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[Crítica] Agosto

Las reuniones familiares siempre han sido el lugar donde la lavadora de trapos sucios comienza a funcionar. Viejas rencillas, engaños, deudas. Todo eso sale a la luz y, casi siempre, en los momentos menos oportunos. Más o menos es lo que nos viene a plantear la última película de John Wells, Agosto, que con un reparto de excepción pretende hacernos ver un par de jornadas en la complicada existencia de los miembros de una familia en proceso de autodestrucción comandada por Meryl Streep.
Pese a sus debilidades, la potente obra del dramaturgo Tracy Letts se ve condenada a ser únicamente representada por el exacerbado histrionismo de Streep y el buen hacer, sorprendente cuanto menos, de una Julia Roberts venida a más a lo largo de la trama. Sin embargo, todo lo que existe detrás de ella aparece difuminado. La gran cantidad de subtramas que giran alrededor de la familia pasan desapercibidas. Bien por la electricidad demostrada de ambas intérpretes o bien por que la consistencia a la hora de adaptar la obra a la gran pantalla no es lo suficientemente sólida. El caso es que personajes jugosos como el que representa Ewan McGregor, al que nos hacen creer abyecto, queda en un segundo, sino mayor, plano. O el primo con sorpresas de la familia, un Benedict Cumberbatch a quien el papel le viene muy pequeño.
Chris Cooper, el regreso de la mítica Juliette Lewis o el intermitente Dermot Mulroney se encargan de dar la réplica, inagotablemente, a dos actrices que compiten por llevarse el favor del público, el de su propio director y, a ser posible, acaparar algún premio. Si ha habido lucha de egos, no se nota puesto que ambas actrices se encuentran en plenas facultades para arrebatarse los papeles la una a la otra.
Es una lástima que este August: Osage County termine en las manos de una exagerada Meryl Streep en su concepción de matriarca. La familia transita por el camino de la disgregación, el ambiente se puede cortar con navaja de afeitar. Todo se desmorona por las mismas conversaciones de siempre. La obra es directa, fría, tanto o más que el personaje casi militar de Julia Roberts. Sin embargo, Wells solamente se queda en la superficie. Solamente mueve la cámara para cambiarse de sitio. No nos implicamos con los personajes, no entramos en la mesa de comensales.

[Screen Actors Guild 2013] 12 años de esclavitud prolonga su dominio


Cuatro son las nominaciones que la última película de Steve McQueen ha cosechado para los Screen Actors Guild, el sindicato del gremio de actores de Estados Unidos. De esta forma, 12 años de esclavitud continúa siendo cabeza de cartel para esta imparable carrera para los Oscars, que se entregarán el próximo 2 de marzo de 2014. 
Como principales puntos de interés del anuncio de estas candidaturas, encontramos el regreso de una cinta que parecía olvidada: El mayordomo, que consigue tres nominaciones (Película, Actor para Forest Whitaker y Actriz de reparto para Oprah Winfrey). Tres candidaturas obtiene también Dallas Buyers Club, con Matthew McConaughey y Jared Leto nominados. Desaparecen de la competición las candidaturas posibles de Fruitvale Station y The Wolf of Wall Street pero entran con fuerza Meryl Streep y Julia Roberts por August: Osage County.
Robert Redford se cae de la categoría de Mejor Actor por All Is Lost y aparece Daniel Brühl como secundario por su reciente papel en Rush. James Gandolfini, por Sobran las palabras, también recibe una candidatura como Mejor Actor de Reparto. Os dejamos a continuación el listado completo de nominaciones a esta 20º edición de los SAG Awards, que se entregarán el próximo sábado 18 de enero.

Mejor Reparto (Película)

 12 años de esclavitud

American Hustle

August: Osage County

Dallas Buyers Club

El mayordomo

Mejor actor principal

Bruce Dern por Nebraska

Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud

Tom Hanks por Capitán Phillips

Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club

Forest Whitaker por El mayordomo

Mejor actriz principal

Cate Blanchett por Blue Jasmine

Sandra Bullock por Gravity

Judi Dench por Philomena

Meryl Streep por August: Osage County

Emma Thompson por Saving Mr. Banks

Mejor actor de reparto

Barkhad Abdi por Capitán Phillips

Daniel Brühl por Rush

Michael Fassbender por 12 años de esclavitud

James Gandofini por Sobran las palabras

Jared Leto por Dallas Buyers Club

Mejor actriz de reparto

Lupita Nyong´ o por 12 años de esclavitud

Jennifer Lawrence por American Hustle

June Squibb por Nebraska

Oprah Winfrey por El mayordomo

Julia Roberts por August: Osage County

[Retrospectiva Woody Allen] Manhattan

10/10

Hoy quiero hablaros sobre la dimensión global, sentimental y emocional del cine. Yo, que pertenezco a la generación del digital, me he privado de ver numerosos de mis clásicos favoritos en la gran pantalla. Daría todo lo que tengo por poder ver Vértigo, La noche de la iguana, 2001: Una odisea del espacio, Barry Lyndon, La jauría humana o Con la muerte en los talones en una sala de cine. Escuchando el lento rugir del cinematógrafo creando la ilusión del movimiento en imágenes. Contemplando la suciedad de la película, sintiendo cada fotograma como si fuera mío, como si fuera parte de mi persona.
Ayer tarde, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, tuve la ocasión de transportarme hasta finales de los años 70. Una época en la que Woody Allen ya hacía de las suyas y conseguía encumbrarse en el Olimpo de los dioses del cine gracias a su declaración de intenciones en Annie Hall, que sentaría las bases del futuro de tan genial cineasta y psicólogo. Sin embargo, el momento más emotivo llegó después, en el preciso instante en que se apagaron las luces y el prólogo de Manhattan apareció ante mis ojos. Entonces, cuando el Rhapsody in Blue de George Gershwin, dirigido por Zubin Mehta e interpretado por la Filarmónica de Nueva York, comenzó a alumbrar mis retinas, me sentí invadido por una nostalgia inexistente, de aquella época a la que nunca asistí.
Woody Allen, con su particular forma de ver la vida, nos dirige su particular homenaje a la ciudad de Nueva York, aquella que le vio nacer, crecer, desarrollar su intelecto y su, recurrente pero necesario, “potencial sexual” del que alardea constantemente. Manhattan es una película redonda, quizás la única obra maestra a la que puedo considerar adherirme de su primera etapa como cineasta. Allen recurre de nuevo a los mismos temas que ya ilustró en anteriores películas pero lo hace tomando como referencia a su propia ciudad para crear el caldo de cultivo intelectual que plantea en esta obra cumbre de su cine. El prólogo, de algo más de tres minutos de duración, es una de las joyas más auténticas de la Historia del Cine. Pocas veces hemos visto describir el sentimiento que desprende una ciudad con tanta solemnidad y majestuosidad como lo hace Woody Allen en esta ocasión.
Para ello se rodea de un reparto ejemplar. Desde una sorprendente y poco explotada posteriormente Mariel Hemingway, la gran Meryl Streep, un Michael Murphy sobresaliente hasta terminar con mi propia debilidad en las películas de Allen: Diane Keaton. Y es que hay algo que jamás podré perdonarle al cineasta neoyorquino. Robarnos a su musa, aquella que le dio las mejores interpretaciones en sus mejores años. Sustituir en su vida y su trabajo a Keaton por Mia Farrow es algo que duele. Y mucho.
Ingmar Bergman, Federico Fellini, Sigmund Freud, Franz Kafka, Chomsky, Van Gogh o Mozart son algunas de las referencias que Allen introduce en este retrato en movimiento de la compleja relación que se construye alrededor de un escritor de televisión cuya relación con una joven de 17 años comienza a perder sentido para él al enamorarse de la chica con quien su mejor amigo tiene una aventura. Aunque, previamente, ha estado casado y tiene un hijo con una mujer que lo ha abandonado por otra mujer y, la cual, escribirá un libro con todo lujo de detalles sobre su matrimonio. Todo ello narrado en poco más de hora y media con una complejidad intelectual digna de sus mejores trabajos y con un componente mordaz y sarcástico impresionante.
Manhattan evoca en muchos aspectos a Annie Hall. Y es que, realmente, es la misma historia. Sin embargo, el telón de fondo que Woody Allen escoge para ambientar su epopeya neoyorquina, la espectacular banda sonora y una emotiva fotografía en blanco y negro nos llevan a concluir que estamos ante la obra magna absoluta del cineasta. Nada sobra. Todo tiene su intrincado sentido. Es un puzzle en el que encajan todas las piezas. Si quiere emoción, Manhattan es su película. No olvide abrir la boca ante el maravilloso final de la película, en el que Woody Allen se hace dueño y señor de las calles de su ciudad mientras corre para encontrar el amor verdadero. No lo olvidará jamás.