La Cosecha del Año: Lista inconclusa y abiertamente caprichosa de las mejores películas de 2013 según Jesús Benabat

Es inevitable. Cuando el año agoniza, el catálogo de listas y recopilaciones, a cual más extravagante, desborda la capacidad de cualquiera para procesar tanto dato, tanta recomendación, tantos indispensables. Pero en el fondo hay que reconocerlo: estamos enganchados a esa herramienta ordenadora del caos que clasifica en ránkings y puestos de honor aquello que, subjetivamente, consideramos lo más relevante de los últimos doce meses en el mundo del cine. Así pues, como cada año, me sumo a este arbitrario ritual retrospectivo y os dejo las películas que, dede el 1 de enero de 2013 y hasta hoy,  me han emocionado de alguna u otra forma. Todo ello partiendo de la premisa que mi vida consiste en algo más que el séptimo arte y tan sólo he visto una muestra representativa de la producción anual. Podrían ser otras, pero el azar y la voluntad han elegido las siguientes:


Amor

Aquí no hay dudas, es mi película del año (y de otros muchos). Haneke somete al espectador a una abrumadora experiencia cinematográfica que zarandea con vehemencia los principios básicos de nuestro pensamiento y la propia percepción de la existencia, arrojándonos a un territorio tan farragoso como el trance de descubrir la naturaleza finita del ser humano. Esto es un cine que, como diría Robertson Davies, arraiga en el hueso y aflora en la carne. Las interpretaciones de Trintrignant y Riva están fuera de todo análisis. Tanto, que aún las tengo grabadas en la memoria.


Django Desencadenado

Cuando un director de cine hace la película que realmente quiere hacer, el resto lo agradecemos. Y si además ese director cuenta con un destacado talento visual y un punto de locura, incluso se disfruta. Tarantino no es ningún intelectual llamado a sentar cátedra sobre el pasado menos lustroso de los Estados Unidos, pero su grotesca visión de la esclavitud funciona como panfleto populista de tintes justicieros, una revancha cinéfila sobre la historia que muchos han pretendido obviar durante décadas. Si bien los diálogos y la creación de atmósferas no alcanza el nivel de Malditos Bastardos (otra bofetada vengativa, esta vez contra el nazismo), personajes como los interpretados por Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio o Samuel L.Jackson, bien valen un puesto en la lista de lo mejor de 2013.



Antes del Anochecer

El trío formado por Ricard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke han logrado lo más difícil; nos han contado una historia de amor en tres actos sin caer en ninguno de los clichés habituales del cine en lo que a relaciones románticas se refiere. Desde la pasión juvenil de dos desco
nocidos varados en Viena, hasta el melancólico retrato de una pareja madura 18 años después. Todo respira autenticidad en una película de diálogos forjada en la compenetración de los actores, que se aman, discuten y ríen como si no existiese cámara de testigo. Más que ficción, esta trilogía es un manual sobre los efectos embriagadores del amor en el ser humano.


Mud

Hay algo en esta película que fascina de un modo natural, primitivo, sin alardes estéticos ni diálogos trascendentales. Puede que la clave esté en el retrato sin pretensiones que Jeff Nichols realiza sobre la pérdida de la inocencia de un chico que aún cree que el amor y la amistad se rigen por las leyes de la voluntad personal. Los ecos del universo literario de Mark Twain son evidentes, más aún en ese escenario de tonos ocres suspendido en el tiempo donde se desarrolla una trama de venganzas perpetuas y romances cegadores.



La gran familia española

No es su mejor película, pero Daniel Sánchez Arévalo tiene una habilidad especial para dejarnos con buen sabor de boca. Parte de culpa la tiene el ingenio mostrado para cerrar la historia en una catarsis emocional donde los ejes narrativos de una colección de entrañables personajes se alinean armónicamente en torno a un mensaje claro presentado a modo de enseñanza vital. Hace años que aseguré que Arévalo era unos de los directores españoles con más talento. No hace falta que me reafirme, es una realidad a la vista de todos.


Canibal

Al igual que una buena comida, existen películas que se degustan con sosiego, paladeando las texturas y matices, saboreando los diálogos y silencios. Todas las noches, el personaje al que da vida Antonio de la Torre en un ejercicio de contención interpretativa admirable, cena un filete de carne acompañado por una copa de vino, disfrutando el momento, sin estímulos que lo distraigan. Es su ritual diario. De vez en cuando, sale de caza para acumular provisiones. Incluso algunas veces se enamora de sus víctimas y los escrúpulos afloran, la humanidad despierta. Martín Cuenca muestra el proceso con inteligencia, paso a paso, diluido en la rutina. Una película excepcional en su sencillez, todo un festín cinematográfico.

Una cuestion de tiempo

Afrontar el reto de narrar una historia con viajes en el tiempo y salir indemne no es nada fácil. Pero si es Richard Curtis quien está detrás de las cámaras la cosa es más comprensible. Si hace unos años nos dio una lección maestra de cómo realizar una comedia coral navideña (Love Actually) donde todas las piezas encajan a la perfección, en esta ocasión nos regala una entrañable fábula sobre el amor y la familia con una emotiva moraleja final. Algunos dirán que es sensiblera, pero no les escuchen. Tan sólo disfruten de cine comercial bien hecho.



Gravity

Todo un ejercicio de estilo, y además en el espacio. Alfonso Cuarón logra dejarnos sin aliento con el periplo de una astronauta novata a la deriva en un silencioso océano cuajado de estrellas. No obstante, lejos de ser una plácida travesía, Sandra Bullock deberá hacer frente a tormentas de asteroides en bucle si quiere regresar a la Tierra, por muy bella que sea su estampa desde allá arriba. La factura técnica de la película impresiona, e incluso justifica pagar la entrada en 3D.



La Gran Belleza

Ver una película dos veces casi consecutivas es indicio de que hay algo más bajo la superficie formal de las frivolidades y fragilidades de Gep Gambardella. Concretamente ese vacío lacerante de un personaje engullido por la postmodernidad, por ese laissez faire moral que se revela cuando el final está cada vez más cerca, cuando la recreación en la nostalgia de recuerdos esquivos sustituye a la confianza en el futuro, cuando incluso la ciudad que amas se desvela como un escenario de cartón piedra, un cascarón vacío preñado de inconsciencia y veleidad. Junto a este sustrato existencialista, la interpretación de Servillo y el talento visual de Sorrentino hacen el resto.


The Act of Killing

El inventario de atrocidades de la historia de la humanidad, así como sus consecuentes representaciones, puede llegar a ser infinito, sin embargo, en pocas ocasiones ese horror ha sido relatado con tanto convencimiento por sus propios perpetradores. El realizador danés Joshua Oppenheimer mantiene firme la cámara ante algunos de los asesinos más renombrados del régimen indonesio mientras escenifican el modo en que ejecutaban a sus víctimas, como quien exhibe con orgullo los galones de toda una vida dedicada a su patria. Un viaje demoledor al esperpento de un país donde se sigue honrando a los verdugos de millares de personas masacradas con el sadismo propio que acompaña a  todo acto de matar. Anwar Congo es uno de los villanos más terroríficos de la historia del cine. Y es problema es que es real.

Las peliculas que pudieron haber estado

El buen cine de 2013 no se acaba aquí. Con un nivel más que aceptable, un puñado de películas de distintos géneros han destacado de forma notoria entre el resto de propuestas. Es el caso de Blue Jasmine, la película anual de un Woody Allen que parece recuperar cierta pericia tras su desastrosa incursión en Roma y que nos regala la soberbia interpretación de Cate Blanchett como una pija histérica venida a menos. En un registro totalmente antagónico, James Wan nos hizo pasar bastante miedo con Expediente Warren, la enésima película sobre casas encantadas y exhorcismos que consigue lo imposible, que nos siga interesando. Peter Jackson también mantiene el interés en la segunda entrega de la trilogía de El Hobbit con la aparición estelar de Smaug, sin embargo, se cae de la lista por el patinazo en ciertas subtramas y un gusto desmedido por las coreografías digitales. Mucho más terrenal era la historia de ese músico anónimo que resultó ser una estrella al otro lado del mundo sin que él mismo lo supiera; Searching for Sugar Man lo rescató para el resto de los mortales. Otra historia real es la narrada por el belga Joachim Lafosse en Perder la Razón, un sugestivo intento de dotar de humanidad y coherencia al más brutal de los crímenes. Y como este año ha sido el de las películas basadas en hechos reales, cabe hacer mención a 12 años de esclavitud, una película impecable sobre la demoledora historia de Solomon Northup que, contra todo pronóstico, no logró conmocionarme lo esperado quizás porque sobran latigazos y faltan sutilezas. Por el contrario, La Caza de Thomas Vinterberg sí que conseguía que el espectador empatizara con la persecución social de ese ciervo atónito travestido en Mads Mikkelsen, aunque sus pretensiones fueran mucho más humildes. Lincoln, de Steven Spielberg también nos relató con firmeza y academicismo uno de los momentos más trascendentes de la historia norteamericana, y además nos permitió disfrutar de una nueva transmutación del soberbio Daniel Day LewisPor último, la ganadora de la Palma de Oro en Cannes, La vida de Adele, una película hipnótica que se difumina en su segundo capítulo a pesar de la entrega absoluta de Adele Exarchopoulos, posiblemente, la mejor interpretación femenina del año. 

[Crítica] Centro histórico

6,5/10

Aki Kaurismaki, Pedro Costa, Víctor Erice y Manoel de Oliveira nos entregan una obra que rebosa autor por todos los costados de sus fotogramas. Las cuatro historias que vemos en Centro histórico, la última aventura de tan importantes cineastas, contiene elementos característicos de cada uno de ellos y se convierte en joya del cine más recóndito y oculto que podemos ver en la cartelera.
Centro histórico rinde homenaje a Portugal y más concretamente a la ciudad donde se gestó la historia del propio país: Guimaraes. La ciudad se sitúa como epicentro capital para entender la trayectoria del país luso desde 1139, cuando el primer rey, Afonso Henriques, se coronó. Es precisamente el mayor de todos estos cineastas, Manoel de Oliveira, quien se encarga de hacernos un tour turístico muy peculiar que culmina con uno de los chascarrillos más desvergonzados que podamos ver en una sala de cine. Y, sobre todo y más importante, viniendo de quien viene. Un director mayúsculo de 105 años que posee la inteligencia y la capacidad para sorprender y dejar callado a todo un patio de butacas. Sin embargo, tal chiste no debe sonarnos extraño. Al comienzo de su episodio, un travelling sigue una de las murallas de la ciudad para culminar frente a la estatua de Henriques, la cual permanece impasible al paso del tiempo, los viandantes, turistas y cámaras fotográficas.
Sin embargo, antes del pequeño cortometraje de Oliveira, hemos sido testigos de una pieza maestra, otra más, de uno de nuestros cineastas más estudiados y admirados: Víctor Erice. El realizador vizcaíno viaja hasta el corazón industrial de Guimaraes, la fábrica textil de Rio Vizela. Esta factoría fue cerrada en 2002 y con ella fueron cerrándose los capítulos de vidas que demuestran en estas “pruebas para una película en Portugal” su nostalgia por aquellos tiempos mientras, tristemente, nos damos cuenta de que es algo que se encuentra en la primera página de la actualidad. La maquinaria sustituye a la mano de obra humana despersonalizando la industria y creando nuevas familias sin recursos. Una detrás de otra. Desvelar cualquier detalle de este tercer capítulo de la película sería un craso error. Es mejor dejarse llevar, como siempre hemos hecho, por la buena mano de Víctor Erice.
El finlandés Aki Kaurismaki nos entrega otro de sus mejores trabajos. Cabe preguntarse si el realizador de Le Havre o La vida de bohemia tiene alguna película inferior o, simplemente, que podamos catalogar como menor. Sus quince minutos en Centro histórico no demuestran interés alguno por incluir ni una sola línea de diálogo hablado. Somos testigos de una cómica existencia. Tan cómica que finalmente resulta tan triste como la soledad de la vida cotidiana. Con la simple utilización de unos pequeños gestos, Kaurismaki nos devuelve a su universo cromático, esta vez situado en las calles de Guimaraes.
Pedro Costa, maestro del cine experimental teje una compleja pieza para exorcizar los demonios de la memoria. Ventura recrea la historia de Portugal en un ascensor y con la única compañía de un soldado inmóvil, armado y silente. Por su cabeza, pasan los mayores horrores de su vida, de su país y de su familia. Es extraño este pasaje de Costa pero igual de estimulante que los de sus compañeros. No es raro que Centro histórico sea la primera película de Pedro Costa que se exhibirá en salas comerciales.

[Crítica] Sobran las palabras

6,5/10

James Gandolfini a escena. Nos hallamos ante la última película que rodó aquel astro de la televisión que nos embaucó con su Tony Soprano y contribuyó a cambiar una forma de ver la pequeña pantalla alejada de sus clásicos convencionalismos. El pasado 19 de junio su estrella se apagó dejándonos una innumerable lista de apariciones en el cine y la televisión por las que ser largamente recordado.
Su última cinta, Sobran las palabras, le coloca en un simpático papel de hombre maduro, enamoradizo, lo mejor de una cinta que se coloca como una de las típicas comedias indie norteamericanas que presupuesta Fox Searchlight cada año. Semanas atrás, El camino de vuelta supuso un nuevo hálito de espíritu independiente entre tanto blockbuster y récord de taquilla.
Sobran las palabras, escrita y dirigida por Nicole Holofcener (Sexo en Nueva York, A dos metros bajo tierra, Iluminada), es todo lo que una comedia de este estilo puede llegar a ser. Discreta, concisa, con buenas interpretaciones, sin pretensiones de ningún tipo y con actores de la casa. En esta ocasión es Toni Collette la que trabaja, por enésima vez, con la factoría menos comercial de Fox. 
La película transita por el siempre complicado dilema de la inmadurez y como la vemos desde diferentes prismas. Nosotros mismos al enfrentarnos a nuestros semejantes y los que tenemos alrededor a la hora de vernos en su propia perspectiva. Tan incisiva como superficial, Sobran las palabras nos ofrece otra lección sobre el amor en la edad adulta. Y sorprende una película así en una situación global en la que tendemos a fijarnos más en lo que le sucede a los jóvenes y sus teléfonos móviles así como las nuevas formas de encontrar pareja vía internet y fríos medios telemáticos. Aquí recuperamos las sensaciones de las primeras citas, de conocer a alguien en primera persona e ir navegando poco a poco, descubriendo a esa otra persona a quien has escogido para compartir grandes momentos de tu vida. 
Sobran las palabras no es vacía, es estimulante y llena de sentimiento. Se convertirá en carne de mitómanos al ser la última cinta, tristemente, que veremos de aquel animal de la pantalla llamado James Gandolfini. Pero también es una de las mejores interpretaciones de Julia-Louis Dreyfus, en quien recae el peso de la trama. Con un gran elenco de secundarios, la cinta está llamada a ser disfrutada sobremanera por quien decida acudir al cine, en su versión original, para dejarse sorprender.

[Crítica] El consejero

6/10

Ridley Scott es uno de esos realizadores respetados, admirados y odiados a partes iguales con una filmografía tan irregular que da para largos y profundos estudios. Los signos de autoría en las películas de Ridley Scott son escasos pero su capacidad para contar historias es, cuanto menos, digna de mención. En su haber se cuentan algunas de las obras maestras del cine contemporáneo, léase Alien: El octavo pasajero o Blade Runner así como cintas de una calidad tan alabada como Thelma & Louise, Gladiator o American Gangster.
Por otro lado, al nombre de Ridley Scott le unimos el del escritor Cormac McCarthy, rey de la literatura “sureña” contemporánea y uno de los dramaturgos más respetados de su tiempo. En su descanso entre una novela y la siguiente, decidió emprender la aventura de escribir un guión cinematográfico, que acabó siendo esta película que nos ocupa. McCarthy ha sido adaptado al cine en otras tres ocasiones (Todos los caballos bellos, No es país para viejos, La carretera) por lo que ya tiene experiencia en ver sus novelas llevadas a la gran pantalla, siendo ésta la que le afecta en primera persona.
El consejero está impregnada de todos los códigos literarios que abundan en la prolífica obra de McCarthy. Hay frialdad, sobredosis de violencia, un cierto revisionismo del western, conflictos metafronterizos, donde las barreras físicas se eliminan dejando a los personajes enmarcados en un lugar y un tiempo determinados pero con un destino abierto, libre (véase el tratamiento que Ethan & Joel Coen realizan de No es país para viejos en la película homónima). En estos términos aparece un abanico de personajes que se caracterizan todos por dominar el espacio, amplio y abierto, en el que transcurre su cotidianeidad. El reparto de El consejero, hábilmente liderado por el siempre eficaz Michael Fassbender, encuentra un reto muy complejo al que obedecer. Y es que McCarthy, el único hasta ahora que lo ha conseguido, ha sacado todo el partido posible a una actriz muy escondida en cierto tipo de papeles. Le ha escrito el mejor personaje de su carrera a una Cameron Díaz que resulta lo mejor y más complejo de todo el metraje.
Apoyado en Díaz, cuya escena de sexo salvaje a lomos de un Ferrari representa lo mejor y lo peor de su personaje, aparece un Javier Bardem muy dependiente de los demás compañeros de reparto y con la ya estridente caracterización capilar de costumbre. No es de extrañar que la cinta donde Bardem pide que le tomemos más en serio sea la última aventura de Terrence Malick, To The Wonder. Brad Pitt se limita a conseguir que nos creamos su papel, víctima de sus propias decisiones. Penélope Cruz está discreta, a la sombra de Fassbender pero con un elemento circundante a su alrededor que motiva buena parte de la trama.
McCarthy sabe lo que quiere contar. Y Ridley Scott le ayuda como puede. El consejero requiere de la máxima atención a cada palabra que se está contando. Todo es importante, nada se cuenta de forma baladí. Cualquier línea que no se siga es un elemento perdido para la continuidad de una trama tan compleja como actual. El tráfico de humanos, el mercado de la droga, las adicciones o algo tan simple como verse en el lugar equivocado en el momento menos acertado es lo que plantea una película estimulante pero no apasionante. El consejero se deja ver. Y agradeceremos, si nos espolea el universo McCarthy, dos horas de una cinta tan extraña como recomendable.

[Crítica] 12 años de esclavitud

10/10

McQueen lo ha vuelto a hacer. 12 años de esclavitud confirma que nos encontramos ante uno de los cineastas más importantes, relevantes y contundentes que ha dado el cine contemporáneo. Su maestría detrás de la cámara no es comparable con ningún fenómeno reciente. Nadie se introduce de manera tan determinante en el espectador dejando un poso de dolor, de crueldad, de reflexión. Nadie sabe innovar construyendo universos tan infernales como los del realizador británico.
Tres son los largometrajes que, hasta la fecha, ha dirigido Steve McQueen. Cada una de ellas contiene secuencias que no envidian a ninguno de los grandes maestros del Séptimo Arte. McQueen se corona con cada una de ellas y se va superando con cada uno de los retos que se va planteando. Hunger puso sobre la mesa las bases de su cine, fraguado con anterioridad en la fotografía y el videoarte, con una narración larga, fragmentada en algunos casos, interiorista, apartada de los códigos actuales del cine. McQueen rompe con todos los planteamientos estilísticos y, aunque en esta ocasión parece querer haber hecho una obra más universal dejando atrás sus atrevimientos técnicos, se ha lanzado a por una narración arriesgada y sin fisuras. 
El realizador británico nos avergüenza a los espectadores recordándonos que Washington, la ciudad donde se desarrolla parte de la trama, fue edificada sobre una ciénaga. El lugar donde se firmaron todos los derechos y libertades de los estadounidenses no es más que un lodazal que guarda lo peor del ser humano. Las atrocidades y calamidades que en esta película se narran deben ser vistas, contempladas largamente por todos aquellos con lengua viperina, xenófoba, racista. La secuencia de los azotes a una ejemplarmente estoica Lupita Nyong´o refleja la crueldad de una época que puede parecernos lejana pero tan actual como estar leyendo estas líneas en este preciso instante. Y por esos lares transita un Michael Fassbender condenado a ser el representante de toda aquella infamia en un papel con el que consigue que le odiemos y le encumbremos al mismo tiempo.
Ninguna película había hecho remover las conciencias sobre un tema tan controvertido. El cine se ha acercado a lo largo de su historia a los horrores de la esclavitud pero jamás con tanta crudeza como en esta ocasión. Han pasado 98 años desde que David W. Griffith hiciese su particular apología de los movimientos esclavistas y xenófobos de Estados Unidos en aquella, por otro lado, obra de arte titulada El nacimiento de una nación. En este siglo poco se ha aprendido puesto que los errores más graves se han vuelto a cometer una y otra vez. No nos cansamos de ver genocidios, trata de personas, esclavitud, hambre, cinismo e hipocresía. Y en este punto es cuando la gran pantalla a través de los ojos de Chiwetel Ejiofor en cierto plano secuencia nos interroga buscando una explicación que no nos atrevemos a dar. O porque no tenemos y no sabremos nunca qué decir ante tanta barbarie.
12 años de esclavitud es cruel, despiadada, vil, descarnada, valiente, desgarradora. Es, simplemente, la película del año.

[Crítica] El Hobbit: La desolación de Smaug

7/10

Bilbo Bolsón, los enanos, Gandalf y compañía vuelven a las andadas en esta segunda parte de la trilogía que Peter Jackson, ansioso por contar toda la obra de J. R. R. Tolkien en varias entregas, estrena esta semana. La desolación de Smaug mejora, y mucho, a su predecesora. 
El tedio ya no nos invade en esta segunda entrega. Los equipos técnico y artístico reunieron fuerzas para encontrarse en la sala de montaje ante una secuela que debía superar las expectativas generadas por El Hobbit: Un viaje inesperado. Parecía tarea fácil puesto que aquella primera película rezumaba sopor, canciones y aburrimiento por doquier. Sin embargo, Jackson ha sabido sacar provecho de las circunstancias, las críticas y hasta del 3D.
Si disfrutamos hace ya más de diez años del comienzo de la trilogía de El Señor de los Anillos sin el formato tridimensional, la experiencia se nos quiere hacer mucho más enorme al traspasar la pantalla tras los muros de la Ciudad del Valle. Asistimos, como en la primera entrega, a una secuencia impagable entre Martin Freeman y un shakesperiano Smaug con la voz de Benedict Cumberbatch. En Un viaje inesperado, el mismo Freeman ya nos hizo deleitar con su capacidad para enfrentarse en soledad a su personaje con aquel mítico intercambio de lindezas con la criatura Gollum. 
El actor británico, quien en un mes estrenará la tercera temporada de Sherlock, demuestra ser la voz maestra de una trilogía en la que Gandalf aparece en un discreto pero importante segundo plano y los enanos no tienen el carisma de la anterior Comunidad del Anillo. El personaje de Bilbo, por tanto, es el encargado de conducirnos por la senda de la destrucción de Smaug y el retorno de los reyes de aquellas tierras.
Peter Jackson, en un alarde técnico espectacular, traza una de las mejores películas de esta pentalogía cinematográfica de la obra de Tolkien a la espera de la tercera entrega, que si sigue el ritmo creciente, promete ser el cénit del espectáculo. La desolación de Smaug contentará a los amantes de este universo sobremanera. Hasta a aquellos que no tenemos implicación alguna con la obra original nos ha sorprendido y emocionado a partes iguales. 
El Hobbit: La desolación de Smaug es una de las películas más esperadas del año. Y no decepciona en ningún momento. Su ritmo imparable, su banda sonora, su montaje calibrado, sus efectos especiales e incluso, y lo reconozco, buen uso del 3D la convierten en uno de los espectáculos más imperdibles de este 2013. Y es que Hollywood parece que está aprendiendo de sus errores y poniéndose las pilas con las secuelas. Rodar segundas partes ya no es algo gratuito con lo que seguir ganando dinero. Ahora el público exige. Y Jackson responde. 

[Globos de Oro 2014] 12 años de esclavitud y American Hustle lideran la carrera por los Globos de Oro


Mandela y Rush dan la campanada en unas nominaciones a los Globos de Oro muy repartidas pero que cuentan con el liderazgo de American Hustle y 12 años de esclavitud. Las películas de David O. Russell y Steve McQueen cuentan con siete candidaturas que resumimos a continuación. Pocas sorpresas ha habido más allá de la obligatoria inclusión de Mandela en el reparto final de nominaciones así como las recibidas por Rush como Mejor Película en Drama y Mejor Actor de Reparto para Daniel Brühl.
Tom Hanks se queda con una sola candidatura por Capitán Phillips mientras que Joaquin Phoenix, Robert Redford y Oscar Isaac entran en Mejor Actor. Philomena podría volver a encumbrar a Judi Dench y Kate Winslet regresa como Mejor Actriz por su papel en Una vida en tres días, la última película de Jason Reitman. Bradley Cooper y Jennifer Lawrence volverán a competir, esta vez como actores de reparto, por sus papeles en American Hustle, al igual que Christian Bale y Amy Adams. Lo que sí sorprende, y mucho, es la presencia de Julie Delpy por Antes del anochecer en la categoría de Comedia o Musical.
Hayao Miyazaki sale de la categoría de Mejor Película de Animación para colarse entre las candidatas a Mejor Película de Habla No Inglesa junto con La caza, La vida de Adéle, La gran belleza y El pasado. A continuación, os dejamos el listado completo de las nominadas y el enlace a la página oficial de los Golden Globe Awards. Los premios se entregarán el próximo 12 de enero en una ceremonia presentada por Amy Poehler y Tina Fey.

Mejor Película – Drama –
 
12 años de esclavitud
 
Capitán Phillips
 
Gravity
 
Philomena
 
Rush

Mejor Película – Comedia o musical –

American Hustle
 
Her
 
Inside Llewyn Davis
 
Nebraska
 
El lobo de Wall Street

Mejor director

Alfonso Cuarón por Gravity

Paul Greengrass por Capitán Phillips

Steve McQueen por 12 años de esclavitud

David O. Russell por American Hustle

Alexander Payne por Nebraska

Mejor Actor – Drama –

Idris Elba por Mandela: Un largo camino hacia la libertad

Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud

Tom Hanks por Capitán Phillips

Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club

Robert Redford por All Is Lost

Mejor Actor – Comedia o Musical –

Christian Bale por American Hustle

Bruce Dern por Nebraska

Leonardo DiCaprio por El lobo de Wall Street

Oscar Isaac por Inside Llewyn Davis

Joaquin Phoenix por Her

Mejor Actriz – Drama –

Cate Blanchett por Blue Jasmine

Sandra Bullock por Gravity

Judi Dench por Philomena

Emma Thompson por Al encuentro de Mr. Banks

Kate Winslet por Una vida en tres días

Mejor Actriz – Comedia o Musical –

Amy Adams por American Hustle

Julia-Louis Dreyfus por Sobran las palabras

Julie Delpy por Antes del anochecer

Meryl Streep por Agosto

Greta Gerwig por Frances Ha

Mejor Actor de Reparto

Barkhad Abdi por Capitán Phillips

Daniel Brühl por Rush

Bradley Cooper por American Hustle

Michael Fassbender por 12 años de esclavitud

Jared Leto por Dallas Buyers Club

Mejor Actriz de Reparto

Sally Hawkins por Blue Jasmine

Jennifer Lawrence por American Hustle

Lupita Nyong´o por 12 años de esclavitud

Julia Roberts por Agosto

June Squibb por Nebraska

Mejor Guión

John Ridley por 12 años de esclavitud

Eric Warren Singer / David O. Russell por American Hustle

Spike Jonze por Her

Bob Nelson por Nebraska

Steve Coogan / Jeff Pope por Philomena

Mejor Banda Sonora

Hans Zimmer por 12 años de esclavitud

John Williams por La ladrona de libros

Steven Price por Gravity

Alex Heffes por Mandela: Un largo camino hacia la libertad

Alex Ebert por All Is Lost

Mejor Canción

Let It Go” de Frozen

Ordinary Love” de Mandela: Un largo camino hacia la libertad

Atlas” de Los juegos del hambre: En llamas

Please Mr. Kennedy” de Inside Llewyn Davis

Sweeter Than Fiction” de One Chance

Mejor Película Extranjera

La vida de Adéle (Francia)

La gran belleza (Italia)

La caza (Dinamarca)

Cuando el viento sopla (Japón)

El pasado (Francia)

[Screen Actors Guild 2013] 12 años de esclavitud prolonga su dominio


Cuatro son las nominaciones que la última película de Steve McQueen ha cosechado para los Screen Actors Guild, el sindicato del gremio de actores de Estados Unidos. De esta forma, 12 años de esclavitud continúa siendo cabeza de cartel para esta imparable carrera para los Oscars, que se entregarán el próximo 2 de marzo de 2014. 
Como principales puntos de interés del anuncio de estas candidaturas, encontramos el regreso de una cinta que parecía olvidada: El mayordomo, que consigue tres nominaciones (Película, Actor para Forest Whitaker y Actriz de reparto para Oprah Winfrey). Tres candidaturas obtiene también Dallas Buyers Club, con Matthew McConaughey y Jared Leto nominados. Desaparecen de la competición las candidaturas posibles de Fruitvale Station y The Wolf of Wall Street pero entran con fuerza Meryl Streep y Julia Roberts por August: Osage County.
Robert Redford se cae de la categoría de Mejor Actor por All Is Lost y aparece Daniel Brühl como secundario por su reciente papel en Rush. James Gandolfini, por Sobran las palabras, también recibe una candidatura como Mejor Actor de Reparto. Os dejamos a continuación el listado completo de nominaciones a esta 20º edición de los SAG Awards, que se entregarán el próximo sábado 18 de enero.

Mejor Reparto (Película)

 12 años de esclavitud

American Hustle

August: Osage County

Dallas Buyers Club

El mayordomo

Mejor actor principal

Bruce Dern por Nebraska

Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud

Tom Hanks por Capitán Phillips

Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club

Forest Whitaker por El mayordomo

Mejor actriz principal

Cate Blanchett por Blue Jasmine

Sandra Bullock por Gravity

Judi Dench por Philomena

Meryl Streep por August: Osage County

Emma Thompson por Saving Mr. Banks

Mejor actor de reparto

Barkhad Abdi por Capitán Phillips

Daniel Brühl por Rush

Michael Fassbender por 12 años de esclavitud

James Gandofini por Sobran las palabras

Jared Leto por Dallas Buyers Club

Mejor actriz de reparto

Lupita Nyong´ o por 12 años de esclavitud

Jennifer Lawrence por American Hustle

June Squibb por Nebraska

Oprah Winfrey por El mayordomo

Julia Roberts por August: Osage County

[Crítica] La gran belleza

9/10

Paolo Sorrentino regresa con fuerza y lo hace con un homenaje implícito a Federico Fellini, gran poeta del cine italiano y de la capital romana. La gran belleza, con un importantísimo Toni Servillo como protagonista, reúne lo mejor y lo peor de todo aquello que su protagonista califica como “aparato humano”.
Es inevitable no pensar en los pasajes de La Dolce Vita o en la propia referencia más latente de la última del director de Il Divo o Un lugar donde quedarse. Aquella Roma de Fellini sirve como primer punto de referencia para un autor que ha decidido, además de retratar la filosofía humana, contratar como actriz a la mejor de las intérpretes: la ciudad de Roma.
Woody Allen hizo lo propio hace más de 30 años en Manhattan, cuando tomó a la ciudad como parte integrante de su película y la dibujó como uno de los homenajes más preciosistas que se han dado en la gran pantalla. De nuevo aparecía Fellini como principal influencia ya que, su particular visión de la ciudad capitolina, le hizo dar un paso más a la hora de intentar explicar su valiosa y patrimonial filmografía.
Aquí, y sin excavaciones arqueológicas de por medio, Paolo Sorrentino nos introduce de lleno en la maquinaria perversa del ser humano. Siempre solemos identificar la noche como ese momento en el que los más oscuros instintos se dan la mano y afloran para mostrar nuestros verdaderos rostros. Si la ciudad es una protagonista más, Servillo se sirve de ella para extrapolar su propio pasado a un existencialismo tan filosófico como actual.
Él, un periodista y escritor que consiguió el mayor honor de su carrera en su juventud, vive alejado de cualquier realidad cotidiana. Su filosofía, sin embargo, plantea numerosas cuestiones. ¿Qué es realmente la gran belleza? ¿La vida? ¿La muerte? ¿El hedonismo exacerbado? ¿La amistad? Ninguna de esas preguntas es respondida en la película y se plantean de una manera directa, sin ambages. Somos testigos de la desnudez psicológica de todos los personajes. Todos nos identificamos en alguno de esos enmascarados seres humanos que pueblan los horrores de la nocturnidad. Quizás no en la forma, pero indudablemente en el fondo.
Paolo Sorrentino convierte el aparato humano en una experiencia altamente disfrutable. Dos horas y media de metraje que pasan como un suspiro, como si de nuestras propias vidas estuviéramos hablando. Y lo hace de manera exagerada, muy poco barroca. Hay pompa y circunstancia por todos sitios. Nadie parece ser quien dice.
Un sacerdote francés llamado Henri Lacordaire decía que “la verdad se esconde en la inteligencia pero la belleza penetra en el corazón.” Este es el espíritu de una película en la que vemos mucha gente culta, letrada, artistas, gentes de razón. Pero nadie busca realmente lo que su protagonista intenta vislumbrar. Todo es mentira, todo es fachada. La belleza es lo que penetra dentro de nosotros, no lo que vemos desde fuera.

[Independent Spirit Awards 2014] 12 años de esclavitud, gran favorita con siete candidaturas


Los Independent Spirit Awards, premios que reconocen el lado más apartado de la industria de Hollywood, ya han anunciado sus candidaturas para las mejores películas del año en una gala que se celebrará el próximo 1 de marzo de 2014, día siguiente a la entrega de los premios de la Academia.
Siete son las nominaciones con las que parte la gran favorita de la noche, 12 años de esclavitud, de Steve McQueen. Película, Director, Actor o Guión son algunas de las categorías en las que opta a consagrarse tras los Oscars. Los hermanos Coen acumulan un total de 3 nominaciones por su último y esperado trabajo, Inside Llewyn Davis. Nominación a título póstumo para James Gandolfini y su trabajo en Sobran las palabras y gran favoritos en la categoría de Mejor Actriz, Cate Blanchett por Blue Jasmine, así como Michael Fassbender por su imponente papel en 12 años de esclavitud.
Hasta seis candidatos habrá en la categoría de Mejor Actor, quizás la más disputada de la noche. En ella encontramos a Chiwetel Ejiofor, Robert Redford, Bruce Dern, Oscar Isaac o Matthew McConaughey. Y, sin duda, otro de los apartados más llamativos será el que enfrente a las distintas películas de habla no inglesa. La vida de Adéle, La gran belleza o La caza serán buques insignia en esta categoría.

Mejor Película

12 años de esclavitud de Steve McQueen

All Is Lost de J. C. Chandor  

Frances Ha de Noah Baumbach

Inside Llewyn Davis de Ethan & Joel Coen

Nebraska de Alexander Payne

Mejor Director

Shane Carruth por Upstream Colour

J. C. Chandor por All Is Lost

Steve McQueen por 12 años de esclavitud

Jeff Nichols por Mud

Alexander Payne por Nebraska

Mejor Actor

Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud

Bruce Dern por Nebraska

Oscar Isaac por Inside Llewyn Davis

Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club

Robert Redford por All Is Lost

Michael B. Jordan por Fruitvale Station

Mejor Actriz

Cate Blanchett por Blue Jasmine

Julie Delpy por Antes del anochecer

Gaby Hoffmann por Crystal Fairy

Brie Larsson por Short Term 12

Shailene Woodley por The Spectacular Now

Mejor Actor de Reparto

Michael Fassbender por 12 años de esclavitud

Will Forte por Nebraska

James Gandolfini por Sobran las palabras

Jared Leto por Dallas Buyers Club

Keith Stanfield por Short Term 12

Mejor Actriz de Reparto

Melonie Diaz por Fruitvale Station

Sally Hawkins por Blue Jasmine

Lupita Nyong´o por 12 años de esclavitud

Yolonda Ross por Go For Sisters

June Squibb por Nebraska

Mejor Guión

Blue Jasmine

Antes del anochecer

Sobran las palabras

12 años de esclavitud

The Spectacular Now

Mejor Película Extranjera

La vida de Adéle (Francia)

A Touch Of Sin (China)

Gloria (Chile)

La gran belleza (Italia)

La caza (Dinamarca)

Para consultar el resto de categorías, sigue este enlace a la web oficial de los Spirit Awards.

[National Board of Review 2013] Her, de Spike Jonze, es la mejor película del año para los críticos americanos


La National Board of Review, asociación de los críticos norteamericanos, dan la sorpresa y dejan fuera a las grandes favoritas de la temporada. La NBR, cuyos premios se acaban de conocer, ha decidido premiar como la Mejor Película del año a Her, de Spike Jonze, con Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson como protagonistas. Un listado en el que nos encontramos a Adéle Exarchopoulos como Mejor Actriz Revelación por La Vida de Adéle, al legendario Bruce Dern como Mejor Actor por Nebraska, la última aventura de Alexander Payne así como la confirmación del regreso de los hermanos Coen por su guión de Inside Llewyn Davis. A continuación, os dejamos el palmarés completo de la National Board of Review.

Mejor Película: Her

Mejor Director: Spike Jonze por Her

Mejor Actor: Bruce Dern por Nebraska

Mejor Actriz: Emma Thompson por Saving Mr. Banks
 
Mejor Actor de reparto: Will Forte por Nebraska
 
Mejor Actriz de reparto: Octavia Spencer por Fruitvale Station
 
Mejor Actor Revelación: Michael B. Jordan por Fruitvale Station
 
Mejor Actriz Revelación: Adéle Exarchopoulos por La Vida de Adéle
 
Mejor Reparto: Prisioneros
 
Mejor Debut en Dirección: Ryan Coogler por Fruitvale Station
 
Mejor Guión Original: Joel & Ethan Coen por Inside Llewyn Davis
 
Mejor Guión Adaptado: Terence Winter por The Wolf of Wall Street
 
Mejor Fotografía: Bruno DelBonell por Inside Llewyn Davis
 
Mejor Película Documental: Stories We Tell
 
Mejor Película de Animación: The Wind Rises de Hayao Miyazaki

Mejor Película Extranjera: Le Passé de Agshar Farhadi
 
Spotlight Award: Ex-aequo para Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio
 
Premio NRB a la libertad de expresión: Wajda
 
Premio a la innovación cinematográfica: Gravity de Alfonso Cuarón
 
Top 10 del año (por orden alfabético) 
- 12 años de esclavitud
 
- Fruitvale Station
 
- Gravity
 
- Inside Llewyn Davis
 
- El último superviviente
 
- Nebraska
 
- Prisioneros
 
- Saving Mr. Banks
 
- La vida secreta de Walter Mitty
 
- The Wolf of Wall Street
 
Top 5 Mejor Película Extranjera
 
- Beyond The Hills
 
- Gloria
 
- The Grandmaster
 
- A Hijacking
 
- La caza

[Premios EFA 2013] Kechiche, Berger y Sorrentino buscan la gloria en Europa


El próximo sábado, 7 de diciembre, la European Film Academy celebra sus premios anuales en los que ensalza lo mejor del año en el viejo continente. Este 2013 se marcha habiéndonos dejado joyas en cada uno de los países representados en las nominaciones que os presentamos a continuación.
El primer apartado, siempre el más llamativo, nos lleva hasta la Mejor Película Europea. En él encontramos la reciente Palma de Oro de Cannes, la ganadora de los Goya, el regreso de Tornatore y triunfadora en los David Di Donatello, la nueva apuesta del alemán Felix Van Groeningen o la nueva cinta del respetado Paolo Sorrentino.
La Vida de Adéle competirá con dos nominaciones en las categorías de Mejor Película y Mejor Director Europeo para Abdelatif Kechiche. Pese a haber sido uno de los éxitos de autor más sonoros del año, la última película del director de Cous-Cous no acumula tantas candidaturas como se había presupuesto meses atrás. Pablo Berger y su Blancanieves obtienen dos nominaciones (Película, Director Europeo) y un premio honorífico al Mejor Vestuario de Paco Delgado que comparte con el Diseño de Sonido de Paraíso: Fe, de Ulrich Siedl.
La Gran Belleza es la cinta más laureada en lo que a candidaturas se refiere. Además de las de Mejor Película y Director Europeo encontramos una nominación a Toni Servillo como Mejor Actor y al Mejor Guión, compartido entre Sorrentino y Umberto Contarello. La película, nominada a otros tantos galardones de corte internacional, ya posee un premio de la EFA concedido al Mejor Montaje para Cristiano Travaglioli.
Sin salir de Italia, nos detenemos en la figura de Giuseppe Tornatore. Su nombre va relacionado de inmediato con aquella cinta que nos hizo retroceder hacia nuestra juventud cinéfila, Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1987, Cinema Paradiso. Este 2013, el cineasta regresa con un soberbio trabajo técnico que homenajea a ciertos grandes maestros del suspense. La mejor oferta, con Donald Sutherland y Geoffrey Rush, posee dos candidaturas: Mejor Película Europea y Mejor Guión. Por esta misma película, Ennio Morricone ya ha recibido su galardón a la Mejor Banda Sonora.
Otras cintas que se cuelan en las categorías principales son, por ejemplo, Alabama Monroe. Su paso por Tribeca le aseguró un futuro prometedor en el circuito internacional que, hasta el momento, no ha defraudado. Cinco son las candidaturas que acumula la nueva película de Felix Von Groeningen: Mejor Película, Director, Actor, Actriz y Guión Europeo, convirtiéndose en cabeza de cartel y favorita para la gala del sábado 7.
El realizador francés François Ozon también aparece en el listado de candidaturas a los EFA 2013. Su formidable trabajo en la cinta En la casa no ha pasado desapercibido en las categorías principales, aunque sí en la de Mejor Película Europea. Mejor Director, Mejor Actor para Fabrice Luchini y Mejor Guión son las tres nominaciones que atesora este éxito galo. Precisamente Ozon (y Berger, Kechiche, Von Groeningen y Sorrentino) tendrán que vérselas con Jan Troell, el veterano realizador sueco autor de obras como Los emigrantes o El vuelo del águila, ambas con Max Von Sydow, por su última película Dom över död man (La última sentencia).
Jude Law y Keira Knightley están también nominados como Mejor Actor y Actriz Europeos por sus papeles en Anna Karenina de Joe Wright. Knightley tendrá también que compartir nominación con Naomi Watts por su sobrecogedor papel en Lo imposible, única candidatura de la cinta de J. A. Bayona a los premios de la European Film Academy. Otra de las representantes españolas será Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar, presente en la categoría de Mejor Comedia Europea donde competirá con la última, y muy discutida, película de Susanne Bier Amor es todo lo que necesitas.

Puedes consultar el listado completo de nominaciones en el siguiente enlace.

[Crítica] Camille Claudel 1915

6,5/10

Juliette Binoche. Su solo nombre es atractivo primordial para la cinefilia de autor más exigente. La actriz francesa, siempre consciente de sus fortalezas y debilidades como intérprete, vuelve a darnos una lección silenciosa de ejemplaridad, riesgo y profesionalidad. 
En esta ocasión es Bruno Dumont el realizador que la lleva a los más límitrofes rincones de la lógica interpretativa para ofrecernos, en Camille Claudel 1915, un dibujo aproximado de la realidad triste de la escultora y amante de Auguste Rodin. Dumont y Binoche forman un dúo apasionado, él tras la cámara plasmando cada rostro, cada línea, cada espacio de locura. Ella prestándose a ser observada, en medio de la nada, rodeada de aquellos con quien no le correspondía estar. Los caprichos de Paul Claudel, mantener a su hermana en aquel castillo de Montdevergues, constituyen el nexo de unión de la trama principal con la que es el origen de toda circunstancia fílmica en la película. 
Decía Gilbert Chesterton, autor británico, que “loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo menos la razón.” Camille Claudel, vista por Juliette Binoche es una solitaria isla en medio de un mar. Es perfectamente consciente de sus actos, por muy descabezados o ilógicos que parezcan. Es un alma recluida contra su propia voluntad. La crudeza de Claudel radica en su condición de mujer en un mundo controlado por su familia, especialmente un hermano que quiso alejarla de cualquier cosa que le supusiera un dolor de cabeza. Abandonada, sola, arruinada, Bruno Dumont nos dibuja a la Camille Claudel que otro Bruno, Nuytten, no pudo o no supo dibujar en la versión anterior con Isabelle Adjani y Gerard Depardieu. 
Dumont, cabeza visible del cine de autor más exigente de la Francia contemporánea, pasea la cámara entre acantilados, caminos áridos y angostos, representando el futuro incierto de su protagonista. Siempre al límite, sin saber bien dónde pisa, encomendada a su propia suerte y defensa. A ello contribuye una Juliette Binoche en uno de sus más arriesgados trabajos, el de interactuar con enfermos reales durante el rodaje de la película. Camille Claudel 1915 es una representación poética, lírica, pictórica de una época. Los encuadres con los que Dumont representa el descenso personal de su protagonista recuerdan a todos aquellos intentos que los realizadores más cuidadosos con la fotografía han realizado en sus películas durante este medio siglo. Goya o Friedrich son referentes en esta obra del cineasta francés.
La primera impresión tras ver la película puede resultar negativa. No es una cinta para todos los públicos y es necesario enfrentarse al cine de Dumont, largo, complejo, paciente, antes de sentarse ante Camille Claudel 1915. Sin embargo, poder contemplar la secuencia del reencuentro, los dos monólogos de Camille, las lecciones pontificias de Paul Claudel a un sacerdote que encuentra por el camino a Montdevergues o la simple satisfacción de poder ver a una de las actrices más respetadas del cine actual es una experiencia altamente recomendable.

[Crítica] Los juegos del hambre: En llamas

7,5/10

Pocas veces una secuela resulta más estimulante y sofisticada que su predecesora. Los juegos del hambre: En llamas es una de esas películas a las que, con letras mayúsculas, podemos añadir a la lista de secuelas con mayor capacidad de seducción que la progenitora.
Esta segunda parte de la trilogía llevada al cine por Lionsgate sobre las exitosas novelas de Suzanne Collins tiene todo lo que un espectador exigente con la saga podría desear. El error sería prejuiciar a esta saga comparándola con otras de menor calado cultural teniendo unos referentes literarios, políticos y económicos más que latentes. 
El concepto de espectacularidad toma su verdadera forma de la mano de un director, Francis Lawrence, que ha sabido reponer los males que Gary Ross dejó en la primera entrega. Un ritmo lento, pausado, excesivamente tedioso hicieron que el aburrimiento cundiera en la mayor parte de su predecesora. Sin embargo, todo ello ha desaparecido. Ahora estamos ante un Battle Royale cruzado con el mejor espíritu de 1984 y las aventuras de Jumanji. A priori parece una mezcla extraña y poco sofisticada. Sin embargo, al final del visionado lo que queda es una sensación agradable de haber descubierto que más allá del marketing y los target adolescentes se encuentran obras dignas de mención.
En Los juegos del hambre: En llamas, la idea del fascismo como arma peligrosa de todo gobierno queda de manifiesto. Un personaje tan inquietante como es el de Donald Sutherland cobra especial relevancia cuando tiene que volver a enfrentarse a la rebelión iniciada en los distritos y que cuenta con el rostro de Jennifer Lawrence como principal esperanza para su triunfo. La propaganda, la represión, la censura, los ataques indiscriminados a la población son conceptos tristemente de moda en nuestros días. 
Todos y cada uno de los personajes están perfectamente equilibrados. Desde Liam Hemsworth, cuyo papel queda bien definido, hasta los realizados por un enorme Stanley Tucci, Elizabeth Banks o el recién incorporado Philip Seymour Hoffman. Precisamente Tucci, mucho más presente en la primera entrega, vuelve a conservar de manera sobresaliente el rostro más rastrero, inhumano, ruin e indigno de la televisión algo que se le agradece sobremanera. 
Una cuidada fotografía, en tonos muy cálidos que se contraponen con la frialdad con la que los protagonistas deben enfrentarse a su incierto futuro en la hora final de metraje. La espectacular banda sonora de alguien que estuvo siempre ahí y ha vuelto a lo grande, un James Newton Howard al que esperamos ver en los grandes premios del año. 
Es de agradecer que los adolescentes se enganchen a este tipo de sagas que les proporcionan, además de una historia de amor arquetípica, una conciencia de supervivencia, de poder, de gobierno, de compañerismo y de lucha. Pese a su fachada de película comercial, Los juegos del hambre contiene secuencias realmente inquietantes en lo que a comparación con la realidad se refiere. Y para ello echa mano de unos efectos especiales justos y necesarios que no desentonan en ningún momento. 
Los prejuicios con la saga, y tristemente lo digo por experiencia, están infundados. Ver Los juegos del hambre es una de las experiencias más satisfactorias que podremos vivir en el cine de entretenimiento y blockbuster de este fructífero año de cine.

[Crítica] La cabaña en el bosque

6,5/10

La yuxtaposición de estereotipos suele darse fácilmente en las películas de terror o de suspense más que en cualquier otro tipo de cine. La cabaña en el bosque no es una excepción y, aunque pretenda engañar al espectador con sus artificios, no es más que una sucesión de secuencias tomadas de otras obras similares formando un crossover que enganchará y disgustará a partes iguales.
El índice de clichés vertidos por minuto es considerable y, aunque este experimento de Drew Goddard y Joss Whedon no es más que un conjunto de imitaciones de otras películas, la sensación de estar ante una original propuesta es latente. El fenómeno Whedon, guionista de la cinta, le ha llevado a ser considerado cineasta casi de culto por una generación de veneradores de sus trabajos en televisión (Buffy Cazavampiros, Ángel, Firefly o Agentes de S.H.I.E.L.D.) así como de sus escasos largometrajes, léase Los vengadores, Serenity o la esperada Mucho ruido y pocas nueces cuyo estreno en España será el próximo 20 de diciembre.
Este hype mediático alrededor de Whedon es comparable al que vivió hace algunos años otro cineasta encumbrado por la televisión y respetado en el cine: J. J. Abrams. Sin embargo, y pese a las taquillas de todo el mundo, Whedon parece ser más un autor que un director comercial. Y hay posos de cine de autor en La cabaña en el bosque. Whedon juega sus cartas como guionista rindiendo homenaje a las películas que llenaron el género de líneas teóricas (Scream, Posesión infernal o La matanza de Texas) y que hoy tienen un hueco en el imaginario colectivo.
La cabaña en el bosque propone un juego con el espectador en el que la narración se pone de parte del que está tras la pantalla. En todo momento, la sensación de miedo ha sido abandonada en detrimento del suspense. No estamos ante una película de terror al uso sino ante un experimento que bien podría beber incluso de las líneas de Los juegos del hambre (novela de 2008) ante los dos planos narrativos que propone.
El terror pasa a un segundo plano cuando este slasher se convierte en un placentero juego que va desgranando poco a poco los códigos del género y los reconvierte para su propio regocijo interno. Whedon y Goddard han sabido tejer una película desgastada por sus precedentes pero innovadora en su planteamiento. Y para ello han contado, por ejemplo, con la participación de un actor al que estamos poco acostumbrados en este género, un Richard Jenkins que consigue llevarse los aplausos de la función.
Y es que este teatro cinematográfico triunfó en todo festival al que acudió. No es de extrañar puesto que su puesta en escena es, cuanto menos, arriesgada. Hasta hacer un batiburrillo de secuencias clásicas del cine de terror te puede granjear enemigos o muy buenos amigos. Este tipo de ficción tan poco arquetípica, tan libre de convencionalismos es lo que hace falta en estos tiempos de crisis creativa en un Hollywood plegado a sus propias idiosincrasias y altamente autocomplaciente. Muy por encima de la calidad de las propuestas, muchas de ellas como La cabaña en el bosque, verdaderamente loables.

[Crítica] Blue Jasmine

8/10

¿Qué diría Blanche DuBois si contemplase con su mirada distante a Jasmine? ¿Cuál sería la opinión de Vivien Leigh de la última película de Woody Allen? ¿Y la de Elia Kazan o Tennessee Williams? Aunque parezca extraño, lo que escribo no es ninguna tomadura de pelo. Blue Jasmine, la nueva e interesantísima película del genio neoyorquino es una ficticia precuela, si se me permite la licencia, de la inmortal obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo.
Allen, en su amplio acerbo intelectual y de influencias, toma prestados algunos retazos de lo que Blanche DuBois siempre quiso ocultar bajo su antipática apariencia en la obra de Williams y los traslada a la actualidad. Resulta de lo más interesante contemplar esta influencia en el desarrollo de una trama basada en una obra escrita en los años 40 y ambientada en pleno siglo XXI con los cambios de código social y narrativo que ello implica.
Woody Allen vuelve a coronarse como autor después de ocho años, fecha en la que realizó su última obra magna: Match Point, con Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johansson. Blue Jasmine es la síntesis de la rabiosa actualidad financiera, económica, cultura, política y social que nos puede hacer un genio de tamaña capacidad como es Allen. El pilar fundamental de la película se sostiene en un solo nombre. Una actriz, como pocas en la actualidad, capaz de llevarse al extremo a sí misma y crear uno de los papeles femeninos más espectaculares de los últimos años. Hablamos de Cate Blanchett. ¿Tendremos a la nueva musa del neoyorquino?
Y es que en esta suerte de Blanche DuBois de la postmodernidad, Blanchett se erige como absoluto hilo conductor entre el espectador y Woody Allen así como entre el realizador y sus propias influencias. Hablamos siempre de la importancia de Ingmar Bergman en el cine de Allen pero no sabemos hasta qué punto la obra de Williams (Mississippi, 1911 – Nueva York, 1983) ha influido en sus películas y obras de teatro. Los códigos sexuales, la ramificación psicológica de sus personajes, la decadencia de clases, los sentimientos de culpa. Todas ellas son temáticas comunes entre Allen y Williams. Y era el momento pertinente de llevarlas a la gran pantalla.
Jasmine acude, tras una serie de acontecimientos de coherente y denunciable actualidad, a San Francisco para ver a su hermana. Ésta, divorciada, ha comenzado una relación con un hombre rudo, con cierta afición al juego, al alcohol y el barullo callejero. ¿No nos suena de algo esta sinopsis? Allen sabe cómo mostrar sus cartas y, en lugar de narrar una historia de manera lineal, se inventa un montaje abstracto en el que conocemos los acontecimientos previos al hilo narrativo principal en seco, fríamente, al corte.
Si hablamos de Cate Blanchett, lo hacemos sintiendo que ella es el alma mater de la película. No nos podemos imaginar a otra intérprete capaz de representar en apenas 90 minutos de película un papel a la medida de Woody Allen, con sus neuras y patologías, con la complejidad de una Blanche DuBois resucitada en nuestro siglo. Si somos justos, Penélope Cruz se llevó el Oscar por mucho menos. Pero tampoco nos podemos olvidar de un actor renacido de sus propias cenizas. Si Kim Basinger ha ido cayendo poco a poco en el más relativo olvido, Alec Baldwin se encuentra en su segunda juventud. Disfrutando de su tercera colaboración con el cineasta neoyorquino tras Alice y A Roma con amor. Sintiendo de nuevo lo que es hacer cine y triunfando en la televisión gracias a 30 Rock.
Con un guión marca de la casa, una banda sonora que atesora los más grandes temas del jazz clásico y unas interpretaciones más allá del sobresaliente, Blue Jasmine se presenta con credenciales para ser una de las mejores películas del año.

[Crítica] Séptimo

4/10

Ricardo Darín consigue salvar cualquier propósito narrativo que se le cruce por delante. Su personaje es el más complejo de la película, el que más sufre, el que más se presta al disfrute del público y el que se lleva el peso de la trama. Y ahí está. Imponente como siempre, sea cual sea la calidad del producto final.
Séptimo arranca muy bien. Amezcua se mueve con soltura por la complicación de rodar en espacios limitados y convierte una escalera de vecinos y el ascensor en el hilo conductor de una trama que, al principio, parece bien planteada. Sin embargo, y a medida que avanza el metraje nos vamos topando con una síntesis de tres películas muy importantes de este género. De La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000) encontramos la singularidad de un patio de vecinos del que más vale desconfiar en primera instancia. De Rescate (Ron Howard, 1996) obtenemos ciertos elementos narrativos y recursos de guión mientras que de la reciente Prisioneros (ver crítica en este enlace) nos topamos con la consecuente angustia de un padre al ver que sus hijos han desaparecido de la manera más increíble.
La idea de Séptimo es bien simple. Darín es un abogado, padre de dos hijos, que cada mañana acude a su casa para recogerlos y llevarlos al colegio. Pero una mañana, jugando al típico juego de “yo por las escaleras, tú por el ascensor”, los niños desaparecen sin dejar rastro en su propio bloque. El argumento es digno de las mejores aventuras del maestro del suspense. Sin embargo, es cuando aparece la desaprovechada Belén Rueda, cuando la cosa empieza a enturbiarse.
El papel femenino, una mujer harta de los devaneos de su marido y que quiere a toda costa el divorcio, está a cargo de una de las actrices españolas contemporáneas más reconocidas. Una Belén Rueda que cumple con su papel pero que no destaca en ninguna de las secuencias. Bien es cierto que, sin desvelar nada, su orientación dentro del guión siempre le va a dejar por debajo de Ricardo Darín quien, de manera excepcional, vuelve a resolver el más absoluto desorden como ya sucedió con Tesis sobre un homicidio.
Estamos en la era de los teléfonos móviles. Y en una película de suspense, de la actualidad fundamentalmente, este factor juega un papel muy importante. El elemento tecnológico no me sirve para justificar los fallos de guión. Todo sucede a través del teléfono y eso deshumaniza las tramas. Una auténtica pena por lo que pudo haber sido y no es.

[Crítica] The Bling Ring

5,5/10

Un grupo de jóvenes se dedica a entrar en las casas de los famosos para probarse su ropa, joyas, zapatos, convirtiéndose en objetivo de uno de los casos más surrealistas de la historia reciente de Estados Unidos. El culto a las celebridades, a la tecnología, a las drogas y al materialismo son máximas que, Sofia Coppola, en uno de sus ejercicios más certeros desde Lost In Traslation, retrata en The Bling Ring, donde no deja títere adolescente con cabeza. 
Basado en un artículo publicado en Vanity Fair en 2000, de la pluma de Nancy Jo Sales, la película retrata de una manera sobria y sin aspavientos técnicos el día a día de esta pandilla de delincuentes que acabaron con sus huesos en la cárcel tras haber desplumado a Paris Hilton, Lindsay Lohan u Orlando Bloom, entre otros. Entre sus errores de falta de inteligencia radican el haber utilizado esa tecnología de la que tanto dependen para fotografiarse con sus “logros” y así autodelatarse.
The Bling Ring es, estéticamente, uno de los más interesantes filmes de Coppola. El trasfondo y su capacidad para trabajar con un reparto de intérpretes jóvenes la convierten en una directora a seguir a pesar de su tendencia a la autocomplacencia y la pretenciosidad. Emma Watson atesora, también por ser la más conocida del reparto, todas las miradas críticas y sale realmente airosa de una película interesante aunque intrascendente en su filmografía.
Coppola firma con el nervio y el suspense suficiente para hacernos partícipes de las peripecias de este grupito pero la escasa profundidad en el desarrollo de los personajes nos hacen perdernos, aburrirnos e incluso querer abandonar su visionado cuanto antes. No sabemos cuáles son las motivaciones reales de estos chavales para cometer tales actos de hurto. Ni tan siquiera alcanzamos a comprender como esta panda se introdujo sin problemas en las mansiones de algunas de las estrellas más cotizadas de Hollywood. 
A Sofia Coppola se le ven las buenas intenciones pero no destaca en ningún aspecto, más allá de la estética. Su particular obra maestra le ha ido pesando en el tiempo y no ha sabido estar a la altura de las expectativas en ninguna de las películas posteriores a Lost In Traslation. María Antonieta era una apología de lo kitsch, con una Kirsten Dunst irreconocible. Y aunque Somewhere era algo más que interesante, terminaba también por perderse en la falta de ritmo, el tedio y la narrativa más lineal posible.
No hay nada más allá de los robos. No hay personalidades, no hay desarrollo. No hay un principio ni un final. The Bling Ring es la siguiente película en la lista de Sofia Coppola hasta que decida volver por el camino por el que decidió empezar.

[Crítica] El camino de vuelta

7/10

Nos encontramos ante la típica apuesta indie que nos trae cada año Fox bajo su pseudónimo de productora independiente. Este sello, Fox Searchlight, se caracteriza por producir todas aquellas cintas que no entran en los planes de la gran factoría de Rupert Murdoch y que, casi siempre, se cuelan en la categoría de Mejor Guión Original en los Oscars. 
El camino de vuelta no es más que una historia sincera, directa, sin pretensiones sobre el paso de la adolescencia a la madurez psicológica, que no física, de un muchacho apartado conscientemente por los mayores que tiene alrededor y que no comprende el mundo que le rodea. Sin embargo, en el preciso momento en que la persona que más quiere comienza a destruir su autoestima y a verse engañada, toma conciencia de los acontecimientos y una actitud de cambio, optimista, pragmática.
Al principio, parece que no llegamos a entender qué hacen los personajes en cada momento ni cuáles son las interrelaciones últimas entre ellos. Como ejemplo, ponemos a Sam Rockwell y Liam James. Su evolución, intrínseca al desarrollo de la trama es ejemplar. El camino de vuelta es una cinta familiar, amable aunque no para ver en cualquier momento. Pese a lo optimista de su tramo final, el análisis breve de circunstancias tan complejas y opuestas como son la infidelidad o el divorcio comparadas con el primer amor de verano, tan americano, nos hacen pensar en que realmente nos encontramos ante una película de lo más cotidiano aunque necesitemos un día libre de presiones para poder disfrutar de su calidad.  
El camino de vuelta trata de la casuística adolescente. De la incomprensión ante el mundo adulto, de la necesidad de convencerse de que hay que madurar, encontrar un trabajo y evolucionar como persona. El primer trabajo, el primer amor, los primeros problemas influyen en tu capacidad para afrontar todas las situaciones de la vida. 
Nos encontramos un reparto asociado ya a este tipo de cine. Steve Carell y Toni Colette repiten con Fox Searchlight al igual que hicieran con Pequeña Miss Sunshine, uno de los buques insignias de la productora. En los últimos años, la factoría ha sido responsable de ofrecer los éxitos más importantes del cine independiente norteamericano con títulos como Los descendientes, Cisne negro, 127 horas o El árbol de la vida. Todas ellas multipremiadas en la mayor parte de los festivales y premios de años anteriores. 
Pese a contar con Colette y un renovado Carell, en un papel que no nos imaginábamos viendo su trayectoria en la comedia, el que realmente se lleva su peso en la función es Sam Rockwell. El californiano es uno de los actores más versátiles de su generación y pilar fundamental de la nueva generación de intérpretes a los que tener en cuenta en años venideros. Sus interpretaciones en cintas como Moon, Confesiones de una mente peligrosa, La milla verde o El asesinato de Jesse James... le acreditan como uno de los rostros más llamativos del nuevo cine americano. 
¿Por qué debemos ir a ver El camino de vuelta? Pues sencillamente por lo sencillo de su planteamiento, valga la redundancia. No encontraremos artificios de guión ni grandes dotes de dirección. Encontraremos una historia emotiva, sincera, optimista y que deja con la mejor de las sonrisas recordándonos que las pequeñas decisiones marcan un gran futuro. 

[Crítica] Turbo

6,5/10

El primer largometraje oficial de David Soren, tras su paso por los cortos navideños y románticos de la saga Madagascar, es una aventura muy simpática en su planteamiento y con un componente de diversión óptimo para los más pequeños de la casa. Además, en algo que sucede últimamente, el uso del 3D está totalmente justificado a la hora de disfrutar de la alta velocidad que propone el desarrollo del metraje.
Uno de los elementos que le otorga más autenticidad a la película es el carisma del personaje protagonista, un joven caracol que vive por y para las carreras de coches. Su sueño es acabar corriendo con Guy Gagné, su ídolo del automovilismo y con quien desea con todas sus fuerzas batirse en duelo. Con este gasterópodo vivimos la idea principal, desarrollada de manera surrealista, en la que Turbo escapa del jardín donde vive con sus amigos y familia para acabar en una autovía sorteando los peligros de la velocidad. Sin comerlo ni beberlo, su diminuto tamaño le hará introducirse por accidente en el motor de un coche y acabar “intoxicado” por el óxido nitroso, al más puro estilo Need For Speed.
Los más pequeños de la casa disfrutarán, insisto, aún más del 3D gracias a la espectacularidad de las escenas de velocidad, rodadas con nervio, brío y con un montaje muy destacable en la que no faltará la emoción. Sin embargo, y si algo bueno tiene la película también es el mensaje positivo que transmite desde el primer minuto. Hay que perseguir los sueños incansablemente; lo que uno se propone, tiene que pelearlo y conseguirlo por mucho que nos pongan obstáculos por delante. Si nuestros hijos, nietos, sobrinos o amigos más peques son capaces de hallar y comprender este mensaje que comunica Turbo, recuperaremos el valor del cine de animación para la infancia.
Con las voces, en versión original, de Ryan Reynolds, Paul Giamatti o Samuel L. Jackson, Turbo transita por la emoción de las carreras, lo extraño y sin igual de su planteamiento y la falta de prejuicios que se exige mentalmente para ver una película de estas características. Se leen críticas referentes a las cualidades del guión, de si narrativamente está bien construida o no. Turbo no es más que un buenísimo entretenimiento para su público objetivo. Su target son aquellos niños y niñas que disfrutan con la Fórmula 1, los rallies, que tienen en casa videojuegos de competición.
DreamWorks, desde hace algunos años, no tiene nada que envidiarle a Pixar. Siempre solemos poner que una es muy superior a las demás por su trayectoria. Sin embargo, a veces nos encontramos películas que, aunque tengan su multitud de fallos, nos hacen retroceder hasta nuestra infancia. Aquella en la que mirábamos la cartelera para ver cuál era la siguiente película de “dibujitos” que podíamos ir a ver. Unos tiempos que se han perdido, incluso ahora para los más pequeños.
Turbo nos pone la primera marcha hacia la diversión, sin pretensiones de ningún tipo. Solamente para que seamos testigos de que todos los sueños pueden hacerse realidad. De que el que la sigue, la consigue.