Gritos y Susurros en los Globos de Oro


Esta misma mañana a las 14:15, en la típica rutina televisada, se han anunciado los nominados para los Globos de Oro del presente año que recogen lo mejor del cine y la televisión en estos últimos 365 días. Hay sorpresas, algunas de ellas agradables y bastantes desagradables, aún sin conocer a fondo todas y cada una de las películas a concurso. 
Os contamos a continuación todos los nominados a la denominada "antesala de los Oscar", en las que comenzaremos a vislumbrar cuales serán los posibles premiados en la gran cita cinematográfica del año.
En primer lugar, distinguiremos entre las nominadas a la Mejor Película de Comedia o Musical, donde se dan cita algunas de apuestas más insulsas del año como por ejemplo Alicia en el País de las Maravillas y Burlesque. La primera la hemos visto y la sensación de convicción que nos deja Tim Burton no es precisamente la mejor de todas. Burlesque, sin ninguna duda, es una película que han incluido para cubrir el propio nombre de la categoría: Comedia o Musical. 
Por otro lado encontramos la gran apuesta independiente de este año, The Kids are All Right, protagonizada por Julianne Moore, Annette Bening y Mark Ruffalo, la cual posee todas las papeletas para alzarse con el premio al Mejor Guión (si la supuesta favorita, La Red Social, así se lo permite). Por último, Red (una película que no parece ni de lejos para estar entre lo mejor del año) y The Tourist, de inminente estreno en España con la presencia de Angelina Jolie y Johnny Depp, la cual podremos juzgar detenidamente.
Si continuamos con el premio a la Mejor Película Dramática, tenemos dos de las sensaciones del año: Origen, dirigida por Christopher Nolan y La Red Social, salida de la fructífera mente de David Fincher y Aaron Sorkin. Por otro lado, Cisne Negro, la nueva cinta de Darren Aronofsky (El Luchador, Réquiem por un Sueño); The Fighter, una atractiva película de boxeo con Mark Walhberg y Christian Bale dirigida por David O. Russell (Tres Reyes) y El Discurso del Rey, suponemos que una elegante cinta sobre los Windsor con acento británico y una portentosa interpretación de Colin Firth.
Halle Berry (Frankie and Alice), Jennifer Lawrence (Winter´s Bone), Michelle Williams (Blue Valentine), Nicole Kidman (Rabbit Hole) y Natalie Portman (Cisne Negro) se disputarán el premio a la Mejor Actriz de Drama, siendo las dos últimas intérpretes las favoritas a alzarse con el galardón.
Tanto Julianne Moore como Annette Bening están nominadas a la Mejor Actriz de Comedia o Musical por sus respectivos roles en The Kids are All Right. Por su parte, Angelina Jolie competirá por su papel en The Tourist así como Anne Hathaway (Love and Other Drugs) y una de las sorpresas de los Globos de Oro: la joven Emma Stone por Rumores y Mentiras.
Del lado secundario, el premio a la Mejor Actriz Secundaria irá a parar a la sempiterna Amy Adams (The Fighter), la británica Helena Bonham Carter (El Discurso del Rey), Mila Kunis (Cisne Negro), Melissa Leo (The Fighter) y Jacki Weaver (Animal Kingdom).
En el apartado interpretativo masculino, en la categoría de Mejor Actor de Drama, podemos afirmar que, a priori y con cierta sensatez, existe un claro favorito. Y ese no puede ser otro más que Colin Firth por su recreación del rey Jorge VI en El Discurso del Rey. Lo demás no son más que nominaciones incidentales, siendo la más sangrante la de Jesse Eisenberg simplemente por colocar el mismo rostro de pánfilo durante dos horas y cuarto de metraje. Su interpretación no es mala pero me cuesta admitir su éxito. James Franco y su arriesgado rol en 127 Horas, Ryan Gosling (Blue Valentine) y Mark Walhberg (The Fighter) no parece que puedan hacerle mucha sombra al gran actor británico.
Si hablamos de Mejor Actor en Comedia o Musical, hablamos de la inexplicable doble nominación a Johnny Depp (sobre todo una de ellas, Alicia en el País de las Maravillas, donde repite exactamente el mismo rol que en Piratas del Caribe). La otra nominación a Depp se refiere a su, todavía no visto, personaje en The Tourist que, recordemos, dirige Florian Von Donnersmack (La Vida de los Otros). Paul Giamatti, Jake Gyllenhaal y Kevin Spacey cierran esta categoría.
Entre los actores secundarios que optan al correspondiente galardón se ha anunciado a Andrew Garfield por La Red Social, a un inexplicable Michael Douglas por Wall Street 2, al actor de moda Jeremy Renner por The Town (única nominación para la película de Ben Affleck), Geoffrey Rush por El Discurso del Rey y al que parece el gran favorito, Christian Bale y su extremo trabajo de adelgazamiento para The Fighter.
Pasando al apartado animado, Toy Story 3 parece la gran favorita muy por encima de sus competidoras: Gru, Mi Villano Favorito, Cómo Entrenar a tu Dragón, El Ilusionista y Tangled. La competencia no parece fuerte aunque en estos premios nunca se puede llegar a una certeza o verdad absoluta acerca de lo que puede terminar sucediendo.
Pero como no se puede premiar única y exclusivamente al producto americano, para eso se creó la categoría de Mejor Película Extranjera, donde este año se colocan tres películas muy destacadas: la francesa El Concierto, la mexicana Biutiful (con nuestro Javier Bardem en el papel principal y premiado en Venecia) y la danesa En Un Mundo Mejor, dirigida por Suzanne Bier y presentada en la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Las otras dos cintas a concurso son la italiana Yo Soy el Amor (protagonizada por Tilda Swinton) y The Edge, una destacada y romántica película rusa.
Los premios técnicos (de los cuales sólo nombraremos al Director, Guión y Banda Sonora) vienen repartidos. En cuanto al galardón al Mejor Director, compiten Darren Aronofsky por Cisne Negro, Tom Hooper por El Discurso del Rey, David O. Russell por The Fighter y los dos favoritos: David Fincher por La Red Social y, nuestro favorito, Christopher Nolan por Origen. Una categoría en la que algunos ya han alzado la voz para pronunciarse a favor de Danny Boyle y su trabajo detrás de la cámara en 127 Horas.
En cuanto al apartado del libreto, los nominados al Mejor Guión son el propio Danny Boyle por 127 Horas, David Seidler por El Discurso del Rey, Christopher Nolan por Origen, Aaron Sorkin por La Red Social y la que, como de costumbre por ser independiente, parece la gran favorita: Lisa Cholodenko y Stuart Bloomberg por The Kids are All Right. Una categoría compleja en la que poco podemos sacar en claro puesto que puede ocurrir absolutamente de todo.
Terminamos este repaso a lo, supuestamente, mejor del año en cuanto a cine se refiere con la categoría de Mejor Banda Sonora, en la que los nominados son El Discurso del Rey, Alicia en el País de las Maravillas, Origen, 127 Horas y La Red Social. Es inevitable no recordar a Toy Story y su evidente falta de nominaciones (sólo una) siendo una de las mejores obras producidas en este año. 
No deberemos olvidarnos del premio honorífico del año para Robert De Niro, en honor a su dilatada carrera y a sus años en el cine. Su experiencia, sus grandes interpretaciones y ser uno de los mejores actores de toda la Historia del Cine tienen su fruto en un reconocimiento más que merecido.
Esperemos que los Oscar sirvan para que algunas películas obtengan la redención y otras, por suerte, se queden en el camino.

Crítica The Walking Dead: Zombies en la pequeña pantalla

 7/10
Los zombies vuelven a nuestras pantallas... aunque en esta ocasión a las de nuestros hogares. Los muertos vivientes son una de esas criaturas, como los vampiros o los hombres lobo, que nunca pasan de moda. Ha transcurrido ya más de medio siglo desde que George A. Romero y su La noche de los muertos vivientes diese inicio a un género cinematográfico tan aterrador como verdaderamente adrenalítico, y aún hoy los zombies continúan cosechando éxitos y seguidores por todo el mundo. Se han realizado diferentes vueltas de tuerca, desde la parodia descacharrante (Zombies Party) hasta el terror puro (28 días después) pasando por desvaríos gore  con litros de sangre por segundo en cada escena (Amanecer de los muertos); sin embargo, el flujo de propuestas que cuentan como protagonistas con estos seres diabólicos y a la vez humanos no cesa en virtud del beneplácito alcanzado entre el público.
Y ahora, al fín,  llegan a la televisión. Los zombies dejan la oscuridad de las grandes salas de cine para internarse en el íntimo espacio del hogar, donde luchan con todo tipo de criaturas y personajes excepcionales por una cuota de pantalla que les permita seguir aterrorizando al personal. Lo cierto es que el proyecto no podía ser mejor: The walking dead, inspirada en el cómic de Robert Kirkman, es una serie de la AMC inicialmente concebida para ser desarrollada en seis capítulos dirigidos, cada uno de ellos, por directores relevantes en el panorama televisivo o cinematográfico (de hecho, el episodio piloto, exhibido el día de Halloween en Estados Unidos, fue dirigido por el laureado realizador Frank Darabont), pero que sin embargo, a tenor del éxito cosechado desde el día de su estreno (coincidendo con Halloween y marcando un hito histórico para la cadena), ya ha sido confirmada para una segunda temporada que llegará en Otoño de 2011.
La premisa es bien sencilla. Un policía que fue herido en un tiroteo mientras se encontraba de servicio, se despierta en una habitación de hospital en la que reina el silencio y el abandono. Fuera, todo ofrece un aspecto desolador, los muertos jalonan los pasillos, el desorden reina en cada rincón. El sorprendido protagonista (interpretado por Andrew Lincoln, recordado por ser el enamoradizo pretendiente de Keira Knightley en Love Actually) comprueba a cada paso la pesadilla en la que ha devenido la realidad; deambula por una ciudad desierta en la que únicamente encuentra seres de aspecto cadavérico arrastrándose por el suelo, hasta que finalmente comprende que se encuentra sólo en un mundo destruido. Sin embargo, no todos los humanos han desaparecido y se topará con algunos que le ayudarán a encontrar a su familia.
Cualquier obra fílmica que nos sitúe en un mundo dominado por los zombies promete unos alicientes similares; tensión, claustrofóbia, drama e incluso ciertas dosis de humor espontáneo y sarcástico. The Walking Dead no deja de ser menos y da lo que promete; sangre y terror a partes iguales. La acción se desarrolla con cierta fluidez y guardando una perceptible fidelidad con su homólogo de tebeo, desbrozando las complejas situaciones con las que los desgraciados protagonistas topan a cada paso, acosados por una turba de no muertos hambrientos.
La serie congela el aliento, te mantiene en un estado constante de tensión, el corazón en un puño ante la incertidumbre de lo que ocurrirá en la siguiente escena.
 De hecho, en The Walking Dead no se elude la tragedia personal, la colisión de sentimientos primarios propios de un superviviente en un mundo devastado o las relaciones tumultuosas entre diferentes personajes al límite de su lucidez racional.
Así, hallamos momentos francamente espeluznantes (un ataque inesperado en la noche), desgarradores (cómo olvidar ese lamento solitario desde la azotea), espectaculares (la entrada triunfal a caballo en Seattle y ese plano cenital sobre el tanque) de una genialidad pasmosa (cuando se hacen pasar por no muertos), o decididamente sanguinolientos (aquí os dejamos una colección muy divertida de muertes de zombies), que complementan lo que podría haber sido un mero espectáculo televisivo gore.
 No obstante, se ha de señalar ciertos altibajos de ritmo e interés en los sucesivos capítulos, algo que difícilmente puede ser concebido en una serie con tan sólo seis episodios y, por ende, escaso tiempo para desarrollar tramas paralelas a la verdadera acción.
Y es que en ocasiones, la instrospección de algunos personajes (secundarios incluso) provoca cierta desesperación en el público, el cual ansía por encima de todo el frenetismo propio del género. Quizás por ello, Darabont (en funciones de productor) haya despedido a todo el plantel de guionistas de esta primera temporada, a los que buscará sustitutos para la siguiente.
De cualquier modo, The Walking Dead ha supuesto una brisa de aire fresco a un panorama televisivo que, si bien de una calidad superior, se encuentra dividido entre propuestas dramáticas y cómicas. Con la incursión de los zombies en la pequeña pantalla, se allana el camino a una enorme variedad de géneros que aún no han sido explotados pero que pueden verse beneficiados por los exitosos formatos televisivos.
 Este es, sin duda alguna, un ejemplo excepcional de cómo confeccionar un producto de entretenimiento para el gran público con unas dosis de calidad evidente, manifestadas en una cuidada puesta en escena, una recreación fascinante de la fantasmal ciudad de Seattle, un retrato certero aunque apresurado de sus protagonistas o la minuciosa construcción digital (y artesanal) de los zombies, quizás, los más creíbles y atractivos de la historia.
Esperaremos, impacientemente, a que la televisión vuelva a teñirse de rojo y el irracional pavor de ese mundo post apocalíptico y brutal domine nuestras alucinadas miradas de espectador. Todo ello, el año próximo.

Dulce Cine de Juventud... ¡en Navidad!: Solo en Casa

 ¿Qué niño de 8 o 9 años no ha soñado alguna vez con quedarse una temporada solo en casa y alejado de las pertinentes reprimendas paternas o el carácter quisquilloso de sus hermanos? El bueno de Macauly Culkin lo tenía bien claro y sus promesas no tardaron en cumplirse. A la mañana siguiente de su convencida conjura tras un altercado con las pizzas de queso, su familia al completo se encaminaba a París mientras él quedaba plácidamente dormido y, por ende, olvidado por el resto, dando pie a una trepidante aventura cinematográfica que incluía gamberradas infantiles, miedos viscerales relacionados con el sótano a los que hacer frente y una apoteósica batalla asimétrica contra dos cacos un tanto patosos a los que castigar con ingeniosas y macabras trampas. Y es que Solo en casa es básicamente eso, entretenimiento navideño para toda la familia que, a pesar del esquematismo de su planteamiento, ha sido encumbrada como una de esas cintas inmortales que todos recordamos con una amplia sonrisa en el rostro y momentos juveniles de verdadera diversión; una película, en fin, de nuestro Dulce Cine de Juventud y, además, ¡navideña!.
Sólo en casa puede identificarse como el punto de inflexión cinematográfico que marcó el final del género de aventuras Amblin de los 80's (del que hemos dado buena cuenta en este ciclo) y dio inicio a una tendencia que buscaba un público objetivo más familiar y, consecuentemente, más amplio, de la que se erigiría como gran abanderado el propio Chris Columbus. Si en años pretéritos este había escrito el guión de clásicos del cine juvenil como Gremlims, El secreto de la Pirámide o Los Goonies, ahora le llegaba el turno para ejercer como director con esta apuesta segura escrita por el prestigioso John Hughes a la que seguiría su secuela, La Señora Doubtfire, Nueve Meses o las dos primeras entregas de la saga Harry Potter (es una lástima que su carrera se haya ido al traste en los últimos años). Lo cierto es que la ternura, la comicidad evidente aunque no por ello menos eficaz de las rocambolescas situaciones que retrata, el ritmo fluido y ameno de la trama, o la acertada caracterización de los personajes que Columbus imprime a sus cintas, hacen de su cine un producto redondo para un consumo masivo a la vez que satisfactorio. No en vano, la película en cuestión logró unas cifras de recaudación estratosféricas, además de adquirir una popularidad que aún hoy continua detentando de forma evidente, pues, ¿quién se atreve a replicar que no ha visto Solo en Casa alguna vez en su vida?
La película gira en torno a la figura de Kevin McCallister, un niño de ocho años que vive con su numerosa familia (es francamente una tarea imposible contar todos los hermanos y primos que desfilan por la pantalla) en una coqueta e imponente casa de un barrio residencial cualquiera, todo un deleite para ladrones con visos de dar un buen golpe aprovechando las vacaciones navideñas. Curiosamente esas que emprenden la familia McCallister al completo, o casi, tras una frenética mañana de prisas y desconcierto general. Kevin se despierta en medio de la soledad más absoluta y se percata de que está solo en casa; es entonces cuando una mirada pícara desvela el entusiasmo inicial del niño ante una libertad hasta ahora inédita en su vida. Sin embargo, no todo será diversión y parranda. La situación adoptará un cariz preocupante cuando un inefable dúo de cacos muestre su disposición a desvalijar su hogar y el joven 'hombre de la casa'  deba erigirse como el único escollo que salvar antes de llegar hasta el botín. Vea el tráiler aquí.
Solo en Casa no puede entenderse sin el carisma de un niño prodigio como Macaulay Culkin, quien daba inicio aquí a una fulgurante carrera cinematográfica que lo llevarían a cosechar éxitos como  Mi Chica, El buen hijo o Niño Rico, y que desembocaría poco después en una espiral de drogas, sexo y descontrol hasta su defenestración definitiva como actor (sus recientes intentos de resurgimiento no han resultado). No obstante e independientemente de la triste historia en la que devino su vida, debemos reconocer el prematuro talento de Culkin, capaz de sostener todo el peso de una película gracias a su sorprendente comicidad y su verborrea de 'niño grande' (como apunte anecdótico, señalaremos que su hermano, Kieran Culkin, también intervenía en un breve papel como Fuller, el primo meón de Kevin). A la vertebración cómica de la película también contribuyó la descacharrante interpretación de Joe Pesci y Daniel Stern como los torpes y desgraciados malvados de la función, un risible dúo enzarzado permanentemente en disputas que nunca llevaban a nada que se autocatalogan como los bandidos mojados. 
 Solo en casa nos regala un puñado de escenas inolvidables que, a pesar de la simpleza de su sentido del humor, son enormemente efectivas desde una perspectiva cómica. Aunque sea duro reconocerlo, todos nos hemos reído con esa fantástica recreación fílmica doméstica que Kevin adaptaba a las exigencias del guión para asustar al pizzero de turno a los ladrones que lo acosaban y que acababa con la mítica frase de "quédate con el cambio sabandija asquerosa" (véalo aquí); o con esa colosal gymkana de trampas a cual más cruel estratégicamente colocadas a modo de barricada hogareña (qué momento cuando ambos cacos quedan colgados en la cuerda que los lleva a la casa del árbol o viendo cómo ardía en llamas las cabeza del fantástico Joe Pesci tras ser prendida por un soplete).Y cómo olvidar esa maravillosa banda sonora compuesta por John Williams (una más en su larga lista de éxitos inmortales) para la que confeccionó algún que otro villancico que ha pasado a la historia cinematográfica musical, como el Somewhere in my memory o el Carol of the bells. (Escuchenlo en los siguientes enlaces; bells, memory)
Sólo en casa es una película con la que todos hemos disfrutado por su genuina capacidad de provocar la carcajada sin descuidar un argumento elaborado y bien filmado por un maestro del género como Chris Columbus. Es una lástima que la secuela, aunque conservaba un espíritu deudor del original y se reforzaba con personajes geniales como ese curioso grinch amanerado interpretado por Tim Curry, perdiera parte de su comicidad en su tramo final debido en parte a que repetía la misma fórmula en un escenario diferente.
Con las fechas navideñas a la vuelta de la esquina, se va haciendo pertinente desempolvar nuestro reproductor de VHS y poner la cinta que tantos buenos ratos nos hizo pasar cuando éramos más jóvenes y menos exigentes. Y si no, esperaremos a que las cadenas de televisión hagan honor a su demostrada falta de originalidad en la programación de las fiestas y vuelva a proyectarla, una vez más, para el goce de su público. Mientras tanto, aquí os dejamos con su flamante entrada en nuestro icónico ciclo de Dulce Cine de Juventud.

Crítica Territorio Prohibido; La inmigración como excusa....

7/10

La nueva película de Wayne Kramer es sin duda un ejercicio de denuncia contra la administración norteamericana (y porqué no contra todos los gobiernos) y su manera de llevar un tema tan espinoso como es la inmigración ilegal. El director de cintas como The Cooler o la próxima Kyne & Lynch nos lleva hasta los rincones más oscuros de la maldad humana cuando se trata de defender un territorio que se cree propio por derecho heredado. 
Por una parte, gente que llega con documentación falsa y trata de hacer creer a las autoridades, con toda una red de mentiras, que su carnet es verdadero y que lo adquirió de manera totalmente legal. Este ejemplo se ve reflejado en dos personajes. Dos caracteres que se van a cruzar en este libreto de una manera humillante para uno y excesivamente favorable para el otro. El descubrimiento de la actriz Alice Eve, la cual muestra todas sus dotes interpretativas en la película, es uno de los puntos clave de la cinta de Kramer. El ansia por triunfar y ser alguien en la vida lleva a esta joven a intentar lograr la residencia en Estados Unidos sea cómo sea.
Si hablamos del segundo carácter que se cruza en la cinta, encontramos a Ray Liotta, en una resurrección más que aceptable, y el cual se hace cargo de un papel al que dota de una psicología muy determinada. No voy a desvelar absolutamente nada, puesto que lo que pretendo es que acudan a las salas para ver la película y disfrutarla. Pero tenga en cuenta que Liotta tendrá la clave de una de las historias que se nos van a narrar.
Si nos detenemos en la segunda historia importante, la de Harrison Ford, observamos que traza un personaje que trabaja para el Gobierno, que desmantela toda clase de talleres ilegales de trabajo pero que odia el cometido que tiene. Su trabajo no es nada agradable y ser agente de inmigración es todo un sufrimiento para él. La propia cara de Ford así lo indica (aunque muchos quieran escudarse en que lleva treinta años con la misma expresión facial) y verá cosas de las que nadie nunca querría ser testigo. Sólo al final descubriremos que sucede con él y con una de las "consecuencias" de su trabajo. Su implicación personal le hace sobrevivir, aunque con mucha dificultad.
Por otro lado, una joven de origen iraquí tendrá la oportunidad de expresarse en medio de su clase. Sin embargo, el tema que escoge para su intervención pública no es para nada delicado. Descubriremos como todavía hay gente que pretende excusar las barbaries más atroces cometidas por el hombre y son capaces de inculcárselas a niños que no tienen ni la mitad de conocimiento sobre el mundo de lo que se supone que tiene que tener un adulto. Esta joven sufrirá las iras del pueblo norteamericano, escenificadas en la película por toda su clase y su profesora. 
Por último, la historia más amable de todas, la protagonizada por Jim Sturgess en la que interpreta a un joven irlandés que entra en los Estados Unidos haciéndose pasar por judío. Su objetivo es entrar a trabajar en una escuela de enseñanza para niños de esta religión. 
Los engaños, las mentiras y un amplio catálogo de excusas para intentar entrar a formar parte de la potencia más supuestamente avanzada del mundo. Estados Unidos acoge cada día a miles de inmigrantes que llegan en busca de ese "American Beauty", que tan mal le salió al gran Kevin Spacey.
Usted verá la película y me gustaría que se introdujese de lleno en la mente de cada personaje. Todos están fielmente conseguidos y resultan absolutamente creíbles, aún no siendo fruto de portentosas interpretaciones.
Ninguno desentona en una película que, no siendo una superproducción, cuenta con buenos actores y destacables trabajos. Lo que más asusta de la cinta es la reacción poco ortodoxa del público a las películas sobre historias cruzadas. No espere usted un lío mental del estilo Amores Perros o Crash, que aburrían de una manera sobrehumana. Aquí todos los personajes y sus relaciones entre ellos están muy bien delimitados, con lo que el espectador disfrutará de una buena película sobre un tema sobre el que no estamos demasiado acostumbrados, sobre todo viniendo del corazón cinematográfico de Estados Unidos, un tema tabú como es el de la legalización de todos los extranjeros que copan las capitales y pueblos de Norteamérica y de todo el mundo.
La película no es propaganda pura sino una serie de historias muy humanas y de un tremendismo muy natural. No hay artificios ni sobreactuaciones.
Sólo una triste realidad.

Cine Navideño; Un Padre en Apuros

Una película navideña no tiene porque ser necesariamente un tratado social ni una investigación profunda por parte de un director o guionista acerca de las complicadas relaciones que se establecen entre los seres humanos cuando comienza a olerse la Navidad.
Si mi compañero ha tenido el feliz acierto de comenzar este ciclo navideño con una de las más grandes muestras del cine actual en lo referente a las fiestas de Diciembre, Love Actually, yo quiero comenzar con una de las grandes muestras de la simpleza navideña. Los críticos de los supuestos "grandes" periódicos no han reparado en frases ignominiosas hacia la película que yo he escogido para recordar una época que, a mi gusto, podría pasar lo más rápidamente posible.
Un Padre en Apuros es una película simple, sin artificios, sin un guión complejo y con la divertida presencia de uno de mis actores favoritos: Arnold Schwarzenegger. He de reconocer que Governator es uno de esos actores por los que pago una entrada para ir al cine o por los que me quedo horas y horas sentado en el sofá viendo esa cantidad de películas de factura tan indeterminada como por ejemplo Terminator, El Sexto Día, Depredador o Mentiras Arriesgadas. Arnold es capaz de lo mejor y de lo peor, aunque siempre sabe aderezarlo con algún gesto sacado de su pétreo rostro para divertir al más insulso. 
Arnold también es experto en gritos, como así se demostró hace algunas semanas en un vídeo que circula por Internet (que puedes ver en el siguiente enlace), aunque los más conocidos son los que prorrumpe en Poli de Guarderia y Un Padre en Apuros.
En esta ocasión, Arnold ejerce de padre irresponsable que (cómo no) se pierde todos los acontecimientos importantes de la infancia de su hijo, interpretado por Jake Lloyd (que tres años más tarde se convertiría en un niño mundialmente conocido por recrear los primeros años de vida de uno de los villanos más impactantes de la Historia del Cine: el Anakin Skywalker pre Darth Vader). Arnold pretende soliviantar la tristeza de su vástago obsequiándole con el regalo que él más quiera y desee por Navidad. Y ese no resulta ser otro más que un muñeco de acción llamado TurboMan.
Y emulando la vida real, Schwarzenegger comienza una carrera contrarreloj por conseguir un juguete que ya ha sido vendido incluso cuatro meses antes de la llegada de las propias fiestas. La desesperación se ceba con nuestro protagonista que inicia la peor jornada de su vida llegándose a enfrentar con un cartero (interpretado por el siempre cansino Sinbad) ansioso por conseguir el idolatrado juguete. 
No te voy a contar el final, pero vas muy bien encaminado si piensas lo que yo creo. Un Padre en Apuros es una película mala, con interpretaciones muy pobres. Pero es que no está hecha para ser un plato de buen gusto de los amantes del cine. Un Padre en Apuros es una cinta navideña con un espíritu de entretenimiento que ya quisieran muchas superproducciones. Una película para divertirse en familia, con una hora y media de duración que nadie lamentará nunca.
¿Quién no ha ido a buscar un regalo de última hora para alguno de sus familiares? A lo mejor no hemos vivido los mismos vaivenes que Schwarzenegger pero un grupo de ancianas ansiosas por cualquier regalo bueno, bonito y barato en plena tarde del día 24 de Diciembre es una de las cosas más peligrosas que puede existir. 
Un Padre en Apuros es el pequeño homenaje a nosotros, a todas esas personas que hemos pecado de pereza a la hora de ir a buscar algún regalo navideño y nos hemos encontrado con una falta de existencias que nos ha hecho temblar nuestra propia existencia (valga la redundancia) y temer llegar a casa con las manos congeladas y con el solo abrigo de los guantes de lana. 
Y lo peor de todo, sin bolsas de plástico con decenas de ilusiones en su interior.

Cine Navideño; Love Actually

 8/10
Ya huele a Navidad... El humo de las castañas hace palidecer las luces de la ciudad, los escaparates de las tiendas se tiñen de rojo, la publicidad hace de los regalos su mayor estandarte, los niños y jóvenes venden polvorones por doquier, el frío y la lluvia nos recluyen en el calor de nuestros hogares... y el árbol de navidad, los adornos, el deseo, en fin, de vivir una de las épocas del año más entrañables paara pequeños y mayores. La Navidad se siente cuando arranca Diciembre, y con él, el cine; ese que nos hace soñar con un paisaje nevado (aunque en el sur debamos conformarnos con el hielo), historias de amor, amistad, ilusión, reencuentros imposibles, ternura y paz, espíritu de ser mejores personas. De poco importa si son sentimientos impostados, o clichés acuñados en esta parte del mundo avanzado y consumista a más no poder, pues, a veces, todo ello resulta de alguna forma improbable y se contagia ese anhelo por congraciarse con el resto. Nuestro blog no podía ser menos y arranca un ciclo de cine navideño que repasará algunas de las películas más emblemáticas de esta época del año, aquellas que gusta ver en casa con un gran tazón de chocolate y una manta en la que cobijarnos.
Y qué mejor forma para comenzar una retrospectiva navideña que con una película que desde su estreno en 2003 se erigió como un clásico del género gracias a su desenfadada apuesta por componer una oda divertida, melodramática, tierna y deliberadamente edulcorada a la Navidad. Love Actually es todo un mosaico de historias enlazadas por un nexo tan poderoso como escurridizo, el amor, en sus diferentes manifestaciones, desde ese inocente abordaje juvenil que instala mariposas en el estomágo, hasta el romance sin fronteras idomáticas, pasando por las relaciones frustadas y devastadas por el paso del tiempo, amores imposibles o pasiones ministeriales. Todo ello narrado con gracia, sentido del ritmo, una banda sonora memorable, un elenco actoral de altura y un indiscutible espíritu navideño que inunda la trama de principio a fin.
Como responsable inmediato, debemos señalar a Richard Curtis, un guionista curtido en comedias británicas de gran tradición como Cuatro bodas y un funeral o Notting Hill que aquí da un salto cualitativo a su carrera como hombre de cine dirigiendo con tesón y desparpajo su ópera prima. Y es que además lo hace respaldado por uno de los cast más sugerentes de los últimos años compuesto por una amalgama de actores dispares y genuinos en sus respectivos ámbitos liderados por Hugh Grant, Liam Neeson, Colin Firth, Emma Thompson, Alan Rickman o Bill Nighy; la flor y nata, por decirlo de otra manera, de la mina interpretativa británica. Todos ellos al servicio de una historia coral que desgaja la evolución romántica de sus personajes a lo largo de una particular cuenta atrás hasta la señalada fiesta de Nochebuena.
Love Actually es una película encantadora; de esas que encandilan cuanto más se ven, que ensalzan el espíritu navideño con un tierno sentido del espectáculo, que refuerzan el ánimo del espectador con una necesaria dosis de ilusión y romanticismo. Y que además nos legan una inestimable colección de momentos difíciles de olvidar. Comencemos este particular catálogo de las cinco escenas más entrañables, divertidas o románticas del film.
1. Una declaración de amor a la portuguesa
 El bueno de Jamie ya había tenido que soportar ser engañado por su novia (además con su hermano) y decidió cortar por lo sano. Se marchó a una tranquila y solariega casa de campo marsellesa para escribir, sin apenas percatarse de que allí mismo hallaría el tan ansiado amor de su vida en una tímida portuguesa que ni siquiera hablaba su idioma. Lo cual no fue óbice para que ambos ejercitasen sus destrezas lingüísticas y volviesen a encontrarse el día de Navidad, con toda la población local como espectadores, en una apoteósica declaración de amor en el restaurante donde la chica trabajaba. Inolvidable escena. Véala aquí.
2. Los carteles del amor imposible
Debe ser sumamente difícil estar enamorado de la chica de tu mejor amigo, más si cabe cuando te impones una dura disciplina de indiferencia, "un rollo de supervivencia". Andrew Lincoln sufre lo indecible con esta situación, aunque se permite una desgarrada, original, sincera y edulcorada demostración de amor con tan sólo unos carteles escritos que resumen sus sentimientos, "para mí, eres perfecta". Hemos de suponer que su sufrimiento continuó, pero al menos se ganó el beso de la chica y la certeza de que había hecho todo lo que su enamorado corazón le permitía. 
3. La mejor función escolar de la historia
Para aquellos que piensen que los actos escolares son una completa pérdida de tiempo, vean el apasionante acto final de Love Actually, que incluye una pintoresca recreación del portal de Belén con langostas y pulpos incluidos, un número musical de genuino espíritu navideño con un batería perdidamente enamorado, o el apasionado beso del Primer Ministro británico con su ex-secretaria. Ante esto, sólo queda sonreir, hacer una reverencia y saludar. Imposible de no esbozar una amplia sonrisa con tantos acontecimientos improbables contenidos en la función de Navidad del colegio de la parte chunga de Londres. Recuérdelo aquí.
4. El baile de la victoria
Si alguien no se ha reído nunca con Hugh Grant (lo que demostraría una acusada falta de sentido del humor) que vea cómo mueve el esqueleto en un pisito de Downing Street tras dar un soberano varapalo al mismísimo presidente de los Estados Unidos (un malhablado Billi Bob Thornton) en una rueda de prensa. El hombre tenía motivos, y es que cuando el amor se cruza en la vida de cualquier persona, la política y la hipocresía palidecen en la misma medida que este crece. Disfruten de este baile de la victoria ya inmortal en la historia del cine.
 5. Billy Mack o cómo ser un cantante de éxito
Desde el arranque de la película con los compases pegadizos del Christmas is all around, Billy Mack (o Bill Nighy, como se prefiera) se erige como el vértice cómico por excelencia de la película, ya sea protagonizando un videoclip subido de tono, aconsejando a los niños que se conviertan en estrellas del pop para conseguir drogas gratis, restregando sus partes pudendas al presentador de un programa televisivo o hablando en la radio de sus escarceos amorosos con Britney Spears. Un gran tipo que no será fácil de olvidar. Una muestra aquí.

Crítica Megamind; Los villanos ya no son lo que eran...

 6/10
Los villanos están de moda. Esa parece ser la noción básica que extraemos de las últimas apuestas del cine de animación hollywoodiense. Si hace algunos meses la nueva división de Universal para estos suculentos menesteres infantiles sorprendiera y encandilara a partes iguales con su Gru, mi villano favorito (aún cosechando beneficios en taquilla), ahora contraataca la factoría Dreamworks con una nueva revisitación al mundo de los superhéroes aunque con un énfasis especial en la figura del malvado de la película, en esta ocasión un alienígena con un gigantesco cerebro azul que  muchos compararán con los fantásticos marcianos de Burton en Mars Attack!. Es una lástima que la precipitación de los productores al programar el film en las mismas fechas que otros estrenos de enjundia como Harry Potter o Las Crónicas de Narnia, pueda restar espectadores potenciales a esta curiosa y divertida Megamind, a pesar de que sus resultados en Estados Unidos han sido notables.
Megamind narra la historia de dos extraterrestres enviados a la Tierra cuando aún son bebés y que configurarán sus personalidades a raíz del entorno en el que, por casualidad, se crían; mientras Metro Man lo hace en una mansión millonaria colmado de atenciones donde desarrollar sus alucinantes superpoderes, Megamind deberá conformarse con su vida en una prisión en la que se contagiará del mal latente de su alrededor. Así, cuando sendos extraños seres sean adultos, la rivalidad entre ambos se escenificará en la  tradicional lucha entre el Bien y el Mal, que significará el hipotético final del primero y sumergirá al segundo en una soledad desquiciante y carente de motivaciones. Megamind, asi pues, deberá buscar el antagonismo de un nuevo superhéroe, aunque sea él mismo quien lo cree.
La película arranca con una ingeniosa estructura elíptica, con el personaje central cayendo al vacío y reflexionando acerca de su naturaleza de villano, momento que volverá a repetirse hacia el final de la cinta cerrando el círculo iniciado al comienzo. A partir de ahí, la acción se desboca con un ritmo demasiado agitado, convulso y caótico, que deja sin respiración al espectador (más aún al que pagó por verla en 3D) hasta que da por finalizado el primer acto y la película adquiere otro rumbo, más interesante y sugerente. Este es, sin duda, la unión inseparable entre villano-héroe de la que ya reflexionó Shyamalan en El Protegido y que aquí sirve como punto de partida para el maquiavélico plan de Megamind. Pero, como siempre, el amor es un escollo que salvar (o disfrutar) en toda historia, y la del alienígena azul no iba a ser menos. La comprometida reportera televisiva conquistará a Megamind y le hará replantearse su comportamiento, más si cabe cuando su creación, el nuevo superhéroe de Metrocity, se desvíe de su camino de bondad y lealtad y comience a aterrorizar a la ciudad.
Es imposible no comparar esta nueva apuesta de Dreamworks con Los Increíbles de Píxar o la última apuesta de animación Gru, mi villano favorito. No obstante, Megamind, sin llegar al calado moral de la primera o a la ternura de la segunda, cobra fuerza por una vía intermedia que no es más que el espectáculo bien confeccionado, un entretenimiento digerible para adultos (son numeros los guiños a estos, como ese Marlon Brando interespacial) y una diversión llena de color, ruido y acción para los más pequeños; todo ello apoyado por el carisma evidente de su protagonista (es una lástima que perdamos aquí la voz de Will Ferrel), quien vertebra toda la trama hasta un final trepidante, ameno y ocurrente que pondrá a todos en su sitio.
Así pues, Dreamworks acierta en su particular apuesta por la temporada navideña con cine de animación fresco y entretenido acompañado, por si fuera poco, por una demoledora banda sonora rockera que incluye temas de AC/DC o Guns and Roses; y un depurado sentido del espectáculo visual, algo apuballante aunque no por ello menos sugerente, que inclduye a sencundarios de lujo como ese pececillo fortachón o el implacable MetroMan. En definitiva, película recomendable para los más pequeños y los adultos que tienen que acompañarlos en estas entrañables fechas que se acercan. Megamind cumple y eso se agradece. Aunque los villanos ya no son lo que eran...

Series de Televisión de Siempre (III)

Y con diciembre llegamos al último escalón de nuestro repaso por las series de televisión que han marcado nuestra vida. Si en octubre vimos aquellos telefilmes de nuestros mayores, en noviembre repasamos las series de nuestra infancia, aquellas que eran de carne y hueso. Ahora, en el último mes del año, es tiempo de recordar aquellos programas con los que disfrutábamos de verdad. Faltan muchos pero mi intención es de rememorar los clásicos para que todos recordemos nuestra más tierna infancia. Ahora, todos los que vimos aquellas series, somos unos apasionados de Dexter, Los Soprano, Cómo Conocí a Vuestra Madre y todas esas experiencias televisivas únicas que vivimos hoy en día y que nos tienen tan atrapados con cada capítulo que se va sucediendo.
1. La Vuelta al Mundo en 80 Días (1983): Basada en la novela homónima del gran dramaturgo francés Julio Verne, se adaptó para la televisión española una serie magnífica de dibujos animados en la que asistiamos a los viajes que Willy Fog realizaba a través del mundo por una apuesta en su club de jugadores en la cual debía dar la vuelta al mundo en 80 días. La secuencia de créditos iniciales estaba cantada por el grupo español El Consorcio.
2. La Banda de Mozart (1995): Cuatro niños con los nombres de cuatro de los más grandes músicos de la Historia son los protagonistas de esta serie en la que estos infantes quieren formar una banda mientras les ocurren cosas en su vida diaria exactamente igual a las que les ocurrieron cuando eran jóvenes a estos maestros de la música clásica. Una entrañable serie que yo recuerdo con el máximo de los cariños. Recuerde la secuencia de apertura en el siguiente enlace.
3. Don Quijote de la Mancha (1978): La más antigua de las series a las que vamos a retrotraernos. La serie con la que aprobé un examen de 1º de Bachillerato. Sí. No me leí el Quijote y decidí ver esta gran adaptación de la novela de Miguel de Cervantes con las voces de Fernando Fernán-Gómez y Antonio Ferrandis. Rememore la secuencia inicial en este link.
4. Los Fruitis (1991): Una de las más entrañables series que jamás tendremos la ocasión de haber contemplado. Somos la generación afortunada en cuanto a televisión se refiere. Nuestros hijos, si somos buenos padres, contemplarán de nuevo esta serie gracias a la magia de Internet. Recuerdo mediodías sentados delante del televisor viendo como Gazpacho o Berenjena hacían de las suyas. Hay incluso gente que todavía conservan colchas o sábanas de Los Fruitis, homenajeando a su propia infancia. Recuerde la secuencia de apertura de esta mítica serie.
5. En Busca de Carmen Sandiego (1994): Los norteamericanos crearon a mediados de la década de los 90 una serie que, a mi gusto, es una de las que merece el calificativo "mítica". La búsqueda por parte de dos jóvenes de una señorita vestida de rojo que siempre afanaba los objetos más inusuales alrededor del mundo. La apertura de la serie es una de las más recordadas en lugares como Madrid o Andalucía, donde emisoras como Telemadrid o Canal 2 Andalucía se encargaron de ofrecerla. A otros lugares del país, ni siquiera llegó. Para recordarla, pulse en el siguiente enlace.
6. D´artacan (1981): Alejandro Dumas fue versionado en esta serie que mucha gente recuerda en su infancia pero que a mí nunca me llegó a atrapar tanto como otros casos anteriormente explicados. Sin embargo, la intención era buena y el mensaje de amistad y de buenos valores que se transmitía nada más comenzar la trama, era síntoma de ser una buena forma de educar a los niños. Recuerde la secuencia de títulos en este link.
7. El Inspector Gadget (1983): Los franceses y los italianos se pusieron de acuerdo para, con dinero norteamericano, crear una grandiosa serie sobre un detective que poseía toda una serie de artilugios para cazar a los malos. Tarde tras tarde delante de la televisión en la única época de mi vida en la que confieso haber monopolizado La 2. Recuerde la serie en el siguiente enlace. 
8. Oliver y Benji (1983): Desde Japón nos llegó una serie que tuvo 128 episodios para contarnos la vida de dos futbolistas jóvenes que soñaban con ganar el Campeonato de Fútbol. Una serie a la que recordaremos por haber hecho jugar a Oliver Aton en el F.C. Barcelona (escondido en el metraje bajo el nombre de `Catalonia´), por tenernos en ascuas episodio tras episodio esperando a ver en qué momento llegaba el balón a la otra porteria en un campo notablemente redondeado o esas paradas inexplicables que Benji realizaba sin que se le moviera un ápice su famosa gorra roja. Recuerde la mítica sintonía de apertura en el siguiente link.
9. Los Cazafantasmas (1986): 140 episodios duró esta serie que adaptaba de manera aún más alocada si cabe la película homónima de Ivan Reitman. Los personajes eran básicamente los mismos. Yo sigo prefiriendo la versión de carne y hueso pero la serie tampoco estaba tan mal. Esta es la secuencia de apertura.
10. Las Tortugas Ninja (1987): Les gustaba la pizza y cazar a los malos. Además, tenían el nombre de pintores italianos bastante conocidos: Leonardo, Donatello, Rafael y Michelangelo. El famoso "cowabunga" era la seña de identidad de uno de ellos. Pasable serie con un argumento muy absurdo pero con un gran éxito. Esta es su secuencia de inicio.
11. La Pajarería de Transilvania (1994): Un doctor es despedido de unos almacenes y decide que se ganará la vida vendiendo mascotas muy raras en su castillo situado en Transilvania. Una historia excesivamente surrealista pero muy entretenida para las tardes de aburrimiento. Aquí puede recordar su apertura.
12. Sherlock Holmes (1984): Una coproducción entre Italia y Japón sirvió para adaptar las novelas de Arthur Conan Doyle. En lugar de ser un humano, los creadores decidieron que fuese un zorro en virtud de las cualidades que definen a este animal. Tampoco merece más atención una serie que tampoco fue realmente excelente. Puede recordar su apertura en español, en este enlace.

Como ya he dicho anteriormente, no están todas. Ahora os toca a vosotros comentar y recordar también cual ha sido la serie favorita de vuestra infancia. Se abre la veda...

El cine europeo se rinde ante Roman Polanski

El director polaco triunfa con su última película, un verdadero ejercicio de suspense e intriga y con los mejores toques del cine clásico de Alfred Hitchcock. Siete nominaciones y seis premios proclaman a El Escritor como la mejor película europea del año.
Un triunfo arrollador. Así es como calificamos el resultado de la pasada entrega de premios de la European Film Academy. El Escritor resultaba vencedora alrededor de las 21:15, cuando se anunciaba cual de las seis películas a concurso iba a ser la mejor película europea del año.
La ceremonia tuvo lugar en Tallín (Estonia) y dejó algunos momentos para la Historia. En primer lugar, la indignación de los aficionados al cine español ya que el recientemente fallecido Luis García Berlanga ni siquiera ha sido nombrado en el transcurso de la ceremonia mientras que el francés Claude Chabrol ha sido ampliamente homenajeado. Por otro lado, el director premiado Roman Polanski ha tenido que agradecer el galardón al Mejor Director a través de la plataforma de videoconferencias Skype, por hallarse todavía con problemas judiciales que le impiden salir de Suiza. También hemos vivido un momento emotivo cuando Win Wenders subía al escenario a entregar el galardón honorífico al gran actor alemán Bruno Ganz, el cual, presa de los nervios, no ha podido articular correctamente gran parte de su discurso.
Por lo demás, pocas sorpresas. Parecía una quimera que cualquiera de las películas que el Festival de Cine Europeo de Sevilla anunció el pasado 6 de noviembre pudiera hacerle frente a la gran producción del año: El Escritor. La cinta de Polanski consigue los galardones a la Mejor Película, Director, Actor, Guión, Banda Sonora y Diseño de Producción. El aspecto que más sorprende ha sido la victoria, merecida por supuesto, de Ewan McGregor sobre el Malamadre de Luis Tosar. Pero su misterioso papel en El Escritor ha puesto al actor escocés de nuevo en la cresta de la ola. McGregor ha sido uno de los grandes ausentes en la gala al encontrarse en Tailandia rodando la nueva película de J. A. Bayona (El Orfanato).
En cuanto a los premios que la cinta de Polanski ha dejado vacíos, destacar el premio a Sylvie Testud por su rol principal en Lourdes, ganadora el pasado año del Giraldillo de Oro en el Festival de Sevilla. Por su parte, la Mejor Fotografía ha ido a parar a las manos de Lebanon, otra de las grandes favoritas en esta entrega de premios de la EFA. La categoría de Montaje ha sido la espina que se le ha quedado clavada a El Escritor. El premio se lo llevaba Luc Barnier por Carlos, la cinta sobre el famoso terrorista Chacal.

Crítica 3 Metros sobre el Cielo; ¡Le-gen (pausa) daria!... de mala, claro

1/10!
Pocos argumentos se me ocurren para calibrar sutilmente y sin deslizarme por los terrenos farragosos de la indignación (y consecuentemente, a la descalificación más furibunda) lo que supone una desgraciada muestra más del cine español para adolescentes que causa sensación en taquilla y espanto en el resto del público. Si ya el año pasado tuvimos un adelanto con ese engendro sin parangón titulado Mentiras y Gordas, curiosamente guionizado por nuestra flamante Ministra de (in)Cultura, Ángeles González Sinde; ahora nos llega Tres metros sobre el cielo, otro burdo intento de cosechar la plusvalía anual de un cine patrio que agoniza entre el marasmo de estrenos norteamericanos y la desidia de sus propios productores.
La fórmula es bien sencilla; se seleccionan algunos de los rostros más conocidos del panorama televisivo juvenil, toda una cantera de actores perecederos con escaso valor artístico; los cuales son exhibidos cuan fauna de circo para provocar los suspiros de deseo de legiones de jovencitas con las hormonas desatadas; se elabora un guión estándar que no elude los tradicionales clichés del género romántico aunque actualizados con las últimas tendencias en lo que, supuestamente, interesa a los adolescentes; se contratan los servicios de un equipo técnico, con director a la cabeza, con escasos escrúpulos ante su prostitución como artistas devenidos en proletarios; y se agita con fruición, con ritmo de videoclip, efectos sonoros de discoteca y almizcle para edulcorar una trama tan previsible como decididamente infantil.
Cabría reflexionar acerca de la idoneidad de un cine que, producto de su caracter masivo, influye de forma decisiva en el desarrollo de las conductas de los más jóvenes y puede desembocar en patrones de comportamiento inadmisibles dentro de una sociedad avanzada. Por ello, en esta crítica no llevaré a cabo una análisis estrictamente cinematográfico de la película en cuestión, pues de cualquier modo su convencionalismo y falta de pretensiones artísticas tampoco nos conduciría a lugar alguno; sino que ahondaremos en los dilemas subterráneos que plantea y las dinámicas censurables ofrecidas en envoltorio de color de rosa a su público objetivo.
El crítico de El País y Fotogramas, Jordi Costa, ya alertó hace algunas días en su crítica de Tres metros sobre el cielo del faccismo subyacente que la historia ideada por el prolífico escritor italiano Federico Moccia deja entrever ante una atenta observación. Moccia ha sabido construir todo un universo literario para adolescentes, preferentemente femenino, que entronca con las más retrógrados patrones de conducta heredados de tiempos pasados y que coloca a la mujer como un mero objeto de deseo pasivo ante la posición imperante del macho.
La película que hoy comentamos (sin entrar en el espinoso debate de su correspondencia con el original literario) retrata de forma implacable esta idea a través de un personaje masculino detestable, violento, misógino, incorregible, una suerte de bestia indomable que, no obstante, seduce a la chica buena y responsable con más músculo que corazón. Y es que al principio, cuando la atracción física ciega el entendimiento, todo parece ser una buena excusa para reformar a una persona que aparentemente lo ha pasado mal (aquí ni siquiera es creible la justificación a la desatada conducta del chico), se conserva esa esperanza irracional y se toleran situaciones difícilmente admisibles por una mujer independiente. Los problemas surgen cuando la pasión remite, los problemas llegan, y la dulce y comprensiva chica comienza a recibir las palizas que la llevarán a un infierno personal. La violencia de género es un asunto extremadamente grave para el que no se hallarán soluciones con vacuos actos políticos de repulsa; el camino a su erradicación se inicia en la educación responsable y la denuncia de comportamientos machistas, curiosamente como los que se legitiman en esta abominable muestra cinematográfica fascistoide, maniquea y asombrosamente absurda.
Como una ridícula revisitación del mito Grease, aunque con menos brillantina y cursilería y más cuero y violencia gratuita, Tres metros sobre el cielo nos traslada a los lugares comunes de la "juventud de hoy en día", es decir, las carreras de motos ilegales y las fiestas salvajes. Como vértice de este paradigma simplista y disparatado que pretende ilustrar a los jóvenes, emerge la figura del macho alfa de la manada, hipermusculado, con una curiosa alergia al algodón de su camiseta (ya que aparece poco con ella) y el rostro del anhelado ex-protagonista de la serie Los hombres de Paco, Mario Casas. Una elección acertada a tenor los suspiros nerviosos y la hiperventilación risible de la nutrida afluencia de jóvenes en la sala de cine, ya fuese cuando exhibía su cuerpo desnudo o cuando golpeaba con saña a sus numerosas víctimas (aunque siempre con la misma cara de macho desquiciado). No se puede decir lo mismo de su reverso femenino, interpretado por Maria Valverde, una actriz que encandiló a muchos en su debut en La flaqueza del Bolchevique pero que se ha ido deslizando a terrenos progresivamente más cuestionables hasta desembocar en el fango más denso, como muestra su incapacidad para ser creíble en esta película.
Sorprende de Tres metros sobre el cielo su clamorosa ausencia de moral. En ningún momento se reprende, aunque de forma velada, la conducta delictiva de su protagonista o la violencia extrema mostrada sin paliativos. Esto es un cine que repugna, que conecta con los instintos más bajos del ser humano, que ofrece una visión tremendamente peligrosa a su público adolescente frágil e influencible. Es condenable la irresponsabilidad de unos productores (y creadores) que miran de soslayo a la pantalla distraídos por las cifras de la calculadora y el tintinear de las monedas. Es vomitivo el resultado, una película que se vanagloria de su absoluta falta de principios, que bucea en los resquicios de un pseudogénero establecido al calor de la previsión de beneficios, que no lleva a preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí, hasta este pozo sin fondo que es la dictadura de la ignorancia y la apocalíptica sentencia al buen gusto.
Finalmente, me he rendido a la indignación.

Dulce Cine de Juventud; E.T. el extraterreste

El recuerdo de nuestra infancia viene comúnmente delimitado por aquellas experiencias que conectaron con ese espíritu curioso y tendente a la evasión que todos hemos atesorado y ya olvidado en el marasmo inconsciente de la madurez. Todo niño ha soñado alguna vez con viajar en el tiempo, vivir en un mundo paralelo, tener poderes extraordinarios o disfrutar de la compañía de algún extraño y fascinante ser. Y, de hecho, esos anhelos pueriles heredados de una desbordante capacidad onírica son los que, en último término, enlazan íntimamente con algunos aspectos de la personalidad del adulto en el que nos convertimos. En este sentido, E.T el extraterrestre puede considerarse como la exteriorización que su creador, Steven Spielberg, lleva a cabo para rendir cuentas con su infancia y su imaginativa relación con el mundo que de niño lo incitaba a soñar para escapar de realidades traumáticas.
Producto de esta íntima relación entablada entre creador y obra, resulta paradigmática la inocencia de una película concebida para conmover a todos aquellos que algún día se sintieron solos y precisaron de un amigo con el que vivir aventuras, aunque fuese ficticio o de otro planeta. E.T el extraterrestre es una de esas películas con alma, que conmueven por la sinceridad de su planteamiento, dirigidas con una sutil y limpia mirada, y coherentes con una visión del mundo más agradable, idealista y fraternal. Desconfíen de aquellos que achacan un exceso de edulcorante en la trama ideada por Spielberg, pues está en su propia naturaleza, la de la película, ofrecer una historia de cuento tan bonita como fascinante donde sería absurdo calibrar su verosimilitud; simplemente es necesario un ánimo dispuesto a creer en la magia que rige la amistad entre un chico solitario y un ser tierno y amable de otro planeta.
El mérito de Spielberg es mayor si cabe en cuanto confecciona una trama que mezcla la ciencia ficción, en concreto de extraterrestres, con un género enfocado a los más pequeños, dando inicio, además, a toda una serie de películas ya míticas y con un espíritu de aventura como rasgo característico aglutinadas en torno a la nueva productora del director, Amblin (de lasque en esta sección hemos dado buena cuenta de ellas; Los Goonies, Regreso al Futuro, Quién engañó a Roger Rabbit, Hook, Parque Jurásico...). En este sentido, E.T fue la precursora de un cine familiar que marcó a generaciones de jóvenes cinéfilos gracias a su cuidada y cándida apuesta por valores como la amistad o el afán por vivir experiencias trepidantes.

Y todo a raíz de la llegada a la Tierra de E.T., un extraterrestre que se aleja demasiado de su nave perseguido por unos enigmáticos hombres y finalmente halla refugio en el cobertizo de una familia de la zona. Hasta que Elliot, el introvertido y curioso niño que lo acogerá como su improbable amigo, lo descubre en medio de la niebla cuando se disponía a sacar la basura con una mayúscula y evidente sorpresa. El acercamiento es paulatino, se observan mutuamente en sus actos, con precaución y desconfianza; pero el interés suscitado por la singularidad del otro es más fuerte y la conexión entablada entre ambos se va reforzando progresivamente venciendo las previsibles trabas prejuiciosas. La amistad, entonces, comienza a brotar y Elliott se asegura, con la ayuda de su hermano mayor y su pequeña hermanita, de que su nuevo compañero no sea descubierto por los adultos, personajes sin rostros y con un halo de misterio, que lo llevarán irremediablemente a la muerte.
La película de Spielberg camina de forma fluida, con una claridad expositiva pasmosa, sin ambages y con una mirada inocente como único foco con el que alumbrar su desarrollo. E.T. se introduce en la vida de la familia poco a poco, a través de escenas inolvidables de una comicidad incontenible insertas aún en nuestra memoria colectiva. Cómo olvidar esa hilera de caramelos de colores con los que guiar a E.T hasta un lugar seguro y lejos de miradas indiscretas, o la escena en la que el extraterrestre se pasa con la cerveza y el alcohol le provoca estragos evidentes, o cuando se disfraza en el armario para camuflarse entre un montón de peluches. Mención aparte merece el legendario "Teléfono, mi casa" o esa escena final de bicis voladores surcando el cielo con la luna como telón de fondo (imagen icónica donde las haya que dio identidad a la productora de Spielberg, Amblin), momentos siempre acompañados con la mítica banda sonora del maestro John Williams (er resumen de los mejores momentos aquí).
En E.T todos son recuerdos que permanecen indolentes al paso del tiempo en el imaginario social. Como el propio Spielberg ha reconocido en sucesivas entrevistas, esta es su película más personal, y se nota. Es mágica, hermosa, sincera, inocente, apasionante... sencillamente genial. Uno de esos films que jamás caerán en el olvido por su capacidad para encandilar tanto a jóvenes como a adultos que se niegan a crecer. Como su director, quién siempre soñó con que le cayera un amigo del cielo y décadas después lo consiguió con una envidiable dosis de imaginación y muchas más de aventura y calidad cinematográfica. Siempre llevaremos en nuestros corazones de cinéfilos a ese extraño ser de cuello superlativo, modales exquisitos, timidez encantadora, comicidad desarmante, ternura infinita y luminoso corazón; esté donde esté, E.T.

Películas para Dos Vidas; Chacal (1973)

Esta sección se está convirtiendo para mí en todo un reto para sacar a la luz piezas perdidas de la Historia del Cine. Hace algunos meses publiqué mis impresiones sobre La Noche de la Iguana, una de las obras magnas de John Huston. Me queda mucho camino y este mes no voy a faltar a mi cita mensual con el cine de verdad, el clásico, el de toda la vida.
Para ello me gustaría que todos vosotros os pusiéseis delante del ordenador con la paciencia necesaria para soportar el rollo macabeo que os pienso soltar sobre la "Película Para Dos Vidas" de este noviembre. Hablo de Chacal (Fred Zinnemann, 1973). ¿Y por qué esta película tan rara? Pues por que hace poco observé como alguien, un anónimo, se llevaba de una gran superficie comercial una copia en DVD de una versión patética que Bruce Willis y Richard Gere sacaron hace ya por lo menos 15 años. Se llamaba The Day of the Jackal y estaba dirigida por Michael Caton Jones. Es decir, todo un exitazo.
Aquello me nubló la vista y decidí recuperar el clásico de verdad y verlo con la intención de que tú, querido lector, busques Chacal en cualquier sitio y la veas. Para que contemples cine en estado puro, suspense del mejor que se ha hecho nunca e historia reciente de Europa y de Francia.
Fred Zinnemann (De Aquí a la Eternidad, Historia de una Monja) pidió a Kenneth Ross que adaptara la formidable novela, posiblemente basada en hechos reales (nunca lo sabremos), de Frederick Forsyth titulada Chacal. En ella, el novelista contaba la historia de un asesino a sueldo que era contratado por una organización terrorista en la Francia de los años 60 para dar muerte al entonces presidente, el general Charles De Gaulle.
Ahora que ha terminado el Festival de Cine Europeo de Sevilla, es bueno hacer memoria y recuperar esas películas enteramente europeas que marcaron una época y que son de una calidad mucho mayor que cualquiera de las cintas presentadas este año en el certamen sevillano. La fidelidad con la que Zinnemann lleva a la pantalla las andanzas de este asesino frío, calculador y sin ningún atisbo de escrúpulo es pasmosa. Jamás he visto una adaptación de una novela tan perfectamente realizada.
Soy joven y nadie de la gente que me rodea (a excepción de algún amigo perdido en los lares de Madrid) conoce de la existencia de esta película, lo cual me entristece.
Imperdible es decir poco, apasionante es quedarse corto. A veces, peco de exagerado, pero es que la sección lo merece y la película también. Mi afición al cine me ha llevado desde muy joven a hacer pequeños ciclos de cine en mi casa, con una televisión pequeña de salita de estar y un VHS ante el que me pasaba las horas muertas. Antes de cumplir los 15 años, ya me había visto buena parte de la filmografía de los que hoy descubro que son los mejores directores de la Historia. Llevo recomendando Chacal a todo el mundo que veo desde que tenía esa tierna edad. Ahora, al verla por cuarta o quinta vez, contemplo su magnífico guión, sus impactantes interpretaciones (sobre todo Edward Fox y Michael Lonsdale) y su armoniosa dirección, digna de uno de los mejores realizadores que la Historia del Cine ha visto pasar por sus despachos.
Si se decide a verla, contemplará una apasionante historia acerca de la OAS, un grupo terrorista de acción y liberación en el que el principal enemigo es De Gaulle. Edward Fox es contratado para llevar a cabo una misión que lo ensalzará dentro de la organización y quien sabe las consecuencias que traerá a la mermada estabilidad política de la Francia de finales de los 70.
Una curiosa anécdota histórica cuenta la historia de Carlos Martínez Torres, el pseudónimo de un terrorista miembro de la Organización para la Liberación de Palestina que fue arrestado por aquellas fechas. La Policía le puso el apodo de "Chacal", cuando descubrieron en su equipaje un ejemplar de la novela de Frederick Forsyth. Y es que mucho se ha especulado acerca de la existencia de este terrorista. Si existió, jamás fue capturado y lo más cercano a su persona es este tal Martínez Torres.
El enigma sigue en el aire. ¿Realidad o ficción? ¿Llegó Charles De Gaulle a temer por su vida?

Películas para Dos Vidas; Los puentes de Madison

 Jamás la luz intermitente de una vieja camioneta encerró tanto significado. De tenue intensidad, color macilento y desvaído, repetición mecánica; todo un flujo de sentimientos desatados por la cruel despedida. Una escena que aglutina, en sí misma, toda la capacidad expresiva que el cine puede sugerir con una mera sucesión de imágenes inocentes. El Cine como arte de transmitir el dolor, la pasión, el pesar, la injusticia de la vida misma. No son necesarios discursos grandilocuentes y de extremo dramatismo para ilustrar lo que el espíritu es incapaz de contener; sólo un intermitente simulando el adiós definitivo y una mano crispada asiendo el mecanismo de apertura de una puerta, justo en esa frontera, a pie del puente, inmóvil y dubitativa a ser cruzada, pues, al otro lado, un nuevo mundo, desconocido.
Los Puentes de Madison es una de esas películas estigmatizadas por el conocimiento popular con la categoría de 'drama romántico', que muchos confunden con un edulcorado espectáculo concebido para suscitar las lágrimas de los más sensibles; ignorando la sutileza en la forma y el tormentoso desgarro emocional en el fondo que hacen de esta película una experiencia imprescindible para todo amante del buen cine. Aquí todo despide un agradable aroma a clasicismo, desde su estructura narrativa, heredada de la novela de Robert James Waller (y el guión de Richard LaGravenese), hasta una portentosa dirección precisa en los detalles e implacable en el retrato sentimental de los personajes. 
La sencillez es su premisa; a partir de ahí, todo un desbocado y complejo flujo de miradas, deseos, responsabilidades paralizantes y ansiedades latentes canalizadas por la pasión del encuentro espontáneo; hasta desembocar en el aciago destino que no es más que una realidad que sueña ser ficción.
Francesca es ama de casa en una granja enclavada en el anodino condado de Madison, donde, tras criar a sus hijos y cuidar de su vetusto marido, se enfrenta ahora a la madurez de una vida frustrada en la que los sueños quedaron aparcados por las obligaciones. Nada parece alterar la quietud exasperante del lugar, idílico no obstante en la simplicidad de su paisaje y el agradable transcurrir de la consabida rutina. 
Hasta que un día cualquiera, alguien se presenta ante la puerta de Francesca en busca de una dirección; un hombre maduro y robusto, se trata de un fotógrafo del National Geography que recorre la región para retratar la belleza silente de sus puentes. Las miradas inocentes, entonces, se cruzan, los pensamientos prohibidos brotan, la curiosidad ahonda en la necesidad de la conversación y la compañía mutuas. Se entabla, pues, una relación que entronca con las carencias de cada uno; la sed de intriga y aventura para ella, la figura de la mujer para él; y la pasión, posibilitada por la ausencia de marido e hijos, se desata como una corriente demasiados años estancada.
Sería obvio decir que Clint Eastwood es una figura imponente por la genialidad que atesora, ya sea como actor o como director. Pero en este caso urge reseñar con mayor fruición lo que supone unas cotas de maestría que rayan la excelencia. Los Puentes de Madison supone la obra más personal, intimista, emotiva y desgarrada de su dilatada carrera como realizador, por la sencilla razón de que todo en ella es veraz, sutil y francamente conmovedor. Incluso su interpretación como ese elemento discordante y tan esperado en la vida de Francesca, encarnada por una actriz, Meryl Streep, a la que le sobran los calificativos aduladores. Ambos constituyen una pareja inolvidable en la historia del cine que reivindica la madurez como una época en la que la pasión, aunque soterrada, puede emerger con tanto desenfreno como en la más tierna juventud.
De hecho, esa pasión es la que aún mantiene viva a Francesca, la que la mueve a seguir fantaseando con una vida que nunca tuvo, a permanecer de pie ante ese puente que la acerca a lo ignoto y enigmático. Aquí, los puentes son esa sugerente metáfora que nos habla de oportunidades perdidas y vidas frustradas, de la incoherencia que reina en nuestra experiencia y que nos sitúa en el desasosiego de lo que pudo haber sido. Por un lado, un rumbo arbitrario y apasionante para Francesca; por otro, la apacible vida del hogar que ansía el trotamundos fotógrafos. Sus vidas, al fin, unidas por el deseo compartido del cambio que jamás se atreverán a emprender.
Los Puentes de Madison camina con aplomo y éxtasis a un final apoteósico en la crudeza de su planteamiento. Tras un idilio encantador, filmado con elegancia y detallismo, todo regresa a su estado natural. Regresan los hijos y el marido para Francesca; la carretera y los moteles para Robert Kincaid. Como únicos testigos de esa historia de amor inmortal, los hijos de esta, ya adultos, desenterrando los recuerdos de su madre  fallecida.
La sensación que deja esta película, como un poso agridulce y poderoso en su esencia, es la de haber asistido a un trozo de vida elevado a paradigma del romanticismo más puro y sincero. Una obra maestra.

La saga Harry Potter; Las reliquias de la muerte Parte I

6/10
Harry Potter es ya todo un hombre. Es curioso hacer notar la evolución psicológica y social de un personaje al que hemos visto crecer a lo largo de estos últimos diez años en las pantallas de nuestros cines, desde aquel primer e infantil acercamiento al fascinante mundo mágico ideado por J.K. Rowling, hasta esta última entrega concebida de forma dual en la que la grandilocuencia y gravedad de su discurso nos interna en un complejo universo adulto donde las traiciones, la hipocresía, la envidia o las ineludibles responsabilidades del héroe se conjugan para narrarnos el teleológico final de una saga; la pugna definitiva entre las fuerzas del Bien y del Mal.
Las iniciáticas aventuras de adolescentes que salpicaron las primeras entregas de esta magna obra del cine (por extensión y seguimiento) se han ido diluyendo en la progresiva oscuridad sobre la que se asienta una trama épica de heroes y villanos de corte clásico muy arraigada en el imaginario social de fantasía que todos hemos concebido alguna vez. En ese aspecto, pocas son las novedades que se incluyen en el desarrollo de Las reliquias de la muerte; la lucha introspectiva del personaje central y su contraposición al reverso oscuro amenazante, las repercusiones que acarrea su preeminencia como el elegido ante el resto de personajes secundarios, la exhaltación de los valores de amistad como canalizador necesario para la realización de la misión, y, finalmente, la soledad del héroe en la toma de decisiones y su enfrentamiento contra el vértice del Mal.
La expectación originada por la venta de la última novela sacudió a legiones de fans de todo el mundo en busca de las respuestas que satisficieran las incognitas que jalonaban los últimos episodios literarios del mago de gafas redondas, sin embargo, ese nerviosismo generalizado dio paso rápidamente a un decepción palpable ante el largo y tedioso preámbulo que la autora introducía con caracter previo a la lucha final y que alargaba este último libro hasta las 700 páginas. Curiosamente, esta primera parte cinematográfica que los responsables de la saga han ideado con un evidente objetivo comercial versa exclusivamente sobre ese preámbulo, aburrido, innecesario, enervante y profundamente insatisfactorio. 
Con este planteamiento inicial, no era nada fácil que los aficionados o no del mundo de Potter salieran extasiados con la acción frenética contenida en esta película. Paradójicamente, y si bien la materia prima es la que genuinamente concibió Rowling con sus evidentes deficiencias, Las reliquias de la muerte sorprende como un maduro producto cinematográfico salpicado de momentos realmente sugerentes apoyados con un uso de los efectos visuales demoledor, descarnado e impactante, que elevan el tono espectacular de una trama por lo general anodina.
El arranque de la película es intenso e intrigante, ejemplarizado por ese tour de force a escoba por el cielo londinense en el que los chorros de luz de las varitas de las maléficos mortífagos persiguen a una pléyade de Harry Potter clonados; o la caída apocalíptica del Ministerio de Magia con su líder a la cabeza (maravilloso el breve rol de Bill Nighy) en las manos de un cruel establishment mágico que persigue implacablemente a los muggles y sangre mestiza. Sin embargo, con el cese de la acción el interés va decayendo progresivamente hasta que el desnudo bosque en el que se cobijan nuestros tres protagonistas se erige como el rutinario escenario donde no acontece absolutamente nada.
Es justo reconocer que David Yates tiene buen oficio e intenta en varias ocasiones salvarnos del tedio con chispazos sugestivos, como ese espontáneo baile entre Potter y Hermione cuando todo parace demasiado oscuro, o con instantes verdaderamente divertidos y trepidantes, como la incursión en el peligroso Ministerio de Magia utilizando la apariencia de algunos de sus trabajadores; pero el resto, nos sirve para muy poco. Las reliquias de la muerte Parte 1 es una largo (dos horas y media de metraje) aperitivo de lo que promete ser una experiencia fílmica total en la que se librará la batalla que decidirá la pervivencia del mundo mágico. 
 Salimos del cine con ganas de más, como un chiquillo al que se le promete una golosina y rápidamente se le es arrebatada, conscientes de lo que vendrá, un presumible espectáculo visual sin parangón escenificado en el colegio Hogwarts, y para el cual habrá que esperar algunos meses más (llegará a nuestras pantallas el próximo Julio).
Mientras tanto, deberemos contentarnos con esta interesante propuesta, realizada con vigor y ciertas dosis de buen cine, que intenta salvar el inane desarrollo de la primera parte de la novela de Rowling, algo que al menos repercute en la exhibición interpretativa del trío protagonista, ahora más que nunca en el centro de la acción (o más bien la no-acción). Las reliquias de la muerte Parte 1 ahonda en la madurez discursiva de la saga, la eleva a niveles de gravedad y épica inauditos hasta el momento, y nos introduce en los vericuetos emocionales del héroe en su aciaga lucha por la supervivencia propia y la pervivencia de todo aquello que lo rodea, de lo que se siente garante. La valentía de esta entrega es apreciable, aunque el evidente interés de sus responsables en alargar la aventura para recoger los pingües beneficios reportados por legiones de fans incondicionales la despoje de cieto valor. Continuaremos esperando, impacientemente. El final de una saga ya inmortal bien lo merece.