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[Crítica] Antonio Vega, tu voz entre otras mil

La mejor experiencia que se puede tener viendo el documental que la periodista Paloma Concejero presenta en DocumentaMadrid 2014 es volver a escuchar la voz de un músico, un artista único en su concepción de la vida a través de las melodías que en su cabeza anidaban mientras veía la vida practicando su implacable sentido de la justicia poética. 
El documental viene precedido de una polémica insalvable con los familiares del artista, quienes manifestaban su contrariedad ante la visión que se daba de Vega y su relación con las drogas. Habrá quien piense que no se hace una alusión explícita a que la principal causa del fallecimiento del vocalista de Nacha Pop fue la propia vida, y no las adicciones. Invadido por un cáncer, Antonio Vega fallecía en 2009 tras una vida con más azotes que fortuna pero con un éxito y un respeto ganado con un incansable trabajo desde que comenzara a tocar en pequeños locales y forjar su ya imborrable leyenda. 
La película que nos ocupa, de la que se podrá ver un primer montaje mucho más familiar y menos interesante desde el punto de vista histórico y musicológico, es un documento acerca de los miedos, pasiones, culpas, motivaciones que Antonio Vega rodeó con su mente durante toda su vida. Sus amores, sus guitarras, su relación físico-matemática con el Universo y su obsesión casi enfermiza por querer saber qué existe más allá de lo conocido. Un artista que quiso tocar el cielo cada vez que subía al escenario y que nos regaló versos que hoy, aun viendo el documental con su propia voz de fondo, duelen. 
En la vida de Antonio Vega hubo un cincuenta por ciento de buenas y malas tentaciones. Nunca existió equilibrio alguno entre las dos mitades pero el documental nos muestra la cara más romántica de un artista que quiso pasar a la Historia de la única forma que sabía, demostrando con su música que la vida podía cambiar el rumbo para mejor cuando peor transcurrían las cosas. Todas las voces que se escuchan a lo largo del documental tienen palabras amables, líneas casi de gratitud o de arrepentimiento por no haber sabido escuchar ni ayudar a quien más lo necesitaba en los momentos de mayor debilidad. 
Todo el documental se asienta sobre la base de unas grabaciones que dejó, realizadas por Bosco Ussía, en las que vemos al Vega más íntimo, más humano, con toda seguridad, el mismo que bajaba del escenario tras querer tocar el cielo. Hay insoslayables referencias cinematográficas, desde Iván Zulueta con su Arrebato hasta Robert Wiene o Fritz Lang con sus El gabinete del doctor Caligari y Metrópolis. La única voz disonante la propone aquel mítico protagonista de Arrebato, Will More, quien sin quererlo, permanece en la retina del espectador por su manifiesta sinceridad en un momento crítico que no desvelaremos y que sobrepasa cualquier definición teórica. 
Antonio Vega: Tu voz entre otras mil es un homenaje a un hombre que vivió demostrando que su pasión podía llevarle hasta los límites de su propia inconsciencia. Un retrato del Antonio Vega que nos legó algunas de las melodías más maravillosas del rock español, un artista intimista, único y profundo. El documental es un reflejo del sufrimiento que conlleva la vida aún queriendo vivirla.

[Crítica] Ignasi M.

Ignasi M., la nueva aventura fílmica que nos propone Ventura Pons, es un documental de factura intachable pero que poco aportará a la cinematografía general española a pesar del intento por retratar a lucha de un hombre frente a su enfermedad. El carácter de imperdible que posee este duro, pero por otro lado, simpático documental es un adjetivo otorgado por su protagonista. Un Ignasi Millet que se declara homosexual, seropositivo, restaurador de arte e independentista. Con este cóctel se cuece una forma de ver la vida y afrontar la adversidad rodeado de las posibilidades más positivas que ofrece vivir en cada momento.
Como en todo documental, se pueden extraer lecciones muy valiosas. Y más cuando sabemos que la enfermedad, el terrible SIDA, ataca duramente el cuerpo hasta llevarlo al límite de sus posibilidades. En ese contexto aparece un hombre dispuesto a entregarse a la cámara recordando sus mejores momentos en la vida e intentando repetir de nuevo viejas experiencias con sus amigos, familiares y gente más cercana.
Ventura Pons se acerca a la narración de Ignasi M. con una buena técnica aunque poco arriesgada en su planteamiento. De hecho, su nombre casi parece borrado de la factura final al contemplar la desplegadísima puesta en escena que realiza el propio protagonista de la cinta, dueño y señor de cada fotograma de una forma intensa e inmejorable.