[Crítica] Redención

Los que creíamos que Cuento de invierno, la última tropelía de Akiva Goldsman, era la peor película de lo que llevábamos de año éramos unos ingenuos. Hemos tenido que esperar la llegada de Jason Statham y su Redención para darnos cuenta de lo que es capaz un guionista cuando quiere dirigir sus primeros largometrajes y no sabe muy bien a qué atenerse.
Redención, pese a la sintonía que desprende siempre un personaje como Jason Statham, atado y encasillado al cine de acción desde años inmemoriales, es una película que hace aguas desde su inicio. No hay cristiano que entienda cuál es el objetivo último del director a la hora de llevar esta historia de búsqueda de una verdad y tomar la justicia de manos de quien la quiera encontrar. Monjas, gángsters, ballet y un tipo duro que siempre representará el adalid de la diplomacia callejera. Statham hace lo que puede en una cinta que se le va de las manos y que escapa a su control.
Nos suponemos que este ex militar, desaparecido tras llegar de Afganistán, quiere encontrar al hombre que mató a una mujer con la que, intuimos, hizo más que buenas migas. En este contexto, un Chris Menges que intenta fotografiar el Londres más oculto y desconocido, nos recorre los submundos que existen debajo de las postales turísticas de la capital inglesa. Pese a ello, Redención es un mal experimento y la peor película de este cronista haya visto en lo que llevamos de 2014.
Steven Knight debió asegurarse de tener un buen guión, sólido y sin fisuras, antes de embarcarse en una trama que le ha salido muy cara. No hay que hacer leña del árbol caído. Knight tiene pendiente de estreno Locke, su segundo largometraje (esta vez con Tom Hardy) con muchísima mejor pinta y un cartel que esperemos cumpla con las expectativas. De momento, y sin poder remediarlo, Redención es una de las películas a evitar si no se quiere tener la sensación de haber perdido tiempo y dinero.

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