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[Festival de Cannes 2013] El palmarés entrega la Palma de Oro a La vie d´ Adele


La 66º edición del Festival de Cannes, pistoletazo de salida a una larga temporada de certámenes cinematográficos, acaba de anunciar su palmarés. Steven Spielberg, presidente del jurado de esta edición, leyó el nombre de la película vencedora en una disputadísima Sección Oficial: la francesa La vie d´ Adele, de Abdellatif Kechiche.
Entre las favoritas a alzarse con el gran premio de este certamen, teníamos películas como Nebraska (Alexander Payne), Inside Llewyn Davis (Joel & Ethan Coen), Le Passé (Ashgar Farhadi), The Immigrant (James Gray) o La Grande Bellezza (Paolo Sorrentino). Todas ellas acudieron a La Croissette como piezas fuertes de una Sección Oficial con nombres propios. También hemos podido ver este año lo nuevo (y último antes de su retirada) de Steven Soderbergh, Behind The Candelabra, o la nueva cinta de Mads Mikkelsen, en la que compartía cartel con Sergi López, Bruno Ganz o Denis Lavant.

Palma de Oro

La vie d´ Adele de Abdellatif Kechiche

Mejor Director

Amat Escalante por Heli

Gran Premio del Jurado

Inside Llewyn Davis de Joel & Ethan Coen

Mejor Actor

Bruce Dern por Nebraska

Mejor Actriz

Berenice Bejo por Le Passé

Mejor Guión

A Touch of Sin de Jia Zhangke

Premio Especial del Jurado

Like Father, Like Son de Kore-Eda

Cámara de Oro: Mejor Ópera Prima

Ilo-Ilo de Anthony Chen

[Retrospectiva Cannes] Marty (Delbert Mann, 1955)


7,5/10

La magia del cine radica tanto en aquellos poseedores de recursos para contar una grandilocuente y espectacular trama como en los que, con solo unos pocos medios, consiguen llegar al corazón del espectador con unos pocos personajes y un guión sólido, bien medido. Este es el caso de Delbert Mann y Marty, una producción que posee el honor de haber conseguido el Oscar a la Mejor Película y la Palma de Oro, no ex aequo, en el mismo año.
Y es que sin duda, aquel que desee ponerse delante de la pantalla a ver Marty deberá saber que tiene todos los elementos para poder contemplar una obra que, aunque no magna, resulta de lo más apetecible de ver. Poca duración, un protagonista de altura y una historia que engancha en base a la humildad, sinceridad y sencillez con la que está narrada.
Aquí no existen las pretensiones ni el ansia de las superproducciones. Aquí tenemos a un pobre carnicero que roza la media treintena que desea con todas sus fuerzas encontrar al amor de su vida. Sin embargo, fuera de toda pastelosidad hollywoodiense, hallamos no a un Clark Gable ni a un Cary Grant. Ni tan siquiera un Fred MacMurray o un Jack Lemmon. Nos topamos de frente con el mejor Ernest Borgnine. Acostumbrado, él y el público, a verle interpretando a villanos o papeles de mal carácter, en esta ocasión nos brinda un excelente giro y nos regala a uno de esos bonachones del cine a los que siempre recordaremos. 
En Marty brilla (o desluce, según se mire) la autoestima. De hecho, es un manual a favor de la autoestima de las personas. De ir con la cabeza alta, de mirar hacia delante y esperar encontrar la persona que, en un sitio u otro, está esperando que des con ella. Y eso es precisamente lo que le sucede a nuestro protagonista. Borgnine construye alrededor de su omnipresente personaje la necesidad de encontrar el ansiado complemento a una vida, alguien con quien compartir impresiones y vivencias, y que no sea su madre, con la que vive y de la que depende física, económica y psíquicamente. 
Nuestro protagonista es algo feo, rellenito y nada provisto de altura. Sin embargo, su tesón y el estar en el momento oportuno en el lugar adecuado le llevan a conocer a Betsy Blair, quien proporciona a Marty el contrapunto perfecto que él deseaba en su vida. Se desata, observamos que su labia comienza a desarrollarse como nunca. Vemos un cambio positivo en su actitud. Resulta simpática la secuencia en la que nuestro protagonista salta de alborozo, de enamoro, al haber encontrado a esa persona a quien amaba y de la que está seguro que es la que siempre ha querido. 
Delbert Mann le otorga un tono muy íntimo a la película. No hay grandes escenarios ni complejidad dramática más allá de la psicología de cada personaje, que por otro lado, está magníficamente llevada por una dirección contenida fruto de su experiencia en la televisión. Marty consiguió alzar en 1955 cuatro de los ocho premios a los que optaba (Película, Director, Actor y Guión) por encima de producciones como Picnic, La Colina del Adiós, La Rosa Tatuada o Escala en Hawai. De esta forma, Marty se convertiría en una de las primeras películas independientes en conseguir el gran premio en Hollywood. Recordemos que su producción corre a cargo de la empresa que fundaron el productor Harold Hecht y el actor Burt Lancaster, autores del éxito de una película que invirtió más en publicidad  que en presupuesto.

[Cannes 2013] Lista de la Sección Oficial del Festival de Cannes 2013



El Festival de Cannes, uno de los más respetados y conocidos a nivel mundial ha dado el pistoletazo de salida a los medios y cinéfilos para apuntar las primeras quinielas sobre el ganador de la ansiada Palma de Oro. El jurado de la Sección Oficial estará presidido este año por el cineasta estadounidense Steven Spielberg mientras que el danés Thomas Vinterberg (The Hunt) será el encargado de presidir la sección Una Cierta Mirada, una de las más interesantes del certamen.
Entre los platos fuertes, nos encontramos el regreso de Nicolas Winding Refn tras triunfar en la edición de 2011 con el galardón al Mejor Director por Drive. También volvemos a ver a Paolo Sorrentino (Il Divo, Un lugar donde quedarse), Steven Soderbergh o los hermanos Coen, quienes presentan su último proyecto Inside Llewyn Davis. Roman Polanski regresa al festival con La Venus a la Fourrure mientras que veremos también la última película de Alexander Payne (Entre copas, Los descendientes) en la que ha trabajado con una de las leyendas vivas del cine: Bruce Dern.
Takashi Miike y Ashgar Farhadi regresan a Cannes con Wara No Tate y Le Passé, respectivamente. El ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera por Irán gracias a la película Nader y Simin: Una Separación supone también el regreso a la gran pantalla de Bérénice Bejo, protagonista de la gran The Artist. La ceremonia inaugural tendrá lugar el próximo 15 de mayo y la película que abrirá el certamen será El Gran Gatsby, revisión del clásico de Jack Clayton protagonizado por Robert Redford y que llevan a la gran pantalla Baz Luhrmann y Leonardo DiCaprio.

SECCIÓN OFICIAL

Only God Forgives, de Nicolas Winding Refn
Borgman, de Alex Van Warmerdam
La Grande Bellezza, de Paolo Sorrentino
Behind The Candelabra, de Steven Soderbergh
La Venus a la Fourrure, de Roman Polanski
Nebraska, de Alexander Payne
Jeune et Jolie, de François Ozon
Wara No Tate, de Takashi Miike
La Vie D´Adele, de Abdellatif Kechiche
Soshite Chichi Ni Naru, de Hirokazu Kore-Eda
Tian Zhu Ding, de Jia Zhangke
Grisgris, de Mahamet-Saleh Haroun
The Immigrant, de James Gray
Le Passe, Asghar Farhadi
Heli, de Amat Escalante
Jimmy P., de Arnaud Desplechin
Michael Kohlhaas, de Arnaud Despallieres
Inside Llewyn Davis, de Ethan & Joel Coen
Un Chateau en Italie de Valeria Bruni-Tedeschi

FUERA DE COMPETICIÓN

El Gran Gatsby, de Baz Luhrmann (Inauguración)
Zulu, de Jérôme Salle (Clausura)
Blood Ties, de Guillaume Canet
All Is Lost, de J.C Chandor

UNA CIERTA MIRADA (A CERTAIN REGARD)

Death March, de Adolfo Alix Jr.
Fruitvale Station, de Ryan Coogler
Les Salauds, de Claire Denis
Norte, Hangganan Ng Kasaysayan de Lav Dia
As I Lay Dying de James Franco
Miele, de Valeria Golino
L´ Inconnu Du Lac, de Alain Guiraudie
Bends, de Flora Lau
L´Image Manquante, de Rithy Panh
La Jaula de Oro, de Diego Quemada-Diez
Anonymous, de Mohammad Rasoulof
Sarah Préfère La Course, de Chloé Robichaud
Grand Central, de Rebecca Zlotowski

[Crítica] La cinta blanca


8/10

Cuando un director hace una película en blanco y negro en estos tiempos, es que insiste en decirnos algo. En una época donde la evolución del cine que trajo el Technicolor allá por finales de los años 30 está a la orden del día, algunos directores siguen creyendo que el blanco y negro dota a sus películas de un cierto aire de lección de Historia en imágenes. Y ciertamente es así. Por citar algunos ejemplos recientes, El Buen Alemán, donde un George Clooney vestido de oficial americano vivía sus historias durante la conferencia de Postdamn, tras la Segunda Guerra Mundial; Buenas Noches y Buena Suerte, donde de nuevo Clooney da un homenaje a un periodista que se esforzó por saltarse las férreas restricciones impuestas a la sociedad americana por el conocido senador Joseph McCarthy o el ejemplo más clásico: La Lista de Schindler, donde Steven Spielberg pone ante los ojos de todo el mundo la cruda realidad de los campos de concentración nazis y las desventuras de su protagonista interpretado por un apasionado Liam Neeson.
Utilizamos la cinta de Spielberg para ilustrar la película que ahora nos ocupa: La cinta blanca, una de las sensaciones del cine europeo y candidata a llevarse más de un premio en los más importantes festivales de Europa e incluso del otro lado del charco. De hecho, ya fue premiada con la Palma de Oro del Festival de cine de Cannes y el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), el premio a la mejor película y al mejor director en los premios de la Academia del Cine Europeo y una nominación a los Globos de Oro. La película narra una serie de sucesos ocurridos en un pequeño pueblo de Alemania al inicio de la Primera Guerra Mundial con un hilo conductor todos ellos y la investigación que inicia un joven profesor que llega al pueblo. Todo ello aderezado de un ritmo áspero y una bella fotografía en blanco y negro que explican el gran problema de la Europa de principios de siglo.
Entre los más dispares sucesos, se encuentran el tendido de un cable al paso de un caballo con el médico del pueblo en su lomo, un niño que es brutalmente vejado, golpeado y olvidado amén de un granero prendido en absoluto fuego. Será el nuevo profesor de la escuela el que, día a día en su clase, irá descubriendo que nada es lo que parece y que incluso los niños tienen más de un secreto guardado. Estos niños son educados en las más estrictas costumbres. Su vida se basa en la castidad y la obediencia. Si por casualidad, alguno de estos mandatos fallan, las consecuencias para los niños son verdaderamente brutales. Todo ello hasta descubrir el terrible final, un final sobrecogedor, áspero y amargo.
Pero lo que Haneke quiso hacer desprender de esta película es el verdadero origen de cualquier forma de tiranía, terrorismo o monopolio del poder. Y esto se produce cuando alguien cree tener la razón sobre cualquier ser vivo acerca de lo que es realmente justo. Aquí es donde se roza la tiranía, lo inhumano y se convierte en dominación. Por eso, el trasfondo de la película resulta interesante para el estudio del origen de los totalitarismos. El ejemplo más claro está en la familia. El padre domina a sus hijos, a su mujer y a la servidumbre. Si alguien intenta hacer lo contrario a sus designios, el castigo es cruel y representa la propia inhumanidad antes comentada.
Su director, el austríaco Michael Haneke, nunca dejará de sorprendernos. Desde sus primeras cintas allá por finales de los años 80 con ejemplos como El Séptimo Continente así como con El Video de Benny, el director ahondaba en la mente de una persona hasta desequilibrar no solo al propio personaje sino también a nosotros mismos. A lo largo de su decena de películas, Haneke siempre encuentra la fórmula para que el espectador se angustie reflexionando sobre cosas que le pueden ocurrir, no en su vida diaria, sino en algún momento de su vida. Algo bueno que se nos hace rescatar de este director es la facilidad con la que nos hace pensar acerca de temas como la violencia, las normas, el sexo o las relaciones sociales. Todas sus películas hacen mención, al menos, a alguno de estos temas. Bien sea Caché, con Juliette Binoche; ya sea la que quizás se ha convertido en su película más conocida y más internacional: Funny Games, de la cual se llegaron a hacer críticas en todos los sentidos. Desde gente que se esperaba algo más violento como personas que mostraron su aceptación ante tal obra maestra del cine europeo.
A modo de conclusión, La cinta blanca ofrece toda una gama de sensaciones para todos los públicos con estómago para aguantar dos horas y media de lección de Historia enmarcada en la vida de un pequeño pueblo y los acontecimientos que en él suceden. Tanto planteamiento, nudo como desenlace muestran al espectador que el blanco y negro todavía es inquietante. No en el sentido que todos conocemos ni donde nos debemos esperar que el asesino aparezca con un cuchillo detrás de la cortina del salón.
Aquí no hay asesino ni cuchillo. Hay opresión, caos, angustia y desobediencia. Hay una cinta blanca en el brazo de dos niños rubios.

El comienzo de la raza aria.