La saga Harry Potter; Las reliquias de la muerte Parte I

6/10
Harry Potter es ya todo un hombre. Es curioso hacer notar la evolución psicológica y social de un personaje al que hemos visto crecer a lo largo de estos últimos diez años en las pantallas de nuestros cines, desde aquel primer e infantil acercamiento al fascinante mundo mágico ideado por J.K. Rowling, hasta esta última entrega concebida de forma dual en la que la grandilocuencia y gravedad de su discurso nos interna en un complejo universo adulto donde las traiciones, la hipocresía, la envidia o las ineludibles responsabilidades del héroe se conjugan para narrarnos el teleológico final de una saga; la pugna definitiva entre las fuerzas del Bien y del Mal.
Las iniciáticas aventuras de adolescentes que salpicaron las primeras entregas de esta magna obra del cine (por extensión y seguimiento) se han ido diluyendo en la progresiva oscuridad sobre la que se asienta una trama épica de heroes y villanos de corte clásico muy arraigada en el imaginario social de fantasía que todos hemos concebido alguna vez. En ese aspecto, pocas son las novedades que se incluyen en el desarrollo de Las reliquias de la muerte; la lucha introspectiva del personaje central y su contraposición al reverso oscuro amenazante, las repercusiones que acarrea su preeminencia como el elegido ante el resto de personajes secundarios, la exhaltación de los valores de amistad como canalizador necesario para la realización de la misión, y, finalmente, la soledad del héroe en la toma de decisiones y su enfrentamiento contra el vértice del Mal.
La expectación originada por la venta de la última novela sacudió a legiones de fans de todo el mundo en busca de las respuestas que satisficieran las incognitas que jalonaban los últimos episodios literarios del mago de gafas redondas, sin embargo, ese nerviosismo generalizado dio paso rápidamente a un decepción palpable ante el largo y tedioso preámbulo que la autora introducía con caracter previo a la lucha final y que alargaba este último libro hasta las 700 páginas. Curiosamente, esta primera parte cinematográfica que los responsables de la saga han ideado con un evidente objetivo comercial versa exclusivamente sobre ese preámbulo, aburrido, innecesario, enervante y profundamente insatisfactorio. 
Con este planteamiento inicial, no era nada fácil que los aficionados o no del mundo de Potter salieran extasiados con la acción frenética contenida en esta película. Paradójicamente, y si bien la materia prima es la que genuinamente concibió Rowling con sus evidentes deficiencias, Las reliquias de la muerte sorprende como un maduro producto cinematográfico salpicado de momentos realmente sugerentes apoyados con un uso de los efectos visuales demoledor, descarnado e impactante, que elevan el tono espectacular de una trama por lo general anodina.
El arranque de la película es intenso e intrigante, ejemplarizado por ese tour de force a escoba por el cielo londinense en el que los chorros de luz de las varitas de las maléficos mortífagos persiguen a una pléyade de Harry Potter clonados; o la caída apocalíptica del Ministerio de Magia con su líder a la cabeza (maravilloso el breve rol de Bill Nighy) en las manos de un cruel establishment mágico que persigue implacablemente a los muggles y sangre mestiza. Sin embargo, con el cese de la acción el interés va decayendo progresivamente hasta que el desnudo bosque en el que se cobijan nuestros tres protagonistas se erige como el rutinario escenario donde no acontece absolutamente nada.
Es justo reconocer que David Yates tiene buen oficio e intenta en varias ocasiones salvarnos del tedio con chispazos sugestivos, como ese espontáneo baile entre Potter y Hermione cuando todo parace demasiado oscuro, o con instantes verdaderamente divertidos y trepidantes, como la incursión en el peligroso Ministerio de Magia utilizando la apariencia de algunos de sus trabajadores; pero el resto, nos sirve para muy poco. Las reliquias de la muerte Parte 1 es una largo (dos horas y media de metraje) aperitivo de lo que promete ser una experiencia fílmica total en la que se librará la batalla que decidirá la pervivencia del mundo mágico. 
 Salimos del cine con ganas de más, como un chiquillo al que se le promete una golosina y rápidamente se le es arrebatada, conscientes de lo que vendrá, un presumible espectáculo visual sin parangón escenificado en el colegio Hogwarts, y para el cual habrá que esperar algunos meses más (llegará a nuestras pantallas el próximo Julio).
Mientras tanto, deberemos contentarnos con esta interesante propuesta, realizada con vigor y ciertas dosis de buen cine, que intenta salvar el inane desarrollo de la primera parte de la novela de Rowling, algo que al menos repercute en la exhibición interpretativa del trío protagonista, ahora más que nunca en el centro de la acción (o más bien la no-acción). Las reliquias de la muerte Parte 1 ahonda en la madurez discursiva de la saga, la eleva a niveles de gravedad y épica inauditos hasta el momento, y nos introduce en los vericuetos emocionales del héroe en su aciaga lucha por la supervivencia propia y la pervivencia de todo aquello que lo rodea, de lo que se siente garante. La valentía de esta entrega es apreciable, aunque el evidente interés de sus responsables en alargar la aventura para recoger los pingües beneficios reportados por legiones de fans incondicionales la despoje de cieto valor. Continuaremos esperando, impacientemente. El final de una saga ya inmortal bien lo merece. 

La saga Harry Potter (Parte III)

Harry Potter y La Orden del Fénix      7/10

Inserta ya en una notoria dinámica de oscilación cualitativa, ejemplarizada por la fallida El Cáliz de Fuego, los responsables de la saga Potter se percataron de la necesidad imperiosa de insuflar nuevos aires a una adaptación cinematográfica que perdía seguidores en cada una de sus entregas. Ahora llegaba el turno de La Orden del Fénix y se le encomendaba al desconocido David Yates la difícil tarea de solventar los errores pretéritos, eso sí, ayudado por un notable incremento de presupuesto invertido en gran parte en mejorar los efectos visuales y la recreación de espacios mágicos.
Y el resultado difícilmente podría haber sido mejor. Si ayer hablábamos del punto de inflexión posibilitado por Alfonso Cuaron en El Prisionero de Azkaban, que marcaba el paso del espíritu infantil de los orígenes a una dinámica fresca y divertida acorde con la etapa adolescente de sus protagonistas, La Orden del Fénix se inscribe ya en un registro adulto puesto de relieve tanto en el apartado formal cinematográfico como en el desarrollo psicológico de los personajes. En el primer caso, Yates filtra la trama por una serie de patrones que la acercan más a una película de misterio y aventuras al uso que a una mera recreación de un mundo literario con los evidentes clichés derivados del mismo. De hecho, el film fluye sin la acostumbrada sucesión de situaciones superpuestas sin un hilo coherente de conexión, es más, intriga en el desarrollo de los acontecimientos y es sumamente fácil seguirla por los vericuetos de la incipiente oscuridad que domina el mundo mágico de Potter. En cuanto a la necesaria profundización en el caracter de sus protagonistas, se pone de manifiesto un buen trabajo con los actores, los cuales expresan algunas de las emociones y sentimientos encontrados propios de jóvenes de 16 años, por ejemplo, el descubrimiento del amor (al fin hay besos en esta entrega) o el rechazo inconsciente de la autoridad moral de los adultos que pretenden guiar sus pasos.
Además, la historia que vertebra La Orden del Fénix suscita una serie de empatías con el espectador basadas en el odio hacia los ciegos representantes del Ministerio de Magia (sencillamente genial el papel de Imelda Staunton como la flemática Dolores Umbrige, una malvada señora sacada de un salón de té británico) o el sentir de la injustia infringida contra Harry y el profesor Dumbledore. Y es que, tal y como dice el refrán, no hay más ciego que el que no quiere ver. La película deviene con un ritmo in crescendo, desde un arranque comedido y algo nostálgico, hasta un acto final sencillamente genial que nos presenta, por primera vez, un verdadero combate múltiple entre magos, con esa explosión de chorros de luz y sonido que penetran la oscuridad de forma fascinante.
La orden del Fénix es un film que puede gustar tanto a aficionados irredentos de las novelas de Rowling como a espectadores circunstanciales que se acerquen al mundo mágico de Potter sin conocer a la perfección la historia. Yates y todo el equipo técnico de la película realizan un brillante trabajo de realización que acompaña al material primigenio de la novela de acuerdo al sentido que debe inspirar toda adaptación cinematográfica; ilustrar lo que todos hemos imaginado, personajes, escenarios, artilugios, criaturas, etc., cuando leíamos las aventuras literarias del niño que sobrevivió.

Harry Potter y El misterio del Príncipe  5/10  

La empresa no era fácil, y es justo reconocerlo. Posiblemente la novela de El misterio del Príncipe sea la menos plástica de la saga, ya que está basada, en su mayor parte, en el retrato psicológico de Lord Voldemort a través de los recuerdos que Dumbledore y Harry Potter desgranan a lo largo de toda la trama, desde ese primer contacto del director de Hogwarts con un niño traumatizado por unos poderes que no comprende e inserto en un orfanato del mundo muggle; hasta el ascenso a la categoría de villano por excelencia del universo mágico. Y es que a pesar de que la película sigue las andanzas de Harry Potter, el protagonista absoluto de esta nueva aventura fílmica es ese némesis oscuro al que da vida Ralph Fiennes y que funciona como un enigmático polo atractivo que cobra vida a medida que se van descubriendo algunos de sus secretos más íntimos.
Lo cierto es que la película aburre en la mayor parte de su desarrollo, especialmente para aquellos que no estén familiarizado con el reverso literario, y únicamente levanta el vuelo al final, cuando en el asalto al castillo de Hogwarts se ponen en liza todos los efectivos de uno y otro bando en una espectacular batalla sin concesiones que servirá de preludio a la guerra final entre el Bien y el Mal. Además, es en este punto de la historia cuando la autora acomete el giro argumental más osado de la saga que condicionará el consecuente devenir de los acontecimientos.
Es destacable asimismo de esta El misterio del Príncipe su intento de introducir mayores elementos cómicos en una trama ya de por sí demasiada oscura. Se juega con el gag visual y la comicidad de algunos de sus personajes, como es el caso del profesor Slughorn, al que interpreta el siempre genial Jim Broadbent; aunque con resultados dispares y siempre en segundo plano respecto al discurso grave y grandilocuente de la historia principal.
La sensación que deja esta película es muy similar a la suscitada por la novela de Rowling; se entiende como un interludio relativamente necesario entre la frenética sucesión de acontecimientos pretéritos y futuros, como una pausa instrospectiva que la autora introduce para dar un mayor calado a la historia que narra, ofreciéndonos subtramas que complementan y condicionan el esperado y evidente final, el enfrentamiento entre el señor oscuro y el niño que lo consiguió derrotar por primera vez. 

La saga Harry Potter (Parte II)

Harry Potter y El Prisionero de Azkaban    8/10

Cuando todo parecía indicar que la saga Harry Potter se dejaría llevar por la inercia de una historia plenamente arraigada en la mente de millones de lectores que colmarían con su imaginación los evidentes huecos de los que adolecía su adapatación cinematográfica, un seísmo creativo de la talla del mexicano Alfonso Cuarón removió los cimientos de la mojigatería y complacencia infantil latentes en sus predecesoras para traer nuevos aires más acordes con la avanzada pubertad de Harry y sus amigos. El prisionero de Azkaban, cuya novela correspondiente no era, sin duda, la más trepidante ante la ausencia explicíta de ese vértice maligno encarnado por Lord Voldermort, renueva los códigos cinematográficos de la saga introduciendo elementos tan necesarios como trancisiones que aligeren el peso de una sucesión de acontecimientos infinita o escenas en las que se pretende conectar con el mundo interior de su protagonista, ejemplarizado con sus conversaciones con el profesor Remus Lupin.
Probablememte esta sea la adaptación más fiel de todas, aunque Cuaron eluda la traslación paso a paso de los diferentes pasajes del libros, de hecho obvia algunas subtramas que muchos ortodoxos reclamen como imprescindibles. De forma mucho más sencilla, lo que el realizador mexicano hace es contar una historia de forma coherente, como una cinta de aventuras con un principio y un final que funciona de forma autónoma y eficaz. Desde ese espectacular arranque en la casa de la familia muggle de Harry y su consecuente huida en el autobús noctámbulo (¡que portento de estética gótica en un oscuro y enigmático Londres) con los terroríficos dementores tras sus pasos, hasta ese ingenioso juego de tiempo-espacio que J.K. Rowling se saca de la manga para salvar a Sirius Black en un sorprendente final que cobra una dimensión especial visto en la gran pantalla.
Por si fuera poco, en esta tercera entrega tenemos el privilegio de disfrutar de Gary Oldman como el enloquecido y defenestrado Black, el caricaturesco Timothy Spall como el vil vasallo Colagusano, Emma Thompson en el rol de la alucinada profesora de adivinación o Michael Gambon en sustitución del fallecido Richard Harris como profesor Dumbledore. De igual modo se agradece un avance considerable en las aletargadas dotes interpretativas del trío protagonista, quienes se desarrollan tanto fisica como emocionalmente para el alivio y el disfrute del personal.
El prisionero de Azkaban es pura magia fílmica, encuentra el secreto de la pocima del entretenimiento y la agita hasta encandilar a los espectadores que asisten maravillados a un espectáculo de aventuras sin concesiones. Aquí Harry Potter alcanza un nivel de adaptación que se acerca a la excelencia gracias a una estética más atrevida y oscura, un ritmo sostenido y con una fluidez inédita hasta ahora, y un espíritu que empatiza en mayor medida con los seguidores adolescentes de la saga que con el público infantil atraído por una promoción poco fiel a la realidad.

                                                                       Harry Potter y el Cáliz de Fuego  4/10

Paradójicamente, la que podría haberse erigido como cima absoluta de la saga Potter, en consonancia a la calidad literaria y creativa de la cuarta novela, sin duda la más trepidante, densa y bien construida; El cáliz de fuego deviene más bien en un intento fallido de ahondar en la oscuridad del mundo mágico de Hogwarts hasta alcanzar cotas esperpénticas que no casan con el tono general de una historia muy alejada de ese aire grave y apocalíptico que parece querer insuflar a la trama los responsables de la película.
Entre los culpables, lo más factible sería señalar a Mike Newell como causante de una evidente merma cualitativa respecto a sus predecesoras, aunque quizás pecáramos de simplistas e injustos. Es cierto que la nota predominante de la carrera cinematográfica de Newell no ha sido precisamente la coherencia o el caracter personalísimo de sus propuestas (su obra más destacada es la mediocre Cuatro bodas y un funeral), sin embargo cabria preguntarse si es el único responsable del desliz creativo de esta cuarta entrega que decepciona en diversos ámbitos.
En primer lugar, se hace notorio el buen trabajo realizado por Alfonso Cuarón en la dirección de los actores más jóvenes del reparto, los cuales vuelven a adolecer del más mínimo dinamismo y credibilidad en esta película; Potter es, una vez más (aunque ahora de mayor, lo que es más grave), un sosainas sin sangre fluyendo en las venas; Ron detenta cierta comicidad aunque sus caras de espanto no dejen de ser francamente risibles; y Hermione desarrolla esa capacidad genuina suya de irritar al personal a raíz de cada una de sus expresiones de preocupación. El desarrollo del guión tampoco ayuda; la larga extensión del libro se convierte más en un escollo que en una oportunidad para explotar diferentes subtramas, suscitando esa sensación de amalgama de circunstancias hiladas con dificultad que ya se repetían en las primeras entregas. Todo parece caricaturesco, impostado, manierista en las formas, muy desencaminado del producto de entretenimiento que, al fin y al cabo, es Harry Potter.
Es una suerte que en esta película se pueda disfrutar por primera vez de un Lord Voldemort físico encarnado por Ralph Fiennes (electrizante e inquietante ese renacer del caldero y su encuentro con los vasallos) o del auror enigmático Ojoloco Moody, al que da vida Brendan Gleeson. Además, se hace patente un progresivo uso del humor que aligera en ocasiones el discurso épico grandilocuente y que queda plasmado en situaciones realmente divertidas, como ese gran baile de gala en el que Harry y Ron se inician torpemente en las dotes amatorias propias de los adolescentes de su edad.
El Cáliz de Fuego deja esa amarga sensación de lo que pudo haber sido, la adaptación cinematográfica de la, posiblemente, mejor novela de la serie de J.K. Rowling. Desgraciadamente, no se supo extraer la esencia de su reverso literario y quedó como muestra de lo difícil que es emular la imaginación de un lector fantasioso en imágenes reales concebidas para el cine.

Crítica The Town; Ben Affleck se nos hace mayor

7,5/10

Es la sensación que me ha dado al salir de la sala y terminar de ver los créditos de The Town: Ciudad de Ladrones. Un director que ha cogido un estilo determinado y no ha sido traidor a sus principios, que ya exhibió en su anterior película Adiós Pequeña Adiós, una emotiva y absorbente cinta sobre la desaparición de una niña. Una adaptación de la novela de Dennis Lehane (autor de Mystic River) que recordaba en exceso al reciente e irresoluto caso de Madeleine McCann.
En esta ocasión, el cine de Ben Affleck, que de seguir así se convertirá en un buen director en el futuro, nos muestra otro ejemplo de su buen hacer detrás de las cámaras. Las puestas en escena, tanto de una como de otra, nos harta de oscuridad, de suspense y de cierto aire al buen thriller clásico.
No es por alabar a Ben Affleck ni tampoco quiero abonarme a ningún club de fans de su persona, pero simplemente quiero reflejar la realidad latente de un autor que ha vivido el cine de su época y ha cogido los elementos más característicos para mezclarlos todos en una coctelera a la que ha llamado "cine propio".
Si en Adios Pequeña Adiós, tuvo el gran acierto de no aparecer como actor en la película, es ahora cuando ha decidido pornerse las pilas interpretativamente hablando y realizar un muy buen papel en esta ocasión. Después de catástrofes como Armageddon, Algo que Contar, Pearl Harbor, Operación Reno, Daredevil, Al Límite de la Verdad o Pánico Nuclear, por no seguir, Affleck comenzó una buena racha con Hollywoodland, la cual le valió la prestigiosa Copa Volpi del Festival de Venecia. Sin duda, un buen presagio de que este actor se estaba dando cuenta de que estaba perdiendo un tren muy valioso.
Ben tuvo sus quince minutos de fama cuando subió, en compañía de su amigo Matt Damon, a recoger el Oscar al mejor guión por El Indomable Will Hunting. Es, sin duda, una de las películas más destacadas de toda su filmografía y una muestra de que el chaval se manejaba mejor cuando no salía delante de la pantalla. Matt Damon tuvo más tacto a la hora de coger sus papeles y hoy es todo un respetado actor.
Affleck ha tardado, pero se ha espabilado a tiempo. A tiempo de que podamos ver el comienzo de la carrera de un prometedor director. Y no me quiero mojar prediciendo su futuro como actor. Me gustaría, pero no quiero. Por eso quiero añadir a mi veredicto sobre esta película un pequeño gran detalle. Ben sabe dirigir a sus actores. Ya lo hizo con su hermano, con todo un Ed Harris, Morgan Freeman y con la indomable Amy Ryan en su anterior proyecto como director. Ahora ha sido el encargado de desprender al gigante Jon Hamm de su papel de Donald Draper en Mad Men. Su agente del FBI, irónico e incansable, supone un punto de inflexión en la carrera cinematográfica de Hamm y una separación clara y visible de su exitoso rol televisivo. Sin duda, un logro magnífico de ambos, dos profesionales comprometidos.
Por su parte, dos actores de reparto como Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) y Jeremy Renner (catapultado a la fama tras su interpretación en En Tierra Hostil) también realizan interpretaciones más que decentes y dotan a este thriller de una buena consideración en el espectador. Todos, narran una historia que algún avezado crítico ha comparado con la obra magna de Scorsese Infiltrados. Sin duda, toda una exageración teniendo en cuenta la excelente calidad de aquella, tanto en su guión como en su dirección, interpretación y puesta en escena. Pero no quiero ser malvado. The Town es una muy buena película, que se desarrolla también en Boston, pero parece que no quiere ahondar demasiado en las relaciones humanas que se establecían entre las altas esferas de la mafia local y sus "resignados" empleados.
En The Town asistimos a un retrato de las frustraciones, miedos y deseos de vida de un protagonista que se ve asesiado por el amor y más en concreto, de la persona que menos le conviene en ese momento. Al ser una buena película americana, el protagonista tendrá que decidir si huir y comenzar una nueva vida o quedarse con su amada aún a riesgo de ser capturado. Sin embargo, una previsible decisión del personaje de Rebecca Hall obligará a Affleck a "buscarse la vida".
Con una puesta en escena oscura, grisácea y unas buenas transiciones separando cada uno de los clímax de la película, Affleck nos trae un buen entretenimiento y una de las películas americanas más destacadas del último año. Cuando hablamos de los premios del próximo año, se nos olvida citar a The Town. Yo, después de verla y compararla con otras películas de estrenos recientes, la tendría en cuenta a la hora de entregar galardones a la mejor fotografía, guión e incluso montaje.
Porque Affleck se merece despegar como director, ya que como actor su suerte no ha sido la mejor de todas. Veremos a ver si The Town: Ciudad de Ladrones se hace un hueco entre las producciones del año. 
Sería justo y totalmente loable.

La saga Harry Potter (Parte I)

 El esperado final de una de las sagas cinematográficas más exitosas de la historia se acerca de forma inminente y un nerviosismo generalizado por presenciar, esta vez plasmado sobre la pantalla, el apocalíptico y mágico combate a muerte entre el Bien y el Mal, se va haciendo cada vez más perceptible entre la nutrida legión de incondicionales del mago con gafas redondas, es decir, Harry Potter.
Lo curioso del fenómeno literario de J.K. Rowling, trasladado ahora a las salas de cine de medio mundo tras vender millones de ejemplares y alimentar la imaginación de una multitud de adolescentes ávidos del sugerente estímulo de la fantasía; es la compleja empresa que han llevado a cabo sus responsables al encandilar (incluso podríamos hablar de suscitar una sana adicción) a diferentes generaciones de jóvenes que han crecido con las aventuras del mago de Hogwarts.
Y es que han transcurrido ya trece años desde que la escritora británica publicara con un éxito inesperado la primera novela de la saga, Harry Potter y la Piedra Filosofal, periodo de tiempo suficiente para que sus primeros lectores hayan crecido y superado esa etapa “mágica” que todos hemos vivido en nuestra más tierna juventud. Sin embargo, ahí continúan, como un servidor, esperando impacientemente la última aventura cinematográfica del señor Potter, unidos por un extraño lazo de empatía fantástica con las generaciones que llegaron después y que no cesan de acercarse a ese mundo tan cercano como absolutamente maravilloso que  aglutina el colegio de Hogwarts.
Ahora que casi hemos llegado al final del camino (aunque Rowling parezca sugerir lo contrario), se hace imperiosa echar la vista atrás y valorar, cinematográficamente hablando, lo que nos ha deparado una saga ya inmortal, comenzando desde sus orígenes hasta la última entrega vista en cines, que servirá como preludio a Las reliquias de la muerte.

Harry Potter y La piedra filosofal  7/10
Harry Potter y la Piedra Filosofal marcó el siempre difícil arranque cinematográfico de un fenómeno literario que ya en 2001 había alcanzado una incidencia mundial, suscitando, como es obvio, una expectación tan sólo comparable a la adaptación de otra obra magna de la literatura fantástica, El señor de los anillos, que también hacía su aparición por aquellas fechas.
El estricto control que la autora, J.K. Rowling, infringió sobre los responsables de la película, los cuales fueron elegidos con el beneplácito de la misma, favoreció una literalidad evidente en la traslación a la pantalla de la novela, hecho puesto de relieve desde la elección del trío actoral protagonista (físicamente muy semejantes a la imagen preconcebida por la imaginación de la escritora), hasta la recreación minuciosa y conseguida de cada uno de los lugares fantásticos que brotaban de las páginas del libro. De hecho, desde el punto de vista artístico, la factura de esta primera aventura fílmica de Potter es impecable, podríamos decir que incluso artesanal en la elaboración de escenarios y artilugios mágicos que conferían a la película un evidente aire de descubrimiento iniciático de un mundo paralelo.
La Piedra Filosofal no eludió en ningún momento el marcado espíritu infantil que inspiraba las aventuras de un Harry Potter que sólo contaba con 11 años. Para ello, se eligió a un realizador con un amplio conocimiento del género de entretenimiento familiar, Chris Columbus (Sólo en Casa, Señora Doubtfire), para dar forma a una trama inocente, bonita y complaciente que nos presentaba a unos adorables personajes insertos en un enigmático y maravilloso mundo mágico en el que vivir aventuras trepidantes.
Como principal atractivo para los más curtidos, la película se rodeó de uno de los cast cinematográficos más completos de la década, en la que se incluían actores de la talla de Richard Harris, Maggie Smith, John Cleese, John Hurt, Alan Rickman, Robbie Coltrane o Ian Hart, a los que se sumarían muchos más en secuelas posteriores; dando a la saga un inconfundible aroma 'british' como requisito incontrovertible impuesto por Rowling. Y a ello a pesar de la producción mayoritaria de la norteamericana Warner Bros, a la que poco debió importar la remilgada estética del film a tenor de los resultados en taquilla, colocándose como una de las películas más vistas de la historia.
La Piedra filosofal  cumplió con nota su ardua empresa al presentarnos una historia sincera y entrañable que recurría a los valores de la amistad y la solidaridad para enfrentarse a los poderes oscuros que acechaban al trío protagonista. Esta primera aventura no deja de ser por ello un interesante tour por el mundo mágico de Rowling donde nos familiarizamos con el fantástico colegio de magos y sus insospechados vericuetos, así como con la trama que se desarrollará en las siguientes entregas de la saga. Como es obvio, elemental para cualquiera que desee adentrarse en el mundo de Harry Potter.

                                                                             Harry Potter y La cámara secreta    6/10
Es una lástima que la segunda entrega, aunque continuaba  la senda marcada por su precedente, heredaba  algunos de los desaciertos más notorios de la misma. La anquilosada dirección de Columbus, quien no se permitía la licencia de realizar el más mínimo movimiento innovador con la cámara o en la anodina puesta en escena, unida a la literalidad excesiva de la adaptación cinematográfica, hicieron necesaria una renovación inmediata en el planteamiento de la saga si realmente pretendía continuar de forma indefinida. 
Y es que, si bien el desarrollo de la trama era prácticamente idéntico a la de su homóloga literaria, la extensión constreñida del film (que no dejaba de ser de más de dos horas y media) no permitía la inclusión de cada uno de los pasajes del libro, por lo que los responsables optaron por cortar momentos de gran importancia para el devenir de la historia. La sensación general suscitada era la de estar asistiendo a un puzzle al que le faltaban piezas, que no fluía de forma independiente al conocimiento previo de la novela, y  que cuando lo hacía era de forma atropellada, sin transiciones y contando más cosas de las que cabrían en una película para adolescentes.
No obstante, La Cámara Secreta no deja de ser un entretenimiento apreciable muy necesario en el desarrollo de la saga, apoyada en una interesante historia  de misterio y ciertas resonancias detectivescas que nos descubre una faceta más del máléfico Lord Voldemort, al mismo tiempo que nos regala una divertida interpretación de Kenneth Brannagh como el inefable profesor Lockhart. A partir de este punto, todo cambiaría y el espíritu de las aventuras del joven mago se adentró en terrenos más oscuros y misteriosos con resultados dispares. Con La Cámara Secreta se da por finalizada la etapa infantil e inocente de la saga al mismo tiempo que se abría a un público más amplio al que se pretendía llegar con mayores dosis de espectáculo y efectos visuales.

Dulce Cine de Juventud; Parque Jurásico

9/10

La primera por supuesto. Ni El Mundo Perdido ni la desafortunada Parque Jurásico III llegaron a alcanzar el nivel y el listón que tan alto puso Steven Spielberg en esta película tan espectacular que se convirtió en la película más taquillera de la Historia del Cine hasta que James Cameron irrumpió en 1997 con Titanic. 
Parque Jurásico posee una historia antes mencionada en libros de H. G. Wells como El Mundo Perdido, que nada tiene que ver con la secuela de esta película, Spielberg realizó una de sus obras más conocidas y fantásticas en esta apasionante historia que recuerdo con mucho cariño al verla por primera vez en las Navidades de algún año a mediados de los 90. Una historia en la que un multimillonario científico construia un parque en una isla de Costa Rica con el fin de crear dinosaurios y exhibirlos al gran público. Su frase en la película siempre se me quedará en el pensamiento. Richard Attenborough repetía su "no hemos reparado en gastos" a cada momento que hacía su aparición en pantalla. 
Una película emocionante que incluso tuve la osadía de plasmar en un examen de Biología de la ESO, cuando se me preguntó por el código genético y contesté utilizando un caso práctico en el que reflejaba la posibilidad de que los mosquitos conservados en el ámbar, la resina de los árboles, guardasen en sí la sangre de estos dinosaurios desaparecios hace millones de años por causas aún desconocidas. Naturalmente, mi suspenso era más que evidente.
Una película donde las interpretaciones no destacan en absoluto y son totalmente encubiertas por la aparición de unos animotions con los que Spielberg recreó las especies jurásicas en compañia de Stan Winston, uno de los mejores creadores de efectos visuales de la Historia del Cine. Por su parte, la productora de George Lucas, Industrial Light & Magic, creó algunos efectos visuales que complementaban de manera perfecta la trama de la película.
Parque Jurásico, basada en una novela homónima de Michael Crichton, posee en realidad pocas similitudes con el libro y la reducción de la trama es evidente. En la novela, hay decenas de historias paralelas que Spielberg, a mi parecer, erróneamente dejó de lado. Sin embargo, David Koepp, guionista de la película, supo coger los elementos esenciales del libro y plasmarlos en un libreto realmente destacable que quedará para la historia del cine palomitero. Una película que todos recordamos con una sonrisa en la boca ya que, por lo menos, a mi generación nos recuerda a nuestra más tierna y entretenida infancia.
Con una banda sonora legendaria compuesta por el maestro John Williams, su tema principal ha sido algo recurrente en la memoria colectiva de todo el mundo. Sumamente conocida fue esta película precisamente por ser una de las primeras en explotar de manera directa el merchandising. Rara era la habitación en la que no hubiera un dinosaurio o un poster de la película, una camiseta o una sudadera (como la tuvo un coleccionista en un episodio de Los Simpsons).
No nos podemos olvidar de sus actores. Todos y cada uno de ellos tienen su particular característica que los hace ser unos personajes alejados del término "plano". Por un lado Sam Neill, un nada impresionable paleontólogo que se tendrá que rendir ante los asombrosos y peligrosos proyectos de John Hammond, interpretado por el veterano Richard Attenborough. Por el otro lado, Laura Dern, Joseph Mazzello y Ariana Richards construyen la fragilidad y la valentía que hay que demostrar ante una situación tan inverosímil como la lucha contra unos animales desaparecidos hace ya tanto tiempo. Tampoco he de olvidar a Jeff Goldblum, cuya chulesca interpretación le da el toque humorístico e irónico a la cinta, incluso resultando demasiado cargante.
Inolvidable, frenética, aventurera, espectacular y con unos efectos especiales que quedaron para la Historia del Cine como muestra de cómo no hace falta el uso de tanto "digital", cuando con unos robots bien articulados, se puede crear una sensación de realismo y verosimilitud realmente impecable.
Parque Jurásico es una de esas películas que yo me enorgullezco en calificar como "Dulce Cine de Juventud".

Crítica Scott Pilgrim contra el mundo; ¡Los geeks al poder!

 6/10
Si a muchos encandiló esa sátira del mundo postmoderno en el que héroes de pacotilla ascienden a lo más comentado de la red a golpe de click, es decir, ese genuino intento de innovar los códigos cinematográficos hasta acercarlos a la actual sociedad virtual que era Kick Ass; muchos más disfrutarán de un nuevo experimento, a años luz en cuanto a radicalidad y riesgo de su precedente, que llega ahora a nuestras pantallas lastrado por sus discretos resultados en la taquilla veraniega estadounidense. Scott Pilgrim contra el mundo supone la realización absoluta del sueño de cualquier geek o aficionado a la informática y videojuegos. De hecho, este particular proyecto de Edgar Wright (basado en la novela gráfica de Bryan Lee O'Malley) es, en sí mismo, un indisimulado tributo a una generación que nace y crece al calor de los ordenadores de mesa y terminales de ciber, fascinada por los arcaicos movimientos de héroes rudimentarios y los adictivos sonidos reproducidos en bucle.
Nuestro improbable protagonista, el sosainas y desgarbado Michael Cera (¿a alguién más le recuerda a Berto, el compañero fiel de Buenafuente?), no se queda en la reproducción cutre de los movimientos de sus héroes favoritos de cómic, como ya intentara el bueno de Aaron Johnson en la ya mencionada Kick Ass, sino que logra erigirse, febrilmente claro, en uno de ellos para luchar contra la malvada liga de las ex parejas de la chica de sus sueños, Ramona. Sería absurdo encontrar un mínimo de coherencia en una trama que, sin duda alguna, no la busca, por lo que la actutid más racional es, simplemente, dejarse llevar por una fluida sucesión de situaciones rocambolescas y eminentemente producto de las más desaforada imaginación de un adolescente adicto a la PlayStation.
Ahí está la gracia. Y es que Scott Pilgrim, además de ser el bajista de una cañera banda de rock con escaso éxito, se dedica a enamorar con sus ¿encantos? a toda la chica que se precie, desde una estrella del pop que finalmente le rompió el corazón, hasta a una entusiasta asiática de 17 años, pasando, naturalmente, por la susodicha Ramona. Sin embargo, para lograr conquistar el corazón de esta última, extravagante y enigmática chica recién llegada desde Nueva York, deberá emplearse a fondo y luchar a muerte con toda una serie de inefables personajes con superpoderes y unidos por una experiencia común, haber sido parejas durante algún tiempo de la chica en cuestión. Un hecho poco preocupante para Pilgrim, quien descubre unas destrezas ignotas en el combate cuerpo a cuerpo que ya las hubiese querido para sí cualquier personaje de Bola de Dragón.

La película es, de hecho, toda un despropósito visual y narrativo que funciona a la perfección como entretenimiento retro en cuanto al público al que apela, y profundamente innovador en las técnicas utilizadas para llevarlo a cabo. Como una explosiva coctelera agitada con fruición, Scott Pilgrim desata un poderoso compuesto cinematográfico en el que se combina el más irredento espíritu indie made in usa (estilo Pequeña Miss Sunshine, por ejemplo), combates imposibles herederos de la saga Matrix, estética de videojuegos clásicos como Tekken o Street Fighter, onomatopéyicas escenas de ritmo frenético, diálogos afilados de sarcasmo desganado y una evidente tendencia a la autocomplaciencia geek.
El resultado es audaz, acelerado y disfrutable, aunque, naturalmente, no vaya a contentar a todos. Edgar Wrigth (director de la parodia Zombies Party) desarrolla en la película una desenfadada amalgama de códigos pop autorreferenciales que une de forma notable al lenguaje cinematográfico más tradicional. No en vano, la historia no deja de ser un romance; chico apocado que conoce a chica transgresora y quedan destinados a estar juntos a pesar de las evidentes diferencias.


Para ello, Wright se rodea de toda una terna de jóvenes actores-promesa que inundan la pantalla de frescura, desde los ya consolidados Michael Cera, Chris Evans, Brandon Routh, Kieran Culkin o Jason Schwartzman hasta una sucesión de nombres que darán mucho que hablar; Mary Elizabeth Winstead, Anna Kendrick (nominada al Oscar por Up in the Air), Abigail Chu, etc.
¡Los freakies al poder! parece gritar la sección juvenil del Hollywood de blockbusters. Ya no están en boga las cazurras comedias de adolescentes con el sello American Pie, ni los acaramelados romances de pastiche, ni siquiera ese persistente género de terror que poco tiene que aportar ya; ha llegado la hora de los raritos de la clase, ya sean góticos o geeks, que mueven el cine con una evidente muestra de orgullo de clase. Scott Pilgrim contra el mundo es sólo un ejemplo más de ello realizado con vigor y ritmo, al mismo tiempo que con una trnasgresora motivación de innovar, algo bastante improbable, por otro lado, de hallar en estos tiempos de estatismo creativo. Producto, así pues, muy apreciable para los familiarizados con el mundo de los videojuegos y algo menos sugerente para aquellos más alejados de esa curiosa esfera de ficción. La sensación dominante cuando sales del cine es que acaba de permanecer casi dos horas en la sala de juegos más ruidosa y fascinante de tu vida.

Retrospectiva Matrix; La imposibilidad de controlar a la raza humana

Matrix: 8/10
Matrix Reloaded: 6/10
Matrix Revolutions: 5/10
 
En compañía de mi querido compañero Rubén Polo, experto en el uso y disfrute (o no) de toda una amplia gama de videojuegos, nos lanzamos a un estudio básico de una de las experiencias cinematográficas más absorbentes de finales de los 90. Por supuesto, hablo de la original. Del Matrix primigenio, de aquel donde descubrimos la historia de ese sistema informático de mantenimiento del statu-quo que tenía como vigilantes a una legión de agentes y contra los que "El Elegido" y sus acompañantes debían luchar para evitar la destrucción de la raza humana conocida.
Una película muy original en su planteamiento que no tardó en convertirse en toda una obra de culto debido a su fantástica estética, sus frenéticas escenas de acción y unas secuencias que quedarán para la historia del cine próximo. En unos diez o quince años, Matrix ya no volverá a ser vista de la misma manera que la contemplamos todos los que tuvimos la ocasión de sorprendernos con las andanzas de Neo, Morfeo o Trinity. 
Con una historia en la que la raza humana ha sido esclavizada y sometida a un férreo control por parte de unas máquinas controladas por inteligencia artificial, unos pocos han logrado huir de esa impresionante prisión que los hermanos Wachowski nos lanzaron en una de las escenas más impactantes de la película. Ahora viven en la ciudad de Sión y permanecen alerta para no ser destruidos por la maldad de la inteligencia artificial de la que un día fueron capaces de escapar.
Matrix constituye el programa informático encargado de controlar y someter a la raza humana. Dentro de ese programa existe una vida paralela controlada por diversos subprogramas, que son los que llevan a cabo las labores de funcionamiento del programa principal, véase El Arquitecto, El Oráculo, Merovingio y todos los Agentes, representantes virtuales de las máquinas controladoras del sistema.
La liberación de un pirata informático, que vive en Matrix sin conocer las intenciones y capacidades del programa, será liberado por Morfeo y su equipo. Aquí comenzará una batalla por ganarle la partida a la todopoderosa inteligencia artificial y a las máquinas. Éste es un tema que ya se ha planteado en algunas películas como Terminator, en la que uno de los trasfondos de la historia, era el dominio de las máquinas sobre el hombre. También se reflejó en 2001: Una Odisea del Espacio, donde HAL 9000 controlaba y decidía a su antojo lo que ocurría en la nave espacial, mientras Keir Dullea luchaba por zafarse del control de esa máquina. A partir de ahí, se ha planteado el tema en numerosas ocasiones, más recientemente Yo, Robot, sin demasiada notoriedad hasta que llegó la frescura y la originalidad de Andy y Larry Wachowski y su libreto de Matrix.
Reflexionando en su guión sobre teorías filosóficas de Platón entre las que destaca la "Teoría de los Dos Mundos", donde el filósofo se planteaba si todo lo que tenemos alrededor pertenece a la realidad o si por el contrario todo es una ficción creada y controlada por un ente superior. Las referencias a autores como Isaac Asimov, Stanislaw Lem e incluso Phillip K. Dick son constantes en una película en la que se reflexiona constantemente sobre la posibilidad de que llegue ese temido momento en que la informática y la maquinaria inteligente sustituye a la capacidad humana.
El mayor premio que recibió esta película fue el asombro del público, unos excelentes datos de taquilla con casi 500 millones de dólares de recaudación y cuatro Oscars (montaje, sonido, efectos sonoros y efectos visuales). Posteriores referencias describieron a Matrix como una auténtica reflexión sobre otra teoría de Platón, el mito de la caverna, donde nada parece ser lo que es y donde las apariencias son lo único que se aprecia a simple vista. Existe además una curiosa referencia a Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas y todo a raíz de la frase que se encuentra Thomas Anderson en su ordenador cuando despierta de su letargo: Follow the white rabbit (sigue al conejo blanco). 
Aunque Keanu Reeves sea un pésimo actor, sin duda su interpretación en esta película será recordada durante toda la eternidad cinematográfica. No por su calidad interpretativa sino por lo que significa esta película en el imaginario colectivo. ¿Quién no recuerda a Neo y sus avatares con el agente Smith? ¿Quién no recuerda la historia de amor entre Neo y Trinity? Para ello, los Wachowski contaron con la presencia de pesos pesados como Hugo Weaving, Laurence Fishburne, Carrie Ann-Moss, Joe Pantoliano o Monica Bellucci.

Las películas posteriores, Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, son de una factura técnica igual de espectacular. Sin embargo, el guión ya adolece de la dependencia para con la primera película y se sacrifica la historia en favor de los aspectos técnicos. También es verdad que la historia tiene una continuidad lógica durante toda la trilogía que sería imposible de reescribir, dando en su lugar auténticas demostraciones de incomprensión por parte de un público que ya con la primera se quedó con la boca abierta y necesitó ser vista más de tres veces para ser captada en todos sus aspectos más esenciales.
Matrix ha sufrido dos conversiones al videojuego. La primera de ellas, Enter the Matrix, que sirve para hilar la historia que tiene lugar entre el final de la cinta original y Matrix Reloaded, segunda entrega. La otra conversión a videojuego es el The Matrix: Path of Neo, una irregular experiencia que mezcla la historia de las tres películas y la combina con otras historias paralelas, creando un videojuego que obtuvo escaso éxito entre los aficionados.
Es aquí donde usted debe hacer click en este enlace con el botón izquierdo de su ratón y visitar la crítica de ambos videojuegos que Rubén Polo ha preparado en su blog La Vida al Otro Lado. 
En resumen, Matrix es una experiencia única que debe ser visionada una y otra vez. Su riqueza radica en explorar un terreno muy espinoso y de franca actualidad como es la evolución de la inteligencia artificial y su amenaza para nosotros, que podemos acabar exactamente igual que los humanos en esta película. Enchufados por la nuca a un cable del que no podremos desenchufarnos jamás.
¿Inquietante? Me parece que sí...

VII Edición Festival de Cine Europeo de Sevilla

La crisis económica ha afectado por igual a diferentes ámbitos de la vida pública, y la cultura, como es de costumbre, ha sido uno de los flancos más débiles. Son tiempos complejos para el cine y, en concreto, para el circuito de festivales que pugnan por las cada vez más escasas obras de calidad. 
El Festival de Cine Europeo de Sevilla ha sabido, a lo largo de estas siete ediciones, labrarse un nicho bastante cómodo en medio de una competencia feroz que ha obligado a polarizar la oferta de certámenes. Curiosamente, el cine europeo no se había abordado antes como un todo, un cuerpo configurado por las fronteras en las que queda englobado, lo que ha posibilitado que Sevilla se erija como una cita ineludible en la agenda de productores, cineastas y espectadores, algo corroborado con el anuncio, cada año, de las nominaciones para los premios de la European Film Academy.
Esta edición, sin embargo, bien podría entenderse como un punto de inflexión en el acelerado desarrollo del Festival en años precedentes. El recorte de inversión ha incidido en la escasa afluencia de rostros conocidos extranjeros, a excepción del Premio de Honor Internacional Stephen Frears, algo muy en boga en todas las alfombras rojas de Europa. Más preocupante si cabe es la mediocridad en la que se ha instalado este año las propuestas de la Sección Oficial (excepto la excelente En un mundo mejor de Susanne Bier, la cual reseñaremos de forma inminente), así como de las secciones paralelas. La pregunta es, si realmente los responsables de programación del Festival han aplicado un criterio de selección cuanto menos discutible, o si, por el contrario, la producción europea se ha estancado este año de forma peligrosa. Lo cierto es que, tras visionar una parte de la películas proyectadas, la séptima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla deja un regusto amargo sólo salvado por algunos proyectos interesantes. El hastío y el aburrimiento han sido las notas predominantes de un certamen que baja el telón en dos días a la espera del palmarés, el cual esperemos imparta justicia y salve las últimas credenciales de una edición mejorable. A continuación, una breve reseña de algunas de las películas vistas. 

Tamara Drewe 6/10
Pocas formas más atractivas se nos ocurren para dar inicio a esta séptima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla que con una comedia británica de humor negro y refinado filmada por el veterano Stephen Frears, Premio de Honor Internacional de este año. Tamara Drewe, la película que ha inaugurado el certamen aprovechando la presencia del realizador británico en la ciudad hispalense, ha supuesto un agradable entretenimiento, además de una sopresa mayúscula a tenor de la habitual densidad de las propuestas exhibidas
Su nueva película, Tamara Drewe, se inscribe en una última tendencia en su carrera basada en la liviandad de sus planteamientos, como ya hiciera en Mrs. Henderson presenta o Cheri, en esta ocasión como excusa para desatar toda su socarronería algo malévola en una comedia que nos traslada a la apacible campiña inglesa. El humor negro británico es siempre bienvenido, especialmente porque supone un contrapunto necesario a la comicidad un tanto exagerada de sus hermanos norteamericanos. Se suscita la risa con situaciones que bien podrían llevar al llanto o, cuando menos, a la preocupación más absoluta. Sin embargo, el público disfruta, de forma un poco cruel, de los continuos infortunios que los protagonistas sufren. Y, de hecho, ahí se encuentra la agudeza. Frears, en su nueva película, la alcanza con suma facilidad, aunque en algunas ocasiones se perciba una cierta desorientación en el desarrollo de la trama. 
Tamara Drewe es una entretenia comedia que hace pasar un buen rato, aunque su final demasiado negro y su duración excesiva reste un poco de valor al conjunto.

Ondine 5/10
Ondine es una película irlandesa del afamado director Neil Jordan, responsable de cintas como Entrevista con el vampiro, Michael Collins o La extraña que hay en tí; protagonizada por el actor también irlandés Colin Farrell, quien ya presentó en la pasada edición del Festival de Sevilla Triage, de Danis Tanovic. En esta ocasión, Farrell interpreta a un pescador ex alcohólico y marginado que un día cualquiera saca del mar a una mujer entre sus redes, con el consecuente impacto y las conjeturas (es clara la identificación de la chica conuna sirena) que ello provoca. A partir de ahí, la trama se desarrolla a medio camino entre el cuento de hadas y cierto realismo descarnado que nunca llega a conjugar a la perfección. 
Finalmente, Jordan opta por la vía del cuento con final feliz sin dejar demasiado claro cómo hemos llegado hasta ese punto. Una propuesta, pues, fallida aunque relativamente disfrutable que además nos regala la sólida interpretación de la sirena en cuestión, Alicja Bachleda- Curus.

                                                                                    El extraño caso de Angélica 1/10
El extraño caso de Angélica venía legitimada por la larga trayectoría del director en activo más anciano del mundo, el portugués de 102 años Manoel de Oliveira. Con 32 películas filmadas, Oliveira ha alcanzado un status de cierta preeminencia en el panorama internacional de festivales, con una nutrida legión de incondicionales que aman su particular modo de concebir el cine. No en vano, El extraño caso de Angélica participó en la Sección Oficial de la pasada edición del Festival de Cannes cosechando buenas críticas y ensalzando la poderosa vitalidad de su responsable.
No obstante, paraa los humildes espectadores del Festival de Sevilla, una propuesta como El extraño caso de Angélica ha supuesto más una tediosa e insostenible lucha por no caer en el sueño más profundo que el supuesto poema sutil y conmovedor que muchos ven en los interminables planos estáticos y el surrealismo de una trama que entra en clara confrontación con la razón humana.
                                                                                    
                                                                                   
Besa 7/10
La película serbia Besa nos narra una interesante y profunda historia ambientada en la I Guerra Mundial, aunque desde la perspectiva de la retaguardia, donde el tronar de los disparos y cañones dejan paso al hambre, la inseguridad y la incertidumbre que sufren las mujeres huérfanas de sus maridos y familiares. Lea es una de esas mujeres que quedan solas tras la partida a la guerra de su marido Filip, el director de una escuela de una pequeña población serbia. Éste, antes de marcharse, confía la seguridad de su esposa a un albanés taciturno a través de un juramento denominado 'besa', por el que el vasallo deberá proteger con su vida a la muchacha. 
La película Srdjan Karanovic se desarrolla con ritmo pausado, lleno de matices y conjugando a la perfección momentos de cierta comicidad derivados del caracter intransigente del albanés, con otros de evidente dramatismo suscitados por la difícil situación de la retaguardia. Así, lentamente, la relación entre Lea y Azem va ahondando en un aprecio y respeto mutuo que desemboca en un amor velado, prohibido y condenado a permanecer oculto para siempre. Una cinta muy recomendable para espectadores pacientes y amantes de los detalles y matices, que disfrutará con una trama bien construida y genialmente interpretada por sus dos actores principales.
                                                                                    Mr.Nice 5/10                                                                                    
La expectación suscitada en torno a la película británica Mr.Nice era notoria desde semanas antes de que comenzase el Festival. La participación de los actores españoles Luis Tosar y Elsa Pataky ayudó en gran medida a dicho interés, a pesar de la brevedad de sus apariciones en patalla, ambos incluídos asimismo en un atractivo elenco de actores británicos de la talla de Rhys Ifans o David Threwlis. Sin embargo, su director, Bernard Rose, no despertaba precisamente esperanzas, algo que se ha visto corroborado en el producto final, una  película confusa, mal escrita y caóticamente dirigida, desprovista de la continuidad que cualquier autobiografía precisa para el seguimiento idóneo del público. 
Y es una verdadera lástima a tenor de la potencialidad de la historia que cuenta; la extraordinaria vida del traficante de drogas Howard Marks, un escurridizo y hábil negociador que llegó a entablar relaciones con instituciones tan dispares como el IRA, la CIA o el M16, utilizando sus asombrosas dotes para el engaño, la traición o la escapatoria. Pocas tramas basadas en hechos reales (esta toma como referencia la propia autobiografía de Marks, publicada en 1996) contienen en sí mismas elementos tan diversos y atractivos para conformar un entretenimiento eficaz y ocurrente; drogas, sexo, estafas, juicios, amor y tragedia. 
Sin embargo, la película de Rose nunca llega a alcanzar el tono que la eleve más allá de la anárquica consecución de circunstancias. Mr. Nice deja ese poso agridulce de la gran película que podría haber sido y nunca fue. 

The Aviatrix of Kazbek 2/10
The Aviatrix of Kazbez es una cinta holandesa que filma Ineke Smits y que nos traslada a un solitario paraje del país bajo al final de la II Guerra mundial. La película sorprende desde el primer momento, desconcierta al espectador y lo sitúa en una compleja situación donde no es posible agarrarse a ninguna premisa o pacto con la ficción. Finalmente, el hartazgo y la irritación son los sentimientos que sobresalen ante una propuesta extraña que difícilmente tendrá recorrido más allá de los festivales a los que puede acudir.

Chicas 2/10
La afamada dramaturga francesa Yasmina Reza ha patinado de forma flagrante en su primera incursión en el mundo del cine. Chicas fracasa estrepitosamente tanto en el aspecto formal como en la obstusa e irritante historia que se fuerza en narrar sin el más mínimo ápice de coherencia. Y lo hace a pesar del notable reparto que da vida a los exasperados personajes de la trama, desde el veterano y siempre correcto André Dussolier hasta la sensual Emmanuelle Seigner (cómo olvidar ese sugerente juego de seducción con Peter Coyote en Lunas de Hiel), pasando por la española Carmen Maura, verdadero vértice sobre el que se compone la película. 

                                                                                    


                                                                                    De dioses y hombres 6/10
De dioses y hombres, la película nominada a los European Film Academy y ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, nos trasladó a un remoto monasterio del Atlas donde ocho monjes resisten los embites de la realidad circundante con el sosiego que el lugar parece emanar. La cinta, aunque comedida y extremadamente contemplativa, nos dejó algunos momentos de verdadero buen cine apoyado por unas interpretaciones excepcionales, encabezadas por Lambert Wilson y Michael Lonsdale.



Armadillo 5/10
También pudo visionarse ayer el documental danés Armadillo, un interesante relato del sinsentido de la guerra y la difícil posición de esos peones invisibles, los soldados, en un juego de intereses que a ninguno de ellos incumbe. Su director, Janus Metz, sembró la
polémica en Dinamarca por esta propuesta sin concesiones que únicamente pretende hacer notar la desorientación de esos jóvenes que acuden a la guerra sin una idea exacta de lo que allí se juega. Las ansias de aventuras o la exhaltación del espíritu de equipo parecen ser sus motivaciones. Lo realmente triste es que sus vidas quedan truncadas para siempre por el horror presenciado. Todos, al fin, vuelven al lugar al que nunca debieron acudir.

Boardwalk Empire y la herencia de Los Soprano

La cadena de televisión de pago HBO tocó el cielo con la inteligente y primorosa Los Soprano, y ahora busca una digna sucesora que acapare audiencias, críticas elogiosas y galardones en una medida similar a lo que consiguió la serie creada por David Chase e interpretada con una genialidad inaudita por James Gandolfini.
No es una tarea fácil. A pesar del éxito de público de otras series de la cadena como True Blood o Entourage, ninguna de ellas ha cosechado unas alabanzas tan unánimes como las recibidas por cada una de las temporadas de Los Soprano, concretamente seis, más capítulos finales. No es, pues, de extrañar la expectación suscitada por una nueva producción que cuenta entre sus responsables con Terence Winter, escritor y productor de la mítica serie sobre la mafia de New Jersey, Tim Van Patten, realizador también de algunos de los capítulos de Los Soprano, y Martin Scorsese, director del episodio piloto y muy implicado en el desarrollo de esta nueva serie.
Boardwalk Empire nos sitúa en el Atlantic City de los años 20, concretamente en el periodo de la ley seca, y gira en torno a la figura de Nucky Thompson (magistralmente interpretado por Steve Buscemi), un influyente político de la zona dedicado a actividades ilegales de contrabando, concretamente el alcohol que él mismo ha ayudado a prohibir con objeto de extraer una mayor rentabilidad al negocio. En torno a su figura, toda una terna de gángsters, políticos corruptos, policías de dudosa reputación y chupatintas con escaso aprecio a su dignidad.
El retrato de los submundos de las drogas, el alcohol o el poder ha atraído sobre sí una amplia admiración por parte del gran público, una especie de reverso oscuro sobre el que mirarse negativamente. Boardwalk Empire va más allá y nos traslada al mismo seno del que emana esa atracción fatal, la hace cotidiana, un relato implacable y fascinante a la vez de una época oscura donde la hipocresía y la doble moral eran un hecho cotidiano.
Martin Scorsese no es nuevo en esto. A lo largo de su carrera cinematográfico se ha configurado un perfil claro de realizador de los bajos fondos, ya sean físicos o morales, en cintas como Malas Calles, Taxi Driver o Gangs of New York. Ahora se traslada momentáneamente a la pequeña pantalla, donde realiza todo un despliegue abrumador de sus dotes artísticas irreprochables. El episodio piloto de Boardwalk Empire costó 18 millones de dólares, el presupuesto más alto de la historia para un producto televisivo, y contó con más de una hora de duración, una película corta, en fin, que podría ser insertada sin rubor en la amplia fimografía del director como otra obra maestra. De hecho, esta primera entrega está rodada con una profesionalidad pasmosa, un gusto excesivo por el plano exquisito, un ritmo sostenido en el que se percibe el aroma a cine clásico con una elegancia comparable a otro producto de la talla de Mad Men, un libro de estilo, en fin, de cómo elevar a una categoría superior una ficción destinada al gran público televisivo.
 
En un muy interesante artículo del New York Times titulado  Are films bad, or is TV just better?, el periodista A.O Scott  nos invita a reflexionar acerca de la prevalencia de un modo de producción y consumo cinematográfico que se está viendo desplazado por la calidad evidente de los productos televisivos que, además, cosechan críticas elogiosas desde todos los sectores. Cabría preguntarse si realmente el destino del cine es su traslado a la confortabilidad del hogar o si, por el contrario, se podría adaptar las actuales series televisivas a las salas de cine.
El hecho es que obras como Boardwalk Empire ponen sobre la mesa un estilo cinematográfico que innova en su forma de presentarse ante el público. Únicamente queda verificar si realmente supone el relevo que la HBO busca para suplir el enorme hueco generado por la excepcional Los Soprano. Lo cierto es que tiene todo a su favor; la segunda temporada confirmada, un estreno magnificiente dirigido por Scorsese y con un presupuesto astronómico (un elefante blanco, tal y como apunta Carlos Reviriego en El Cultural de  El Mundo), un reparto de altura encabezado por Buscemi, Michael Pitt, Michael Shannon y Kelly McDonald, y unos responsables con tablas suficientes como para dar alas a cualquier producto que se tope en su camino.
Continuaremos muy atentos al desarrollo de Boardwalk Empire. El tiempo dirá si la HBO ha acertado y la ausencia de Los Soprano es paliada por otro héroe televisivo, Nucky Thompson.

Series de Televisión de Siempre (II)

En este mes de noviembre nos ponemos algo más nostálgicos y nos dedicaremos a hacer un repaso por una lista de series de nuestra infancia. Aquellas, de carne y hueso o animadas, que nos hicieron pasar largas tardes de entretenimiento acompañados por un Bollycao, una tableta de chocolate y un trozo de pan o bien un buen bocadillo de cualquier embutido.
Tardes en las que, al llegar del colegio, solo pensábamos en encender la televisión y ver nuestras series favoritas. Algunos incluso (los afortunados que podíamos ir a casa a comer) lo hacíamos siempre entre las 14:00 y las 15:00, la llamada "hora santa".
Comenzamos nuestro viaje justificando las quince series que aparecen. Ha sido a criterio del que escribe. Hay millones de tramas con todo tipo de personajes, pero las que recuerdo con más cariño son aquellas que va usted a leer a continuación:

1. Alf (1986-1990): Inspirada en la película E.T., Alf nos contaba la historia de un extraterrestre parlante que se estrellaba con su nave en el jardín de una familia americana. Ellos lo acogerán sin saber que sus problemas acaban de comenzar. Recuerde a este "adorable" ser de otro planeta en la secuencia de créditos de apertura de este enlace.
2. Punky Brewster (1984-1986): La tierna historia acerca de una niña que es abandonada por su madre en un centro comercial. Junto a su perro, se refugiará en un apartamento vacío administrado por un viejo gruñón (George Gaynes). Una serie de nuestra infancia que pudimos ver gracias a las continuas reposiciones de la televisión española y que merece la pena revisar de nuevo para descubrir que ya no se hacen series como esta. Rememore la serie en el siguiente link.
3. Los Vigilantes de la Playa (1989-2001): Según el Libro Guiness de los Récords, es la serie más vista de la historia de la televisión con más de 1.000 millones de televidentes en sus años de emisión. Auténtica serie mítica de la que jamás nos aburriremos. Las camisas de David Hasselhoff crearon una no-tendencia. Todavía se me pone la piel de gallina cuando escucho la canción de la intro a la serie con la que, por cierto, aprendí a nadar. Pamela Anderson y sus "razones" para ser actriz, David Chokachi, Yasmine Bleeth, Alexandra Paul o Michael Newman marcaron a toda una generación. Recuerde la canción y apertura de Los Vigilantes de la Playa en este enlace.
4. MacGyver (1985-1992): Richard Dean Anderson y sus dichosos inventos. Aquellos que le salvaron la vida al mundo. Y es que, ¿como un chicle y una lavadora podían ser un arma eficaz contra una bomba atómica? Gracias a MacGyver, todos los que no tenemos ni pajolera idea de bricolaje poseemos una sabiduría "paralela" adquirida a través de episodios y episodios de esta gran serie. Haga memoria en este enlace.
5. El Coche Fantástico (1982-1986): A esta serie, los más jóvenes no llegamos, pero gracias a Antena 3 y su manía de reponer series, asistimos a ese gran momento en el que un David Hasselhoff pre-camisas Baywatch, le hablaba a un coche llamado "Kitt". Innumerables aventuras son las que hemos vivido en compañía de ese auto que susurraba siempre "Hola Michael". Recuerde la inolvidable melodía de apertura de esta serie en este link.
6. El Equipo A (1983-1987): El gran George Peppard comandaba este escuadrón de hombres "encarcelados por un delito que no habían cometido". Un negro al que le daba miedo montar en avión, un guaperas y un hombre con un evidente problema psíquico eran los compañeros de Hannibal Smith, el hombre pegado a su puro. Todo un clásico televisivo que puede recordar en este enlace.
7. Remington Steele (1982-1987): Un jovencísimo Pierce Brosnan se puso en la piel de este detective tan peculiar en una más que buena historia policíaca en la que un hombre se hacía llamar como su inesperado jefe: una mujer que regentaba una agencia de detectives con poco éxito. Esta era su secuencia de apertura.
8. Luz de Luna (1985-1989): Cinco temporadas le bastaron a Bruce Willis para convertirse en toda una estrella de la televisión y posteriormente del cine en esta serie que mezclaba de manera deliciosa comedia y romance. Acompañado de una Cybill Sheperd de la que poco volveremos a saber a partir del éxito de esta serie. Uno de esos telemetrajes que merece la pena recordar en estos tiempos actuales de "telebasura". Acuérdese de Luz de Luna en el siguiente enlace.
9. Cheers (1983-1992): Ted Danson, Shelley Long, Rhea Perlman y Kirstie Alley fueron los encargados de dar vida a esta serie ambientada en un bar, con el mismo nombre, de la ciudad de Boston. Historias humanas entrelazadas con grandes momentos cómicos son los alicientes para una de las series que más ha perdurado en el imaginario popular norteamericano. Los bares de las series actuales de televisión siempre nos recordarán a Cheers. Aqui tiene la secuencia de apertura con una canción que fue todo un éxito en la época.
10. El Príncipe de Bel-Air (1990-1996): Will Smith se hizo famoso gracias a esta pedazo de serie, esa que todos hemos visto alguna vez. Imperdibles sus situaciones como imperdible eran todos y cada uno de los miembros de la familia Banks. Por cierto, yo me sigo quedando con Carlton. Esta serie todavía se emite en la televisión digital terrestre y podemos disfrutarla hoy en día antes de comer, como siempre. La apertura de esta serie es algo que ya ha quedado en nuestra memoria visual y colectiva.
11. Los Simpsons: (1987-...): Una de las series más longevas de la televisión y más exitosas le sirvió a Matt Groening para ser considerado un auténtico demiurgo en la pequeña pantalla americana. Un retrato modificado de su propia familia, amarillo y disfuncional se ha convertido en una de las series más seguidas de la historia de la televisión y exhibida en más de 30 países. Todo un éxito que merece ser objeto de estudio en el futuro de este blog y que ahora recordamos como un auténtico manual de la vida cotidiana. La polémica siempre ha rodeado a esta serie, no apta para menores, que puede ver todos los días en Antena 3 de 14:00 a 15:00 (si consigue aguantar los anuncios, claro).
12. Padres Forzosos (1987-1995): Gran entretenimiento que combinaba drama y comedia de manera exquisita. No sabemos nada de sus protagonistas a excepción de las gemelas Olsen, aunque mal dedicadas al espectáculo actualmente. Los mediodías, antes de Los Simpsons, estaban plenamente ocupados y la hora de comer se nos hacía más llevadera antes de volver al colegio. Recuerde la serie en este enlace.
 13. Cosas de Casa (1989-1998): Inolvidable Reginald Veljohnson (aquel mítico polícia de Jungla de Cristal que, con sus improperios, consiguió meternos miedo en la torre Nakatomi de Los Ángeles. Él era el padre de familia de esta peculiar serie que nos legó uno de los personajes más inolvidables de la televisión: Steve Urkel. Tan conocido fue que durante años corrió la leyenda urbana de que el actor que lo interpretaba, Jaleel White, había muerto de una sobredosis. Échele un vistazo a la introducción en el siguiente link.
14. Los Problemas Crecen (1985-1992): No se porqué todas las madres querían tener un hijo como el que interpretaba el inolvidable Kirk Cameron. Una deliciosa comedia sobre las relaciones que se establecen entre los miembros de una familia modelo americana. Los Problemas Crecen sirvió para dar el salto a la carrera de un jovencísimo Leonardo DiCaprio. Recuerde la serie en este enlace.
15. Blossom (1991-1995): Mítica serie acerca del mundo adolescente bajo la batuta de Blossom, una joven que perdió a su madre cuando era pequeña. Los problemas de una edad tan dificil quedaban al descubierto en todo un clásico de la televisión. Esta es la intro de aquella serie.
16. Salvados por la Campana (1989-1993): Otro clásico de la televisión en la que un instituto era el lugar donde transcurría la acción de una serie de adolescentes que vio nacer a una de esas bellezas perdidas en la televisión: Elizabeth Berkley. Una serie mítica en la historia de la televisión que puede recordar en este link.