Crítica Grindhouse; Díptico homenaje al cine desconocido


Death Proof: 7/10
Planet Terror: 4/10

No puedo evitar sentarme en una silla tranquilamente y no reírme ante lo que me dispongo a hacer. No me rio porque vaya a hacer algo malo sino porque se que mi compañero de fatigas en este blog estará con la mosca detrás de la oreja por atreverme a hacer una crítica sobre esta película dividida en dos partes que es Grindhouse. Querido Jesús Benabat, es mi venganza por tu Querido John. Espero que lo entiendas.
Después de esta amable dedicatoria, quiero comenzar esta poniéndome en la piel de dos directores que han ido de la mano durante toda su carrera y a los que se deben mutuamente sus éxitos, especialmente los primeros y más los del mexicano Robert Rodriguez. Quentin Tarantino no necesita presentación. Sus trabajos, auténticos manuales del cine actual, son referencia clara en todas las escuelas de cine, mesas redondas y círculos especializados. Y a todo el que nos guste el cine tendremos la obligación de ver, al menos dos veces en la vida, alguna de sus genialidades. Desde Reservoir Dogs hasta Malditos Bastardos pasando por Kill Bill o Pulp Fiction, sus obras son fantásticas muestras de una imaginación desbordante y un buen hacer que en el cine actual se agradece. Por el contrario, Rodríguez, un director que no me hace especial gracia, ha tenido altibajos en su carrera. Desde la fantástica Abierto hasta el Amanecer o Sin City pasando por las noñerías de Spy Kids y las estupideces de El Mexicano y Desperado, Robert Rodriguez ha realizado más películas irregulares que buenas, al contrario que su socio.
La primera de las películas que he visto de este díptico, Death Proof me ha resultado simplemente deliciosa. No siendo una fantástica película, ni tan siquiera osando a pasar a los anales de la Historia, el entretenimiento está asegurado durante la hora y media de duración. Con una historia tremendamente simple y unos diálogos perfectamente delimitados para sus personajes, todos ellos chicas de muy buen ver y con evidentes problemas con las drogas, el sexo y el alcohol además de la velocidad. Con un correcto Kurt Russell, que en toda la película tiene un rostro de incredulidad ante las diferentes situaciones que le acontecen. Desde ese baile de Vanessa Ferlito que ha conseguido pasar a mi videoteca personal al son de Down in Mexico de The Coasters, una banda de R&B que triunfó en los años 50, hasta la secuencia en la cual es perseguido sin descanso por una autopista por una banda de chicas que no le dejaran en paz hasta que acaben con él. Mención aparte merecen las féminas de la película. Vanessa Ferlito, Zoe Bell, Rosario Dawson, Sydney Poitier o Rose McGowan son algunas de las que aparecen en esta cinta realizada para ellas, para que se luzcan, algo que consiguen en demasía.
Sin embargo, de lo que todo el mundo habló cuando se estrenó la película fue de la secuencia de la persecución. Es una aventura cardiaca en la cual nos montamos en un coche con Tracie Thoms y Rosario Dawson. Zoe Bell quiere probar nuevas experiencias de velocidad y se sube al capó sujeta solo con dos cinturones atados a ambas puertas delanteras del vehículo. Hasta aquí todo parece ir normal. Pero es entonces cuando un asesino despiadado comienza a perseguirlas en una de las secuencias más espectaculares de los últimos años de la Historia del Cine. Con un final que hace justicia a la película, Death Proof es un agradable entretenimiento para una tarde lluviosa en la que usted quiera ver algo más que las películas nefastas de las cadenas de televisión. La dirección de Tarantino, las chicas, un duro del cine y la garantía de ver una más que decente película deben ser suficientes alicientes.
Por otro lado, Planet Terror, la segunda de las películas y la más irregular con diferencia. En toda pareja siempre hay un elemento que desentona. En esta ocasión y con un reparto no demasiado pésimo formado por Josh Brolin, Bruce Willis, Michael Biehn, Freddy Rodriguez (visto en A Dos Metros Bajo Tierra), Stacy Ferguson (la cantante de Black Eyed Peas), Naveen Andrews (Sayid en Perdidos) y Rose McGowan, Planet Terror es una película de zombies en el que se inoculan elementos de todas las películas de Rodriguez combinados con elementos fetiches de Tarantino, coautor del guión. Mientras Tarantino no muestra ni un solo desnudo ni más sangre de la necesaria, Robert Rodriguez se explaya en construir una completa carnicería que no aporta absolutamente nada al desarrollo de la trama. Rodríguez demuestra una vez más que se sigue rodeando de la gente con la que trabaja desde que empezó: Cheech Marin, Michael Parks y Tom Savini, totalmente reconocibles en otras obras del director. Planet Terror no resulta tan apetecible como su compañera y no me atrevo ni siquiera a recomendarla. Existen mejores películas sobre zombies con las que podremos pasar un rato más productivo.
Como acabar este repaso sin hacer un breve recordatorio acerca de la relación que existe entre el título original de la película, Grindhouse, y las salas donde en la época de los 50 y 60 se exhibían las películas de serie B que, por lo general, eran de terror. Un terror que en aquel tiempo tocaba las emociones de los espectadores y que tanta gracia nos hace ahora. Este es el homenaje que dos directores de renombre internacional le hacen a las películas de su infancia y que, sin duda ninguna, tanto les influenciaron a la hora de desempeñar su labor en la carrera cinematográfica. Esto, unido a la presentación que nos hacen ambos de las dos películas en las cuales vemos las típicas manchas visuales propias de las proyecciones en los cines combinadas con un montaje, en algunas ocasiones irreverente, y un par de trailers al principio de cada película dirigidos por Eli Roth, autor de la saga Hostel y colaborador habitual de Quentin Tarantino.
En resumen, yo recomiendo encarecidamente Death Proof y el coche "a prueba de muerte" de Kurt Russell. Disfrute de una película sobre chicas, coches y velocidad con una banda sonora excelente y deje de lado Planet Terror. Se ahorrará tiempo y dinero.

Crítica New York, New York; Himno a la cultura popular

7/10

No se exactamente donde leí la frase con la que titulo mi crítica. Sin duda sería en algún sitio especializado en cine, en Scorsese o en la ciudad de Nueva York. Algo me hace intuir que esta película, realizada en 1977 con un alto presupuesto que se llevó los sueldos de Robert De Niro (en su tercera colaboración con Scorsese) y Liza Minelli así como en los fastuosos decorados que enmarañan toda la película. Pero New York, New York no es un clásico al uso. Ni siquiera fue un éxito en su época. Lo que realmente hace a esta película ser considerada como un clásico es que Liza Minelli, al final de la película, nos transporte hasta la ciudad de Nueva York mediante una serie de notas musicales enlazadas en lo que se denominó todo un himno a la ciudad "que nunca duerme". La canción alcanzaría honores de grandeza cuando Frank Sinatra entonó la canción inmediatamente después de su estreno.
Más de dos horas y media de metraje en el que vemos como dos actores como De Niro y Minelli ofrecen interpretaciones más que diversas. Mientras el primero realiza una de las grandes interpretaciones de su carrera poniéndose en la piel de un saxofonista medio rematado mentalmente, Minelli se limita a cumplir su papel y brillar en sus números musicales, realmente bien conseguidos. Por eso se invirtió tanto en esta película. Para que el homenaje que Scorsese quería trazar en torno a su ciudad natal fuese un éxito.
Nada más lejos de la realidad. La cinta resultó un fracaso y ni la presencia de De Niro, ganador del Oscar unos pocos años antes por su genial interpretación de un joven Vito Corleone en El Padrino II ni el trabajo de Liza Minelli, ganadora del Oscar a la mejor actriz en 1972 por Cabaret hicieron que la gente se acercara a los cines. Tampoco el últimamente utilizado como reclamo publicitario primordial nombre de Martin Scorsese, a quien las nuevas generaciones solemos tener como un auténtico manual viviente del cine.
Con escenas realmente memorables, New York New York se ofrece al espectador como una aventura única de sentir, vivir y emocionarse al adentrarnos en lo más profundo del Nueva York posterior a la Segunda Guerra Mundial, más concretamente cuando los soldados regresan victoriosos tras su contienda con los japoneses. De Niro nos da un completo manual de cómo ligar en una fiesta con una chica desconocida mientras que disfrutamos viendo como Liza Minelli se empeña en darle calabazas. Geniales también son los momentos que ambos viven en pareja incluso las más crudas discusiones, entre ellas la que tiene lugar en el coche de ambos cuando ella decide marcharse del local en el que están y tras hablar con un productor musical que promete lanzar su carrera en el mundo de la música. Aquí comenzará una pugna entre ambos por ver quien llega más lejos en el complicado mundo del espectáculo.
Si ponemos algún punto negativo a la película, será el referente al guión, el cual se hace en algunas ocasiones demasiado pesado y poco llevadero. Por lo demás, tanto la banda sonora enmarcada en el contexto de la aparición y explotación del jazz como música que definía a los Estados Unidos en la época como la fotografía, trabajada por el gran Laszlo Kovacs, hacen que el espectador disfrute escuchando a sus protagonistas, sus canciones, sus problemas y sus debilidades.
Pero usted quédese hasta el final para deleitarse con la canción que da fin a la película. A mí personalmente me gusta más la incomparable voz de Sinatra pero merece la pena escuchar a Liza Minelli sentir, vivir y emocionarnos con cada nota que sale de su boca al entonar ese mágico himno que hoy es todo un auténtico clásico.

Dulce Cine de Juventud; Hook, el vuelo perdido de un niño devenido en pirata


8/10

Enmarcada dentro de ese grupo selecto de películas que a pesar de los años y el devenir de la experiencia personal se mantienen indemnes, actuales y deliciosas ante nuestros ojos, Hook continua aportando esa frenética vitalidad con la que fue concebida por el genial Steven Spielberg en su particular intento de continuar lo que un día imaginó, brillantemente, J.M. Barry en su obra Peter Pan. No importa que el VHS que contiene la película comience a dar muestras evidentes de deterioro, o que las cadenas de televisión no cejen en su empeño de programarla al menos una vez al mes; este cinéfilo empedernido no deja de disfrutar una y otra vez con las aventuras de un maduro niño perdido en busca de sus orígenes. Y es que, si bien crecemos y nuestras preferencias cinematográficas se van depurando conforme a la adquisición de los conocimientos y experiencias que la vida nos confiere, una parte de nosotros permanece anclada en la infancia y sigue disfrutando con la misma vehemencia e ilusión del cine que un día llenó nuestras largas de tardes de ocio (ya desaparecidas por otro lado).

La película de Spielberg es un giro de tuerca a la tradicional historia de Peter Pan, inmortalizada en el clásico homónimo de Disney de 1953, planteando un hipotético futuro en el que Peter ha abandonado el País de Nunca Jamás, con los consecuentes procesos vitales ajenos a este fantástico mundo; se ha casado, ha tenido hijos y es un importante hombre de negocios que ha olvidado todo lo que fue en su juventud. Sin embargo, el viaje que emprende a Londres para asistir al acto conmemorativo en honor de una anciana Wendy y, en mayor medida, el rapto de sus hijos por parte del malvado capitán Garfio (Hook), le servirán para iniciar esa búsqueda en su pasado y enfrentarse a los miedos que lastra desde entonces.

Bajo este planteamiento, Spielberg revisa ese mundo dividido entre niños perdidos y piratas (adultos) escenificado por Barry, y ahonda en la naturaleza perdida del protagonista, ahora devenido en pirata, tal y como le recrimina atónita Wendy. El viaje a los orígenes, pues, se convierte en una hilarante aventura de piratas borrachos, niños perdidos y un protagonista escéptico ante todo lo que le está ocurriendo que tiene el deber de volver a creer si quiere recuperar a sus hijos. Spielberg introduce aquí una subtrama recurrente en sus películas, que es la desatención del padre hacia sus hijos, demasiado ocupado por el trabajo. En la película, Peter, además de enfrentarse a su Némesis, deberá recobrar la confianza perdida por parte de sus hijos.

Como reverso oscuro de Peter, encontramos a un obseso capitán nostálgico de un antagonista de categoría maravillosamente interpretado por Dustin Hoffman. Este configura un personaje plagado de tics, anclado en el pasado y que no se resigna a vivir sin su contrincante predilecto; aquel niño soez enfundado en mallas verdes que volaba a placer y acababa con todos sus maléficos planes. Su sorpresa es mayúscula cuando se topa con un Peter maduro que ha olvidado volar y ha perdido su imaginación. La tarea de los niños perdidos es, pues, ingente.

Peter debe dejar a un lado todo aquello que ha aprendido y hecho suyo a lo largo de los años y regresar al núcleo de su ser, a su infancia. Debe volver a creer en la imaginación como motor vital, ejemplarizado emocionantemente en la cena multicolor junto a los niños perdidos, quizás una de las mejores escenas de la película. A partir de ahí, el proceso es mucho más fácil pues, despojado de todo lo circunstancial y abierto a un mundo de fantasía, sus recuerdos brotan inconscientemente; sabiendo quién es todo es posible, incluso volar.

Hook es, ante todo, una tierna historia de fantasía que no rehuye la nostalgia por el paso del tiempo y la pérdida de la inocencia. Es, además, una maravillosa película de aventuras, genialmente dirigida e interpretada por un selecto elenco de actores reconocidos, empezando por Robin Williams, encantador siempre, como maestro de ceremonias, y secundado por el pequeño gran genio Dustin Hoffman, excéntrico, maniático e hilarante en su papel de Garfio, Julia Roberts como Campanilla, Bob Hoskins en el rol del pícaro y mordaz lugarteniente Schmit, y Maggie Smith como la anciana Wendy. Por si fuera poco, qué mejor forma de ponerle música a las imágenes que utilizando las composiciones de John Williams, una verdadera institución en el mundo del cine.

Creo que jamás me cansaré de ver esta película, y, posiblemente, a medida que los años vayan haciéndome perder la imaginación y la fantasía que aún detento, la experiencia será aun más triste y emocionante a la vez. Hook siempre tendrá su hueco entre aquellas películas que me han hecho soñar.

Crítica Casino Royale (1963); Auténtica bazofia clásica


INCLASIFICABLE
Se necesitan ganas de cachondeo para rodar una película de este calibre. Se necesita poca vergüenza y necesidad de reírse de una de las sagas más exitosas de la Historia del Cine. Falta le hacía al omnipresente James Bond que alguien se riera de él. No hubo que esperar mucho ya que Dr. No se estrenó en 1962 y cinco años después, un reparto como pocas veces veremos en el cine, se mofaba del personaje que popularizó Sean Connery y que tantos éxitos le dio a United Artists.
A medida que avanza la película, vamos teniendo la sensación de que los directores de la cinta (cinco nada menos, entre los que contamos a John Huston, Robert Parrish o Val Guest) en vez de reírse de Bond, se están cachondeando de nosotros. Con unos diálogos auténticamente desatrosos y unas interpretaciones realmente dignas de olvido, Casino Royale es uno de los bodrios más tremendos de la Cinematografía de no ser por una razón. Nadie pretendía que fuese una gran película sino una ironía acerca del machismo preponderante y los buenos "quehaceres" del personaje de Connery que posteriormente y resistiendo el paso del tiempo y los efectos de esta película se encargaron de completar George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig. Éste último incurrió en la saga Bond precisamente con una película homónima a la que nos toca en esta crítica.
Con persecuciones dignas de las mejores películas de Steve McQueen combinadas con escenas totalmente surrealistas, Casino Royale es objeto de alguna que otra aclaración. La primera de ellas es que usted no debe ponerse delante de esta proyección si no conoce a fondo la saga, verdadera por supuesto, de James Bond. Es imprescindible saber que Manipenny se corresponde con Mrs. Moneypenny, la eterna novia de Bond y plañidera desconsolada en caso de muerte amén de identificar el proyecto SMERSH con el malvado Telly Savalas en Al Servicio Secreto de Su Majestad. Deberá saber que el James Bond retratado por su protagonista, el gran David Niven, es tartamudo. Ferozmente se intenta ironizar acerca de la idea del hombre perfecto que se propaga desde las películas basadas en los libros de Ian Fleming que, como digo, tanto éxito tuvieron.
En esta cinta resulta que hasta James Bond tiene familia. Y es que su sobrino, Jimmy Bond, interpretado por Woody Allen es uno de los puntos más exquisitos de una película que a medida que pasan los minutos deja más que desear. Aunque segundo tras segundo, Casino Royale se hace más absurda, es imposible siquiera acordarse de que en el mando a distancia existe un botón que pone STOP y que sirve para detener la reproducción. El erotismo exacerbado combinado con chistes de corte machista son la nota dominante de buena parte de la película que cuenta con uno de los repartos más espectaculares de la Historia: David Niven, Peter Sellers, Ursula Andress (vista en la primera de las películas de la saga Bond en una de las escenas más conocidas), Woody Allen, Orson Welles, Deborah Kerr, William Holden, Peter O´Toole, Jean Paul Belmondo o John Huston.
Algo que también resulta sorprendente es que aquí James Bond es sir, es decir, posee un título nobiliario que se le suele otorgar a aquellos británicos que realizan alguna acción que merezca ser reconocida en nombre del Reino Unido. Por tanto, entendemos que este Sir James Bond ya retirado, interpretado por Niven, ha hecho algo digno de mención. Más que el verdadero Bond, más que el ídolo de masas al que todas las mujeres adoran en la saga paralela.
Algún día recuperaremos las películas de Bond, auténticas joyas cinematográficas todas ellas y verdaderos objetos de estudio. No pierda el tiempo y comience con Sean Connery. Termine con Daniel Craig (excepto la última) y después contemple esta película.
Quizá lo único destacable de la película sea la canción con la que, al más puro estilo de las verdaderas películas Bond, se abre la película. Yo, que he crecido con las películas de Bond en VHS y me se cada una de ellas, no puedo más que reirme aunque no a carcajadas de esta parodia que no le hizo ningún daño a una saga que se consolidó con el paso de los años.

Crítica de Ágora; Retrato abúlico de una Alejandría convulsa

6/10

Auspiciada por la calidad reconocida de su director, Alejandro Amenábar, y las astronómicas cifras del presupuesto con el que ha contado, muchas eran las perspectivas puestas en una película que vendría a hacer las funciones de abanderada de un nuevo cine español de grandes inversiones y calidad pareja a las estadounidenses. Si bien el resultado final es notable, fundamentalmente en su aspecto técnico, Ágora se queda a medio camino de erigirse como un auténtico éxito cinematográfico en lo que a calidad se refiere.
Amenábar juega en su magna obra con dos tramas paralelas, jugosas ambas, que no termina de ensamblar armoniosamente; por un lado, la que sigue los pasos de Hipatia y sus investigaciones astronómicas, y por otro, las luchas religiosas y políticas que se libraban en la ciudad egipcia de Alejandría entre paganos y cristianos. Proporcionalmente, es esta última la que acapara mayor interés dentro de la película, sin embargo no se llega a profundizar en ella suficientemente, al menos para llegar a comprender las inquinas y traiciones que se desarrollaron entre las facciones. En detrimento de esto, abundan las escenas de destrucción y muerte, magistralmente rodadas por otro lado, que, si bien apoyan el cine-espectáculo que tanto se reclama en nuestro país, no aporta mucho más al devenir de la cinta.
Otra de las sorpresas que depara la cinta de Amenábar es el escaso peso que se le confiere a Hipatia, previsiblemente centro de la trama principal. A pesar del meritorio trabajo de Rachel Weisz, su personaje no se termina de erigir como protagonista absoluta sobre la que recae el peso de la película, se pierde entre el marasmo de luchas intestinas y lapidaciones que acontecen a su alrededor. Únicamente emerge como la verdadera diosa que fue en un final magistral, rodado con tesón y ritmo dramático que pone un broche final de excelente calidad cinematográfica a un producto por lo demás mediocre.
Y eso a pesar del buen oficio de Amenábar, que dirige su discurso pausadamente aunque de forma rotunda. Es más, Agora puede ser leída como un ajuste de cuentas contra la doctrina religiosa ganadora de la época que hoy día aun domina buena parte del mundo; la doctrina de los círculos retrógrados de caverna, del analfabetismo, del odio a toda forma de cultura o expresión de una realidad que viaja más allá de unas escrituras desfasadas y probablemente sin fundamentos. Son personajes de color negro, pues negro es el corazón que dirige sus actos. Amenábar los retrata con cierto odio velado aunque con tino, argumentadamente, hasta llegar a la apoteosis de la injusticia y la locura, acabando con la única luz que aun vive en un mundo que se desploma en la oscuridad, de la que no saldría hasta muchos siglos después.
Ágora es una buena película que, desgraciadamente, no llegar a encontrar ese mecanismo que haga saltar los resortes emocionales del espectador; no conmueve y en algunos pasajes aburre. Es indudable que Amenábar ha realizado un buen trabajo como director, pero adolece de cierta abulia en la concepción más puramente literaria del guión. Aún así, Ágora ha alcanzado el éxito en la taquilla (lo que verdaderamente importa a algunos) y se ha convertido en una de las películas españolas del año (con permiso de Celda 211) con promesas de ser exportada exitosamente al extranjero como producto bandera de nuestro país. Buena suerte, pues.

Películas para dos vidas; La Gata Sobre el Tejado de Zinc



Sin duda ninguna, una de las mejores películas de la Historia del Cine. Narrada con maestría por el gran Richard Brooks e interpretada con elegancia y buenas formas por mi adorado Paul Newman y la bellísima Elizabeth Taylor, se convierte en una de esas películas que todo buen aficionado al cine debe ver al menos, cuatro veces en su vida. La primera de ellas para no entender nada y quedarse más o menos sorprendido y decir que es una buena película. La segunda, el espectador se dará cuenta de que la segunda gran película de Paul Newman dio a conocer a uno de los grandes actores que el cine tendrá jamás. La tercera, se habrá de contemplar con ojos casi lascivos a una Elizabeth Taylor en estado de gracia. Y por último, la cuarta de las veces, se deberá admitir que La Gata Sobre el Tejado de Zinc es una obra maestra de la narrativa, la psicología cinematográfica y uno de los retratos maritales más geniales jamás filmados.
En el sur de los Estados Unidos, en plena enfermedad del patriarca de una gran plantación, dos hijos, dos nueras, una esposa y un montón de indeseables niños hacen las delicias de un espectador que no tardará más de un cuarto de hora de metraje en verse envuelto en una trama que no le dejará indiferente. Basada en una novela de Tennessee Williams, un fantástico autor de obras teatrales que ya nos legó grandes obras maestras como La Noche de la Iguana, Piel de Serpiente o Un Tranvía Llamado Deseo (todas ellas llevadas al cine), y genialmente adaptada por Richard Brooks, la película nos introduce en la psique de Brick, el personaje que tanta fama dio a Paul Newman y por el que tantas mujeres en medio mundo suspiraron. Éste, enfrentado a su hermano por la herencia familiar, no quiere saber nada ni de su padre ni de nadie de los que le rodean. Ni siquiera de su bellísima esposa, resignada a una vida complicada junto a su esquivo marido.
Es realmente asombroso conocer todas las inquietudes de cada uno de los personajes de la película. El guión de Brooks permite al espectador llegar a sentir lástima por el patriarca, un gran hombre mermado físicamente por la enfermedad y que tiene que soportar a su esposa, a su nuera y a sus insoportabilísimos nietos. La inseguridad ante la muerte hace que se plantee su relación con ambos hijos e intente que todos vivan lo mejor que puedan olvidándose de los enfrentamientos entre toda su familia. Por otro lado, el matrimonio formado por los actores Madeleine Sherwood y Jack Carson. Una, por ser una de las nueras más inquietantes de la Historia del Cine y el otro por ser el hijo "perfecto" que todo padre gustaría tener. Inolvidables también son los nietos, que como buenos niños, dicen verdades como templos.
Pero lo que de verdad sorprende es intentar reconocer que el personaje de Paul Newman, apegado durante toda la película a una muleta de madera y un vaso de whisky, tiene toques de homosexualidad. Durante todo el metraje, la orientación sexual del protagonista se verá reflejado en su continua búsqueda de su mejor amigo Skipper, recientemente fallecido y que será el detonante de buena parte del contenido de la trama. Su negativa a acostarse con su mujer, ni tan siquiera a tener hijos, es parte de la situación encubierta que viven en una de las habitaciones principales de la mansión.
No pretendo revelar ni tan siquiera un detalle más de la trama. Sólo espero que usted, querido lector, disfrute como yo lo hice viendo La Gata sobre el Tejado de Zinc, una de las obras imprescindibles de la Historia del Cine, con dos actores irrepetibles y en una película como jamás volveremos a ver.
Garantizado.

Películas para Dos vidas; La Huella

Si estos humildes servidores que aquí, en este blog, escriben sus divagaciones acerca de las películas que nos hacen disfrutar como espectadores, realmente querían dotar de cierta legitimidad o, llamémosle, calidad cinematográfica, a este encomiable proyecto, han encontrado finalmente la piedra angular en la cinta que hoy se reseña. Cualquiera de nosotros dos ratifica felizmente La Huella como una de las mejores películas de la historia del cine, por lo que quién fuese el encargado de hablar de ella no importaba en demasía; había que hacerlo. No obstante, no puedo dejar de felicitar a mi amigo Brando por la recomendación que me hizo y que el que escribe siguió al instante, con un resultado inmejorable.

La Huella es una película que sorprende de principio a fin, que deslumbra por el talento de sus intérpretes y fascina por el simple hecho de con qué maestría está rodada. Y es que no es un hecho fortuito que tras las cámaras se resguardase el gran Joseph L. Mankiewicz, creador de obras maestras de la talla de Julio César, Eva al desnudo o La condesa descalza, que ponía punto y final a su exitosa carrera cinematográfica con una película basada en la obra teatral de Anthony Shaffner. Es precisamente en su esencia dramática donde reside el gran éxito de la misma, a través de unos diálogos prodigiosos y una puesta en escena elegante, de pulcritud académica. Mankiewicz fue siempre reconocido por el talento literario con el que impregnaba cada uno de sus guiones, la densidad de sus diálogos, la hermosa retórica que dotaba de ritmo a la trama. Se prodigó siempre en grandes escritores como Graham Greene, Shakespeare o Tenessee Williams que servían de base irrenunciable al esqueleto visual que posteriormente ensamblaba con poderío y rotundidad. Y por todo ello, su carrera no sufrió vacilaciones (al menos por su calidad, pues es de dominio público el fiasco comercial de Cleopatra), nos ofreció películas para el recuerdo, en las que se adentraba en el perfil más psicologista de los personajes, ayudándolo del mismo modo a la dirección de sus actores. La Huella fue un inmejorable broche final que lo encumbró como uno de los grandes.

El argumento es sencillo. La película arranca con la llegada de Milo Tindle (Michael Caine) a la mansión de un excéntrico escritor de novela negra aficionado a los juegos de ingenio y adivinanzas, Andrew Wyke (Laurence Olivier). Tras un comienzo ilustrador de lo que presenciaremos en el resto de la película en el que se escenifica un laberinto de setos confeccionado por el propio Wyke y la consecuente desorientación de Milo, las verdades ocultas se van desvelando progresivamente; en realidad, Milo es el amante de la esposa de Wyke y acude a la mansión de este por petición expresa del mismo. A partir de aquí, una compleja trama de juegos macabros e hilarantes se abre ante el incauto espectador, sorprendido una vez tras otra por los giros del guión. Los cómplices de Mankiewicz para sustentar La Huella son de excepción; un joven Michael Caine que sufre y juega en un registro ciertamente camaleónico, y el veterano Laurence Olivier, maravilloso en su papel de viejo retorcido y obsesionado al que dota de pura comicidad. Probablemente, sin unas interpretaciones tan brillantes (ambos fueron nominados al Oscar, con la mala suerte de toparse con Brando-Corleone), el elegante guión de Mankiewicz hubiese quedado incompleto, nadando en un mar de palabras sin sentido. No olvidemos que La Huella es una película de dos horas y cuarto de duración, con una sola localización y dos actores (muy convenientemente, Mankiewicz colocó en los créditos nombres de actores falsos para hacer creer al espectador de que aparecerían más personajes), por lo que el riesgo de tedio era elevado. No obstante, y ahí se erige como verdadera obra maestra, La Huella te deja con ganas de más, se mete en tu cabeza con esos sonidos chirriantes e hipnóticos, juega al escondite con el espectador, deslumbra en su autoconsciente ambigüedad.

Por estas y muchas más razones La Huella merece estar en nuestro altar particular de ídolos, de película irremplazable para el recuerdo. Su visionado, una obligación para con el cine.

Crítica de Querido John; ¿Donde quedó el romanticismo?

3/10


Si bien las películas de amor adolescente no son especialmente de mi agrado por la manida recreación de lugares comunes y clichés repetidos hasta la saciedad, me acerqué a Querido John con la curiosidad del que desea ser sorprendido o, al menos, entretenido por una historia de pasiones de las de antes. Mi gozo se fue a lo hondo del pozo. Querido John no es solo una película para adolescentes extasiadas con los músculos de Channig Tatum, sino además una inverosímilmente fallida historia de amor sin un ápice de sentimiento o credibilidad.

El director Lasse Hallstrom , que continua en su caída libre hacia la más absoluta mediocridad, utiliza el best-seller de Nicholas Sparks (adaptado con algo más de fortuna en El diario de Noa) en lo que prometía ser una almibarada película de amores sin fronteras y sentimientos profundos, para acabar en una frustración realmente molesta. Es obvio que el género romántico, que tan buenos resultados ha dado al cine a lo largo de su historia, se encuentra en una grave crisis de identidad. Desde uno y otro lado se ha venido a criticar lo ordinario de los finales felices o el triunfo del amor sobre todo lo demás, incluso la muerte, dando paso a la adopción de un giro radical en la concepción de la trama amorosa; hoy día lo común es el cinismo, la desconfianza, la banalización del amor o el simple truncamiento de la misma historia. Por otro lado, la acaparación de este género por el cine adolescente tampoco aporta demasiado pues las emociones se instalan en el nivel más básico, es decir, en el atractivo físico o en el simple flirteo de los implicados.

Querido John es un claro ejemplo de todo lo anteriormente dicho. La historia arranca con el clásico pavoneo del chico duro y misterioso, que conquista a la joven sensible y hastiada de compañías insustanciales. Surge, pues, el romance; la etapa de besos, promesas y confesiones, por la que se desvelan sus personalidades, realmente planas por otro lado. El chico es miembro de un batallón de élite del ejército americano con un pasado oscuro, remendado, parece ser, por la “disciplina” del servicio, hasta acuñarlo en una moneda idéntica a las demás, como muy acertadamente se cataloga el propio protagonista. Así pues, la guerra se interpone entre la feliz pareja y los años transcurren pero su relación jamás se vuelve a recobrar por circunstancias cada vez más extrañas. Como pueden ustedes observar, aquí de amor se trata muy poco, a pesar de lo que se ha querido vender a los millones de jóvenes que han acudido a ver la cinta.

Afortunadamente, la película adquiere cierto vuelo gracias a la subtrama dominada por el gran Richard Jenkins, en el papel del padre autista del chico. Y es que este actor llena la pantalla con su sencillez, con su callada maestría y su rostro abatido; una verdadera joya interpretativa por reivindicar.

Así pues, podríamos concluir con la desesperanza del ya consabido no retorno del cine romántico, ese con el que se disfruta en pareja, que llega a nuestros corazones y, por qué no, nos hace llorar. Cualquier género, en sus dosis justas, es necesario para configurar una oferta cinematográfica de calidad, donde elegir de acuerdo con las apetencias de cada momento, de nuestra situación personal o simples preferencias. Desgraciadamente, Querido John no cumple ninguna función y se erige como un simple y aburrido fracaso más del cine comercial que intenta empobrecer el ánimo de los adolescentes. ¡Con lo grande que es el amor!

Festival de Cine español de Málaga


Que Málaga sea, a lo largo de buena parte del mes de Abril, sinónimo de cine español no es un lugar común que pueda afirmarse a la ligera. Y es que, efectivamente, la ciudad de la Costa del Sol no sólo alberga el ya por hoy festival de cine español más importante del país, sino que lo vive, lo siente como una prolongación del devenir cotidiano en sus calles y plazas. Se trata de un Festival que ha echado raíces profundas y que implica a buena parte de su población, entusiasmada por ser el centro, durante una semana, de todas las miradas del mundo del cine. Sin duda, su consolidación como referencia nacional es un premio merecido por el empeño y la originalidad de sus propuestas.
El humilde servidor que aquí escribe tuvo la oportunidad de pasear por la multitud de alfombras rojas que engalanan la ciudad, los teatros decorados para la ocasión, los establecimientos que a lo largo de toda Málaga que promocionan su Festival y, fundamentalmente, mezclarse con la gente que acoge con devoción a actores, directores y gentes del cine en general que llegan para promocionar sus películas.
En el terreno más puramente cinematográfico, la edición de este año (la número 13) arrancó con una reducción de las cintas a concurso, tan solo 13, pero con una calidad tendente a repuntar. No olvidemos que el Festival de Málaga se centra principalmente en seleccionar películas de directores noveles, arriesgadas o, al menos, no incluidas en los circuitos donde se mueven los grandes estrenos. Este año sobresalía comercialmente la película de Nacho G. Velilla Que se mueran los feos, una comedia protagonizada por Javier Cámara y Carmen Machi entre otros que ha servido como percha del Festival, al ser una punta de lanza de la promoción del mismo, apoyada, sin duda, por el patronazgo de Antena 3 Televisión.
Pero fueron muchos más las películas a concurso. Muestra de ella fue un palmarés heterogéneo sonde tuvieron cabida propuestas muy diversas. La Biznaga de Oro recaló en Rabia, del director ecuatoriano Sebastián Cordero, que además se alzó con el premio al Mejor Actor de reparto para Alex Brendemuhl, Fotografía y Premio del Jurado Joven. Rabia es una película descarnada que aborda la inmigración en nuestro país pero que viaja más allá y se interna en el thriller psicológico y el suspense, alcanzando un resultado muy aplaudido dentro del Festival. Por otro lado, el Premio Especial del Jurado fue para Bon Appetit, una bonita historia del director novel David Pinillos y protagonizada por Unax Ugalde (que ganó el Premio al Mejor Actor). En la interpretación femenina destacaron Marisa Paredes por su papel en El dios de madera, dirigida por el escritor Vicente Molina Foix, y la debutante Aura Garrido en Planes para Mañana. Finalmente, el Premio del Público fue para Héroes, una tierna historia filmada por Pau Freixas que se llevó gran parte de los aplausos del Festival.
Más allá de la Sección Oficial, Málaga siguió apostando por las arriesgadas propuestas de Zonazine, dedicó sendos homenajes a Rosa María Sarda y a Julio Medem, y presentó en primicia la última y esperada película de este, Habitación en Roma.
Como decíamos al comienzo, Málaga es cine español por su apuesta firme por la promoción de nuevos valores que prometen renovar y hacer progresar nuestra cinematografía. Ya esperamos impacientemente una nueva edición.

Crítica Cinco Minutos de Gloria; Grandes interpretaciones: decente película

7/10

La historia comienza cuando, en plena época de los 70, con el grupo armado irlandés IRA en lucha por la independencia del Reino Unido. Existe una guerra civil entre los partidarios de la permanencia de los británicos en la isla irlandesa y los que amenazan a los católicos, considerados republicanos por un grupo de jóvenes encabezados por Alistair Little. Este grupo, denominado Fuerza Voluntaria del Ulster, irrumpe una noche en un domicilio y asesina a un joven católico. Pero cuando Little sale de la casa, en la calle permanece un niño de unos 12 años con un balón de fútbol en la mano mirándole a los ojos con cara de extremo horror. Han asesinado a su hermano a sangre fría. Años después, con la paz del Ulster firmada y con una paz relativa en el país, Alister Little y Joe Griffin van a encontrarse en un programa de televisión. Mientras uno busca redimirse, otro busca vengar la muerte de su hermano.
Una más que decente película sobre dos personalidades enfrentadas interpretados por un correcto Liam Neeson y una nerviosa recreación de su personaje por parte de James Nesbitt, un actor desconocido de nombre pero muy recordado en papeles secundarios en películas como Match Point, Bloody Sunday o Despertando a Ned. Si esta cinta se hubiese trasladado al teatro, las impresiones serían las mismas. Se suele echar en falta un mayor compromiso por parte del director a la hora de plantear la película. Con un prólogo realmente excelente en el que se nos plantea la historia, la historia va perdiendo fuelle conforme van pasando los minutos. Buena culpa de ello tiene la decisión del guionista de cambiar el nudo del debate entre los dos protagonistas dando un giro a la trama, un giro un tanto desafortunado aunque no desacertado. Podemos disfrutar de dos interpretaciones que nos legan dos psicologías distintas motivadas por unas circunstancias en la vida de cada uno que les han hecho ser lo que son y enfrentarse a sus respectivos problemas de una manera diferente. Por un lado, la actitud confiada y seguro de sí mismo que tiene el personaje de Neeson mientras la débil, frágil e inestable psique del personaje de Nesbitt. Sin embargo, cada uno lleva vidas totalmente contrarias a lo que su actitud desprende. Mientras el hombre confiado y seguro de sí vive solo en un piso pequeño en Belfast, Joe, el más débil de los dos, vive en una urbanización de las afueras en un chalet y con una fantástica familia que no duda en mostrarle su cariño.
No espere usted una película profunda acerca del terrorismo en Irlanda, un tema muy interesante que ya se ha tratado en cintas como Omagh o En el Nombre del Padre. Si decide ver Cinco Minutos de Gloria contemplará una buena historia sobre dos hombres que buscan sus cinco minutos de lucimiento ante las cámaras de televisión de todo el país. Uno para hacerse sentir más fuerte y pedir perdón ante el público a su némesis por haber matado a su hermano y el otro para vengarse de la muerte de un ser querido, una imagen imborrable que se le introdujo en su cabeza a los 12 años y de la que jamás se libró ya que durante años, toda su familia le creyó el auténtico culpable del crimen de su hermano.
Dirigida por Oliver Hirschbiegel, uno de los grandes creadores del cine alemán de los últimos años. Producto de su buen hacer son magistrales cintas como El Hundimiento, donde Bruno Ganz interpretaba de manera sobrecogedora a Adolf Hitler y El Experimento, en la que el gran actor alemán Moritz Bleibtreu se mete en la piel de un hombre cualquiera en un experimento psicológico capaz de llevarte a la locura.

Crítica Un Hombre Soltero; Robo en los Oscar

8/10

Cada año me fío menos de los Oscar. Queda comprobado este año cuando, viendo las cinco interpretaciones de los actores a concurso, me he quedado anonadado al ver como Jeff Bridges se alzaba ganador. Está claro que ha sido una entrega de premios en la cual se ha querido homenajear a un actor con una carrera larga y dilatada como Bridges y no al buen trabajo del año. En mi opinión, el verdadero ganador tendría que haber sido el gran actor británico Colin Firth. Por encima de Clooney, muy bueno en Up in the Air o incluso Morgan Freeman por Invictus, un actor que nació para hacer de Nelson Mandela. Por supuesto, no pienso hablar de Jeremy Renner y su inexpresivo personaje de En Tierra Hostil. Firth construye un personaje fantástico, intrigante, dramático, expresivo y absorbente. Todo ello inmerso en una película dirigida por el modisto Tom Ford, un debutante en cine que ha realizado una de las mejores películas del pasado año 2009. Una cinta sencilla con un ciento por ciento de glamour en todas sus escenas. Yo, que tengo mucha debilidad por los trajes de chaqueta, las camisas impolutas y las corbatas bien anudadas, he sentido que en esta película se me ha querido transmitir una realidad, la de los 50, de otra época en la que el buen vestir, los buenos modales, la educación y la amistad eran los valores imperantes. Ford se ha inspirado, casi con toda seguridad, en la serie Mad Men para realizar el diseño de su película puesto que ahora mismo es la referencia para todo aquel que se atreve a sumergirse en una época en la que la Guerra Fría y la crisis de los misiles de Cuba era la nota política, el incipiente consumo de cigarrillos, los jóvenes con pantalones vaqueros y camisetas blancas imitaban el estilo de James Dean y comenzaba a liberalizarse la sociedad americana.
En esta película, Colin Firth interpreta a un profesor de universidad que roza la cincuentena y que tiene que enfrentarse a la dura realidad que le espera tras la muerte de su compañero sentimental. Tom Ford trata la homosexualidad en una época en la que casi era un tema tabú. George Falconer, el personaje de Firth, comienza a cuestionarse su vida después de Jim (interpretado por Matthew Goode) y si realmente su existencia tiene sentido. Vive la misma rutina cada mañana y siente que le falta algo a su lado. Con solo ver una fotografía, todo un mundo de recuerdos se vienen ante él. Recuerdos que le dominan y le hacen tomar una decisión desesperada en una de las mejores escenas de la película.
El casting lo completan Julianne Moore, una actriz que me cae bastante mal pero a la que hay que reconocerle sus buenos trabajos, el joven modelo español Jon Kortajarena en un más que interesante papel y Nicholas Hoult, el último hombre por el que Falconer intentará sentir algo parecido a lo que sintió por Jim. Su amiga y confidente, Charlotte, interpretada por Julianne Moore, será la persona que le ayude a deshinibirse de su realidad pero también será la que le eche en cara su pasado.
Como conclusión, afirmar mi total reconocimiento a un gran actor que pasa desapercibido para el gran público y que se ha consagrado con un complicado papel. Ganador de la Copa Volpi del Festival de Venecia, nominado al Globo de Oro y al Oscar al mejor actor. Merece la pena acercarse a esta película porque es una de las que trata el buen gusto de una manera exquisita. No sobra ni un solo plano. No falta ni una sola escena. La historia de este profesor está tan bien contada que los 90 minutos de duración se hacen incluso cortos cuando descubres el final de la trama.
Un final que en el fondo, estoy seguro, nadie desea.

Crítica El Secreto de sus Ojos; Pasión argentina

8/10

Movido por las buenas críticas que ha recibido esta película y gracias a la consecución, contra todo pronóstico, de la victoria en los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa decidí ver El Secreto de sus Ojos. Desde que comienza, Juan José Campanella, su director, crea una atmósfera perfecta digna de cualquier película de cine clásico. La combinación de suspense, intriga, drama, tragedia, amor y toda una serie de improperios argentinos hacen de esta cinta una de las delicias que 2009 dejó a su paso. Y es que es inolvidable escuchar a Ricardo Darín pronunciar las palabras "boludo" o "pelotudo" sin que te produzca una sonrisa con ese arte y ese deje argentino que le hace ser lo que es: uno de los actores más grandes sobre el que jamás hemos puesto los ojos.
Precisamente, Ricardo Darín es el protagonista de esta belleza argentina. Interpreta a un abogado jubilado que está tratando de escribir una novela sobre un caso que vivió hace 20 años junto a sus compañeros y enemigos de juzgado. Entre ellos se encuentra el personaje de Soledad Villamil, ganadora de un Goya a la mejor actriz revelación que se le queda un tanto tardío puesto que Villamil lleva ya más de una década trabajando entre nosotros.
Con unas interpretaciones portentosas y dignas de elogio, la película ahonda en los recuerdos de su protagonista acerca de todo lo que puede recabar en su memoria acerca del asesino de una joven de 23 años con un futuro prometedor y una belleza inimitable. Él, jamás dedicado a la literatura, trata de comenzar su novela en muchas ocasiones pero en ninguna de ellas, llega a convencerle del todo.
Campanella, uno de los directores más respetados del cine argentino y mundial, crea una atmósfera que, a los que hemos visto mucho cine negro, nos recuerda a las grandes películas del género. El ambiente que transmiten los cigarrillos, la invasión de hogares ajenos en búsqueda de pistas y pruebas así como todos los elementos característicos de este tipo de cine. También es capaz de contarnos una historia haciendonos retrotraer al pasado sin necesidad del uso de unos flashbacks que dejan al espectador con ganas de volver de una especie de vórtice espacial sin salida y tan de moda en nuestros días. En esta cinta, los decorados, el maquillaje y la recreación magnífica del ambiente de los 70 nos permiten saltar de época en época sin perder el hilo de la trama. El retrato del descarnado paso de la edad y la consecuente evolución de la psicología humana quedan al descubierto en esta magnífica cinta.
Con movimientos de cámara realmente espectaculares donde se combina de manera magistral la cámara fija con la cámara en mano formato documental (véase la espectacular secuencia del estadio de fútbol), Juan José Campanella nos transmite la sensación de estar ante una cruda historia que nos tocará la psique y el corazón.
Con un final tan sorprendente como inesperado, El Secreto de sus Ojos nos recuerda porqué vamos todavía al cine y nos consuela saber que todavía hay gente que cuenta historias y no cae en el uso de las nuevas tecnologías sacrificando una buena historia en favor de unos espectaculares índices de recaudación y acrecentando una cada vez mayor ignorancia entre el público cinematográfico de los últimos tiempos.
Premiada en multitud de certámenes tanto en apartados técnicos como interpretativos, El Secreto de sus Ojos cuenta con un 55% de producción española entre TVE y Canal + España. Encima, tuvo la osadía de ganar en la pasada entrega de los Oscar a la gran favorita y en la que todos teníamos un voto a favor: La Cinta Blanca, película alemana unánimemente aclamada y dirigida por el gran Michael Haneke.
Ahora y viendo El Secreto de sus Ojos me alegro de que los grandes premios del cine hayan sido repartidos entre dos de mis películas predilectas del año.
Ya está en DVD y si tienen oportunidad, acérquense a esta película y disfruten de lo que queda de cine del bueno en este, nuestro planeta Tierra.

Crítica Desde París con Amor; Efectista acción a la francesa

6/10

Desde la primera vez que vi el trailer de esta cinta de acción dirigida por Pierre Morel, algo me decía que tenía que ir a verla. No se si por volver a ver a John Travolta en un papel de acción tras sus malísimas películas realizadas hasta la fecha por este actor al cual las buenas interpretaciones se le cuentan con los dedos de una sola mano. Por el contrario, pensé que la principal razón sería ver a uno de mis actores preferidos: Jonathan Rhys Meyers, un actor irlandés de corte interpretativo muy natural y con grandes dotes de elegancia en la gran pantalla. Visto en Match Point o la serie televisiva de Showtime Los Tudor, Rhys Meyers se ha creado con trabajo y a pulso el ser uno de los actores con más proyección de esta última década.
Pero, a medida que se acercaba la fecha del estreno, cada vez eran más las malas críticas que leía acerca de esta película. Movido por mi curiosidad, mi respeto a los franceses cuando hacen comedias y películas de acción amén de todas estas críticas negativas, decidí ver ese cóctel y decidir por mí mismo qué opinar acerca de esta cinta.
Mi impresión fue más que positiva. Aunque no es la gran película de acción del siglo, sin duda es una obra entretenida y con muy buenas intenciones. Rodada de forma frenética en las calles de París, la torre Eiffel, los suburbios de la capital gala e incluso en medio de una autopista, Desde París con Amor se nos ofrece como un conjunto de elementos que explotan al final de la película como cualquiera de los coches que vemos a lo largo de la cinta. La cámara de Pierre Morel se mueve al ritmo que impone el guión que resulta un tanto mediocre. La película la salva una efectista puesta en escena, explícitamente sencilla, que contiene escenas muy bien rodadas. Hay que recordar que la cinta no tiene un gran presupuesto y aún así, en vez de recurrir a los tremendistas efectos especiales que últimamente pueblan nuestras salas de cine, se decide utilizar el montaje y la edición de secuencias mediante el uso de la cámara lenta, los travellings, la toma de vistas aéreas y demás recursos visuales.
Valorando la parte interpretativa, hay que destacar la alocada interpretación de un John Travolta que tampoco me ha parecido tan rimbombante como me hacían creer. Interpreta a un agente con unos métodos poco ortodoxos a la hora de resolver problemas de seguridad nacional. A mi parecer, es evidente que no le van a dar un Oscar, pero cumple con su trabajo de la mejor manera que sabe (y puede). En su camino se cruza el personaje de Rhys Meyers, un ayudante del embajador americano que, sin quererlo, se ve envuelto en toda una trama de terrorismo procedente de Oriente Medio así como tráfico de drogas, llegando a verse obligado a portar un objeto lleno de un material poco permitido en Francia y que servirá como desencadenante de buena parte de la acción de la película. Juntos, cargarán sus pistolas y se lanzarán a las calles de París a intentar acabar con los malos malísimos en una película de acción que no pasará a la Historia del Cine como una de las mejores. Tampoco haremos una mala inversión en una entrada de cine para pasar una hora y media de disparos, acción, sorpresas y locura por las calles de París.
Es lo que se llama acción "a la francesa".

Películas para dos vidas; La Jauría Humana

Llega mi primera crítica en esta sección que mi compañero, muy acertadamente ha decidido inaugurar para mostrar a todos vosotros, fieles lectores, cuáles son nuestras películas más personales y porqué han marcado nuestra vida.
Ya que aquí abrimos nuestros corazones para transmitir nuestras sensaciones al ver las películas de nuestra vida he decidido comenzar por la que quizás fue la primera que me impresionó cuando la vi por primera vez, a los 16 años y recién llegado a la vida rural.
De la mano de Marlon Brando, mi actor de referencia, el hombre que mejor define el cine (a mi entender, claro está) y todo un símbolo para mí, comencé el visionado de esta cinta como una más del ciclo Brando que comenzó por aquella época. La compré, me gasté el dinero en la edición metálica de la obra porque tenía un buen presentimiento hacia esta cinta de Arthur Penn.
Y sin duda, no me equivoqué.
Con un comienzo digno de las mejores películas de Hitchcock, se nos plantea la vida en un pequeño pueblo de Texas gobernado por un supermagnate del petróleo al que parece que hay que agradecerle todo lo bueno que pase en el lugar. Cada persona lleva su propia vida y se inmiscuye en la de los demás, como buena persona pueblerina. Hay todo tipo de negocios, tiendas y establecimientos. Bares, zapaterías y tiendas de moda donde las mujeres entran a comprar modelitos y a despotricar de su vecina o de su más íntima amiga. Pero la vida del pueblo cambia cuando se conoce la noticia de que un habitante, convicto en una prisión estatal, se ha fugado de la cárcel y se rumorea que se encuentra en las inmediaciones del lugar. En ese momento, su ex-mujer intenta por todos los medios protegerlo a pesar de las objeciones de su padrastro y su novio (hijo primogénito del supermagnate local). Y en todo esto aparece el personaje de Brando, un sheriff serio, honrado y en busca del cumplimiento de la ley por encima de todo. El sheriff Calder se enfrenta diariamente a acusaciones de todo tipo acerca de su "enchufismo" en el puesto de jefe de policía local en base a favores personales con el magnate.
¿Qué es lo que se pretende en esta película? Mostrar la hipocresía de la gente. La sociedad rural en la que se desarrolla la cinta es perfectamente extrapolable a cualquier sociedad, rural o urbana. Y es que nadie es dueño más que de su vida. Es muy incómodo llegar a un sitio en el que nadie te conoce, especialmente un pueblo, y sentirte encerrado mientras te interrogan constantemente sobre ti, tu vida, tus apetencias y tus deseos. Pero la cosa no acaba ahí. La gente interesada indaga como el mejor Sherlock Holmes hasta encontrar tus puntos flacos, tus debilidades. Y cuando crees que puedes confiar en una persona, descubres de la noche a la mañana que se trata de una cortina, que nada es lo que parece y que la falsedad así como la hipocresía están a la orden del día.
Mi experiencia personal me llevó a identificarme con el sheriff Calder. Mi vida tomó un cambio de rumbo radical cuando marché de Madrid para ir a parar a un pueblo perdido en el sur de la más profunda Extremadura donde intentar coger una línea de autobús para moverte a cualquier ciudad es una auténtica odisea. Allí, prácticamente incomunicados, se desarrolló mi vida durante dos eternos años. Yo, al igual que el personaje de Brando, era interrogado constantemente sobre mi pasado, mi vida y demás datos que no incumben a nadie. Afortunadamente, y por caprichos del destino, no terminé igual que el sheriff Calder pero poco me faltó.
La Jauría Humana es un retrato descarnado de la vida rural americana. Yo, que soy un cinéfilo bastante americanizado, tengo por cabecera esta película que tantas veces he visto y tantas veces veré. Siempre me recordará una etapa de mi vida digna de olvido. Es evidente que las costumbres pueblerinas de Texas no son las mismas que las de un pueblo de Extremadura. Pero como el cine lo que precisamente pretende es transmitir sensaciones e identificarte con la historia que te están contando, el objetivo está más que plenamente cumplido.
A usted, querido lector, le animo a ver esta película. Todas y cada una de las interpretaciones merecen ser citadas. Tanto Robert Redford, en una de sus primeras películas, Jane Fonda, James Fox, Robert Duvall y Angie Dickinson hacen interpretaciones realmente verdaderas y dotan a sus personajes de una realidad pasmosa que a mí me impresionó. Y como olvidar a Marlon Brando y una de las escenas más sobrecogedoras de toda su filmografía. Un actor que siempre vendrá conmigo allá donde vaya y al cual siempre recordaré como base y pilar fundamental de mi pasión desmedida por el Séptimo Arte.
La Jauría Humana. Incomprendida en su época. Olvidada en nuestros días. Una verdadera pena. Es por esto que insto a todo aquel que me lea a que vea esta película y se siente a disfrutar de dos horas de gran cine. No le dejará indiferente y estoy muy seguro que se verá identificado con alguno de los protagonistas.
Hágame caso, merece la pena.

Crítica Alicia en el País de las Maravillas; Ni Fú, Ni Fá

6/10

Cada día que pasa me doy cuenta de cuanto le gusta hacer el payaso a Johnny Depp en las últimas producciones que hace. Sin embargo, aunque cada día se parezca más a Jim Carrey por su exacerbado histrionismo, gusta disfrutar del que, al fin y al cabo, es uno de los mejores actores que han pasado en estas dos décadas por la gran pantalla.
Sin embargo, Alicia en el País de las Maravillas, la nueva película de Tim Burton no es gran cosa. Se basa en las maravillosas interpretaciones de Depp, Helena Bonham Carter y la inocente Mia Wasikowska. Cada uno en su línea pasándoselo bien y haciendo porque el espectador no sufra en la hora y cuarenta minutos de duración de esta película.
El director, Tim Burton, hace una onírica y gótica interpretación de los dos libros de Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del Espejo. Muy en su línea, el director de cintas como Batman, Mars Attacks, Big Fish o El Planeta de los Simios convierte a Alicia en una chica de 19 años a la que piden en matrimonio y decide huir por el bosque siguiendo a un conejo blanco. Es entonces cuando cae por un pozo y comienza su aventura a lo largo de un universo en el que la Reina Roja (más que aceptable interpretación de Helena Bonham Carter) le ha arrebatado el trono a la Reina Blanca (interpretada por una Anne Hathaway que rechazó el papel de Alicia para poder interpretar a la némesis de la Reina Roja).
Lo que jamás entenderé serán las risas en los cines cuando menos gracia tiene lo que estamos viendo. Mientras veía la cinta de Burton recordé la última vez que fui al cine, hace una semana, a ver la nueva de Polanski. De repente, un hombre dio una sonora carcajada cuando McGregor encontró un pen-drive. Pues en esta ocasión, cuatro amigos se estuvieron partiendo de risa cada vez que Anne Hathaway abría la boca o movía algún brazo. Insoportable.
Críticas aparte, la película merece un punto a favor por sus increíbles efectos especiales conseguidos a base del trabajo en una pantalla Croma-Key. Todos los actores se complementan a la perfección rodeados de efectos informáticos. Hubo muchas protestas por parte del equipo de James Cameron, los cuales pasaron 12 años para realizar Avatar y ahora, gracias a un programa informático, se puede convertir cualquier película rodada en 2-D, al formato de las tres dimensiones que tanto tirón está teniendo.
Para concluir, acerquense a ver Alicia en el País de las Maravillas si quieren disfrutar de unas interpretaciones divertidas de Depp, Bonham Carter y Hathaway. Si esperan una fiel adaptación de la novela de Carroll, quedense en casa y disfruten de la versión de Disney realizada en dibujos animados en 1951.

Películas para dos vidas; Forrest Gump


Una pluma blanca que, ingrávida, danza al capricho de las corrientes de aire, sin dirección o meta a la que dirigirse, que sólo vive momentáneamente en la frágil levedad de un espacio infinito, hostil y profundamente tentador; es la obertura de una obra de orquesta, magistralmente interpretada y dirigida, en la que, como la pluma, las situaciones se desarrollan caprichosamente, como producto del azaroso destino, en episodios tiernos, hilarantes e incluso mágicos. Curiosamente, es esa misma pluma la que pone el punto y final a la sinfonía, como recordándonos que todo lo que ha vivido nuestro peculiar héroe ha sido causa y resultado de una instancia superior que dirige arbitrariamente sus pasos, o bien a un cúmulo de casualidades yuxtapuestas engarzadas por el ímpetu del protagonista. Sea como fuere, la historia que aquí se nos presenta nos traslada a un mundo improbable de fantasía recubierto de una profunda pátina de realismo que únicamente puede ser relacionado con la vida misma. La vida como confluencia de caminos, como generadora de magia, como forjadora de relaciones incorruptibles, como condición del amor. Forrest Gump es una historia de amor, de amor a la vida y a todo lo que ella conlleva.
Posiblemente sea ese amor que desprende en cada fotograma, en cada frase, en cada nota musical, lo que hace a esta película grande. Una película que tiene como protagonista a un hombre que vence sus propias limitaciones convirtiéndose en héroe de guerra, empresario de éxito, deportista de élite o figura mediática, pero al que se le resiste el amor que, desde la más tierna edad, se le descubrió para rescatarlo de la soledad del incomprendido social. Ese amor es una constante en su vida, una nota que se repite periódicamente, que reaparece y desaparece bruscamente a golpe de azar y que, una vez tras otra, le va calando con mayor fuerza propiciando su desarrollo como hombre, un hombre si bien incompleto pues, desgraciada o afortunadamente, ya ha descubierto lo que significa amar.
La figura de madre protectora es fundamental en el devenir de nuestro personaje, pues es, al fin y al cabo, quien lo introduce en un mundo hostil con armas para defenderse y un gran corazón para conquistar a aquellos que quieran ver más allá de las apariencias. A partir de ahí, Forrest camina (o más bien corre) con la seguridad del que se sabe bien la lección y la ingenuidad del niño que al final dejará de ser obligado por las circunstancias. Su vida se constituye como un catálogo de experiencias extrañas aunque emocionantes en las que jamás dejará de ser él mismo, a pesar de que muchos intenten socavar el mundo paralelo en el que discurre. Se empeñan en decir que se trata de un chico subnormal cuando, a través de sus actos, no hace más que reivindicarse como un maestro.
Forrest Gump es una historia de vida elevadora, tierna, maravillosa. Como espectadores, disfrutamos de las andanzas de Forrest, de todas las etapas por las que transcurre su vida a golpe de suerte o destino, las situaciones cómicas en las que se ve envuelto, así como en las dramáticas que de igual modo sufre.
Además de ello, Forrest Gump es también historia. Historia de un país grande y poderoso que, sin embargo, cuenta en su haber con demasiados episodios trágicos que han marcado a generaciones de ciudadanos, ya sea través de la Guerra de Vietnam, el asesinato de los Kennedy o el caso Watergate. Aquí, la inteligencia con la que se ha insertado a Forrest en el devenir de los hechos, incluso como protagonista de los mismos con técnicas tan novedosas como la mezcla de imágenes antiguas y actuales, supone un nuevo aliciente y una lectura complementaria de la película a modo de crónica de una época convulsa en un país que se erigía como amo del mundo.
Por último, la crítica de esta película quedaría francamente incompleta si se obviara la interpretación magistral que Tom Hanks hizo de su personaje, calzándolo como una segunda piel, haciendo suyos sus movimientos, gestos y diálogos; creando, al fin, una persona tangible, poderosamente cercana, con taras y tics que llegan a olvidarse por la calidez que transmite en la pantalla. Hanks jamás ha llegado al nivel de perfección del que hizo gala en Forrest Gump, pues es en la esencia del personaje donde se encuentra ese brillo especial que refulge en la piel del actor. Desgraciadamente, Hanks continúa con una clara tendencia dramática en la elección de sus personajes, dejando a un lado su apreciable vis cómica que conjugó a la perfección en Forrest Gump y que le llevó a ganar su primer Oscar con todo merecimiento. Además, su personaje estaba apoyado por grandes actores como Sally Field en el papel de madre, Robin Wrigth Penn en el de la huidiza Jenny o Gary Sinise como el inolvidable teniente Dann, un personaje traumatizado por la guerra que se debate entre las más bajas pasiones y que finalmente es salvado por segunda vez por Forrest (desafortunadamente para Sinise, en esa edición de los Oscar se encontraba una peso pesado como Martin Landau, quien triunfó gracias a su interpretación en Ed Wood).
Todos ellos fueron dirigidos por un director de incuestionable imaginación (aunque con derivas extrañas en su carrera) que tocó el cielo gracias a esta película (no en vano logró el único Oscar de su carrera) por méritos propios, basándose en el guión que Eric Roth tomó de la novela homónima de Winston Groom. Alan Silvestri acompañó musicalmente a las imágenes, ya fuese por piezas de composición propia o por canciones inolvidables de la época y Don Burguess firmó la fotografía de forma impecable.
Forrest Gump es una de las películas de mi vida por varias razones, algunas expuestas ya a lo largo de esta crítica; se trata de una cinta que emociona, entretiene y conmueve a través de un personaje que llega directamente al corazón, con situaciones emocionantes, algunas disparatadas, que contagian unas ganas irrefrenables de vivir, de soñar, de correr. Jamás podré olvidar esa primera carrera con metales saltando a cámara lenta o aquella por la que salvó a cinco compañeros en Vietnam, o por la que, con barba de varias semanas, fue el centro de todos los medios de comunicación. La gran hazaña de Forrest Gump es que perdura en el tiempo, frases que asaltan tu memoria, imágenes que ya pertenecen a tu propia vida; es una película-experiencia que siempre irá en el corazón de este cinéfilo.

Nueva Sección; Películas para dos vidas


A tenor de la decadente tendencia de la cartelera de nuestros cines que, como buena costumbre, cae en un tedio galopante una vez han pasado los primeros meses del año, desde El Cine que vivimos peligrosamente lanzamos una nueva sección que promete convertirse en uno de los referentes de este blog. Desde este momento, los dos críticos del mismo reseñarán algunas de sus películas favoritas, las de siempre, las que permanecen grabadas en nuestras mentes aun cuando el tiempo transcurre y nuevas historias se yuxtaponen a las antiguas. No tienen por qué ser películas aclamadas por la crítica o los galardones, son simplemente historias que nos han emocionado, entretenido o hecho reflexionar en algún momento de nuestras vidas, integrándose en la propia esencia de nuestro devenir. Cintas dispares como Ladrón de Bicicletas, La jauría humana, La noche de la iguana, Moulin Rouge, Lost in traslation, La huella o Forrest Gump, con la que arrancaremos la sección. Desde nuestro blog, esperamos sinceramente que nuestro trabajo sea un placer para aquellos que nos leen y nuestras reflexiones una ayuda para comprender, aunque sea mínimamente, el mundo cinematográfico que nos hace soñar.

Crítica 2001: Una Odisea del Espacio; Pura poesía a la evolución del hombre

9/10

"La película de ciencia ficción más espectacular jamás realizada". Así recogía la revista norteamericana Entertainment Weekly las impresiones más favorables que se desprendieron tras el estreno de esta cinta de Stanley Kubrick en 1968. Una película que trata de manera magistral la evolución del hombre desde que era un primate hasta que da el salto al espacio para investigar la vida más allá del planeta Tierra.
Con una obertura de unos cuatro minutos de duración en la que escuchamos una pieza clásica que forma parte de la maravillosa banda sonora en la que se incluyen obras de Richard Strauss (Así Habló Zaratustra), Johann Strauss (El Danubio Azul) o Gyorgy Lygeti (Atmospheres). Tras la obertura, se abre ante nosotros un paisaje espacial en el que vemos una estrella y un planeta que están dispuestos como un eclipse perfecto. Esta entrada sirve de presentación para la película, el director y la productora.
Hasta los 10 minutos aproximadamente, la película no comienza a tomar cuerpo. Sin duda, un espectador que vea esta película de primeras y sin haber tenido contacto con ninguna forma de explicación, creerá que está delante de una de las mayores tonterías que un director de cine puede rodar. Por esta razón y para no minusvalorar tamaña obra maestra, predicaré con el ejemplo.
La primera parte de la película se nos presenta bajo el título "El Amanecer del Hombre". Aparecen una serie de primates en medio de un planeta incierto. Es como si esta escena la hubiese dirigido Franklin J. Schaffner. Pero no. Aquí se nos presenta la que pudo ser la realidad de hace millones de años en la Tierra. Un grupo de seres que convivían entre sí intentando sobrevivir según la naturaleza les dejaba. Sin embargo, una mañana aparece ante ellos una extraña figura que les deja, en un primer momento, atónitos y expectantes. Sienten miedo aunque no les durará demasiado. Su escasa inteligencia no les permite identificar si ese objeto, ese monolito, les causará algún problema o no. A medida que avanzan las secuencias descubrimos como el futuro "hombre" va tomando conciencia de que puede interactuar con los objetos que va encontrando. De hecho, un hueso le sirve de base para conocer que puede romper otros objetos, que puede cazar y que puede tomar el mando de la comunidad donde habita y dominar a sus congéneres. Con este prólogo y con la imitadísima escena del primate arrojando el hueso al cielo termina la primera parte de la cinta.
Ese hueso se convierte en una nave espacial que sirve para explicarnos la elipsis que Kubrick ha querido imponer a la película. Nos ahorramos todos los miles de años que han pasado desde que el primer hombre tiene conciencia de lo que tiene alrededor hasta que tiene conciencia de que fuera de su planeta puede también intervenir. La era planetaria y espacial sirve para introducirnos a la segunda parte de la cinta. Si nos damos cuenta, es la elipsis más larga de la Historia del Cine ya que abarca un periodo de unos 4 millones de años. En esta parte de la película, tiene lugar una de las escenas más bellas de la Cinematografía mundial: la coreografía de naves espaciales mientras suena de fondo "El Danubio Azul". El protagonista de esta sección de la película, el Dr. Floyd, viaja a través del espacio en una nave hasta una estación donde mantendrá conversaciones con científicos de la URSS, algo más que relevante puesto que es una época donde la Guerra Fría está a la orden del día. Kubrick propone que la carrera espacial fue, es y será cosa de las dos potencias. El descubrimiento de un monolito sirve de hilo conductor para la investigación del Dr. Floyd. Y es que queda claro que esa extraña figura, oculta en un cráter de la Luna, ha sido enterrado con premeditación. Queda evidentemente reflejada la hipótesis de la vida inteligente fuera de la Tierra.
El resto de la cinta no deja de ser la revelación de que una máquina puede llegar a pensar por sí misma y a tener "vida" propia. Y si no, que se lo pregunten al personaje de Keir Dullea, con el que asistiremos a un viaje psicodélico por un más allá incierto y que le lleva a la resurrección como único ser perfecto y redimido de todos sus males, los males que ha llevado el hombre desde que nació por primera vez.
Si tengo que rescatar alguna escena memorable, sin duda ninguna, será la muerte de HAL-9000. Uno de los asesinatos más cruentos que ha visto la pantalla. El hombre mata a la máquina. Por fin, un futuro libre de "pensamientos artificiales". ¿A dónde llegaremos?

Crítica The Lovely Bones; Onírico relato del Más Allá

7/10

Partiendo de la saludable condición de mi desconocimiento profundo de la obra literaria que sirve como raíz a la película de Peter Jackson, Lovely Bones se ha abierto ante mí como una estimulante flor que se desnuda, pétalo a pétalo, de su naturaleza dual; la del descarnado relato de una familia rota por la muerte de su hija, y la del Más Allá de fantasía que se abre ante la víctima como un tentador camino a la eternidad que, sin embargo, no será completo hasta que su familia conozca la verdad de lo sucedido.

El hecho de no haber leído las páginas del best-seller de Alice Sebold, Desde mi cielo, no es algo circunstancial. Es un debate explotado hasta la extenuación la idoneidad de las adaptaciones cinematográficas a partir de obras literarias, con argumentos a favor y en contra de la misma aunque sin una idea clara del factor clave; ambos son medios diferentes con recursos y lenguajes dispares que difícilmente pueden llegar a simultanearse fotograma a fotograma. Así pues, sin valorar el seguimiento escrupuloso del libro en la pantalla, se percibe una cierta sensación a libertad contemplativa que nos lleva al disfrute de buen cine, pues, al fin y al cabo es lo que esperamos.

Y, efectivamente, se trata de buen cine. Peter Jackson no nos defrauda y ofrece al espectador una compleja historia en la que se mezclan, con enorme talento, una gran diversidad de géneros que matizan, ahondan o rebajan, según convenga, las fuertes emociones que le trama destapa y desarrolla a lo largo de la película. El asesinato de una joven vital y resplandeciente a manos de un retorcido asesino con apariencia de anodino vecino de al lado bien podría haberse convertido en un drama antológico sobre la lucha de unos padres desesperados por conocer la verdad, y esa sin duda es una de las vertientes que explota Lovely Bones, sin embargo Jackson va más allá y complementa la historia con fantasía, intriga e incluso humor (para ello aparece, aunque parezca realmente paradójico, Susan Sarandon). Todo ello engarzado con un montaje prodigioso y una dirección francamente insuperable. Lovely Bones puede parecer a algunos algo remilgada o sencillamente desvirtuada, no obstante, lo que no se le puede negar es la pasmosa habilidad de Peter Jackson para engarzar la fantasía con la realidad, combinando planos, voces y lugares de forma continua, como una larga secuencia de dos horas de duración sin cortes aparentes.

Jackson ya demostró en la saga de El Señor de los Anillos (curiosamente, y en referencia a lo que mencionábamos anteriormente, una de los mejores ejemplos de adaptación cinematográfica exitosa en la historia del cine) el genial equipo que formaba junto a su mujer, Fran Walsh, y Philippa Boyens, en sus tareas como guionistas, y en Lovely Bones repiten éxito. Más allá de algunas escenas innecesarias y excesivamente oníricas (las cuales no desvelaremos por respeto a nuestros lectores) que rompen con la dinámica de la trama, la película funciona bien, atrae nuestra atención, nos emociona y nos conduce hacia donde el autor quiere. Además, cuenta con un elenco de actores de calidad reconocida; Mark Wahlberg (aunque no sea de mis actores-fetiche) como padre de la joven víctima, la siempre deliciosa Rachel Weisz como la madre, Susan Sarandon en el papel de abuela alocada (y algo desubicada dentro de la película), Michael Imperioli (en un importante cambio de registro tras Los Soprano) o Stanley Tucci, quien encarna magistralmente al asesino ebanista, papel que le ha valido sendas nominaciones a Mejor Actor Secundario a los Globos de Oro y los Oscar. Mención aparte merece Saoirse Ronan, una joven actriz que ya despuntó en Expiación y que promete convertirse en estrella gracias a papeles como el que interpreta con gran maestría en Lovely Bones, mostrando su dominio tanto en las escenas más dramáticas como en las que expresa una mayor naturalidad y viveza.

Recomendamos, pues, Lovely Bones a todos los que quieran emocionarse con una historia honda y descarnada aunque filmada con la sensibilidad e inteligencia suficientes para no caer en la depresión más absoluta.