[Crítica] Big Bad Wolves

El cine israelí, desgraciadamente, no suele llegar con frecuencia a las pantallas españolas. Su capacidad para aunar el realismo con tintes de fantasía o incluso fuertes toques de humor negro son algunas de las características más tradicionales de una cinematografía extensa y muy destacada. Sin embargo, nos toca asumir que Big Bad Wolves llegará a las salas gracias al aval que proporciona el que hubiese sido alabada por, nada menos, que Quentin Tarantino como “la mejor película de 2013”.
No es de extrañar lo que nos dice el realizador de Pulp Fiction, Malditos bastardos o Django desencadenado. Este tipo de película es el que hace las delicias de los amantes de esa extraña combinación, delicada y pulcra, entre la comedia negra y el sadismo más truculento. Big Bad Wolves tiene también un marcado componente de actualidad. La pedofilia, las violaciones de niños y su asesinato, son asuntos que aparecen en las portadas de los medios de comunicación tristemente con demasiada frecuencia.
Sin embargo, y lejos de realizar un juicio crítico realista, los realizadores de la película deciden jugar con aquella vieja máxima que tantas alegrías nos ha dado a los consumidores de cine por la cual uno debe “tomarse la justicia por su mano” si quiere evitar la espera de una justicia que, posiblemente, no deje las cartas en su sitio. El mayor valor técnico de Big Bad Wolves reside precisamente en su prólogo. Una cámara lenta sigue a tres niños que, inocentes, juegan en una vieja casa abandonada mientras una banda sonora profundamente épica, nos mete la angustia en el cuerpo. A partir de ahí, se desatan todas las furias del infierno en una surrealista relación que se establece entre un policía en desacuerdo con las decisiones de su superior, un padre en busca de justicia y un profesor desdibujado y muy tímido. Entre los tres, sostendrán una complicadísima trama que se alimenta de secuencias en las que la carcajada se corta entre momentos de agitada respiración.
Big Bad Wolves es una película que vuelve a narrar hechos que vemos casi cada día en televisión, cine y series. Pero, de nuevo, la importancia de saber darle la vuelta a los acontecimientos, equilibrar la comedia con el drama y apelar a la técnica de forma sencilla y correcta te asegura un éxito personal y que el efecto boca a boca surta el efecto que se merece.

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