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Crítica 2001: Una Odisea del Espacio; Pura poesía a la evolución del hombre

9/10

"La película de ciencia ficción más espectacular jamás realizada". Así recogía la revista norteamericana Entertainment Weekly las impresiones más favorables que se desprendieron tras el estreno de esta cinta de Stanley Kubrick en 1968. Una película que trata de manera magistral la evolución del hombre desde que era un primate hasta que da el salto al espacio para investigar la vida más allá del planeta Tierra.
Con una obertura de unos cuatro minutos de duración en la que escuchamos una pieza clásica que forma parte de la maravillosa banda sonora en la que se incluyen obras de Richard Strauss (Así Habló Zaratustra), Johann Strauss (El Danubio Azul) o Gyorgy Lygeti (Atmospheres). Tras la obertura, se abre ante nosotros un paisaje espacial en el que vemos una estrella y un planeta que están dispuestos como un eclipse perfecto. Esta entrada sirve de presentación para la película, el director y la productora.
Hasta los 10 minutos aproximadamente, la película no comienza a tomar cuerpo. Sin duda, un espectador que vea esta película de primeras y sin haber tenido contacto con ninguna forma de explicación, creerá que está delante de una de las mayores tonterías que un director de cine puede rodar. Por esta razón y para no minusvalorar tamaña obra maestra, predicaré con el ejemplo.
La primera parte de la película se nos presenta bajo el título "El Amanecer del Hombre". Aparecen una serie de primates en medio de un planeta incierto. Es como si esta escena la hubiese dirigido Franklin J. Schaffner. Pero no. Aquí se nos presenta la que pudo ser la realidad de hace millones de años en la Tierra. Un grupo de seres que convivían entre sí intentando sobrevivir según la naturaleza les dejaba. Sin embargo, una mañana aparece ante ellos una extraña figura que les deja, en un primer momento, atónitos y expectantes. Sienten miedo aunque no les durará demasiado. Su escasa inteligencia no les permite identificar si ese objeto, ese monolito, les causará algún problema o no. A medida que avanzan las secuencias descubrimos como el futuro "hombre" va tomando conciencia de que puede interactuar con los objetos que va encontrando. De hecho, un hueso le sirve de base para conocer que puede romper otros objetos, que puede cazar y que puede tomar el mando de la comunidad donde habita y dominar a sus congéneres. Con este prólogo y con la imitadísima escena del primate arrojando el hueso al cielo termina la primera parte de la cinta.
Ese hueso se convierte en una nave espacial que sirve para explicarnos la elipsis que Kubrick ha querido imponer a la película. Nos ahorramos todos los miles de años que han pasado desde que el primer hombre tiene conciencia de lo que tiene alrededor hasta que tiene conciencia de que fuera de su planeta puede también intervenir. La era planetaria y espacial sirve para introducirnos a la segunda parte de la cinta. Si nos damos cuenta, es la elipsis más larga de la Historia del Cine ya que abarca un periodo de unos 4 millones de años. En esta parte de la película, tiene lugar una de las escenas más bellas de la Cinematografía mundial: la coreografía de naves espaciales mientras suena de fondo "El Danubio Azul". El protagonista de esta sección de la película, el Dr. Floyd, viaja a través del espacio en una nave hasta una estación donde mantendrá conversaciones con científicos de la URSS, algo más que relevante puesto que es una época donde la Guerra Fría está a la orden del día. Kubrick propone que la carrera espacial fue, es y será cosa de las dos potencias. El descubrimiento de un monolito sirve de hilo conductor para la investigación del Dr. Floyd. Y es que queda claro que esa extraña figura, oculta en un cráter de la Luna, ha sido enterrado con premeditación. Queda evidentemente reflejada la hipótesis de la vida inteligente fuera de la Tierra.
El resto de la cinta no deja de ser la revelación de que una máquina puede llegar a pensar por sí misma y a tener "vida" propia. Y si no, que se lo pregunten al personaje de Keir Dullea, con el que asistiremos a un viaje psicodélico por un más allá incierto y que le lleva a la resurrección como único ser perfecto y redimido de todos sus males, los males que ha llevado el hombre desde que nació por primera vez.
Si tengo que rescatar alguna escena memorable, sin duda ninguna, será la muerte de HAL-9000. Uno de los asesinatos más cruentos que ha visto la pantalla. El hombre mata a la máquina. Por fin, un futuro libre de "pensamientos artificiales". ¿A dónde llegaremos?

Crítica Teléfono Rojo; ¿Volamos hacia Moscú?

8/10

No me comeré el tarro buscando un titular para la crítica. Parafrasearé a Kubrick por una razón muy sencilla. Es uno de mis directores predilectos y mi deber es hacerle un buen homenaje. Termina marzo y queremos terminar este mes con dos películas del director neoyorquno: 2001, Una Odisea del Espacio y Teléfono Rojo.
Como no quiero meterme en camisa de once varas ya que es demasiado temprano para hacer una tesis doctoral sobre 2001, he preferido lanzarme a transmitir a usted, querido lector, mi punto de vista y mis reflexiones acerca de una de las más grandes sátiras que se han hecho acerca de la Guerra Fría. El humor negro que en esta película se hace acerca de un tema tan complejo como fue el enfrentamiento entre las dos grandes potencias de la época, los Estados Unidos contra la Unión Soviética, es la nota dominante.
Si repasamos la sinopsis de manera rápida, la película comienza cuando un bombardero norteamericano recibe la orden de bombardear las bases soviéticas. La tripulación pone rumbo hacia sus objetivos. El mandato viene del general Jack D. Ripper (anagrama que en inglés se leería Jack The Ripper o lo que es lo mismo, Jack El Destripador), un loco al que se le ha ido la cabeza (magistralmente interpretado por Sterling Hayden). Inmediatamente y en el plazo de veinticinco minutos, la delirante Sala de Guerra deberá impedir el ataque a la Unión Soviética y evitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial. El presidente de los Estados Unidos Merkin Muffley (interpretado por Peter Sellers) deberá luchar por cual de las ideas de sus dos asesores es la correcta. Por un lado, la que le ofrece el general Buck Turgidson (genial George C. Scott) y el Dr. Strangelove, un ex-nazi interpretado de nuevo por Sellers que terminará por ser el personaje más surrealista de la cinta.
Durante la hora y media de la película, el presidente contactará con la base del general Ripper donde su ayudante, el capitán Lionel Mandrake (de nuevo interpretado por Sellers) se hará cargo de la situación cuando su superior ha decidido renunciar a su puesto. Mientras, en la Sala de Guerra se llega a convocar al embajador soviético, más pendiente de la comida que hay puesta en el buffet que de solucionar la grave crisis que azota al mundo y que está a punto de convertirse en una verdadera catástrofe.
Al hablar de esta película hemos de hacerlo en primer lugar de la valentía que su director adoptó para, en una época tan convulsa, hacer una película sobre la destrucción del mundo. Además, los poderes políticos quedan reflejados como unos auténticos tarambanas. Si ahora, alguno se decidiera a hacer una nueva versión (ojala no sea así), los personajes serían completamente extrapolables. Es una película atemporal que, aunque se enmarque en el contexto de la Guerra Fría, es perfectamente acoplable a la situación que vivimos actualmente con las armas nucleares y de destrucción masiva. Con un guión del propio Kubrick y de Terry Southern, el cuidado con el que ambos escogieron los lugares de rodaje, la iluminación tenebrosa que la película iba a tener así como el fantástico reparto que dotará a la película de una gran calidad interpretativa.
En este sentido hay que reconocer en primer término a un inconmensurable Peter Sellers, un actor que no resulta de mi agrado por su excesivo histrionismo pero que en esta película está simplemente brillante. Su caracterización de tres personajes en la misma cinta ha servido para que otros actores se lanzaran a hacer lo mismo a lo largo de la Historia del Cine reciente. Tanto el presidente Muffley, el capitán Mandrake así como el Dr. Strangelove son auténticas proezas de la intepretación del que ya se considera un actor único e irrepetible. Por otro lado, George C. Scott, un actor excelente y que dota a su personaje, el general Buck Turgidson de la locura que podríamos tener cualquiera de nosotros si nos enfrentamos a este tipo de catástrofe. No debemos olvidar tampoco a un actor que, al estar al borde de la destrucción física y moral consiguió hacer que su carrera reflotara gracias a su personaje del general Jack D. Ripper. Hablamos de Sterling Hayden, un gran actor visto en Atraco Perfecto o El Padrino II.
La película integra un gran número de situaciones completamente surrealistas. Desde la "Máquina del Juicio Final", que los soviéticos tienen en su poder y utilizan cuando los demás países les tocan las narices hasta la pelea final de tartas que iba a tener lugar en plena reunión de la Sala de Guerra y que al final quedó eliminada por considerarse, precisamente, demasiado "surrealista". Es una cinta angustiosa ya que en todo momento se hace mención a la "destrucción total de la humanidad". El espectador atento irá consumiendo los minutos de la película a la espera de cual será el resultado o el premio que se llevarán todos. Porque todo el mundo en esta historia, por mucho poder que tenga, está indefenso ante un ataque nuclear de una envergadura considerable.
Teléfono Rojo es conocida también por ser la película con el nombre más largo hasta la fecha. Y es que el título original en inglés es Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. En España fue traducido como Teléfono Rojo o Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba. Hay algunas ediciones que directamente optaron por traducirlo como Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú? Mientras los anglosajones prefirieron darle el protagonismo del título al Dr. Strangelove, en España se hizo referencia a la línea de teletipo que unía Estados Unidos con la Unión Soviética y que se realizó precisamente para evitar un desastre nuclear a gran escala. Pocos años después, este fantástico titulo se vio superado (en longitud) por una película de Woody Allen: Todo lo que Usted Siempre Quiso Saber Sobre el Sexo Pero Nunca se Atrevió a Preguntar.
La película tuvo numerosos reconocimientos. En los Premios Oscar de 1965 obtuvo 4 nominaciones a la mejor película, al mejor director, al mejor guión original y al mejor actor para Peter Sellers. No se llevó absolutamente ningún premio, ni siquiera uno de los favoritos, el de Peter Sellers en detrimento de una película claramente inferior como es My Fair Lady. En los BAFTA obtuvo el reconocimiento a la mejor película, a la mejor película británica aunque no así al mejor director y al mejor actor, galardón que compartían Peter Sellers y Sterling Hayden.
Nos quedamos con una de las frases más míticas de la película, donde el Dr. Strangelove hace alarde de su poder y su "inteligencia" (busque usted información acerca del Síndrome de la Mano Extraña, le ayudará a entender el comportamiento de este personaje):
"Sugiero que los aquí presentes deberíamos vivir en galerías subterráneas por al menos 100 años. A cada uno de los hombres nos serían asignadas 100 voluptuosas jóvenes para reproducirnos".
Lo peor de todo es que esta decisión, sí se aprobó por unanimidad.

Crítica de Lolita; Viaje a la locura del delirio sexual

8/10

La adaptación cinematográfica de una novela como Lolita, de Vladimir Nabokov, asumía una multitud de riesgos inherentes a la propia naturaleza de la pieza literaria; la autorreferencialidad que la conduce, la compleja relación espacio-tiempo, la condensación de sentimientos difíciles de llevar a la pantalla, etc. No obstante, la película homónima salió airosa e incluso victoriosa del trance por una gran cantidad de condicionantes que la encauzaron al buen camino. El primero de ellos es evidente; fue el propio Nabokov quien firmó el guión cinematográfico. Probablemente su mayor logro fue evitar la adherencia exacta de lo que imaginó en prosa aunque sin dejar de ser un fiel retrato visual de la novela. Así encontró un cómodo término medio que le dio margen a experimentar con el tiempo fílmico, como el comienzo en el que se muestra el trágico e hipnótico final de la novela.

Continuando con los ingredientes que hacen de esta película una excelente adaptación de una obra literaria así como un ejercicio de estilo cinematográfico de gran pureza, no podemos olvidar quién se esconde tras las cámaras. Stanley Kubrick, a quién le rendimos un merecido homenaje en este blog, se erige como uno de los grandes directores de la historia de cine con pruebas fehacientes de ello; con Lolita se circunscribe a un guión más o menos cerrado de antemano, sin embargo la minuciosidad de los planos y el control sobre las interpretaciones de los actores lo elevan sobre la mediocridad general de las adaptaciones.

Son precisamente esas interpretaciones el vértice restante de este triángulo excelente que hoy reseñamos. Perdurable es, sin duda, el rol de Peter Sellers como ese monstruo ególatra y tartamudo que aparece en la trama como una sombra no siempre visible aunque de enorme importancia en el devenir de los acontecimientos. Sellers construye a su personaje con precisión y cautivadora imaginación en una de las mejores interpretaciones de su carrera. La réplica se la da James Mason en su rol de Humbert Humbert, el profesor europeo (maravilloso acento en la versión original) que se traslada a New Hampshire para impartir lecciones en la Universidad pero que se topa durante el verano con la encantadora Lolita (o la sugerente Sue Lyon), quien le hará, arrastrado por la pasión, replantearse toda su vida. Para disfrutar de su compañía deberá casarse con su madre, interpretada por Shelley Winters, una enamoradiza y egocéntrica mujer madura que, ciega por la necesidad, no se percata de lo que mueve a su marido hasta su trágico final.

Lolita es todo un catálogo de sentimientos humanos despreciables, descarnados y ordinarios (no en vano fue criticada desde todos los flancos conservadores). Con ella, nos sumergimos en los pensamientos mezquinos del respetable señor Humbert, siempre derrotado y a la zaga de la dulce niña que lo domeña a placer, hasta niveles de destrucción personal evidentes, como la secuencia en la que pierde la cabeza en el hospital, desesperado por la pérdida de su amada y con un Mason inconmensurable.

La obsesión sexual continua, inmune al tiempo y a la pérdida, sin embargo Lolita ya no es la misma, su aura de adolescente virginal se ha perdido y vulgarizado. La herida, no obstante, no sana, permanece como una enfermedad incurable, un delirio soterrado que, ni siquiera con el asesinato del que se identifica como culpable, desaparecerá.

Crítica La Naranja Mecánica; Violencia, Ultraviolencia y Beethoven

9/10

Seguimos con nuestro particular homenaje a Stanley Kubrick en esta retrospectiva que hemos dividido en cuatro películas por mes, para poder abarcar las doce cintas que el director neoyorquino nos dejó en herencia. Si en febrero ya comentamos Eyes Wide Shut, La Chaqueta Metálica, El Resplandor y Barry Lyndon, en este mes de marzo tocaremos en profundidad La Naranja Mecánica, 2001: Una Odisea del Espacio, Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú? y Lolita. Todas ellas películas polémicas, obras maestras e imperecederas en nuestras retinas.
Comenzamos esta retrospectiva de marzo hablando de La Naranja Mecánica, una de las películas más prohibidas de la Historia del Cine. De hecho, en el propio país del director y donde se rodó la película, estuvo prohibida durante 30 años. En Inglaterra nadie podía ver La Naranja Mecánica. Parecía que la sociedad británica no estaba acostumbrada a tanta realidad en el cine. Bien es cierto que se exageran algunos aspectos, pero normalmente suelen ser aspectos decorativos y formales.
Si comenzamos nuestro análisis debemos hacerlo por la novela en la cual se inspira la película. Anthony Burgess, gran autor de obras musicales así como de todo tipo de novelas, realizó La Naranja Mecánica en recuerdo de un suceso que le sucedió en 1944 cuando fue víctima de un robo y una violación a su mujer en la ciudad de Londres por parte de cuatro soldados del ejército norteamericano. Su esposa, embarazada, abortó como consecuencia de esta brutal agresión. Hay toda una serie de teorías que intentan descubrir el porqué del nombre de esta cinta, quizás uno de los más enigmáticos de toda la Historia de la Literatura así como del Cine. Sin embargo, hay quien se aventura a dar su propia opinión acerca del tema. Sin embargo, todos coinciden en lo mismo. Se trata de una paráfrasis psicológica acerca de la dulzura, el color y buen sabor de una fruta que puede ser condicionada ante cualquier circunstancia asimilándose a cualquier objeto mecánico, que actúa sin libre albedrío. Es una teoría un tanto complicada que el autor quiso explicar intentando decir que el nombre de su novela procedía del malayo, donde la palabra orang significa "persona". De ese modo, y haciendo un juego de palabras, el título real de la obra sería El Hombre Mecánico. Sin duda, es otra vuelta de tuerca a todo el cómputo de teorías que existen acerca del nombre de la novela.
De lo que nadie tiene duda es del poder que ejerció el libro en la sociedad de la época. Para empezar, la jerga que utiliza su protagonista, Álex, para introducirnos de lleno en su mundo. El autor inventó este "dialecto", por llamarlo de alguna forma, al que llamó nadsat. Burgess lo identificó con el idioma de los adolescentes combinado con palabras procedentes del ruso: drugos, pijotera, etc. La utilización de esta jerga dota a la novela y posteriormente a la película de un aire de atemporalidad, la cual no hubiera sido posible si se hubiera hecho con un guión inspirado en la época.
Cuando Stanley Kubrick hizo la película decidió recurrir a las técnicas que lo hicieron conocido en todo el mundo. La aceleración, ralentización del tiempo, la utilización de la cámara manual, la inserción en determinados momentos de la cinta de fragmentos de películas clásicas y la fantástica adaptación de piezas clásicas tanto del gran Ludwig Van Beethoven como de Edward Elgar o Rossini así como composiciones originales de Walter Carlos, compositor que se cambió de sexo durante el rodaje de la cinta pasando a ser Wendy Carlos y que aún hoy sigue premiándonos con auténticas bellezas musicales.
Las escenas de violencia extrema e incluso de sexo explícito hicieron que se coartase la proyección de la película en ciertos países todavía sometidos a los yugos de las dictaduras o que, simplemente, eran presa del catolicismo imperante en la Europa de los 70. Sin duda, el suceso más triste que se recuerda es la sucesión de una serie de crímenes horrendos acaecidos en el Reino Unido tras el estreno de la película. Los detenidos eran todos jóvenes que declararon que se habían visto influenciados por el conjunto de lo que habían ido a ver al cine. A partir de entonces, los medios apuntaron como principal culpable de lo sucedido a Stanley Kubrick, quien se vio tremendamente afectado debido a que descubrió que no todo el mundo había comprendido el mensaje que la película quería transmitir. Tras esto, Kubrick obligó a Warner Bros. a retirar la cinta de los cines de Inglaterra después de más de dos meses de exhibición. De esta forma, La Naranja Mecánica no pudo ser vista en los cines del Reino Unido hasta la muerte de Kubrick en 1999.
Una de las escenas más memorables de la película es aquella en la que nuestro protagonista tiene los ojos abiertos a la fuerza mediante un sistema de pinzas que le sujetan los párpados. A Álex se le administra una droga que le hace tener horribles pesadillas cuando "videa" imágenes en las que aparecen signos de violencia. Encima, si las imágenes están acompañadas de la Novena Sinfonía de Beethoven, el músico preferido de Álex, la cosa se pone interesante. Es lo que se llamó "Experimento Ludovico" y que nadie nunca se atrevió a poner en práctica en la vida real.
Si hay algo que destaca de la película, aparte de la técnica anteriormente mencionada, el tema, la música y las consecuencias es una persona. Un actor joven que vio como su carrera comenzó a caer en declive ya que, aunque la cinta le dio un reconocimiento inesperado con un sinfín de premios, tardó largo tiempo en deshacerse del papel que le dio la gloria. Para separar a Álex de Malcolm McDowell, el actor se llevó años y años haciendo papeles menores. Actualmente es un gran actor de televisión al que podemos ver en Stargate o Héroes.
Obligado visionado de La Naranja Mecánica a todas aquellas personas a las que les guste el buen cine. Pero cuidado con lo que se dice, que aunque vivimos en el siglo XXI, no sabemos todavía de lo que es capaz una persona. Y yo me hago una pregunta:
¿Usted es humano o.... mecánico?

Crítica Barry Lyndon; El museo de la pintura

8/10

1975. La innovación llega al cine. Unos métodos novedosos que pocas veces volverán a ser utilizados. Kubrick contacta con la NASA y ellos le dan la idea de usar en su nueva película. Pero, ¿qué es lo que distingue a estas cámaras de las convencionales? Pues las cámaras Zeiss son unas maravillas técnicas que disponen de unos objetivos tremendamente luminosos y que tratan el negativo de los rollos de una manera muy cuidadosa. Al positivar las imágenes, éstas dan como resultado unas escenas de una luminosidad impresionante que parecer retratar los mejores cuadros que podemos ver en cualquier museo que se precie. Y es que, si por algo es conocida esta película, es precisamente por los paisajes y escenas campestres las cuales parecen sacadas de cuadros de Rembrandt, Van Dyck o Caravaggio. El barroco reflejado en Barry Lyndon resume uno de los más preciosos legados cinematográficos de los que disponemos. Aunque, no obstante, las escenas más conseguidas de la película son aquellas en las que Kubrick utilizó sólo la luz de unas velas para alumbrar una estancia. La luz de estos objetos, combinada con los objetivos Zeiss de sus cámaras, hicieron que fueran las secuencias más bellas de la película. Si Kubrick hubiera utilizado cámaras convencionales, estas escenas habrían salido totalmente oscuras. De ahí el tremendo valor de Barry Lyndon como innovación.
Pero fuera de este aspecto técnico y justificando a todas aquellas personas que, unánimemente, piensan que es una obra menor dentro de la filmografía de Kubrick, hay que darles la razón cuando dicen que es una película con un guión bastante escaso. Se intenta reflejar la evolución que sufre el personaje de Redmond Barry, un muchacho nacido en una familia de clase trabajadora de Irlanda y su progreso hasta convertirse en un machista hombre adinerado que ha dado un braguetazo al casarse con la condesa de Lyndon. A pesar de que el libro en el que se basa la película es bastante largo y Kubrick pudo sacar más partido a sus páginas, el hecho es que se sacrifica a propósito el guión en detrimento de las maravillosas escenas anteriormente descritas.
Es de obligada referencia que la mayor parte del presupuesto se destinó a recrear escenarios de la época, el siglo XVII, especialmente el Castle Howard, impresionante construcción de la época que ha servido de escenario a películas como Retorno a Brideshead. La recreación de edificios, jardines, interiores, vestuario constituye la perfecta excusa que tuvo Kubrick para rodar, según sus intenciones, no una película sino un documental de la época. Y es que es lo que el director neoyorquino tenía en mente. Él no quería hacer una película sobre el siglo XVII al uso ya que sobre ese tema ya había demasiadas películas, algunas incluso mejores que Barry Lyndon. Lo que pretendía era reflejar la vida cotidiana de la gente de la época y construir un personaje con el que sentirnos identificados. En algunos momentos de la película llegamos a vernos envueltos en la intimidad de la familia Lyndon o incluso en las aventuras extramatrimoniales que Barry tiene noche sí, noche también.
Pero sin duda ninguna, por lo que esta película-documental ha pasado a la Historia es por el uso de la música en la película. Piezas clásicas y obras maestras de la música clásica se unen en Barry Lyndon para deleitar al espectador. Sarabande del maestro Friedrich Häendel, El Barbero de Sevilla de Giacomo Rossini, pequeñas piezas de Bach y Schubert amén de piezas de folklore irlandés interpretadas por la banda The Chieftains. Estas piezas musicales, sobre todo Sarabande, llegan al clímax de la cinta en la escena de la muerte del hijo de Lyndon. Es inevitable no soltar alguna lágrima mientras vemos el carro fúnebre y a los destrozados padres cuando suena de fondo esta magistral pieza de Häendel. También es utilizada por Kubrick en todos los momentos en los que aparece Redmond Barry llegando a llamarse en la posterior edición en CD de la banda sonora como "Barry Lyndon´s Theme". También en el final de la película, en los créditos finales, el director vuelve a usar Sarabande para trazar un montaje rítmico con todos los nombres de los participantes en la película.
En el aspecto artístico destaca la interpretación de Ryan O´Neal, un actor no demasiado destacable que solo vivía de su presencia en la pantalla. De hecho, el papel del imbécil Barry Lyndon le viene como anillo al dedo puesto que es un hombre que no posee demasiada capacidad de organización en su vida y que vive de las rentas. Tanto Marisa Berenson como Philip Stone o Leon Vitali tejen personaje absolutamente maravillosos. La amistad de Vitali con Kubrick fue tan intensa que a partir de Barry Lyndon, el director lo contrató de ayudante de dirección.
Nominada a 8 Oscar entre los que destacan Mejor película, director, guión adaptado, fotografía, dirección artística, banda sonora y vestuario, sólo consiguió ganar los cuatro últimos alzandose como una de las películas triunfadoras del año. En los Globos de Oro estuvo nominada a la mejor película y al mejor director. En los BAFTA estuvo nominada a la mejor película, director, dirección artística, fotografía y vestuario ganando solamente el galardón al mejor director para Stanley Kubrick.
Toda una proeza del cine en los años 70 que revolucionó el concepto de luminosidad en el cine. Nunca jamás volveremos a ver esta innovación y sentirla como lo que es: una auténtica obra de arte que incluye alguna de las escenas más espectaculares de la Historia del Cine. Porque no hace falta hacer películas sobre marcianos, naves espaciales, espadas láser y esas cosas para crear maravillas visuales.
Barry Lyndon es el ejemplo perfecto.

Crítica El Resplandor; Nicholson máximo

8/10

Una de las películas más pobres en cuanto a guión se refiere pero una más que notable película del género de terror que se ha hecho en los últimos treinta años. De hecho, podríamos decir que finalizó con una saga de cintas como El Exorcista o Carrie, una serie de terror setentero que marcó a toda una generación. No obstante, estamos ante un trabajo más que decente del director Stanley Kubrick.
Basada en la novela de Stephen King, no contó con el beneplácito de su autor en ningún momento al contrario de lo que pasó con Carrie, la cual tuvo a King como uno de los principales benefactores e incluso llegando a consultar de vez en cuando el estado del guión para ver como iba. Stephen King es uno de los autores más adaptados al cine y es completamente normal que tenga la necesidad de salvaguardar lo que ha escrito cuando se quiere adaptar a la gran pantalla.
Después del poco éxito que tuvo Barry Lyndon, Kubrick necesitaba un gran éxito para volver a estar al día. Se le presentaron una serie de libros y decidió escoger la novela El Resplandor. Stephen King había preparado un guión para la película en el cual el espectador se identificaba en el punto de vista del personaje principal cosa que al director le desagradó puesto que lo que realmente quería era mantener una distancia emocional entre las distintas partes. En El Resplandor, al igual que en otras obras de Kubrick, el centro de la película lo constituye una familia totalmente desestructurada aunque parezcan unidos y hagan comunión unos con otros.
Sin embargo, y a diferencia de otras películas, los líos de guión brillan por su ausencia y Kubrick convierte El Resplandor en una sencilla película en la que la premisa principal es: un escritor al que la inspiración le abandona se vuelve loco e intenta matar a su familia. No hay más.
Sin embargo veremos que el nivel de terror aumenta o disminuye a medida que transcurre el metraje. El protagonista, Jack Torrance, comienza a sentir como el hotel que está guardando empieza a ser fuente de su locura. Y es que a través del conocimiento de la existencia de sucesos extraordinarios dentro del hotel, los espíritus de las personas que los cometieron comienzan a poseerle y a ordenar sobre él. De esta forma, Torrance acaba siendo víctima del hotel y quiere convertir a su familia en sus propias víctimas. En segundo lugar está Danny, el hijo de Jack, el cual ve durante toda la película una serie de apariciones y va descubriendo que el hotel tiene poderes sobrenaturales. Además, él mismo también es poseedor de un extraño poder que comparte con el viejo encargado de la cocina con el cual se comunica cuando hay algún peligro. Por último, Wendy, la esposa de Torrance, es la última en enterarse de todo. Ella es la que se preocupa por la comida, por la casa, por su familia y desata su locura cuando su marido intenta asesinarlos.
A pesar de vivir los tres miembros de la familia juntos, es una unión simulada. Es pura fachada. Torrance, en ningún momento, le confiesa a su hijo algo que es base para entender las visiones de Danny: él también tuvo esos poderes que ahora atormentan al niño. No hay comunicación entre ellos. Las respuestas se limitan a sí o no.
Si hacemos mención al apartado técnico, Kubrick nos despliega de nuevo sus poderes con la cámara haciendonos ir detrás de un triciclo en el que se ha convertido en uno de los travelling más famosos de la Historia del Cine. Además, la escena en la que Jack persigue a su hijo a través del laberinto fue rodada con una SteadyCam, un sistema novedoso en la época que permitía más libertad de movimiento tanto para la cámara como para el operador. Ya no había que estar atado a la silla para rodar una escena.
Pero sin duda ninguna lo que realmente merece un lugar en esta crítica es el apartado artístico. Como Jack Nicholson puede ser tan retorcidamente paranoico y salir indemne o como Shelley Duvall puede tener la fuerza necesaria para enfrentarse a Nicholson. Y en medio un niño al que poco volvimos a ver en el cine y que actualmente se dedica a enseñar a los propios críos para hacer una película. Por el contrario, Duvall ha tenido una carrera dilatada aunque sus proyectos no pasan de mediocres y fundamentalmente ahora, producto televisivo para las sobremesas. Jack Nicholson, el gran acierto de la elección de casting y que a mi particularmente es un actor que me gusta bastante. Su histrionismo hizo que su papel en El Resplandor fuese tan sumamente excelente que el peso de la película caía sobre él, algo de lo que salió muy reforzado. Y es que ¿quién no se acuerda de la escena del hacha cuando Nicholson intenta matar a su mujer y pone su cara en la puerta diciendo "Aquí esta Jack"? Son escenas que uno va guardando en su memoria y que confeccionan una red de escenas que proporcionan grandes momentos de satisfacción a todos los que nos gusta el cine.
Aunque parezca sorprendente, Kubrick era de esos directores que se ocupaba personalmente del doblaje de sus películas a los idiomas en los que fuera a comercializarse. En España escogió al director Carlos Saura como encargado del doblaje y a Verónica Forqué para doblar a Shelley Duvall, una decisión para muchos errónea que ha convertido a este doblaje en uno de los más pésimos de la Historia del Cine.
Sin embargo, lo que a todos nos gustaría saber es que pasó realmente con Jack Torrance. ¿Por qué aparece en el cuadro de la escena del final en el año 1927? Es un debate abierto y las teorías son muchas. Aquí es donde yo les animo a todos a ver la película y que busquen su propia teoría, que realmente merece la pena. Es una película intensa, pero por favor, activen el audio en inglés y se librarán de escuchar una desagradable "voz de pito" que afea considerablemente la película. Si lo hacen y encuentran su teoría, compartanla con nosotros. Estaremos encantados.
Y por favor, si alguna vez tienen ocasión de ver el contrapunto que tejió Matt Groening en un episodio de Halloween de Los Simpsons, no se lo pierdan. No tiene precio. El nombre: El Resplandior.

[Retrospectiva Stanley Kubrick] La chaqueta metálica


Y siguiendo con el monográfico a Kubrick, yo me hago la siguiente pregunta: ¿quién no ha oído hablar siquiera de esta película? ¿Quién no ha visto el casco que aparecía en la portada con ese mensaje que rezaba "Nacido para matar" bajo el símbolo de la paz? No estamos hablando de una película de guerra al uso. Ni siquiera de una más dentro de la extensa filmografía bélica de nuestra larga historia del Cine. Estamos hablando de una cinta que se quedó totalmente oculta por el estreno de Platoon, una película que Oliver Stone rodó en el mismo año y que le arrebató la mayor parte de los premios a la obra que ahora nos ocupa.
Basada en un libro de Gustav Harford, The Short Timers, en la cual el autor narra sus experiencias durante su proceso preparatorio para ser Marine de los Estados Unidos y a la par, ser moldeado para acudir como un soldado más a la guerra de Vietnam. La única parte común entre el libro y la película es el principio. Quizás la parte más recordada es precisamente ésta en la que el sargento Hartman (Lee R. Ermey, un ex-militar reconvertido a actor) instruye, por llamarlo de alguna manera, a sus pupilos durante unos apasionantes minutos en los que la moral y la integridad de cada uno de los reclutas queda más que en entredicho. Resulta tremendamente impactante ver esta escena mientras Kubrick nos deleita con uno de sus travelling inversos, marca de la casa. Llega a resultar tan impactante que hasta nuestra propia dignidad parece ser atacada cuando el sargento se ensaña con cada uno de los que osan hacer algo que va en contra de sus dictámenes. Efectivamente aquí, en esta misma escena, podríamos estar todos incluídos.
La primera vez que ves esta película es inevitable reirse ante tanto improperio, pero después de dar carcajadas, hemos de pararnos a reflexionar en que este posiblemente sea uno de los orígenes de los males del Ejército americano en Vietnam, el desencadenante de la locura que llevó a medio U.S. Army a los manicomios y hospitales de medio Estados Unidos. La gran baza de esta escena es, sin duda alguna, Lee Ermey, un militar que fue instructor de Marines y que fue herido por metralla de un cohete en la espalda y un brazo. Al terminar su recuperación, compró un burdel en Okinawa con su pensión y decidió abrir un bar. La anécdota de cómo llegó a este papel resulta, cuanto menos, curiosa. Y es que Ermey consiguió un pequeño papel en Apocalypse Now de Francis Ford Coppola a raíz de un programa de integración de soldados cuando vivía en Manila (Filipinas), donde Coppola pasó mil y una vicisitudes para llevar a cabo su imponente proyecto. Ermey, al pasar algunos años, entró en el casting de La Chaqueta Metálica con las miras puestas en el papel del instructor. Al verlo Kubrick le dijo que no era demasiado sádico para el papel. Fue entonces cuando Ermey reunió a los demás aspirantes al papel y comenzó a humillarlos y a insultarlos durante todo un cuarto de hora. Para más inri, los actores de la película y Ermey se conocieron el primer día de rodaje, en la escena de la instrucción. Kubrick lo que quería era conseguir el máximo realismo en las reacciones de sus actores.
A medida que va transcurriendo la película, vemos la progresión de todos los personajes, especialmente la del recluta Patoso (Vincent D´Onofrio) el cual acaba, llevado por la locura, con una solución más que drástica. Anteriormente, y como antecedente, la sesión de insultos sigue hasta extenuar a todos los reclutas. Algunos personajes van tomando cuerpo. Tal es el caso del recluta Bufón (Matthew Modine) o de Rompetechos, los cuales acabarán formando parte de un cuerpo de Prensa y Fotografía escribiendo para una revista norteamericana llamada Barras y Estrellas.
Aquí comienza la segunda parte de la película. En la que el conflicto se desata de una manera atroz y donde contemplamos los horrores de la guerra impávidos ante tanto dolor, sangre y destrucción. Sin embargo, los dos reclutas anteriormente mencionados no osan levantar sus armas y deciden ser meros observadores. El proceso de deshumanización que les llevó a aquella guerra les colocó encima una "chaqueta metálica", eran armas destinadas a acabar con cualquier ser vivo de ojos rasgados. La tercera parte de la película es la auténtica sesión importante de la película. Es el momento en que aquel soldado que lleva en su casco una dicotomía tal que daña a la vista ("Born To Kill" encima del símbolo de la paz) toma la decisión de matar por primera vez en toda la película. Sin embargo no es un asesinato gratuito. Su polaridad como soldado se refleja en que mata a la francotiradora que intenta acabar con sus vidas en un acto de compasión. Es necesario que no sufra ni que vea más horrores. Es necesario matar para acabar con la guerra. Como decía un sabio romano: "Si vis pacem, para bellum", es decir "Si quieres paz, prepárate para la guerra". De esta forma, los reclutas se convierten en asesinos. Su intención era la mejor de todas, pero si matas a alguien el simple acto de hacerlo ya te convierte en asesino. Mientras todos los demás soldados se volvían locos, el recluta Bufón intenta mantenerse cuerdo de algún modo hasta que se cumple su destino.
Pero ¿qué es lo que hace diferente a esta película de las demás que se han hecho sobre Vietnam? Pues que mientras la sensación de las demás hacia la guerra es de horror y queda claro un mensaje de denuncia hacia las administraciones que introdujeron al país en semejante despropósito, La Chaqueta Metálica emite un punto de vista mucho más objetivo y simplemente retrata a unos personajes dentro de un conflicto a la vez que vemos sus dispares evoluciones. Al final el espectador queda con una sensación de desconcierto ante la brutalidad de las escenas vistas.

[Retrospectiva Kubrick] Eyes Wide Shut

9/10

Hay quien todavía se atreve a pronunciarse para describir esta película, la última del director al que dedicamos esta retrospectiva, como una cinta de corte pornográficao. Y no es porque no sea verdad que la película tiene alguna escena que otra subida de tono.
Cuando vi por primera vez Eyes Wide Shut estaba en mi más tierna adolescencia. Cuando acabó la película, me quedé igual que cuando había empezado. No tenía ni idea de qué era lo que había visto. Lo único que me sonaba de Kubrick era un cartel (por aquel entonces ya me llamó la atención) de La Naranja Mecánica que había visto en un libro que me regalaron, hacía ya algunos años
La recuperé en el momento en que comenzó a picarme el mosquito del cine y cuando el primer autor al que intenté estudiar a fondo fue precisamente a Stanley Kubrick. Antes de atreverme a ver cualquiera de sus obras, volví a visionar Eyes Wide Shut. Entendí algo aunque de nuevo me perdía en el laberinto de ideas que transmite este film.
De nuevo, la volví a ver e incluso la adquirí en edición especial por un precio realmente excelente y volví a las andadas. Y de nuevo me perdía. Aunque ya empecé a hacer mis esquemas. Vamos a trazar, para entender esta película, una serie de pautas. En primer lugar hemos de hacer referencia al planteamiento de la primera parte de la película en la que el Dr. Harford (interpretado por Tom Cruise) tiene que enfrentarse a la forma que tiene de plantear su matrimonio con su bella esposa (interpretada por su entonces esposa Nicole Kidman en un arriesgadísimo pero excelente papel). Para Bill Harford, su matrimonio es algo rutinario y que carece de interés absoluto. Es solo una forma de pasar la vida, incluso llegando a tener una hija. En segundo lugar, es necesario ubicar al Dr. Harford en una situación de crisis cuando su mujer le confiesa un oscuro deseo que tuvo con un miembro de la U.S. Navy y que a punto estuvo de acabar con su matrimonio. En este momento, que en la película se refleja cuando Cruise y Kidman tienen un momento íntimo en el cual, mientras consumen marihuana, se hablan el uno al otro como nunca antes lo hicieron. Harford sale a la calle tras recibir una llamada en la que un paciente ha muerto y tiene que ir a ver a su esposa para acompañarla en el sentimiento. En ese momento, comienza a pensar en como su mujer tuvo ese sueño con aquel miembro del Ejército americano y se ofusca en recrear en su imaginación el cómo y el cuando de aquel instante. Eso le obliga a intentar remediar la situación y buscar el deseo sexual fuera del matrimonio. Esa misma noche conoce a una prostituta que le ayuda a intentar conseguir sus objetivos.
La historia avanza de tal modo que el personaje de Cruise se adentra en una espiral de orgías y ceremonias ocultas en las cuales todo el mundo parece conocerse pero no le vemos la cara a nadie. A medida que vas viendo la película, comienzas a identificar a cada uno de los personajes. No desvelaré en esta crítica las identidades puesto que lo que pretendo es que los que leeis este texto veáis por vosotros mismos todo lo que os estoy ayudando a descifrar. La situación se complica de tal manera que se confunde sexo y deseo con muerte y autodestrucción llevando a nuestro protagonista a confesarle sus más ocultos secretos a su mujer. Es entonces cuando obtenemos la última premisa: el matrimonio no es más que un contrato...... Lo demás es interesante averiguarlo por uno mismo.
¿Cuál es la conclusión a la que llegamos con todo lo anteriormente resumido? Pues la verdad es que nos ponemos delante de una de las películas más incomprendidas de Kubrick. En esta película todos tienen algo que esconder, jugamos al escondite, al juego de las máscaras. Porque nada es lo que parece y todos usamos dobles juegos para escondernos de nuestros verdaderos objetivos. Somos pura hipocresía y no somos sinceros. Ni siquiera en nuestros matrimonios. Algo realmente triste.

Ciclo - Retrospectiva - Homenaje a Stanley Kubrick

A partir de este momento comienza un ciclo en el que vamos a ir deteniendonos en la filmografía de uno de los directores más brillantes de la Historia del Cine. Alguien que hizo solo 13 películas pero que enseñó a todas las escuelas de cine del mundo nuevos métodos y teorías del Séptimo Arte. Hablamos de Stanley Kubrick, un genial director, productor y guionista que nos dejó en 1999 y al que ahora rescatamos 11 años después de su fallecimiento.
No voy a contar la vida de Kubrick puesto que para eso ya existen decenas de libros en todas las librerías de medio mundo. Aquí, lo que se propone es, desde el punto de vista que en este blog tenemos de enfocar las películas, indagar en todas y cada una de esas 12 películas que han sido elevadas, unas más y otras menos, a los altares de la Historia del Cine. Para ir abriendo boca, estas son las películas que vamos a descubrir: Eyes Wide Shut, La Chaqueta Metálica, El Resplandor, Barry Lyndon, La Naranja Mecánica, 2001: Una Odisea del Espacio, Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú?, Lolita, Espartaco, Senderos de Gloria, Atraco Perfecto y El Beso del Asesino.
12 son sus películas principales. Todas dignas de estudio. Porque Kubrick no es solo un director sino todo un manual de cinematografía. Y ahora, en estos tiempos que corren en los que se está abandonando las formas tradicionales de hacer cine en favor de los ordenadores, es cuando debemos hacer mención y recordar a esas personas que, con medios tradicionales y trabajo duro, lograron hacer auténticas bellezas cinematográficas.

Sonría.
Stanley Kubrick (1928-1999)