue implacablemente a los muggles y sangre mestiza. Sin embargo, con el cese de la acción el interés va decayendo progresivamente hasta que el desnudo bosque en el que se cobijan nuestros tres protagonistas se erige como el rutinario escenario donde no acontece absolutamente nada.
Es justo reconocer que David Yates tiene buen oficio e intenta en varias ocasiones salvarnos del tedio con chispazos sugestivos, como ese espontáneo baile entre Potter y Hermione cuando todo parace demasiado oscuro, o con instantes verdaderamente divertidos y trepidantes, como la incursión en el peligroso Ministerio de Magia utilizando la apariencia de algunos de sus trabajadores; pero el resto, nos sirve para muy poco. Las reliquias de la muerte Parte 1 es una largo (dos horas y media de metraje) aperitivo de lo que promete ser una experiencia fílmica total en la que se librará la batalla que decidirá la pervivencia del mundo mágico. 
 Salimos del cine con ganas de más, como un chiquillo al que se le promete una golosina y rápidamente se le es arrebatada, conscientes de lo que vendrá, un presumible espectáculo visual sin parangón escenificado en el colegio Hogwarts, y para el cual habrá que esperar algunos meses más (llegará a nuestras pantallas el próximo Julio).
Mientras tanto, deberemos contentarnos con esta interesante propuesta, realizada con vigor y ciertas dosis de buen cine, que intenta salvar el inane desarrollo de la primera parte de la novela de Rowling, algo que al menos repercute en la exhibición interpretativa del trío protagonista, ahora más que nunca en el centro de la acción (o más bien la no-acción). Las reliquias de la muerte Parte 1 ahonda en la madurez discursiva de la saga, la eleva a niveles de gravedad y épica inauditos hasta el momento, y nos introduce en los vericuetos emocionales del héroe en su aciaga lucha por la supervivencia propia y la pervivencia de todo aquello que lo rodea, de lo que se siente garante. La valentía de esta entrega es apreciable, aunque el evidente interés de sus responsables en alargar la aventura para recoger los pingües beneficios reportados por legiones de fans incondicionales la despoje de cieto valor. Continuaremos esperando, impacientemente. El final de una saga ya inmortal bien lo merece. 

La saga Harry Potter (Parte III)

Harry Potter y La Orden del Fénix      7/10

Inserta ya en una notoria dinámica de oscilación cualitativa, ejemplarizada por la fallida El Cáliz de Fuego, los responsables de la saga Potter se percataron de la necesidad imperiosa de insuflar nuevos aires a una adaptación cinematográfica que perdía seguidores en cada una de sus entregas. Ahora llegaba el turno de La Orden del Fénix y se le encomendaba al desconocido David Yates la difícil tarea de solventar los errores pretéritos, eso sí, ayudado por un notable incremento de presupuesto invertido en gran parte en mejorar los efectos visuales y la recreación de espacios mágicos.
Y el resultado difícilmente podría haber sido mejor. Si ayer hablábamos del punto de inflexión posibilitado por Alfonso Cuaron en El Prisionero de Azkaban, que marcaba el paso del espíritu infantil de los orígenes a una dinámica fresca y divertida acorde con la etapa adolescente de sus protagonistas, La Orden del Fénix se inscribe ya en un registro adulto puesto de relieve tanto en el apartado formal cinematográfico como en el desarrollo psicológico de los personajes. En el primer caso, Yates filtra la trama por una serie de patrones que la acercan más a una película de misterio y aventuras al uso que a una mera recreación de un mundo literario con los evidentes clichés derivados del mismo. De hecho, el film fluye sin la acostumbrada sucesión de situaciones superpuestas sin un hilo coherente de conexión, es más, intriga en el desarrollo de los acontecimientos y es sumamente fácil seguirla por los vericuetos de la incipiente oscuridad que domina el mundo mágico de Potter. En cuanto a la necesaria profundización en el caracter de sus protagonistas, se pone de manifiesto un buen trabajo con los actores, los cuales expresan algunas de las emociones y sentimientos encontrados propios de jóvenes de 16 años, por ejemplo, el descubrimiento del amor (al fin hay besos en esta entrega) o el rechazo inconsciente de la autoridad moral de los adultos que pretenden guiar sus pasos.
Además, la historia que vertebra La Orden del Fénix suscita una serie de empatías con el espectador basadas en el odio hacia los ciegos representantes del Ministerio de Magia (sencillamente genial el papel de Imelda Staunton como la flemática Dolores Umbrige, una malvada señora sacada de un salón de té británico) o el sentir de la injustia infringida contra Harry y el profesor Dumbledore. Y es que, tal y como dice el refrán, no hay más ciego que el que no quiere ver. La película deviene con un ritmo in crescendo, desde un arranque comedido y algo nostálgico, hasta un acto final sencillamente genial que nos presenta, por primera vez, un verdadero combate múltiple entre magos, con esa explosión de chorros de luz y sonido que penetran la oscuridad de forma fascinante.
La orden del Fénix es un film que puede gustar tanto a aficionados irredentos de las novelas de Rowling como a espectadores circunstanciales que se acerquen al mundo mágico de Potter sin conocer a la perfección la historia. Yates y todo el equipo técnico de la película realizan un brillante trabajo de realización que acompaña al material primigenio de la novela de acuerdo al sentido que debe inspirar toda adaptación cinematográfica; ilustrar lo que todos hemos imaginado, personajes, escenarios, artilugios, criaturas, etc., cuando leíamos las aventuras literarias del niño que sobrevivió.

Harry Potter y El misterio del Príncipe  5/10  

La empresa no era fácil, y es justo reconocerlo. Posiblemente la novela de El misterio del Príncipe sea la menos plástica de la saga, ya que está basada, en su mayor parte, en el retrato psicológico de Lord Voldemort a través de los recuerdos que Dumbledore y Harry Potter desgranan a lo largo de toda la trama, desde ese primer contacto del director de Hogwarts con un niño traumatizado por unos poderes que no comprende e inserto en un orfanato del mundo muggle; hasta el ascenso a la categoría de villano por excelencia del universo mágico. Y es que a pesar de que la película sigue las andanzas de Harry Potter, el protagonista absoluto de esta nueva aventura fílmica es ese némesis oscuro al que da vida Ralph Fiennes y que funciona como un enigmático polo atractivo que cobra vida a medida que se van descubriendo algunos de sus secretos más íntimos.
Lo cierto es que la película aburre en la mayor parte de su desarrollo, especialmente para aquellos que no estén familiarizado con el reverso literario, y únicamente levanta el vuelo al final, cuando en el asalto al castillo de Hogwarts se ponen en liza todos los efectivos de uno y otro bando en una espectacular batalla sin concesiones que servirá de preludio a la guerra final entre el Bien y el Mal. Además, es en este punto de la historia cuando la autora acomete el giro argumental más osado de la saga que condicionará el consecuente devenir de los acontecimientos.
Es destacable asimismo de esta El misterio del Príncipe su intento de introducir mayores elementos cómicos en una trama ya de por sí demasiada oscura. Se juega con el gag visual y la comicidad de algunos de sus personajes, como es el caso del profesor Slughorn, al que interpreta el siempre genial Jim Broadbent; aunque con resultados dispares y siempre en segundo plano respecto al discurso grave y grandilocuente de la historia principal.
La sensación que deja esta película es muy similar a la suscitada por la novela de Rowling; se entiende como un interludio relativamente necesario entre la frenética sucesión de acontecimientos pretéritos y futuros, como una pausa instrospectiva que la autora introduce para dar un mayor calado a la historia que narra, ofreciéndonos subtramas que complementan y condicionan el esperado y evidente final, el enfrentamiento entre el señor oscuro y el niño que lo consiguió derrotar por primera vez. 

La saga Harry Potter (Parte II)

Harry Potter y El Prisionero de Azkaban    8/10

Cuando todo parecía indicar que la saga Harry Potter se dejaría llevar por la inercia de una historia plenamente arraigada en la mente de millones de lectores que colmarían con su imaginación los evidentes huecos de los que adolecía su adapatación cinematográfica, un seísmo creativo de la talla del mexicano Alfonso Cuarón removió los cimientos de la mojigatería y complacencia infantil latentes en sus predecesoras para traer nuevos aires más acordes con la avanzada pubertad de Harry y sus amigos. El prisionero de Azkaban, cuya novela correspondiente no era, sin duda, la más trepidante ante la ausencia explicíta de ese vértice maligno encarnado por Lord Voldermort, renueva los códigos cinematográficos de la saga introduciendo elementos tan necesarios como trancisiones que aligeren el peso de una sucesión de acontecimientos infinita o escenas en las que se pretende conectar con el mundo interior de su protagonista, ejemplarizado con sus conversaciones con el profesor Remus Lupin.
Probablememte esta sea la adaptación más fiel de todas, aunque Cuaron eluda la traslación paso a paso de los diferentes pasajes del libros, de hecho obvia algunas subtramas que muchos ortodoxos reclamen como imprescindibles. De forma mucho más sencilla, lo que el realizador mexicano hace es contar una historia de forma coherente, como una cinta de aventuras con un principio y un final que funciona de forma autónoma y eficaz. Desde ese espectacular arranque en la casa de la familia muggle de Harry y su consecuente huida en el autobús noctámbulo (¡que portento de estética gótica en un oscuro y enigmático Londres) con los terroríficos dementores tras sus pasos, hasta ese ingenioso juego de tiempo-espacio que J.K. Rowling se saca de la manga para salvar a Sirius Black en un sorprendente final que cobra una dimensión especial visto en la gran pantalla.
Por si fuera poco, en esta tercera entrega tenemos el privilegio de disfrutar de Gary Oldman como el enloquecido y defenestrado Black, el caricaturesco Timothy Spall como el vil vasallo Colagusano, Emma Thompson en el rol de la alucinada profesora de adivinación o Michael Gambon en sustitución del fallecido Richard Harris como profesor Dumbledore. De igual modo se agradece un avance considerable en las aletargadas dotes interpretativas del trío protagonista, quienes se desarrollan tanto fisica como emocionalmente para el alivio y el disfrute del personal.
El prisionero de Azkaban es pura magia fílmica, encuentra el secreto de la pocima del entretenimiento y la agita hasta encandilar a los espectadores que asisten maravillados a un espectáculo de aventuras sin concesiones. Aquí Harry Potter alcanza un nivel de adaptación que se acerca a la excelencia gracias a una estética más atrevida y oscura, un ritmo sostenido y con una fluidez inédita hasta ahora, y un espíritu que empatiza en mayor medida con los seguidores adolescentes de la saga que con el público infantil atraído por una promoción poco fiel a la realidad.

                                                                       Harry Potter y el Cáliz de Fuego  4/10

Paradójicamente, la que podría haberse erigido como cima absoluta de la saga Potter, en consonancia a la calidad literaria y creativa de la cuarta novela, sin duda la más trepidante, densa y bien construida; El cáliz de fuego deviene más bien en un intento fallido de ahondar en la oscuridad del mundo mágico de Hogwarts hasta alcanzar cotas esperpénticas que no casan con el tono general de una historia muy alejada de ese aire grave y apocalíptico que parece querer insuflar a la trama los responsables de la película.
Entre los culpables, lo más factible sería señalar a Mike Newell como causante de una evidente merma cualitativa respecto a sus predecesoras, aunque quizás pecáramos de simplistas e injustos. Es cierto que la nota predominante de la carrera cinematográfica de Newell no ha sido precisamente la coherencia o el caracter personalísimo de sus propuestas (su obra más destacada es la mediocre Cuatro bodas y un funeral), sin embargo cabria preguntarse si es el único responsable del desliz creativo de esta cuarta entrega que decepciona en diversos ámbitos.
En primer lugar, se hace notorio el buen trabajo realizado por Alfonso Cuarón en la dirección de los actores más jóvenes del reparto, los cuales vuelven a adolecer del más mínimo dinamismo y credibilidad en esta película; Potter es, una vez más (aunque ahora de mayor, lo que es más grave), un sosainas sin sangre fluyendo en las venas; Ron detenta cierta comicidad aunque sus caras de espanto no dejen de ser francamente risibles; y Hermione desarrolla esa capacidad genuina suya de irritar al personal a raíz de cada una de sus expresiones de preocupación. El desarrollo del guión tampoco ayuda; la larga extensión del libro se convierte más en un escollo que en una oportunidad para explotar diferentes subtramas, suscitando esa sensación de amalgama de circunstancias hiladas con dificultad que ya se repetían en las primeras entregas. Todo parece caricaturesco, impostado, manierista en las formas, muy desencaminado del producto de entretenimiento que, al fin y al cabo, es Harry Potter.
Es una suerte que en esta película se pueda disfrutar por primera vez de un Lord Voldemort físico encarnado por Ralph Fiennes (electrizante e inquietante ese renacer del caldero y su encuentro con los vasallos) o del auror enigmático Ojoloco Moody, al que da vida Brendan Gleeson. Además, se hace patente un progresivo uso del humor que aligera en ocasiones el discurso épico grandilocuente y que queda plasmado en situaciones realmente divertidas, como ese gran baile de gala en el que Harry y Ron se inician torpemente en las dotes amatorias propias de los adolescentes de su edad.
El Cáliz de Fuego deja esa amarga sensación de lo que pudo haber sido, la adaptación cinematográfica de la, posiblemente, mejor novela de la serie de J.K. Rowling. Desgraciadamente, no se supo extraer la esencia de su reverso literario y quedó como muestra de lo difícil que es emular la imaginación de un lector fantasioso en imágenes reales concebidas para el cine.

Crítica The Town; Ben Affleck se nos hace mayor

7,5/10

Es la sensación que me ha dado al salir de la sala y terminar de ver los créditos de The Town: Ciudad de Ladrones. Un director que ha cogido un estilo determinado y no ha sido traidor a sus principios, que ya exhibió en su anterior película Adiós Pequeña Adiós, una emotiva y absorbente cinta sobre la desaparición de una niña. Una adaptación de la novela de Dennis Lehane (autor de Mystic River) que recordaba en exceso al reciente e irresoluto caso de Madeleine McCann.
En esta ocasión, el cine de Ben Affleck, que de seguir así se convertirá en un buen director en el futuro, nos muestra otro ejemplo de su buen hacer detrás de las cámaras. Las puestas en escena, tanto de una como de otra, nos harta de oscuridad, de suspense y de cierto aire al buen thriller clásico.
No es por alabar a Ben Affleck ni tampoco quiero abonarme a ningún club de fans de su persona, pero simplemente quiero reflejar la realidad latente de un autor que ha vivido el cine de su época y ha cogido los elementos más característicos para mezclarlos todos en una coctelera a la que ha llamado "cine propio".
Si en Adios Pequeña Adiós, tuvo el gran acierto de no aparecer como actor en la película, es ahora cuando ha decidido pornerse las pilas interpretativamente hablando y realizar un muy buen papel en esta ocasión. Después de catástrofes como Armageddon, Algo que Contar, Pearl Harbor, Operación Reno, Daredevil, Al Límite de la Verdad o Pánico Nuclear, por no seguir, Affleck comenzó una buena racha con Hollywoodland, la cual le valió la prestigiosa Copa Volpi del Festival de Venecia. Sin duda, un buen presagio de que este actor se estaba dando cuenta de que estaba perdiendo un tren muy valioso.
Ben tuvo sus quince minutos de fama cuando subió, en compañía de su amigo Matt Damon, a recoger el Oscar al mejor guión por El Indomable Will Hunting. Es, sin duda, una de las películas más destacadas de toda su filmografía y una muestra de que el chaval se manejaba mejor cuando no salía delante de la pantalla. Matt Damon tuvo más tacto a la hora de coger sus papeles y hoy es todo un respetado actor.
Affleck ha tardado, pero se ha espabilado a tiempo. A tiempo de que podamos ver el comienzo de la carrera de un prometedor director. Y no me quiero mojar prediciendo su futuro como actor. Me gustaría, pero no quiero. Por eso quiero añadir a mi veredicto sobre esta película un pequeño gran detalle. Ben sabe dirigir a sus actores. Ya lo hizo con su hermano, con todo un Ed Harris, Morgan Freeman y con la indomable Amy Ryan en su anterior proyecto como director. Ahora ha sido el encargado de desprender al gigante Jon Hamm de su papel de Donald Draper en Mad Men. Su agente del FBI, irónico e incansable, supone un punto de inflexión en la carrera cinematográfica de Hamm y una separación clara y visible de su exitoso rol televisivo. Sin duda, un logro magnífico de ambos, dos profesionales comprometidos.
Por su parte, dos actores de reparto como Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) y Jeremy Renner (catapultado a la fama tras su interpretación en En Tierra Hostil) también realizan interpretaciones más que decentes y dotan a este thriller de una buena consideración en el espectador. Todos, narran una historia que algún avezado crítico ha comparado con la obra magna de Scorsese Infiltrados. Sin duda, toda una exageración teniendo en cuenta la excelente calidad de aquella, tanto en su guión como en su dirección, interpretación y puesta en escena. Pero no quiero ser malvado. The Town es una muy buena película, que se desarrolla también en Boston, pero parece que no quiere ahondar demasiado en las relaciones humanas que se establecían entre las altas esferas de la mafia local y sus "resignados" empleados.
En The Town asistimos a un retrato de las frustraciones, miedos y deseos de vida de un protagonista que se ve asesiado por el amor y más en concreto, de la persona que menos le conviene en ese momento. Al ser una buena película americana, el protagonista tendrá que decidir si huir y comenzar una nueva vida o quedarse con su amada aún a riesgo de ser capturado. Sin embargo, una previsible decisión del personaje de Rebecca Hall obligará a Affleck a "buscarse la vida".
Con una puesta en escena oscura, grisácea y unas buenas transiciones separando cada uno de los clímax de la película, Affleck nos trae un buen entretenimiento y una de las películas americanas más destacadas del último año. Cuando hablamos de los premios del próximo año, se nos olvida citar a The Town. Yo, después de verla y compararla con otras películas de estrenos recientes, la tendría en cuenta a la hora de entregar galardones a la mejor fotografía, guión e incluso montaje.
Porque Affleck se merece despegar como director, ya que como actor su suerte no ha sido la mejor de todas. Veremos a ver si The Town: Ciudad de Ladrones se hace un hueco entre las producciones del año. 
Sería justo y totalmente loable.

La saga Harry Potter (Parte I)

 El esperado final de una de las sagas cinematográficas más exitosas de la historia se acerca de forma inminente y un nerviosismo generalizado por presenciar, esta vez plasmado sobre la pantalla, el apocalíptico y mágico combate a muerte entre el Bien y el Mal, se va haciendo cada vez más perceptible entre la nutrida legión de incondicionales del mago con gafas redondas, es decir, Harry Potter.
Lo curioso del fenómeno literario de J.K. Rowling, trasladado ahora a las salas de cine de medio mundo tras vender millones de ejemplares y alimentar la imaginación de una multitud de adolescentes ávidos del sugerente estímulo de la fantasía; es la compleja empresa que han llevado a cabo sus responsables al encandilar (incluso podríamos hablar de suscitar una sana adicción) a diferentes generaciones de jóvenes que han crecido con las aventuras del mago de Hogwarts.
Y es que han transcurrido ya trece años desde que la escritora británica publicara con un éxito inesperado la primera novela de la saga, Harry Potter y la Piedra Filosofal, periodo de tiempo suficiente para que sus primeros lectores hayan crecido y superado esa etapa “mágica” que todos hemos vivido en nuestra más tierna juventud. Sin embargo, ahí continúan, como un servidor, esperando impacientemente la última aventura cinematográfica del señor Potter, unidos por un extraño lazo de empatía fantástica con las generaciones que llegaron después y que no cesan de acercarse a ese mundo tan cercano como absolutamente maravilloso que  aglutina el colegio de Hogwarts.
Ahora que casi hemos llegado al final del camino (aunque Rowling parezca sugerir lo contrario), se hace imperiosa echar la vista atrás y valorar, cinematográficamente hablando, lo que nos ha deparado una saga ya inmortal, comenzando desde sus orígenes hasta la última entrega vista en cines, que servirá como preludio a Las reliquias de la muerte.

Harry Potter y La piedra filosofal  7/10
Harry Potter y la Piedra Filosofal marcó el siempre difícil arranque cinematográfico de un fenómeno literario que ya en 2001 había alcanzado una incidencia mundial, suscitando, como es obvio, una expectación tan sólo comparable a la adaptación de otra obra magna de la literatura fantástica, El señor de los anillos, que también hacía su aparición por aquellas fechas.
El estricto control que la autora, J.K. Rowling, infringió sobre los responsables de la película, los cuales fueron elegidos con el beneplácito de la misma, favoreció una literalidad evidente en la traslación a la pantalla de la novela, hecho puesto de relieve desde la elección del trío actoral protagonista (físicamente muy semejantes a la imagen preconcebida por la imaginación de la escritora), hasta la recreación minuciosa y conseguida de cada uno de los lugares fantásticos que brotaban de las páginas del libro. De hecho, desde el punto de vista artístico, la factura de esta primera aventura fílmica de Potter es impecable, podríamos decir que incluso artesanal en la elaboración de escenarios y artilugios mágicos que conferían a la película un evidente aire de descubrimiento iniciático de un mundo paralelo.
La Piedra Filosofal no eludió en ningún momento el marcado espíritu infantil que inspiraba las aventuras de un Harry Potter que sólo contaba con 11 años. Para ello, se eligió a un realizador con un amplio conocimiento del género de entretenimiento familiar, Chris Columbus (Sólo en Casa, Señora Doubtfire), para dar forma a una trama inocente, bonita y complaciente que nos presentaba a unos adorables personajes insertos en un enigmático y maravilloso mundo mágico en el que vivir aventuras trepidantes.
Como principal atractivo para los más curtidos, la película se rodeó de uno de los cast cinematográficos más completos de la década, en la que se incluían actores de la talla de Richard Harris, Maggie Smith, John Cleese, John Hurt, Alan Rickman, Robbie Coltrane o Ian Hart, a los que se sumarían muchos más en secuelas posteriores; dando a la saga un inconfundible aroma 'british' como requisito incontrovertible impuesto por Rowling. Y a ello a pesar de la producción mayoritaria de la norteamericana Warner Bros, a la que poco debió importar la remilgada estética del film a tenor de los resultados en taquilla, colocándose como una de las películas más vistas de la historia.
La Piedra filosofal  cumplió con nota su ardua empresa al presentarnos una historia sincera y entrañable que recurría a los valores de la amistad y la solidaridad para enfrentarse a los poderes oscuros que acechaban al trío protagonista. Esta primera aventura no deja de ser por ello un interesante tour por el mundo mágico de Rowling donde nos familiarizamos con el fantástico colegio de magos y sus insospechados vericuetos, así como con la trama que se desarrollará en las siguientes entregas de la saga. Como es obvio, elemental para cualquiera que desee adentrarse en el mundo de Harry Potter.

                                                                             Harry Potter y La cámara secreta    6/10
Es una lástima que la segunda entrega, aunque continuaba  la senda marcada por su precedente, heredaba  algunos de los desaciertos más notorios de la misma. La anquilosada dirección de Columbus, quien no se permitía la licencia de realizar el más mínimo movimiento innovador con la cámara o en la anodina puesta en escena, unida a la literalidad excesiva de la adaptación cinematográfica, hicieron necesaria una renovación inmediata en el planteamiento de la saga si realmente pretendía continuar de forma indefinida. 
Y es que, si bien el desarrollo de la trama era prácticamente idéntico a la de su homóloga literaria, la extensión constreñida del film (que no dejaba de ser de más de dos horas y media) no permitía la inclusión de cada uno de los pasajes del libro, por lo que los responsables optaron por cortar momentos de gran importancia para el devenir de la historia. La sensación general suscitada era la de estar asistiendo a un puzzle al que le faltaban piezas, que no fluía de forma independiente al conocimiento previo de la novela, y  que cuando lo hacía era de forma atropellada, sin transiciones y contando más cosas de las que cabrían en una película para adolescentes.
No obstante, La Cámara Secreta no deja de ser un entretenimiento apreciable muy necesario en el desarrollo de la saga, apoyada en una interesante historia  de misterio y ciertas resonancias detectivescas que nos descubre una faceta más del máléfico Lord Voldemort, al mismo tiempo que nos regala una divertida interpretación de Kenneth Brannagh como el inefable profesor Lockhart. A partir de este punto, todo cambiaría y el espíritu de las aventuras del joven mago se adentró en terrenos más oscuros y misteriosos con resultados dispares. Con La Cámara Secreta se da por finalizada la etapa infantil e inocente de la saga al mismo tiempo que se abría a un público más amplio al que se pretendía llegar con mayores dosis de espectáculo y efectos visuales.

Dulce Cine de Juventud; Parque Jurásico

9/10

La primera por supuesto. Ni El Mundo Perdido ni la desafortunada Parque Jurásico III llegaron a alcanzar el nivel y el listón que tan alto puso Steven Spielberg en esta película tan espectacular que se convirtió en la película más taquillera de la Historia del Cine hasta que James Cameron irrumpió en 1997 con Titanic
Parque Jurásico posee una historia antes mencionada en libros de H. G. Wells como El Mundo Perdido, que nada tiene que ver con la secuela de esta película, Spielberg realizó una de sus obras más conocidas y fantásticas en esta apasionante historia que recuerdo con mucho cariño al verla por primera vez en las Navidades de algún año a mediados de los 90. Una historia en la que un multimillonario científico construia un parque en una isla de Costa Rica con el fin de crear dinosaurios y exhibirlos al gran público. Su frase en la película siempre se me quedará en el pensamiento. Richard Attenborough repetía su "no hemos reparado en gastos" a cada momento que hacía su aparición en pantalla. 
Una película emocionante que incluso tuve la osadía de plasmar en un examen de Biología de la ESO, cuando se me preguntó por el código genético y contesté utilizando un caso práctico en el que reflejaba la posibilidad de que los mosquitos conservados en el ámbar, la resina de los árboles, guardasen en sí la sangre de estos dinosaurios desaparecios hace millones de años por causas aún desconocidas. Naturalmente, mi suspenso era más que evidente.
Una película donde las interpretaciones no destacan en absoluto y son totalmente encubiertas por la aparición de unos animotions con los que Spielberg recreó las especies jurásicas en compañia de Stan Winston, uno de los mejores creadores de efectos visuales de la Historia del Cine. Por su parte, la productora de George Lucas, Industrial Light & Magic, creó algunos efectos visuales que complementaban de manera perfecta la trama de la película.
Parque Jurásico, basada en una novela homónima de Michael Crichton, posee en realidad pocas similitudes con el libro y la reducción de la trama es evidente. En la novela, hay decenas de historias paralelas que Spielberg, a mi parecer, erróneamente dejó de lado. Sin embargo, David Koepp, guionista de la película, supo coger los elementos esenciales del libro y plasmarlos en un libreto realmente destacable que quedará para la historia del cine palomitero. Una película que todos recordamos con una sonrisa en la boca ya que, por lo menos, a mi generación nos recuerda a nuestra más tierna y entretenida infancia.
Con una banda sonora legendaria compuesta por el maestro John Williams, su tema principal ha sido algo recurrente en la memoria colectiva de todo el mundo. Sumamente conocida fue esta película precisamente por ser una de las primeras en explotar de manera directa el merchandising. Rara era la habitación en la que no hubiera un dinosaurio o un poster de la película, una camiseta o una sudadera (como la tuvo un coleccionista en un episodio de Los Simpsons).
No nos podemos olvidar de sus actores. Todos y cada uno de ellos tienen su particular característica que los hace ser unos personajes alejados del término "plano". Por un lado Sam Neill, un nada impresionable paleontólogo que se tendrá que rendir ante los asombrosos y peligrosos proyectos de John Hammond, interpretado por el veterano Richard Attenborough. Por el otro lado, Laura Dern, Joseph Mazzello y Ariana Richards construyen la fragilidad y la valentía que hay que demostrar ante una situación tan inverosímil como la lucha contra unos animales desaparecidos hace ya tanto tiempo. Tampoco he de olvidar a Jeff Goldblum, cuya chulesca interpretación le da el toque humorístico e irónico a la cinta, incluso resultando demasiado cargante.
Inolvidable, frenética, aventurera, espectacular y con unos efectos especiales que quedaron para la Historia del Cine como muestra de cómo no hace falta el uso de tanto "digital", cuando con unos robots bien articulados, se puede crear una sensación de realismo y verosimilitud realmente impecable.
Parque Jurásico es una de esas películas que yo me enorgullezco en calificar como "Dulce Cine de Juventud".

Crítica Scott Pilgrim contra el mundo; ¡Los geeks al poder!

 6/10
Si a muchos encandiló esa sátira del mundo postmoderno en el que héroes de pacotilla ascienden a lo más comentado de la red a golpe de click, es decir, ese genuino intento de innovar los códigos cinematográficos hasta acercarlos a la actual sociedad virtual que era Kick Ass; muchos más disfrutarán de un nuevo experimento, a años luz en cuanto a radicalidad y riesgo de su precedente, que llega ahora a nuestras pantallas lastrado por sus discretos resultados en la taquilla veraniega estadounidense. Scott Pilgrim contra el mundo supone la realización absoluta del sueño de cualquier geek o aficionado a la informática y videojuegos. De hecho, este particular proyecto de Edgar Wright (basado en la novela gráfica de Bryan Lee O'Malley) es, en sí mismo, un indisimulado tributo a una generación que nace y crece al calor de los ordenadores de mesa y terminales de ciber, fascinada por los arcaicos movimientos de héroes rudimentarios y los adictivos sonidos reproducidos en bucle.
Nuestro improbable protagonista, el sosainas y desgarbado Michael Cera (¿a alguién más le recuerda a Berto, el compañero fiel de Buenafuente?), no se queda en la reproducción cutre de los movimientos de sus héroes favoritos de cómic, como ya intentara el bueno de Aaron Johnson en la ya mencionada Kick Ass, sino que logra erigirse, febrilmente claro, en uno de ellos para luchar contra la malvada liga de las ex parejas de la chica de sus sueños, Ramona. Sería absurdo encontrar un mínimo de coherencia en una trama que, sin duda alguna, no la busca, por lo que la actutid más racional es, simplemente, dejarse llevar por una fluida sucesión de situaciones rocambolescas y eminentemente producto de las más desaforada imaginación de un adolescente adicto a la PlayStation.
Ahí está la gracia. Y es que Scott Pilgrim, además de ser el bajista de una cañera banda de rock con escaso éxito, se dedica a enamorar con sus ¿encantos? a toda la chica que se precie, desde una estrella del pop que finalmente le rompió el corazón, hasta a una entusiasta asiática de 17 años, pasando, naturalmente, por la susodicha Ramona. Sin embargo, para lograr conquistar el corazón de esta última, extravagante y enigmática chica recién llegada desde Nueva York, deberá emplearse a fondo y luchar a muerte con toda una serie de inefables personajes con superpoderes y unidos por una experiencia común, haber sido parejas durante algún tiempo de la chica en cuestión. Un hecho poco preocupante para Pilgrim, quien descubre unas destrezas ignotas en el combate cuerpo a cuerpo que ya las hubiese querido para sí cualquier personaje de Bola de Dragón.

La película es, de hecho, toda un despropósito visual y narrativo que funciona a la perfección como entretenimiento retro en cuanto al público al que apela, y profundamente innovador en las técnicas utilizadas para llevarlo a cabo. Como una explosiva coctelera agitada con fruición, Scott Pilgrim desata un poderoso compuesto cinematográfico en el que se combina el más irredento espíritu indie made in usa (estilo Pequeña Miss Sunshine, por ejemplo), combates imposibles herederos de la saga Matrix, estética de videojuegos clásicos como Tekken o Street Fighter, onomatopéyicas escenas de ritmo frenético, diálogos afilados de sarcasmo desganado y una evidente tendencia a la autocomplaciencia geek.
El resultado es audaz, acelerado y disfrutable, aunque, naturalmente, no vaya a contentar a todos. Edgar Wrigth (director de la parodia Zombies Party) desarrolla en la película una desenfadada amalgama de códigos pop autorreferenciales que une de forma notable al lenguaje cinematográfico más tradicional. No en vano, la historia no deja de ser un romance; chico apocado que conoce a chica transgresora y quedan destinados a estar juntos a pesar de las evidentes diferencias.


Para ello, Wright se rodea de toda una terna de jóvenes actores-promesa que inundan la pantalla de frescura, desde los ya consolidados Michael Cera, Chris Evans, Brandon Routh, Kieran Culkin o Jason Schwartzman hasta una sucesión de nombres que darán mucho que hablar; Mary Elizabeth Winstead, Anna Kendrick (nominada al Oscar por Up in the Air), Abigail Chu, etc.
¡Los freakies al poder! parece gritar la sección juvenil del Hollywood de blockbusters. Ya no están en boga las cazurras comedias de adolescentes con el sello American Pie, ni los acaramelados romances de pastiche, ni siquiera ese persistente género de terror que poco tiene que aportar ya; ha llegado la hora de los raritos de la clase, ya sean góticos o geeks, que mueven el cine con una evidente muestra de orgullo de clase. Scott Pilgrim contra el mundo es sólo un ejemplo más de ello realizado con vigor y ritmo, al mismo tiempo que con una trnasgresora motivación de innovar, algo bastante improbable, por otro lado, de hallar en estos tiempos de estatismo creativo. Producto, así pues, muy apreciable para los familiarizados con el mundo de los videojuegos y algo menos sugerente para aquellos más alejados de esa curiosa esfera de ficción. La sensación dominante cuando sales del cine es que acaba de permanecer casi dos horas en la sala de juegos más ruidosa y fascinante de tu vida.

Retrospectiva Matrix; La imposibilidad de controlar a la raza humana

Matrix: 8/10
Matrix Reloaded: 6/10
Matrix Revolutions: 5/10
 
En compañía de mi querido compañero Rubén Polo, experto en el uso y disfrute (o no) de toda una amplia gama de videojuegos, nos lanzamos a un estudio básico de una de las experiencias cinematográficas más absorbentes de finales de los 90. Por supuesto, hablo de la original. Del Matrix primigenio, de aquel donde descubrimos la historia de ese sistema informático de mantenimiento del statu-quo que tenía como vigilantes a una legión de agentes y contra los que "El Elegido" y sus acompañantes debían luchar para evitar la destrucción de la raza humana conocida.
Una película muy original en su planteamiento que no tardó en convertirse en toda una obra de culto debido a su fantástica estética, sus frenéticas escenas de acción y unas secuencias que quedarán para la historia del cine próximo. En unos diez o quince años, Matrix ya no volverá a ser vista de la misma manera que la contemplamos todos los que tuvimos la ocasión de sorprendernos con las andanzas de Neo, Morfeo o Trinity. 
Con una historia en la que la raza humana ha sido esclavizada y sometida a un férreo control por parte de unas máquinas controladas por inteligencia artificial, unos pocos han logrado huir de esa impresionante prisión que los hermanos Wachowski nos lanzaron en una de las escenas más impactantes de la película. Ahora viven en la ciudad de Sión y permanecen alerta para no ser destruidos por la maldad de la inteligencia artificial de la que un día fueron capaces de escapar.
Matrix constituye el programa informático encargado de controlar y someter a la raza humana. Dentro de ese programa existe una vida paralela controlada por diversos subprogramas, que son los que llevan a cabo las labores de funcionamiento del programa principal, véase El Arquitecto, El Oráculo, Merovingio y todos los Agentes, representantes virtuales de las máquinas controladoras del sistema.
La liberación de un pirata informático, que vive en Matrix sin conocer las intenciones y capacidades del programa, será liberado por Morfeo y su equipo. Aquí comenzará una batalla por ganarle la partida a la todopoderosa inteligencia artificial y a las máquinas. Éste es un tema que ya se ha planteado en algunas películas como Terminator, en la que uno de los trasfondos de la historia, era el dominio de las máquinas sobre el hombre. También se reflejó en 2001: Una Odisea del Espacio, donde HAL 9000 controlaba y decidía a su antojo lo que ocurría en la nave espacial, mientras Keir Dullea luchaba por zafarse del control de esa máquina. A partir de ahí, se ha planteado el tema en numerosas ocasiones, más recientemente Yo, Robot, sin demasiada notoriedad hasta que llegó la frescura y la originalidad de Andy y Larry Wachowski y su libreto de Matrix.
Reflexionando en su guión sobre teorías filosóficas de Platón entre las que destaca la "Teoría de los Dos Mundos", donde el filósofo se planteaba si todo lo que tenemos alrededor pertenece a la realidad o si por el contrario todo es una ficción creada y controlada por un ente superior. Las referencias a autores como Isaac Asimov, Stanislaw Lem e incluso Phillip K. Dick son constantes en una película en la que se reflexiona constantemente sobre la posibilidad de que llegue ese temido momento en que la informática y la maquinaria inteligente sustituye a la capacidad humana.
El mayor premio que recibió esta película fue el asombro del público, unos excelentes datos de taquilla con casi 500 millones de dólares de recaudación y cuatro Oscars (montaje, sonido, efectos sonoros y efectos visuales). Posteriores referencias describieron a Matrix como una auténtica reflexión sobre otra teoría de Platón, el mito de la caverna, donde nada parece ser lo que es y donde las apariencias son lo único que se aprecia a simple vista. Existe además una curiosa referencia a Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas y todo a raíz de la frase que se encuentra Thomas Anderson en su ordenador cuando despierta de su letargo: Follow the white rabbit (sigue al conejo blanco)
Aunque Keanu Reeves sea un pésimo actor, sin duda su interpretación en esta película será recordada durante toda la eternidad cinematográfica. No por su calidad interpretativa sino por lo que significa esta película en el imaginario colectivo. ¿Quién no recuerda a Neo y sus avatares con el agente Smith? ¿Quién no recuerda la historia de amor entre Neo y Trinity? Para ello, los Wachowski contaron con la presencia de pesos pesados como Hugo Weaving, Laurence Fishburne, Carrie Ann-Moss, Joe Pantoliano o Monica Bellucci.

Las películas posteriores, Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, son de una factura técnica igual de espectacular. Sin embargo, el guión ya adolece de la dependencia para con la primera película y se sacrifica la historia en favor de los aspectos técnicos. También es verdad que la historia tiene una continuidad lógica durante toda la trilogía que sería imposible de reescribir, dando en su lugar auténticas demostraciones de incomprensión por parte de un público que ya con la primera se quedó con la boca abierta y necesitó ser vista más de tres veces para ser captada en todos sus aspectos más esenciales.
Matrix ha sufrido dos conversiones al videojuego. La primera de ellas, Enter the Matrix, que sirve para hilar la historia que tiene lugar entre el final de la cinta original y Matrix Reloaded, segunda entrega. La otra conversión a videojuego es el The Matrix: Path of Neo, una irregular experiencia que mezcla la historia de las tres películas y la combina con otras historias paralelas, creando un videojuego que obtuvo escaso éxito entre los aficionados.
Es aquí donde usted debe hacer click en este enlace con el botón izquierdo de su ratón y visitar la crítica de ambos videojuegos que Rubén Polo ha preparado en su blog La Vida al Otro Lado. 
En resumen, Matrix es una experiencia única que debe ser visionada una y otra vez. Su riqueza radica en explorar un terreno muy espinoso y de franca actualidad como es la evolución de la inteligencia artificial y su amenaza para nosotros, que podemos acabar exactamente igual que los humanos en esta película. Enchufados por la nuca a un cable del que no podremos desenchufarnos jamás.
¿Inquietante? Me parece que sí...

VII Edición Festival de Cine Europeo de Sevilla

La crisis económica ha afectado por igual a diferentes ámbitos de la vida pública, y la cultura, como es de costumbre, ha sido uno de los flancos más débiles. Son tiempos complejos para el cine y, en concreto, para el circuito de festivales que pugnan por las cada vez más escasas obras de calidad. 
El Festival de Cine Europeo de Sevilla ha sabido, a lo largo de estas siete ediciones, labrarse un nicho bastante cómodo en medio de una competencia feroz que ha obligado a polarizar la oferta de certámenes. Curiosamente, el cine europeo no se había abordado antes como un todo, un cuerpo configurado por las fronteras en las que queda englobado, lo que ha posibilitado que Sevilla se erija como una cita ineludible en la agenda de productores, cineastas y espectadores, algo corroborado con el anuncio, cada año, de las nominaciones para los premios de la European Film Academy.
Esta edición, sin embargo, bien podría entenderse como un punto de inflexión en el acelerado desarrollo del Festival en años precedentes. El recorte de inversión ha incidido en la escasa afluencia de rostros conocidos extranjeros, a excepción del Premio de Honor Internacional Stephen Frears, algo muy en boga en todas las alfombras rojas de Europa. Más preocupante si cabe es la mediocridad en la que se ha instalado este año las propuestas de la Sección Oficial (excepto la excelente En un mundo mejor de Susanne Bier, la cual reseñaremos de forma inminente), así como de las secciones paralelas. La pregunta es, si realmente los responsables de programación del Festival han aplicado un criterio de selección cuanto menos discutible, o si, por el contrario, la producción europea se ha estancado este año de forma peligrosa. Lo cierto es que, tras visionar una parte de la películas proyectadas, la séptima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla deja un regusto amargo sólo salvado por algunos proyectos interesantes. El hastío y el aburrimiento han sido las notas predominantes de un certamen que baja el telón en dos días a la espera del palmarés, el cual esperemos imparta justicia y salve las últimas credenciales de una edición mejorable. A continuación, una breve reseña de algunas de las películas vistas. 

Tamara Drewe 6/10
Pocas formas más atractivas se nos ocurren para dar inicio a esta séptima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla que con una comedia británica de humor negro y refinado filmada por el veterano Stephen Frears, Premio de Honor Internacional de este año. Tamara Drewe, la película que ha inaugurado el certamen aprovechando la presencia del realizador británico en la ciudad hispalense, ha supuesto un agradable entretenimiento, además de una sopresa mayúscula a tenor de la habitual densidad de las propuestas exhibidas
Su nueva película, Tamara Drewe, se inscribe en una última tendencia en su carrera basada en la liviandad de sus planteamientos, como ya hiciera en Mrs. Henderson presenta o Cheri, en esta ocasión como excusa para desatar toda su socarronería algo malévola en una comedia que nos traslada a la apacible campiña inglesa. El humor negro británico es siempre bienvenido, especialmente porque supone un contrapunto necesario a la comicidad un tanto exagerada de sus hermanos norteamericanos. Se suscita la risa con situaciones que bien podrían llevar al llanto o, cuando menos, a la preocupación más absoluta. Sin embargo, el público disfruta, de forma un poco cruel, de los continuos infortunios que los protagonistas sufren. Y, de hecho, ahí se encuentra la agudeza. Frears, en su nueva película, la alcanza con suma facilidad, aunque en algunas ocasiones se perciba una cierta desorientación en el desarrollo de la trama. 
Tamara Drewe es una entretenia comedia que hace pasar un buen rato, aunque su final demasiado negro y su duración excesiva reste un poco de valor al conjunto.

Ondine 5/10
Ondine es una película irlandesa del afamado director Neil Jordan, responsable de cintas como Entrevista con el vampiro, Michael Collins o La extraña que hay en tí; protagonizada por el actor también irlandés Colin Farrell, quien ya presentó en la pasada edición del Festival de Sevilla Triage, de Danis Tanovic. En esta ocasión, Farrell interpreta a un pescador ex alcohólico y marginado que un día cualquiera saca del mar a una mujer entre sus redes, con el consecuente impacto y las conjeturas (es clara la identificación de la chica conuna sirena) que ello provoca. A partir de ahí, la trama se desarrolla a medio camino entre el cuento de hadas y cierto realismo descarnado que nunca llega a conjugar a la perfección. 
Finalmente, Jordan opta por la vía del cuento con final feliz sin dejar demasiado claro cómo hemos llegado hasta ese punto. Una propuesta, pues, fallida aunque relativamente disfrutable que además nos regala la sólida interpretación de la sirena en cuestión, Alicja Bachleda- Curus.

                                                                                    El extraño caso de Angélica 1/10
El extraño caso de Angélica venía legitimada por la larga trayectoría del director en activo más anciano del mundo, el portugués de 102 años Manoel de Oliveira. Con 32 películas filmadas, Oliveira ha alcanzado un status de cierta preeminencia en el panorama internacional de festivales, con una nutrida legión de incondicionales que aman su particular modo de concebir el cine. No en vano, El extraño caso de Angélica participó en la Sección Oficial de la pasada edición del Festival de Cannes cosechando buenas críticas y ensalzando la poderosa vitalidad de su responsable.
No obstante, paraa los humildes espectadores del Festival de Sevilla, una propuesta como El extraño caso de Angélica ha supuesto más una tediosa e insostenible lucha por no caer en el sueño más profundo que el supuesto poema sutil y conmovedor que muchos ven en los interminables planos estáticos y el surrealismo de una trama que entra en clara confrontación con la razón humana.
                                                                                    
                                                                                   
Besa 7/10
La película serbia Besa nos narra una interesante y profunda historia ambientada en la I Guerra Mundial, aunque desde la perspectiva de la retaguardia, donde el tronar de los disparos y cañones dejan paso al hambre, la inseguridad y la incertidumbre que sufren las mujeres huérfanas de sus maridos y familiares. Lea es una de esas mujeres que quedan solas tras la partida a la guerra de su marido Filip, el director de una escuela de una pequeña población serbia. Éste, antes de marcharse, confía la seguridad de su esposa a un albanés taciturno a través de un juramento denominado 'besa', por el que el vasallo deberá proteger con su vida a la muchacha. 
La película Srdjan Karanovic se desarrolla con ritmo pausado, lleno de matices y conjugando a la perfección momentos de cierta comicidad derivados del caracter intransigente del albanés, con otros de evidente dramatismo suscitados por la difícil situación de la retaguardia. Así, lentamente, la relación entre Lea y Azem va ahondando en un aprecio y respeto mutuo que desemboca en un amor velado, prohibido y condenado a permanecer oculto para siempre. Una cinta muy recomendable para espectadores pacientes y amantes de los detalles y matices, que disfrutará con una trama bien construida y genialmente interpretada por sus dos actores principales.
                                                                                    Mr.Nice 5/10                                                                                    
La expectación suscitada en torno a la película británica Mr.Nice era notoria desde semanas antes de que comenzase el Festival. La participación de los actores españoles Luis Tosar y Elsa Pataky ayudó en gran medida a dicho interés, a pesar de la brevedad de sus apariciones en patalla, ambos incluídos asimismo en un atractivo elenco de actores británicos de la talla de Rhys Ifans o David Threwlis. Sin embargo, su director, Bernard Rose, no despertaba precisamente esperanzas, algo que se ha visto corroborado en el producto final, una  película confusa, mal escrita y caóticamente dirigida, desprovista de la continuidad que cualquier autobiografía precisa para el seguimiento idóneo del público. 
Y es una verdadera lástima a tenor de la potencialidad de la historia que cuenta; la extraordinaria vida del traficante de drogas Howard Marks, un escurridizo y hábil negociador que llegó a entablar relaciones con instituciones tan dispares como el IRA, la CIA o el M16, utilizando sus asombrosas dotes para el engaño, la traición o la escapatoria. Pocas tramas basadas en hechos reales (esta toma como referencia la propia autobiografía de Marks, publicada en 1996) contienen en sí mismas elementos tan diversos y atractivos para conformar un entretenimiento eficaz y ocurrente; drogas, sexo, estafas, juicios, amor y tragedia. 
Sin embargo, la película de Rose nunca llega a alcanzar el tono que la eleve más allá de la anárquica consecución de circunstancias. Mr. Nice deja ese poso agridulce de la gran película que podría haber sido y nunca fue. 

The Aviatrix of Kazbek 2/10
The Aviatrix of Kazbez es una cinta holandesa que filma Ineke Smits y que nos traslada a un solitario paraje del país bajo al final de la II Guerra mundial. La película sorprende desde el primer momento, desconcierta al espectador y lo sitúa en una compleja situación donde no es posible agarrarse a ninguna premisa o pacto con la ficción. Finalmente, el hartazgo y la irritación son los sentimientos que sobresalen ante una propuesta extraña que difícilmente tendrá recorrido más allá de los festivales a los que puede acudir.

Chicas 2/10
La afamada dramaturga francesa Yasmina Reza ha patinado de forma flagrante en su primera incursión en el mundo del cine. Chicas fracasa estrepitosamente tanto en el aspecto formal como en la obstusa e irritante historia que se fuerza en narrar sin el más mínimo ápice de coherencia. Y lo hace a pesar del notable reparto que da vida a los exasperados personajes de la trama, desde el veterano y siempre correcto André Dussolier hasta la sensual Emmanuelle Seigner (cómo olvidar ese sugerente juego de seducción con Peter Coyote en Lunas de Hiel), pasando por la española Carmen Maura, verdadero vértice sobre el que se compone la película. 

                                                                                    


                                                                                    De dioses y hombres 6/10
De dioses y hombres, la película nominada a los European Film Academy y ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, nos trasladó a un remoto monasterio del Atlas donde ocho monjes resisten los embites de la realidad circundante con el sosiego que el lugar parece emanar. La cinta, aunque comedida y extremadamente contemplativa, nos dejó algunos momentos de verdadero buen cine apoyado por unas interpretaciones excepcionales, encabezadas por Lambert Wilson y Michael Lonsdale.



Armadillo 5/10
También pudo visionarse ayer el documental danés Armadillo, un interesante relato del sinsentido de la guerra y la difícil posición de esos peones invisibles, los soldados, en un juego de intereses que a ninguno de ellos incumbe. Su director, Janus Metz, sembró la
polémica en Dinamarca por esta propuesta sin concesiones que únicamente pretende hacer notar la desorientación de esos jóvenes que acuden a la guerra sin una idea exacta de lo que allí se juega. Las ansias de aventuras o la exhaltación del espíritu de equipo parecen ser sus motivaciones. Lo realmente triste es que sus vidas quedan truncadas para siempre por el horror presenciado. Todos, al fin, vuelven al lugar al que nunca debieron acudir.

Boardwalk Empire y la herencia de Los Soprano

La cadena de televisión de pago HBO tocó el cielo con la inteligente y primorosa Los Soprano, y ahora busca una digna sucesora que acapare audiencias, críticas elogiosas y galardones en una medida similar a lo que consiguió la serie creada por David Chase e interpretada con una genialidad inaudita por James Gandolfini.
No es una tarea fácil. A pesar del éxito de público de otras series de la cadena como True Blood o Entourage, ninguna de ellas ha cosechado unas alabanzas tan unánimes como las recibidas por cada una de las temporadas de Los Soprano, concretamente seis, más capítulos finales. No es, pues, de extrañar la expectación suscitada por una nueva producción que cuenta entre sus responsables con Terence Winter, escritor y productor de la mítica serie sobre la mafia de New Jersey, Tim Van Patten, realizador también de algunos de los capítulos de Los Soprano, y Martin Scorsese, director del episodio piloto y muy implicado en el desarrollo de esta nueva serie.
Boardwalk Empire nos sitúa en el Atlantic City de los años 20, concretamente en el periodo de la ley seca, y gira en torno a la figura de Nucky Thompson (magistralmente interpretado por Steve Buscemi), un influyente político de la zona dedicado a actividades ilegales de contrabando, concretamente el alcohol que él mismo ha ayudado a prohibir con objeto de extraer una mayor rentabilidad al negocio. En torno a su figura, toda una terna de gángsters, políticos corruptos, policías de dudosa reputación y chupatintas con escaso aprecio a su dignidad.
El retrato de los submundos de las drogas, el alcohol o el poder ha atraído sobre sí una amplia admiración por parte del gran público, una especie de reverso oscuro sobre el que mirarse negativamente. Boardwalk Empire va más allá y nos traslada al mismo seno del que emana esa atracción fatal, la hace cotidiana, un relato implacable y fascinante a la vez de una época oscura donde la hipocresía y la doble moral eran un hecho cotidiano.
Martin Scorsese no es nuevo en esto. A lo largo de su carrera cinematográfico se ha configurado un perfil claro de realizador de los bajos fondos, ya sean físicos o morales, en cintas como Malas Calles, Taxi Driver o Gangs of New York. Ahora se traslada momentáneamente a la pequeña pantalla, donde realiza todo un despliegue abrumador de sus dotes artísticas irreprochables. El episodio piloto de Boardwalk Empire costó 18 millones de dólares, el presupuesto más alto de la historia para un producto televisivo, y contó con más de una hora de duración, una película corta, en fin, que podría ser insertada sin rubor en la amplia fimografía del director como otra obra maestra. De hecho, esta primera entrega está rodada con una profesionalidad pasmosa, un gusto excesivo por el plano exquisito, un ritmo sostenido en el que se percibe el aroma a cine clásico con una elegancia comparable a otro producto de la talla de Mad Men, un libro de estilo, en fin, de cómo elevar a una categoría superior una ficción destinada al gran público televisivo.
 
En un muy interesante artículo del New York Times titulado  Are films bad, or is TV just better?, el periodista A.O Scott  nos invita a reflexionar acerca de la prevalencia de un modo de producción y consumo cinematográfico que se está viendo desplazado por la calidad evidente de los productos televisivos que, además, cosechan críticas elogiosas desde todos los sectores. Cabría preguntarse si realmente el destino del cine es su traslado a la confortabilidad del hogar o si, por el contrario, se podría adaptar las actuales series televisivas a las salas de cine.
El hecho es que obras como Boardwalk Empire ponen sobre la mesa un estilo cinematográfico que innova en su forma de presentarse ante el público. Únicamente queda verificar si realmente supone el relevo que la HBO busca para suplir el enorme hueco generado por la excepcional Los Soprano. Lo cierto es que tiene todo a su favor; la segunda temporada confirmada, un estreno magnificiente dirigido por Scorsese y con un presupuesto astronómico (un elefante blanco, tal y como apunta Carlos Reviriego en El Cultural de  El Mundo), un reparto de altura encabezado por Buscemi, Michael Pitt, Michael Shannon y Kelly McDonald, y unos responsables con tablas suficientes como para dar alas a cualquier producto que se tope en su camino.
Continuaremos muy atentos al desarrollo de Boardwalk Empire. El tiempo dirá si la HBO ha acertado y la ausencia de Los Soprano es paliada por otro héroe televisivo, Nucky Thompson.