Crítica de Querido John; ¿Donde quedó el romanticismo?

3/10


Si bien las películas de amor adolescente no son especialmente de mi agrado por la manida recreación de lugares comunes y clichés repetidos hasta la saciedad, me acerqué a Querido John con la curiosidad del que desea ser sorprendido o, al menos, entretenido por una historia de pasiones de las de antes. Mi gozo se fue a lo hondo del pozo. Querido John no es solo una película para adolescentes extasiadas con los músculos de Channig Tatum, sino además una inverosímilmente fallida historia de amor sin un ápice de sentimiento o credibilidad.

El director Lasse Hallstrom , que continua en su caída libre hacia la más absoluta mediocridad, utiliza el best-seller de Nicholas Sparks (adaptado con algo más de fortuna en El diario de Noa) en lo que prometía ser una almibarada película de amores sin fronteras y sentimientos profundos, para acabar en una frustración realmente molesta. Es obvio que el género romántico, que tan buenos resultados ha dado al cine a lo largo de su historia, se encuentra en una grave crisis de identidad. Desde uno y otro lado se ha venido a criticar lo ordinario de los finales felices o el triunfo del amor sobre todo lo demás, incluso la muerte, dando paso a la adopción de un giro radical en la concepción de la trama amorosa; hoy día lo común es el cinismo, la desconfianza, la banalización del amor o el simple truncamiento de la misma historia. Por otro lado, la acaparación de este género por el cine adolescente tampoco aporta demasiado pues las emociones se instalan en el nivel más básico, es decir, en el atractivo físico o en el simple flirteo de los implicados.

Querido John es un claro ejemplo de todo lo anteriormente dicho. La historia arranca con el clásico pavoneo del chico duro y misterioso, que conquista a la joven sensible y hastiada de compañías insustanciales. Surge, pues, el romance; la etapa de besos, promesas y confesiones, por la que se desvelan sus personalidades, realmente planas por otro lado. El chico es miembro de un batallón de élite del ejército americano con un pasado oscuro, remendado, parece ser, por la “disciplina” del servicio, hasta acuñarlo en una moneda idéntica a las demás, como muy acertadamente se cataloga el propio protagonista. Así pues, la guerra se interpone entre la feliz pareja y los años transcurren pero su relación jamás se vuelve a recobrar por circunstancias cada vez más extrañas. Como pueden ustedes observar, aquí de amor se trata muy poco, a pesar de lo que se ha querido vender a los millones de jóvenes que han acudido a ver la cinta.

Afortunadamente, la película adquiere cierto vuelo gracias a la subtrama dominada por el gran Richard Jenkins, en el papel del padre autista del chico. Y es que este actor llena la pantalla con su sencillez, con su callada maestría y su rostro abatido; una verdadera joya interpretativa por reivindicar.

Así pues, podríamos concluir con la desesperanza del ya consabido no retorno del cine romántico, ese con el que se disfruta en pareja, que llega a nuestros corazones y, por qué no, nos hace llorar. Cualquier género, en sus dosis justas, es necesario para configurar una oferta cinematográfica de calidad, donde elegir de acuerdo con las apetencias de cada momento, de nuestra situación personal o simples preferencias. Desgraciadamente, Querido John no cumple ninguna función y se erige como un simple y aburrido fracaso más del cine comercial que intenta empobrecer el ánimo de los adolescentes. ¡Con lo grande que es el amor!

Festival de Cine español de Málaga


Que Málaga sea, a lo largo de buena parte del mes de Abril, sinónimo de cine español no es un lugar común que pueda afirmarse a la ligera. Y es que, efectivamente, la ciudad de la Costa del Sol no sólo alberga el ya por hoy festival de cine español más importante del país, sino que lo vive, lo siente como una prolongación del devenir cotidiano en sus calles y plazas. Se trata de un Festival que ha echado raíces profundas y que implica a buena parte de su población, entusiasmada por ser el centro, durante una semana, de todas las miradas del mundo del cine. Sin duda, su consolidación como referencia nacional es un premio merecido por el empeño y la originalidad de sus propuestas.
El humilde servidor que aquí escribe tuvo la oportunidad de pasear por la multitud de alfombras rojas que engalanan la ciudad, los teatros decorados para la ocasión, los establecimientos que a lo largo de toda Málaga que promocionan su Festival y, fundamentalmente, mezclarse con la gente que acoge con devoción a actores, directores y gentes del cine en general que llegan para promocionar sus películas.
En el terreno más puramente cinematográfico, la edición de este año (la número 13) arrancó con una reducción de las cintas a concurso, tan solo 13, pero con una calidad tendente a repuntar. No olvidemos que el Festival de Málaga se centra principalmente en seleccionar películas de directores noveles, arriesgadas o, al menos, no incluidas en los circuitos donde se mueven los grandes estrenos. Este año sobresalía comercialmente la película de Nacho G. Velilla Que se mueran los feos, una comedia protagonizada por Javier Cámara y Carmen Machi entre otros que ha servido como percha del Festival, al ser una punta de lanza de la promoción del mismo, apoyada, sin duda, por el patronazgo de Antena 3 Televisión.
Pero fueron muchos más las películas a concurso. Muestra de ella fue un palmarés heterogéneo sonde tuvieron cabida propuestas muy diversas. La Biznaga de Oro recaló en Rabia, del director ecuatoriano Sebastián Cordero, que además se alzó con el premio al Mejor Actor de reparto para Alex Brendemuhl, Fotografía y Premio del Jurado Joven. Rabia es una película descarnada que aborda la inmigración en nuestro país pero que viaja más allá y se interna en el thriller psicológico y el suspense, alcanzando un resultado muy aplaudido dentro del Festival. Por otro lado, el Premio Especial del Jurado fue para Bon Appetit, una bonita historia del director novel David Pinillos y protagonizada por Unax Ugalde (que ganó el Premio al Mejor Actor). En la interpretación femenina destacaron Marisa Paredes por su papel en El dios de madera, dirigida por el escritor Vicente Molina Foix, y la debutante Aura Garrido en Planes para Mañana. Finalmente, el Premio del Público fue para Héroes, una tierna historia filmada por Pau Freixas que se llevó gran parte de los aplausos del Festival.
Más allá de la Sección Oficial, Málaga siguió apostando por las arriesgadas propuestas de Zonazine, dedicó sendos homenajes a Rosa María Sarda y a Julio Medem, y presentó en primicia la última y esperada película de este, Habitación en Roma.
Como decíamos al comienzo, Málaga es cine español por su apuesta firme por la promoción de nuevos valores que prometen renovar y hacer progresar nuestra cinematografía. Ya esperamos impacientemente una nueva edición.

Crítica Cinco Minutos de Gloria; Grandes interpretaciones: decente película

7/10

La historia comienza cuando, en plena época de los 70, con el grupo armado irlandés IRA en lucha por la independencia del Reino Unido. Existe una guerra civil entre los partidarios de la permanencia de los británicos en la isla irlandesa y los que amenazan a los católicos, considerados republicanos por un grupo de jóvenes encabezados por Alistair Little. Este grupo, denominado Fuerza Voluntaria del Ulster, irrumpe una noche en un domicilio y asesina a un joven católico. Pero cuando Little sale de la casa, en la calle permanece un niño de unos 12 años con un balón de fútbol en la mano mirándole a los ojos con cara de extremo horror. Han asesinado a su hermano a sangre fría. Años después, con la paz del Ulster firmada y con una paz relativa en el país, Alister Little y Joe Griffin van a encontrarse en un programa de televisión. Mientras uno busca redimirse, otro busca vengar la muerte de su hermano.
Una más que decente película sobre dos personalidades enfrentadas interpretados por un correcto Liam Neeson y una nerviosa recreación de su personaje por parte de James Nesbitt, un actor desconocido de nombre pero muy recordado en papeles secundarios en películas como Match Point, Bloody Sunday o Despertando a Ned. Si esta cinta se hubiese trasladado al teatro, las impresiones serían las mismas. Se suele echar en falta un mayor compromiso por parte del director a la hora de plantear la película. Con un prólogo realmente excelente en el que se nos plantea la historia, la historia va perdiendo fuelle conforme van pasando los minutos. Buena culpa de ello tiene la decisión del guionista de cambiar el nudo del debate entre los dos protagonistas dando un giro a la trama, un giro un tanto desafortunado aunque no desacertado. Podemos disfrutar de dos interpretaciones que nos legan dos psicologías distintas motivadas por unas circunstancias en la vida de cada uno que les han hecho ser lo que son y enfrentarse a sus respectivos problemas de una manera diferente. Por un lado, la actitud confiada y seguro de sí mismo que tiene el personaje de Neeson mientras la débil, frágil e inestable psique del personaje de Nesbitt. Sin embargo, cada uno lleva vidas totalmente contrarias a lo que su actitud desprende. Mientras el hombre confiado y seguro de sí vive solo en un piso pequeño en Belfast, Joe, el más débil de los dos, vive en una urbanización de las afueras en un chalet y con una fantástica familia que no duda en mostrarle su cariño.
No espere usted una película profunda acerca del terrorismo en Irlanda, un tema muy interesante que ya se ha tratado en cintas como Omagh o En el Nombre del Padre. Si decide ver Cinco Minutos de Gloria contemplará una buena historia sobre dos hombres que buscan sus cinco minutos de lucimiento ante las cámaras de televisión de todo el país. Uno para hacerse sentir más fuerte y pedir perdón ante el público a su némesis por haber matado a su hermano y el otro para vengarse de la muerte de un ser querido, una imagen imborrable que se le introdujo en su cabeza a los 12 años y de la que jamás se libró ya que durante años, toda su familia le creyó el auténtico culpable del crimen de su hermano.
Dirigida por Oliver Hirschbiegel, uno de los grandes creadores del cine alemán de los últimos años. Producto de su buen hacer son magistrales cintas como El Hundimiento, donde Bruno Ganz interpretaba de manera sobrecogedora a Adolf Hitler y El Experimento, en la que el gran actor alemán Moritz Bleibtreu se mete en la piel de un hombre cualquiera en un experimento psicológico capaz de llevarte a la locura.

Crítica Un Hombre Soltero; Robo en los Oscar

8/10

Cada año me fío menos de los Oscar. Queda comprobado este año cuando, viendo las cinco interpretaciones de los actores a concurso, me he quedado anonadado al ver como Jeff Bridges se alzaba ganador. Está claro que ha sido una entrega de premios en la cual se ha querido homenajear a un actor con una carrera larga y dilatada como Bridges y no al buen trabajo del año. En mi opinión, el verdadero ganador tendría que haber sido el gran actor británico Colin Firth. Por encima de Clooney, muy bueno en Up in the Air o incluso Morgan Freeman por Invictus, un actor que nació para hacer de Nelson Mandela. Por supuesto, no pienso hablar de Jeremy Renner y su inexpresivo personaje de En Tierra Hostil. Firth construye un personaje fantástico, intrigante, dramático, expresivo y absorbente. Todo ello inmerso en una película dirigida por el modisto Tom Ford, un debutante en cine que ha realizado una de las mejores películas del pasado año 2009. Una cinta sencilla con un ciento por ciento de glamour en todas sus escenas. Yo, que tengo mucha debilidad por los trajes de chaqueta, las camisas impolutas y las corbatas bien anudadas, he sentido que en esta película se me ha querido transmitir una realidad, la de los 50, de otra época en la que el buen vestir, los buenos modales, la educación y la amistad eran los valores imperantes. Ford se ha inspirado, casi con toda seguridad, en la serie Mad Men para realizar el diseño de su película puesto que ahora mismo es la referencia para todo aquel que se atreve a sumergirse en una época en la que la Guerra Fría y la crisis de los misiles de Cuba era la nota política, el incipiente consumo de cigarrillos, los jóvenes con pantalones vaqueros y camisetas blancas imitaban el estilo de James Dean y comenzaba a liberalizarse la sociedad americana.
En esta película, Colin Firth interpreta a un profesor de universidad que roza la cincuentena y que tiene que enfrentarse a la dura realidad que le espera tras la muerte de su compañero sentimental. Tom Ford trata la homosexualidad en una época en la que casi era un tema tabú. George Falconer, el personaje de Firth, comienza a cuestionarse su vida después de Jim (interpretado por Matthew Goode) y si realmente su existencia tiene sentido. Vive la misma rutina cada mañana y siente que le falta algo a su lado. Con solo ver una fotografía, todo un mundo de recuerdos se vienen ante él. Recuerdos que le dominan y le hacen tomar una decisión desesperada en una de las mejores escenas de la película.
El casting lo completan Julianne Moore, una actriz que me cae bastante mal pero a la que hay que reconocerle sus buenos trabajos, el joven modelo español Jon Kortajarena en un más que interesante papel y Nicholas Hoult, el último hombre por el que Falconer intentará sentir algo parecido a lo que sintió por Jim. Su amiga y confidente, Charlotte, interpretada por Julianne Moore, será la persona que le ayude a deshinibirse de su realidad pero también será la que le eche en cara su pasado.
Como conclusión, afirmar mi total reconocimiento a un gran actor que pasa desapercibido para el gran público y que se ha consagrado con un complicado papel. Ganador de la Copa Volpi del Festival de Venecia, nominado al Globo de Oro y al Oscar al mejor actor. Merece la pena acercarse a esta película porque es una de las que trata el buen gusto de una manera exquisita. No sobra ni un solo plano. No falta ni una sola escena. La historia de este profesor está tan bien contada que los 90 minutos de duración se hacen incluso cortos cuando descubres el final de la trama.
Un final que en el fondo, estoy seguro, nadie desea.

Crítica El Secreto de sus Ojos; Pasión argentina

8/10

Movido por las buenas críticas que ha recibido esta película y gracias a la consecución, contra todo pronóstico, de la victoria en los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa decidí ver El Secreto de sus Ojos. Desde que comienza, Juan José Campanella, su director, crea una atmósfera perfecta digna de cualquier película de cine clásico. La combinación de suspense, intriga, drama, tragedia, amor y toda una serie de improperios argentinos hacen de esta cinta una de las delicias que 2009 dejó a su paso. Y es que es inolvidable escuchar a Ricardo Darín pronunciar las palabras "boludo" o "pelotudo" sin que te produzca una sonrisa con ese arte y ese deje argentino que le hace ser lo que es: uno de los actores más grandes sobre el que jamás hemos puesto los ojos.
Precisamente, Ricardo Darín es el protagonista de esta belleza argentina. Interpreta a un abogado jubilado que está tratando de escribir una novela sobre un caso que vivió hace 20 años junto a sus compañeros y enemigos de juzgado. Entre ellos se encuentra el personaje de Soledad Villamil, ganadora de un Goya a la mejor actriz revelación que se le queda un tanto tardío puesto que Villamil lleva ya más de una década trabajando entre nosotros.
Con unas interpretaciones portentosas y dignas de elogio, la película ahonda en los recuerdos de su protagonista acerca de todo lo que puede recabar en su memoria acerca del asesino de una joven de 23 años con un futuro prometedor y una belleza inimitable. Él, jamás dedicado a la literatura, trata de comenzar su novela en muchas ocasiones pero en ninguna de ellas, llega a convencerle del todo.
Campanella, uno de los directores más respetados del cine argentino y mundial, crea una atmósfera que, a los que hemos visto mucho cine negro, nos recuerda a las grandes películas del género. El ambiente que transmiten los cigarrillos, la invasión de hogares ajenos en búsqueda de pistas y pruebas así como todos los elementos característicos de este tipo de cine. También es capaz de contarnos una historia haciendonos retrotraer al pasado sin necesidad del uso de unos flashbacks que dejan al espectador con ganas de volver de una especie de vórtice espacial sin salida y tan de moda en nuestros días. En esta cinta, los decorados, el maquillaje y la recreación magnífica del ambiente de los 70 nos permiten saltar de época en época sin perder el hilo de la trama. El retrato del descarnado paso de la edad y la consecuente evolución de la psicología humana quedan al descubierto en esta magnífica cinta.
Con movimientos de cámara realmente espectaculares donde se combina de manera magistral la cámara fija con la cámara en mano formato documental (véase la espectacular secuencia del estadio de fútbol), Juan José Campanella nos transmite la sensación de estar ante una cruda historia que nos tocará la psique y el corazón.
Con un final tan sorprendente como inesperado, El Secreto de sus Ojos nos recuerda porqué vamos todavía al cine y nos consuela saber que todavía hay gente que cuenta historias y no cae en el uso de las nuevas tecnologías sacrificando una buena historia en favor de unos espectaculares índices de recaudación y acrecentando una cada vez mayor ignorancia entre el público cinematográfico de los últimos tiempos.
Premiada en multitud de certámenes tanto en apartados técnicos como interpretativos, El Secreto de sus Ojos cuenta con un 55% de producción española entre TVE y Canal + España. Encima, tuvo la osadía de ganar en la pasada entrega de los Oscar a la gran favorita y en la que todos teníamos un voto a favor: La Cinta Blanca, película alemana unánimemente aclamada y dirigida por el gran Michael Haneke.
Ahora y viendo El Secreto de sus Ojos me alegro de que los grandes premios del cine hayan sido repartidos entre dos de mis películas predilectas del año.
Ya está en DVD y si tienen oportunidad, acérquense a esta película y disfruten de lo que queda de cine del bueno en este, nuestro planeta Tierra.

Crítica Desde París con Amor; Efectista acción a la francesa

6/10

Desde la primera vez que vi el trailer de esta cinta de acción dirigida por Pierre Morel, algo me decía que tenía que ir a verla. No se si por volver a ver a John Travolta en un papel de acción tras sus malísimas películas realizadas hasta la fecha por este actor al cual las buenas interpretaciones se le cuentan con los dedos de una sola mano. Por el contrario, pensé que la principal razón sería ver a uno de mis actores preferidos: Jonathan Rhys Meyers, un actor irlandés de corte interpretativo muy natural y con grandes dotes de elegancia en la gran pantalla. Visto en Match Point o la serie televisiva de Showtime Los Tudor, Rhys Meyers se ha creado con trabajo y a pulso el ser uno de los actores con más proyección de esta última década.
Pero, a medida que se acercaba la fecha del estreno, cada vez eran más las malas críticas que leía acerca de esta película. Movido por mi curiosidad, mi respeto a los franceses cuando hacen comedias y películas de acción amén de todas estas críticas negativas, decidí ver ese cóctel y decidir por mí mismo qué opinar acerca de esta cinta.
Mi impresión fue más que positiva. Aunque no es la gran película de acción del siglo, sin duda es una obra entretenida y con muy buenas intenciones. Rodada de forma frenética en las calles de París, la torre Eiffel, los suburbios de la capital gala e incluso en medio de una autopista, Desde París con Amor se nos ofrece como un conjunto de elementos que explotan al final de la película como cualquiera de los coches que vemos a lo largo de la cinta. La cámara de Pierre Morel se mueve al ritmo que impone el guión que resulta un tanto mediocre. La película la salva una efectista puesta en escena, explícitamente sencilla, que contiene escenas muy bien rodadas. Hay que recordar que la cinta no tiene un gran presupuesto y aún así, en vez de recurrir a los tremendistas efectos especiales que últimamente pueblan nuestras salas de cine, se decide utilizar el montaje y la edición de secuencias mediante el uso de la cámara lenta, los travellings, la toma de vistas aéreas y demás recursos visuales.
Valorando la parte interpretativa, hay que destacar la alocada interpretación de un John Travolta que tampoco me ha parecido tan rimbombante como me hacían creer. Interpreta a un agente con unos métodos poco ortodoxos a la hora de resolver problemas de seguridad nacional. A mi parecer, es evidente que no le van a dar un Oscar, pero cumple con su trabajo de la mejor manera que sabe (y puede). En su camino se cruza el personaje de Rhys Meyers, un ayudante del embajador americano que, sin quererlo, se ve envuelto en toda una trama de terrorismo procedente de Oriente Medio así como tráfico de drogas, llegando a verse obligado a portar un objeto lleno de un material poco permitido en Francia y que servirá como desencadenante de buena parte de la acción de la película. Juntos, cargarán sus pistolas y se lanzarán a las calles de París a intentar acabar con los malos malísimos en una película de acción que no pasará a la Historia del Cine como una de las mejores. Tampoco haremos una mala inversión en una entrada de cine para pasar una hora y media de disparos, acción, sorpresas y locura por las calles de París.
Es lo que se llama acción "a la francesa".

Películas para dos vidas; La Jauría Humana

Llega mi primera crítica en esta sección que mi compañero, muy acertadamente ha decidido inaugurar para mostrar a todos vosotros, fieles lectores, cuáles son nuestras películas más personales y porqué han marcado nuestra vida.
Ya que aquí abrimos nuestros corazones para transmitir nuestras sensaciones al ver las películas de nuestra vida he decidido comenzar por la que quizás fue la primera que me impresionó cuando la vi por primera vez, a los 16 años y recién llegado a la vida rural.
De la mano de Marlon Brando, mi actor de referencia, el hombre que mejor define el cine (a mi entender, claro está) y todo un símbolo para mí, comencé el visionado de esta cinta como una más del ciclo Brando que comenzó por aquella época. La compré, me gasté el dinero en la edición metálica de la obra porque tenía un buen presentimiento hacia esta cinta de Arthur Penn.
Y sin duda, no me equivoqué.
Con un comienzo digno de las mejores películas de Hitchcock, se nos plantea la vida en un pequeño pueblo de Texas gobernado por un supermagnate del petróleo al que parece que hay que agradecerle todo lo bueno que pase en el lugar. Cada persona lleva su propia vida y se inmiscuye en la de los demás, como buena persona pueblerina. Hay todo tipo de negocios, tiendas y establecimientos. Bares, zapaterías y tiendas de moda donde las mujeres entran a comprar modelitos y a despotricar de su vecina o de su más íntima amiga. Pero la vida del pueblo cambia cuando se conoce la noticia de que un habitante, convicto en una prisión estatal, se ha fugado de la cárcel y se rumorea que se encuentra en las inmediaciones del lugar. En ese momento, su ex-mujer intenta por todos los medios protegerlo a pesar de las objeciones de su padrastro y su novio (hijo primogénito del supermagnate local). Y en todo esto aparece el personaje de Brando, un sheriff serio, honrado y en busca del cumplimiento de la ley por encima de todo. El sheriff Calder se enfrenta diariamente a acusaciones de todo tipo acerca de su "enchufismo" en el puesto de jefe de policía local en base a favores personales con el magnate.
¿Qué es lo que se pretende en esta película? Mostrar la hipocresía de la gente. La sociedad rural en la que se desarrolla la cinta es perfectamente extrapolable a cualquier sociedad, rural o urbana. Y es que nadie es dueño más que de su vida. Es muy incómodo llegar a un sitio en el que nadie te conoce, especialmente un pueblo, y sentirte encerrado mientras te interrogan constantemente sobre ti, tu vida, tus apetencias y tus deseos. Pero la cosa no acaba ahí. La gente interesada indaga como el mejor Sherlock Holmes hasta encontrar tus puntos flacos, tus debilidades. Y cuando crees que puedes confiar en una persona, descubres de la noche a la mañana que se trata de una cortina, que nada es lo que parece y que la falsedad así como la hipocresía están a la orden del día.
Mi experiencia personal me llevó a identificarme con el sheriff Calder. Mi vida tomó un cambio de rumbo radical cuando marché de Madrid para ir a parar a un pueblo perdido en el sur de la más profunda Extremadura donde intentar coger una línea de autobús para moverte a cualquier ciudad es una auténtica odisea. Allí, prácticamente incomunicados, se desarrolló mi vida durante dos eternos años. Yo, al igual que el personaje de Brando, era interrogado constantemente sobre mi pasado, mi vida y demás datos que no incumben a nadie. Afortunadamente, y por caprichos del destino, no terminé igual que el sheriff Calder pero poco me faltó.
La Jauría Humana es un retrato descarnado de la vida rural americana. Yo, que soy un cinéfilo bastante americanizado, tengo por cabecera esta película que tantas veces he visto y tantas veces veré. Siempre me recordará una etapa de mi vida digna de olvido. Es evidente que las costumbres pueblerinas de Texas no son las mismas que las de un pueblo de Extremadura. Pero como el cine lo que precisamente pretende es transmitir sensaciones e identificarte con la historia que te están contando, el objetivo está más que plenamente cumplido.
A usted, querido lector, le animo a ver esta película. Todas y cada una de las interpretaciones merecen ser citadas. Tanto Robert Redford, en una de sus primeras películas, Jane Fonda, James Fox, Robert Duvall y Angie Dickinson hacen interpretaciones realmente verdaderas y dotan a sus personajes de una realidad pasmosa que a mí me impresionó. Y como olvidar a Marlon Brando y una de las escenas más sobrecogedoras de toda su filmografía. Un actor que siempre vendrá conmigo allá donde vaya y al cual siempre recordaré como base y pilar fundamental de mi pasión desmedida por el Séptimo Arte.
La Jauría Humana. Incomprendida en su época. Olvidada en nuestros días. Una verdadera pena. Es por esto que insto a todo aquel que me lea a que vea esta película y se siente a disfrutar de dos horas de gran cine. No le dejará indiferente y estoy muy seguro que se verá identificado con alguno de los protagonistas.
Hágame caso, merece la pena.

Crítica Alicia en el País de las Maravillas; Ni Fú, Ni Fá

6/10

Cada día que pasa me doy cuenta de cuanto le gusta hacer el payaso a Johnny Depp en las últimas producciones que hace. Sin embargo, aunque cada día se parezca más a Jim Carrey por su exacerbado histrionismo, gusta disfrutar del que, al fin y al cabo, es uno de los mejores actores que han pasado en estas dos décadas por la gran pantalla.
Sin embargo, Alicia en el País de las Maravillas, la nueva película de Tim Burton no es gran cosa. Se basa en las maravillosas interpretaciones de Depp, Helena Bonham Carter y la inocente Mia Wasikowska. Cada uno en su línea pasándoselo bien y haciendo porque el espectador no sufra en la hora y cuarenta minutos de duración de esta película.
El director, Tim Burton, hace una onírica y gótica interpretación de los dos libros de Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del Espejo. Muy en su línea, el director de cintas como Batman, Mars Attacks, Big Fish o El Planeta de los Simios convierte a Alicia en una chica de 19 años a la que piden en matrimonio y decide huir por el bosque siguiendo a un conejo blanco. Es entonces cuando cae por un pozo y comienza su aventura a lo largo de un universo en el que la Reina Roja (más que aceptable interpretación de Helena Bonham Carter) le ha arrebatado el trono a la Reina Blanca (interpretada por una Anne Hathaway que rechazó el papel de Alicia para poder interpretar a la némesis de la Reina Roja).
Lo que jamás entenderé serán las risas en los cines cuando menos gracia tiene lo que estamos viendo. Mientras veía la cinta de Burton recordé la última vez que fui al cine, hace una semana, a ver la nueva de Polanski. De repente, un hombre dio una sonora carcajada cuando McGregor encontró un pen-drive. Pues en esta ocasión, cuatro amigos se estuvieron partiendo de risa cada vez que Anne Hathaway abría la boca o movía algún brazo. Insoportable.
Críticas aparte, la película merece un punto a favor por sus increíbles efectos especiales conseguidos a base del trabajo en una pantalla Croma-Key. Todos los actores se complementan a la perfección rodeados de efectos informáticos. Hubo muchas protestas por parte del equipo de James Cameron, los cuales pasaron 12 años para realizar Avatar y ahora, gracias a un programa informático, se puede convertir cualquier película rodada en 2-D, al formato de las tres dimensiones que tanto tirón está teniendo.
Para concluir, acerquense a ver Alicia en el País de las Maravillas si quieren disfrutar de unas interpretaciones divertidas de Depp, Bonham Carter y Hathaway. Si esperan una fiel adaptación de la novela de Carroll, quedense en casa y disfruten de la versión de Disney realizada en dibujos animados en 1951.

Películas para dos vidas; Forrest Gump


Una pluma blanca que, ingrávida, danza al capricho de las corrientes de aire, sin dirección o meta a la que dirigirse, que sólo vive momentáneamente en la frágil levedad de un espacio infinito, hostil y profundamente tentador; es la obertura de una obra de orquesta, magistralmente interpretada y dirigida, en la que, como la pluma, las situaciones se desarrollan caprichosamente, como producto del azaroso destino, en episodios tiernos, hilarantes e incluso mágicos. Curiosamente, es esa misma pluma la que pone el punto y final a la sinfonía, como recordándonos que todo lo que ha vivido nuestro peculiar héroe ha sido causa y resultado de una instancia superior que dirige arbitrariamente sus pasos, o bien a un cúmulo de casualidades yuxtapuestas engarzadas por el ímpetu del protagonista. Sea como fuere, la historia que aquí se nos presenta nos traslada a un mundo improbable de fantasía recubierto de una profunda pátina de realismo que únicamente puede ser relacionado con la vida misma. La vida como confluencia de caminos, como generadora de magia, como forjadora de relaciones incorruptibles, como condición del amor. Forrest Gump es una historia de amor, de amor a la vida y a todo lo que ella conlleva.
Posiblemente sea ese amor que desprende en cada fotograma, en cada frase, en cada nota musical, lo que hace a esta película grande. Una película que tiene como protagonista a un hombre que vence sus propias limitaciones convirtiéndose en héroe de guerra, empresario de éxito, deportista de élite o figura mediática, pero al que se le resiste el amor que, desde la más tierna edad, se le descubrió para rescatarlo de la soledad del incomprendido social. Ese amor es una constante en su vida, una nota que se repite periódicamente, que reaparece y desaparece bruscamente a golpe de azar y que, una vez tras otra, le va calando con mayor fuerza propiciando su desarrollo como hombre, un hombre si bien incompleto pues, desgraciada o afortunadamente, ya ha descubierto lo que significa amar.
La figura de madre protectora es fundamental en el devenir de nuestro personaje, pues es, al fin y al cabo, quien lo introduce en un mundo hostil con armas para defenderse y un gran corazón para conquistar a aquellos que quieran ver más allá de las apariencias. A partir de ahí, Forrest camina (o más bien corre) con la seguridad del que se sabe bien la lección y la ingenuidad del niño que al final dejará de ser obligado por las circunstancias. Su vida se constituye como un catálogo de experiencias extrañas aunque emocionantes en las que jamás dejará de ser él mismo, a pesar de que muchos intenten socavar el mundo paralelo en el que discurre. Se empeñan en decir que se trata de un chico subnormal cuando, a través de sus actos, no hace más que reivindicarse como un maestro.
Forrest Gump es una historia de vida elevadora, tierna, maravillosa. Como espectadores, disfrutamos de las andanzas de Forrest, de todas las etapas por las que transcurre su vida a golpe de suerte o destino, las situaciones cómicas en las que se ve envuelto, así como en las dramáticas que de igual modo sufre.
Además de ello, Forrest Gump es también historia. Historia de un país grande y poderoso que, sin embargo, cuenta en su haber con demasiados episodios trágicos que han marcado a generaciones de ciudadanos, ya sea través de la Guerra de Vietnam, el asesinato de los Kennedy o el caso Watergate. Aquí, la inteligencia con la que se ha insertado a Forrest en el devenir de los hechos, incluso como protagonista de los mismos con técnicas tan novedosas como la mezcla de imágenes antiguas y actuales, supone un nuevo aliciente y una lectura complementaria de la película a modo de crónica de una época convulsa en un país que se erigía como amo del mundo.
Por último, la crítica de esta película quedaría francamente incompleta si se obviara la interpretación magistral que Tom Hanks hizo de su personaje, calzándolo como una segunda piel, haciendo suyos sus movimientos, gestos y diálogos; creando, al fin, una persona tangible, poderosamente cercana, con taras y tics que llegan a olvidarse por la calidez que transmite en la pantalla. Hanks jamás ha llegado al nivel de perfección del que hizo gala en Forrest Gump, pues es en la esencia del personaje donde se encuentra ese brillo especial que refulge en la piel del actor. Desgraciadamente, Hanks continúa con una clara tendencia dramática en la elección de sus personajes, dejando a un lado su apreciable vis cómica que conjugó a la perfección en Forrest Gump y que le llevó a ganar su primer Oscar con todo merecimiento. Además, su personaje estaba apoyado por grandes actores como Sally Field en el papel de madre, Robin Wrigth Penn en el de la huidiza Jenny o Gary Sinise como el inolvidable teniente Dann, un personaje traumatizado por la guerra que se debate entre las más bajas pasiones y que finalmente es salvado por segunda vez por Forrest (desafortunadamente para Sinise, en esa edición de los Oscar se encontraba una peso pesado como Martin Landau, quien triunfó gracias a su interpretación en Ed Wood).
Todos ellos fueron dirigidos por un director de incuestionable imaginación (aunque con derivas extrañas en su carrera) que tocó el cielo gracias a esta película (no en vano logró el único Oscar de su carrera) por méritos propios, basándose en el guión que Eric Roth tomó de la novela homónima de Winston Groom. Alan Silvestri acompañó musicalmente a las imágenes, ya fuese por piezas de composición propia o por canciones inolvidables de la época y Don Burguess firmó la fotografía de forma impecable.
Forrest Gump es una de las películas de mi vida por varias razones, algunas expuestas ya a lo largo de esta crítica; se trata de una cinta que emociona, entretiene y conmueve a través de un personaje que llega directamente al corazón, con situaciones emocionantes, algunas disparatadas, que contagian unas ganas irrefrenables de vivir, de soñar, de correr. Jamás podré olvidar esa primera carrera con metales saltando a cámara lenta o aquella por la que salvó a cinco compañeros en Vietnam, o por la que, con barba de varias semanas, fue el centro de todos los medios de comunicación. La gran hazaña de Forrest Gump es que perdura en el tiempo, frases que asaltan tu memoria, imágenes que ya pertenecen a tu propia vida; es una película-experiencia que siempre irá en el corazón de este cinéfilo.

Nueva Sección; Películas para dos vidas


A tenor de la decadente tendencia de la cartelera de nuestros cines que, como buena costumbre, cae en un tedio galopante una vez han pasado los primeros meses del año, desde El Cine que vivimos peligrosamente lanzamos una nueva sección que promete convertirse en uno de los referentes de este blog. Desde este momento, los dos críticos del mismo reseñarán algunas de sus películas favoritas, las de siempre, las que permanecen grabadas en nuestras mentes aun cuando el tiempo transcurre y nuevas historias se yuxtaponen a las antiguas. No tienen por qué ser películas aclamadas por la crítica o los galardones, son simplemente historias que nos han emocionado, entretenido o hecho reflexionar en algún momento de nuestras vidas, integrándose en la propia esencia de nuestro devenir. Cintas dispares como Ladrón de Bicicletas, La jauría humana, La noche de la iguana, Moulin Rouge, Lost in traslation, La huella o Forrest Gump, con la que arrancaremos la sección. Desde nuestro blog, esperamos sinceramente que nuestro trabajo sea un placer para aquellos que nos leen y nuestras reflexiones una ayuda para comprender, aunque sea mínimamente, el mundo cinematográfico que nos hace soñar.

Crítica 2001: Una Odisea del Espacio; Pura poesía a la evolución del hombre

9/10

"La película de ciencia ficción más espectacular jamás realizada". Así recogía la revista norteamericana Entertainment Weekly las impresiones más favorables que se desprendieron tras el estreno de esta cinta de Stanley Kubrick en 1968. Una película que trata de manera magistral la evolución del hombre desde que era un primate hasta que da el salto al espacio para investigar la vida más allá del planeta Tierra.
Con una obertura de unos cuatro minutos de duración en la que escuchamos una pieza clásica que forma parte de la maravillosa banda sonora en la que se incluyen obras de Richard Strauss (Así Habló Zaratustra), Johann Strauss (El Danubio Azul) o Gyorgy Lygeti (Atmospheres). Tras la obertura, se abre ante nosotros un paisaje espacial en el que vemos una estrella y un planeta que están dispuestos como un eclipse perfecto. Esta entrada sirve de presentación para la película, el director y la productora.
Hasta los 10 minutos aproximadamente, la película no comienza a tomar cuerpo. Sin duda, un espectador que vea esta película de primeras y sin haber tenido contacto con ninguna forma de explicación, creerá que está delante de una de las mayores tonterías que un director de cine puede rodar. Por esta razón y para no minusvalorar tamaña obra maestra, predicaré con el ejemplo.
La primera parte de la película se nos presenta bajo el título "El Amanecer del Hombre". Aparecen una serie de primates en medio de un planeta incierto. Es como si esta escena la hubiese dirigido Franklin J. Schaffner. Pero no. Aquí se nos presenta la que pudo ser la realidad de hace millones de años en la Tierra. Un grupo de seres que convivían entre sí intentando sobrevivir según la naturaleza les dejaba. Sin embargo, una mañana aparece ante ellos una extraña figura que les deja, en un primer momento, atónitos y expectantes. Sienten miedo aunque no les durará demasiado. Su escasa inteligencia no les permite identificar si ese objeto, ese monolito, les causará algún problema o no. A medida que avanzan las secuencias descubrimos como el futuro "hombre" va tomando conciencia de que puede interactuar con los objetos que va encontrando. De hecho, un hueso le sirve de base para conocer que puede romper otros objetos, que puede cazar y que puede tomar el mando de la comunidad donde habita y dominar a sus congéneres. Con este prólogo y con la imitadísima escena del primate arrojando el hueso al cielo termina la primera parte de la cinta.
Ese hueso se convierte en una nave espacial que sirve para explicarnos la elipsis que Kubrick ha querido imponer a la película. Nos ahorramos todos los miles de años que han pasado desde que el primer hombre tiene conciencia de lo que tiene alrededor hasta que tiene conciencia de que fuera de su planeta puede también intervenir. La era planetaria y espacial sirve para introducirnos a la segunda parte de la cinta. Si nos damos cuenta, es la elipsis más larga de la Historia del Cine ya que abarca un periodo de unos 4 millones de años. En esta parte de la película, tiene lugar una de las escenas más bellas de la Cinematografía mundial: la coreografía de naves espaciales mientras suena de fondo "El Danubio Azul". El protagonista de esta sección de la película, el Dr. Floyd, viaja a través del espacio en una nave hasta una estación donde mantendrá conversaciones con científicos de la URSS, algo más que relevante puesto que es una época donde la Guerra Fría está a la orden del día. Kubrick propone que la carrera espacial fue, es y será cosa de las dos potencias. El descubrimiento de un monolito sirve de hilo conductor para la investigación del Dr. Floyd. Y es que queda claro que esa extraña figura, oculta en un cráter de la Luna, ha sido enterrado con premeditación. Queda evidentemente reflejada la hipótesis de la vida inteligente fuera de la Tierra.
El resto de la cinta no deja de ser la revelación de que una máquina puede llegar a pensar por sí misma y a tener "vida" propia. Y si no, que se lo pregunten al personaje de Keir Dullea, con el que asistiremos a un viaje psicodélico por un más allá incierto y que le lleva a la resurrección como único ser perfecto y redimido de todos sus males, los males que ha llevado el hombre desde que nació por primera vez.
Si tengo que rescatar alguna escena memorable, sin duda ninguna, será la muerte de HAL-9000. Uno de los asesinatos más cruentos que ha visto la pantalla. El hombre mata a la máquina. Por fin, un futuro libre de "pensamientos artificiales". ¿A dónde llegaremos?

Crítica The Lovely Bones; Onírico relato del Más Allá

7/10

Partiendo de la saludable condición de mi desconocimiento profundo de la obra literaria que sirve como raíz a la película de Peter Jackson, Lovely Bones se ha abierto ante mí como una estimulante flor que se desnuda, pétalo a pétalo, de su naturaleza dual; la del descarnado relato de una familia rota por la muerte de su hija, y la del Más Allá de fantasía que se abre ante la víctima como un tentador camino a la eternidad que, sin embargo, no será completo hasta que su familia conozca la verdad de lo sucedido.

El hecho de no haber leído las páginas del best-seller de Alice Sebold, Desde mi cielo, no es algo circunstancial. Es un debate explotado hasta la extenuación la idoneidad de las adaptaciones cinematográficas a partir de obras literarias, con argumentos a favor y en contra de la misma aunque sin una idea clara del factor clave; ambos son medios diferentes con recursos y lenguajes dispares que difícilmente pueden llegar a simultanearse fotograma a fotograma. Así pues, sin valorar el seguimiento escrupuloso del libro en la pantalla, se percibe una cierta sensación a libertad contemplativa que nos lleva al disfrute de buen cine, pues, al fin y al cabo es lo que esperamos.

Y, efectivamente, se trata de buen cine. Peter Jackson no nos defrauda y ofrece al espectador una compleja historia en la que se mezclan, con enorme talento, una gran diversidad de géneros que matizan, ahondan o rebajan, según convenga, las fuertes emociones que le trama destapa y desarrolla a lo largo de la película. El asesinato de una joven vital y resplandeciente a manos de un retorcido asesino con apariencia de anodino vecino de al lado bien podría haberse convertido en un drama antológico sobre la lucha de unos padres desesperados por conocer la verdad, y esa sin duda es una de las vertientes que explota Lovely Bones, sin embargo Jackson va más allá y complementa la historia con fantasía, intriga e incluso humor (para ello aparece, aunque parezca realmente paradójico, Susan Sarandon). Todo ello engarzado con un montaje prodigioso y una dirección francamente insuperable. Lovely Bones puede parecer a algunos algo remilgada o sencillamente desvirtuada, no obstante, lo que no se le puede negar es la pasmosa habilidad de Peter Jackson para engarzar la fantasía con la realidad, combinando planos, voces y lugares de forma continua, como una larga secuencia de dos horas de duración sin cortes aparentes.

Jackson ya demostró en la saga de El Señor de los Anillos (curiosamente, y en referencia a lo que mencionábamos anteriormente, una de los mejores ejemplos de adaptación cinematográfica exitosa en la historia del cine) el genial equipo que formaba junto a su mujer, Fran Walsh, y Philippa Boyens, en sus tareas como guionistas, y en Lovely Bones repiten éxito. Más allá de algunas escenas innecesarias y excesivamente oníricas (las cuales no desvelaremos por respeto a nuestros lectores) que rompen con la dinámica de la trama, la película funciona bien, atrae nuestra atención, nos emociona y nos conduce hacia donde el autor quiere. Además, cuenta con un elenco de actores de calidad reconocida; Mark Wahlberg (aunque no sea de mis actores-fetiche) como padre de la joven víctima, la siempre deliciosa Rachel Weisz como la madre, Susan Sarandon en el papel de abuela alocada (y algo desubicada dentro de la película), Michael Imperioli (en un importante cambio de registro tras Los Soprano) o Stanley Tucci, quien encarna magistralmente al asesino ebanista, papel que le ha valido sendas nominaciones a Mejor Actor Secundario a los Globos de Oro y los Oscar. Mención aparte merece Saoirse Ronan, una joven actriz que ya despuntó en Expiación y que promete convertirse en estrella gracias a papeles como el que interpreta con gran maestría en Lovely Bones, mostrando su dominio tanto en las escenas más dramáticas como en las que expresa una mayor naturalidad y viveza.

Recomendamos, pues, Lovely Bones a todos los que quieran emocionarse con una historia honda y descarnada aunque filmada con la sensibilidad e inteligencia suficientes para no caer en la depresión más absoluta.

Crítica Teléfono Rojo; ¿Volamos hacia Moscú?

8/10

No me comeré el tarro buscando un titular para la crítica. Parafrasearé a Kubrick por una razón muy sencilla. Es uno de mis directores predilectos y mi deber es hacerle un buen homenaje. Termina marzo y queremos terminar este mes con dos películas del director neoyorquno: 2001, Una Odisea del Espacio y Teléfono Rojo.
Como no quiero meterme en camisa de once varas ya que es demasiado temprano para hacer una tesis doctoral sobre 2001, he preferido lanzarme a transmitir a usted, querido lector, mi punto de vista y mis reflexiones acerca de una de las más grandes sátiras que se han hecho acerca de la Guerra Fría. El humor negro que en esta película se hace acerca de un tema tan complejo como fue el enfrentamiento entre las dos grandes potencias de la época, los Estados Unidos contra la Unión Soviética, es la nota dominante.
Si repasamos la sinopsis de manera rápida, la película comienza cuando un bombardero norteamericano recibe la orden de bombardear las bases soviéticas. La tripulación pone rumbo hacia sus objetivos. El mandato viene del general Jack D. Ripper (anagrama que en inglés se leería Jack The Ripper o lo que es lo mismo, Jack El Destripador), un loco al que se le ha ido la cabeza (magistralmente interpretado por Sterling Hayden). Inmediatamente y en el plazo de veinticinco minutos, la delirante Sala de Guerra deberá impedir el ataque a la Unión Soviética y evitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial. El presidente de los Estados Unidos Merkin Muffley (interpretado por Peter Sellers) deberá luchar por cual de las ideas de sus dos asesores es la correcta. Por un lado, la que le ofrece el general Buck Turgidson (genial George C. Scott) y el Dr. Strangelove, un ex-nazi interpretado de nuevo por Sellers que terminará por ser el personaje más surrealista de la cinta.
Durante la hora y media de la película, el presidente contactará con la base del general Ripper donde su ayudante, el capitán Lionel Mandrake (de nuevo interpretado por Sellers) se hará cargo de la situación cuando su superior ha decidido renunciar a su puesto. Mientras, en la Sala de Guerra se llega a convocar al embajador soviético, más pendiente de la comida que hay puesta en el buffet que de solucionar la grave crisis que azota al mundo y que está a punto de convertirse en una verdadera catástrofe.
Al hablar de esta película hemos de hacerlo en primer lugar de la valentía que su director adoptó para, en una época tan convulsa, hacer una película sobre la destrucción del mundo. Además, los poderes políticos quedan reflejados como unos auténticos tarambanas. Si ahora, alguno se decidiera a hacer una nueva versión (ojala no sea así), los personajes serían completamente extrapolables. Es una película atemporal que, aunque se enmarque en el contexto de la Guerra Fría, es perfectamente acoplable a la situación que vivimos actualmente con las armas nucleares y de destrucción masiva. Con un guión del propio Kubrick y de Terry Southern, el cuidado con el que ambos escogieron los lugares de rodaje, la iluminación tenebrosa que la película iba a tener así como el fantástico reparto que dotará a la película de una gran calidad interpretativa.
En este sentido hay que reconocer en primer término a un inconmensurable Peter Sellers, un actor que no resulta de mi agrado por su excesivo histrionismo pero que en esta película está simplemente brillante. Su caracterización de tres personajes en la misma cinta ha servido para que otros actores se lanzaran a hacer lo mismo a lo largo de la Historia del Cine reciente. Tanto el presidente Muffley, el capitán Mandrake así como el Dr. Strangelove son auténticas proezas de la intepretación del que ya se considera un actor único e irrepetible. Por otro lado, George C. Scott, un actor excelente y que dota a su personaje, el general Buck Turgidson de la locura que podríamos tener cualquiera de nosotros si nos enfrentamos a este tipo de catástrofe. No debemos olvidar tampoco a un actor que, al estar al borde de la destrucción física y moral consiguió hacer que su carrera reflotara gracias a su personaje del general Jack D. Ripper. Hablamos de Sterling Hayden, un gran actor visto en Atraco Perfecto o El Padrino II.
La película integra un gran número de situaciones completamente surrealistas. Desde la "Máquina del Juicio Final", que los soviéticos tienen en su poder y utilizan cuando los demás países les tocan las narices hasta la pelea final de tartas que iba a tener lugar en plena reunión de la Sala de Guerra y que al final quedó eliminada por considerarse, precisamente, demasiado "surrealista". Es una cinta angustiosa ya que en todo momento se hace mención a la "destrucción total de la humanidad". El espectador atento irá consumiendo los minutos de la película a la espera de cual será el resultado o el premio que se llevarán todos. Porque todo el mundo en esta historia, por mucho poder que tenga, está indefenso ante un ataque nuclear de una envergadura considerable.
Teléfono Rojo es conocida también por ser la película con el nombre más largo hasta la fecha. Y es que el título original en inglés es Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. En España fue traducido como Teléfono Rojo o Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba. Hay algunas ediciones que directamente optaron por traducirlo como Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú? Mientras los anglosajones prefirieron darle el protagonismo del título al Dr. Strangelove, en España se hizo referencia a la línea de teletipo que unía Estados Unidos con la Unión Soviética y que se realizó precisamente para evitar un desastre nuclear a gran escala. Pocos años después, este fantástico titulo se vio superado (en longitud) por una película de Woody Allen: Todo lo que Usted Siempre Quiso Saber Sobre el Sexo Pero Nunca se Atrevió a Preguntar.
La película tuvo numerosos reconocimientos. En los Premios Oscar de 1965 obtuvo 4 nominaciones a la mejor película, al mejor director, al mejor guión original y al mejor actor para Peter Sellers. No se llevó absolutamente ningún premio, ni siquiera uno de los favoritos, el de Peter Sellers en detrimento de una película claramente inferior como es My Fair Lady. En los BAFTA obtuvo el reconocimiento a la mejor película, a la mejor película británica aunque no así al mejor director y al mejor actor, galardón que compartían Peter Sellers y Sterling Hayden.
Nos quedamos con una de las frases más míticas de la película, donde el Dr. Strangelove hace alarde de su poder y su "inteligencia" (busque usted información acerca del Síndrome de la Mano Extraña, le ayudará a entender el comportamiento de este personaje):
"Sugiero que los aquí presentes deberíamos vivir en galerías subterráneas por al menos 100 años. A cada uno de los hombres nos serían asignadas 100 voluptuosas jóvenes para reproducirnos".
Lo peor de todo es que esta decisión, sí se aprobó por unanimidad.

Crítica El Escritor; Las apariencias engañan

7/10

Mientras veía la película sólo se me venía a la cabeza la idea de que esta cinta no era de Polanski. No parece su estilo, visto en otras películas de suspense como La Novena Puerta, Frenético o algunas de las más recientes que el director polaco nos ha dejado. No obstante, recupera el viejo estilo de las películas de Alfred Hitchcock, con una intriga muy bien planteada donde un solo personaje es el principal y no llena de artificios la pantalla. Gracias a esta cinta, mi admiración por Ewan McGregor ha ido in crescendo. Nunca pensé que el afamado protagonista de aquella cinta que tan poco me gustó en su día como Trainspotting fuese a convertirse en uno de los mejores actores del cine actual con interpretaciones para todos los gustos. Desde el caballero Jedi de la última saga de Star Wars, el fantástico musical Moulin Rouge pasando con su colaboración con Woody Allen en El Sueño de Casandra. Y es que en esta película, él es el absoluto protagonista de esta historia en la que nos tendremos que ir introduciendo en su mente a la espera de tener nuevos acontecimientos. Se agradece que Roman Polanski nos haga mirar las cosas desde el punto de vista subjetivo. De esta forma, la intriga cobra más sentido y no somos sólo meros espectadores.
A esta táctica del buen suspense sin efectos especiales y sin sobreactuaciones se unen dos actores de talla mundial y con una carrera labrada durante veinte años. Por una parte, el irlandés Pierce Brosnan, llamado a estar desaparecido tras su paso por cuatro de las películas de la saga Bond. En esta película, el actor interpreta a un ex-primer ministro con muchas cosas que esconder de cara al libro de memorias que escribe junto a McGregor y de cara a toda la gente que un día le votó. Sin ser un excelente actor y sin aparecer demasiado en la pantalla, los momentos en los que Brosnan aparece le dan un toque de elegancia y clase a la película, aparte de algún momento de intriga que dejará a más de un espectador perdido. Por otra parte, tenemos al gran Tom Wilkinson, un irrepetible actor que consigue hacer grande hasta el papel más pequeño que le den en cualquier película. En esta ocasión jugará a ser una pieza para el puzzle que Polanski nos trae a colación.
Con un guión basado en una novela de Robert Harris (y que él mismo adapta para la gran pantalla), el autor de El Silencio de los Corderos escribe junto a Polanski una serie de diálogos bien construidos y que, aunque algo enrevesados en el conjunto de la película, no resultan tan complicados como en otras ocasiones. Y es que, como dije al principio, no me da la sensación de estar viendo una película de Polanski. Me da la impresión de estar viendo así como un remake de Michael Clayton, aquella magnífica película de Tony Gilroy donde la intriga se sustentaba en un abogado (interpretado por George Clooney) y sus relaciones con diferentes mundos de la industrial empresarial. Aquí, en El Escritor, Polanski y Harris tejen una trama política que contiene numerosas referencias a la Historia reciente tanto de Estados Unidos y de Inglaterra mientras, a través de los ojos de Ewan McGregor, llegamos a un final, que no siendo de infarto, permite al espectador salir de la sala de cine pensando que ha invertido bien su dinero en ir a ver otra muestra más de lo gratificante que es pensar que el cine europeo todavía está vivo.

Crítica de Lolita; Viaje a la locura del delirio sexual

8/10

La adaptación cinematográfica de una novela como Lolita, de Vladimir Nabokov, asumía una multitud de riesgos inherentes a la propia naturaleza de la pieza literaria; la autorreferencialidad que la conduce, la compleja relación espacio-tiempo, la condensación de sentimientos difíciles de llevar a la pantalla, etc. No obstante, la película homónima salió airosa e incluso victoriosa del trance por una gran cantidad de condicionantes que la encauzaron al buen camino. El primero de ellos es evidente; fue el propio Nabokov quien firmó el guión cinematográfico. Probablemente su mayor logro fue evitar la adherencia exacta de lo que imaginó en prosa aunque sin dejar de ser un fiel retrato visual de la novela. Así encontró un cómodo término medio que le dio margen a experimentar con el tiempo fílmico, como el comienzo en el que se muestra el trágico e hipnótico final de la novela.

Continuando con los ingredientes que hacen de esta película una excelente adaptación de una obra literaria así como un ejercicio de estilo cinematográfico de gran pureza, no podemos olvidar quién se esconde tras las cámaras. Stanley Kubrick, a quién le rendimos un merecido homenaje en este blog, se erige como uno de los grandes directores de la historia de cine con pruebas fehacientes de ello; con Lolita se circunscribe a un guión más o menos cerrado de antemano, sin embargo la minuciosidad de los planos y el control sobre las interpretaciones de los actores lo elevan sobre la mediocridad general de las adaptaciones.

Son precisamente esas interpretaciones el vértice restante de este triángulo excelente que hoy reseñamos. Perdurable es, sin duda, el rol de Peter Sellers como ese monstruo ególatra y tartamudo que aparece en la trama como una sombra no siempre visible aunque de enorme importancia en el devenir de los acontecimientos. Sellers construye a su personaje con precisión y cautivadora imaginación en una de las mejores interpretaciones de su carrera. La réplica se la da James Mason en su rol de Humbert Humbert, el profesor europeo (maravilloso acento en la versión original) que se traslada a New Hampshire para impartir lecciones en la Universidad pero que se topa durante el verano con la encantadora Lolita (o la sugerente Sue Lyon), quien le hará, arrastrado por la pasión, replantearse toda su vida. Para disfrutar de su compañía deberá casarse con su madre, interpretada por Shelley Winters, una enamoradiza y egocéntrica mujer madura que, ciega por la necesidad, no se percata de lo que mueve a su marido hasta su trágico final.

Lolita es todo un catálogo de sentimientos humanos despreciables, descarnados y ordinarios (no en vano fue criticada desde todos los flancos conservadores). Con ella, nos sumergimos en los pensamientos mezquinos del respetable señor Humbert, siempre derrotado y a la zaga de la dulce niña que lo domeña a placer, hasta niveles de destrucción personal evidentes, como la secuencia en la que pierde la cabeza en el hospital, desesperado por la pérdida de su amada y con un Mason inconmensurable.

La obsesión sexual continua, inmune al tiempo y a la pérdida, sin embargo Lolita ya no es la misma, su aura de adolescente virginal se ha perdido y vulgarizado. La herida, no obstante, no sana, permanece como una enfermedad incurable, un delirio soterrado que, ni siquiera con el asesinato del que se identifica como culpable, desaparecerá.

Crítica Pulp Fiction; Un clásico del cine moderno


9/10

No hay palabras para describir lo que se siente al visionar o al escuchar algunos diálogos de Pulp Fiction. La magia que Tarantino transmite en sus guiones y plasma en sus películas es innegable. Ésta, su segunda película, se ha convertido con el paso de los años en todo un auténtico clásico de los últimos tiempos del cine. Y es que al igual que su director, son muchos ya los que tienen Pulp Fiction como su película y director de cabecera. Esta cinta es larga pero no deja ni un solo segundo al espectador para que reflexione sobre sus opciones de quedarse dormido o seguir descubriendo que es lo que tiene el maletín de Marcellus Wallace, las intenciones de Mia Wallace, las fantásticas conversaciones entre Vincent y Jules (magistral escena del coche y el disparo por accidente) así como el falso protagonismo que adquiere Butch, el personaje de Bruce Willis que anteriormente pasó por las manos de Matt Dillon e incluso Sylvester Stallone o Mickey Rourke (en sus mejores tiempos) en un intento de Tarantino por completar el cásting de esta película. Es de justicia reconocer el buen trabajo que hace un actor tan mediocre y limitado como es Bruce Willis, al que ya jamás volveremos a despegar de su rol en Jungla de Cristal o El Sexto Sentido.
Si hablamos de las arduas, largas y tempestuosas tareas de casting que se llevaron a cabo para realizar Pulp Fiction hay que mencionar que el papel de Vincent Vega, interpretado por un resucitado y bien hallado John Travolta (fofo y blancuzco, pero con una nominación al Oscar al mejor actor bajo el brazo) fue ofrecido en primera instancia a actores tan dispares como Liam Neeson, Daniel Day Lewis e incluso Mel Gibson. Para el papel de Mia, actrices como Isabella Rossellini, Holly Hunter, Melanie Griffith así como Kim Basinger fueron las que inicialmente tenía el director en mente. No obstante, estuvo a punto de ser interpretado por Julia Roberts si no llega a ser porque las pretensiones y el salario de la actriz eran demasiado altos para una película de bajo presupuesto como es Pulp Fiction. Finalmente, Uma Thurman, que posteriormente habría de ser llamada "la musa de Tarantino" fue la escogida para interpretar a Mia Wallace. Y como olvidarnos de Samuel L. Jackson, un hombre cuya presencia ya es suficiente para llenar cualquier papel.
La película se divide en tres partes a cada cual más interesante. La primera de ellas narra las peripecias que vive Vincent con la esposa de su jefe, Marcellus Wallace. Drogas, batidos y bailes se superponen unos a otros en una de las secuencias de baile más conocidas de la Historia del Cine. La segunda de las historias (o capítulos, en el argot tarantiniano) cuenta la historia de la estafa que le hace Butch (Bruce Willis) al mafioso local y cómo consigue huir de la ciudad para que éste no intente matarle tras huir de un combate previamente amañado. Un punto clave de esta historia es un reloj que perteneció a dos generaciones de la familia del personaje de Bruce Willis y que permaneció oculto en un sitio muy escabroso de la anatomía de Christopher Walken. La tercera historia sirve de desenlace a esta maravillosa película y nos regala la escena del "asesinato sin querer" y la ya mítica frase "Soy el Sr. Lobo, resuelvo cosas", interpretada por Harvey Keitel. También es conocida esta historia por albergar la aparición en forma de cameo de su director, Quentin Tarantino, como el hombre que ayuda al Sr. Lobo, a Vincent y a Jules a volver a la normalidad.
Hay muchas teorías acerca del contenido tan brillante del maletín que Travolta y Jackson tienen que recuperar. El que escribe se inclina a lanzar la suya y decir que se trata simplemente de lo que Alfred Hitchcock ya utilizó en sus películas: el McGuffin, un elemento que nadie sabe lo que es ni aparece en todo el metraje pero que es la clave y la base sobre la que se mueve el guión. El ejemplo más famoso fue Con la Muerte en los Talones, en la que Cary Grant era perseguido por llamarse George Kaplan, un personaje que no sabemos quién es ni aparece en toda la película.
Pulp Fiction es una de las grandes obras del cine debido al uso que hace de los elementos que aparecen en la película. Por ejemplo, el uso de los cuartos de baño, en los que cuando Vincent Vega entra, la película ha tomado un giro u otro. Las referencias a Uno de los Nuestros, la referencia a la futura Kill Bill con unas descripciones casi perfectas de los personajes de la película que Tarantino hará en un futuro, entonces, lejano. La serie Los Simpsons también ha bebido de algunos elementos de Pulp Fiction.
Pero, ¿que elementos de la Historia del Cine ha tomado Tarantino? Pues sin ir más lejos, Psicosis. La escena de la huida de Bruce Willis y el momento en el que se encuentra al hombre del que está huyendo en un semáforo es el ejemplo perfecto. Las referencias a Reservoir Dogs, ópera prima del director también son más que latentes. Si no, fijense simplemente en el nombre del personaje de Travolta.
Candidata a 7 Oscars de los cuáles solo arrancó 1 al mejor guión original, Pulp Fiction ganó la Palma de Oro en Cannes. El único de los actores que vio recompensado su trabajo fue Samuel L. Jackson, que ganó el BAFTA al mejor actor de reparto. Sin embargo, tanto a los Oscar como a los Globos de Oro estuvieron nominados John Travolta (al mejor actor), Uma Thurman y Samuel L. Jackson (a los mejores actores de reparto). Tarantino optó al premio al mejor director en todos los festivales donde se exhibió pero sólo consiguió en cada uno de ellos un premio para su magistral guión.

Crítica de An Education; Tibio retrato de un despertar

6/10

El tema de la conquista de jovencitas autoconscientes de una ficticia madurez por parte de hombres mayores obsesionados con el sexo o que simplemente buscan en mujeres de tierna edad lo que no encuentran o consiguen entre aquellas de su misma etapa vital, ha sido tratado prolíficamente tanto en la literatura como en el cine. Probablemente fue Nabokov quien con mayor maestría, primero en su novela Lolita y posteriormente firmando el guión de la adaptación cinematográfica de Kubrick (que muy pronto reseñaremos en esta página), desarrolló el asunto de la obsesión y la degradación del hombre hasta extremos que muchos catalogarían de violación. No en vano, Lolita fue sometida a una feroz crítica por los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense y su escritor portó durante toda su vida la etiqueta de “degenerado sexual”.

An Education no llega tan lejos. La película de la directora danesa Lone Scherfig (Italiano para principiantes, Wilbur se quiere suicidar) se basa en el guión del novelista británico Nick Hornby que, a su vez, utiliza el libro de Lynn Barber sobre un joven oprimida en su hogar que se topa con un encantador hombre mayor que ella que la colma de atenciones y diversión. La cinta desarrolla correctamente la trama, con cierto pulso aunque con una tibieza general que impide que remonte el vuelo más allá de la mediocridad. Sin duda, lo más remarcable de An Education es la interpretación de la joven promesa Carey Mulligan, quien sostiene todo el peso de la historia, ilumina secuencias anodinas e imprime un toque sutil y elegante al conjunto. Muy lejos queda un simpático aunque poco atractivo Peter Sarsgaard que construye un señor Humbert patoso e infantil (nada que ver con el desquiciado James Mason de Lolita), un extremadamente caricaturizado Alfred Molina o la tontuna de Rosamund Pike. Afortunadamente, aparecen en pequeños roles la siempre deliciosa Emma Thompson y la camaleónica Sally Hawkins.

La película de Scherfig cuenta con un guión sólido, sin demasiadas concesiones a la inventiva, sorprendentemente ya que es Hornby del que hablamos. La estética opresiva de los 60 confiere aun más sobriedad al conjunto, a pesar de que está perfectamente recreado a semejanza de, como han advertido algunos críticos, la excelente serie de la HBO Mad Men. Y es que es posiblemente ese mundo gris y claustrofóbico el que confiere con mayor acierto lo que la película quiere comunicar; la hipocresía de la clase media respecto a su brillante hija, quien descubre que únicamente la quieren ver casada con un hombre rico, como entregada al mejor postor, por encima de cualquier atisbo de la educación que, aparentemente, le quieren inculcar. La mujer de la época aparece así como un objeto que daba beneficios a largo plazo, en lugar de una persona con sentimientos o sabiduría. Curiosamente eran las sabias las que quedaban solas, como la profesora brillantemente interpretada por Hawkins, una mujer íntegra y madura que sin embargo vive sola entregada a la literatura y contra la que se enfrenta la protagonista, contraponiendo dos modelos enfrentados; vivir la diversión del momento de la mano de un esposo rico (que además se ganaba la vida de forma ilícita) o bien entregarse a su propia formación como persona.

An Education ha tenido un éxito considerable a nivel internacionales, con tres nominaciones a los Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Actriz para Carey Mulligan, que se hizo con el BAFTA merecidamente. Mulligan es, en definitiva, lo más reseñable de una película que avanza segura aunque sin demasiado corazón sobre una historia trillada del despertar prematuro de una joven. En este caso, presenciamos el despertar de una joven actriz que, probablemente, dé mucho que hablar en el futuro más próximo.

Crítica El Concierto; Melodioso canto hilarante

7/10

La comedia europea está de enhorabuena. Más allá de los gags escatológicos que imperan en el cine estadounidense, los realizadores del continente han encontrado su fórmula en personajes tiernos, historias entrañables y un ritmo frenético que propicia la sonrisa constante antes que la carcajada espontánea. En la mente de todos están cintas como las recientes Bienvenidos al Norte o Buscando a Eric. Son películas con alma, dirigidas al corazón, aparentemente sin pretensiones aunque con un profundo poso de crítica. Todos estos son ingredientes que se aglutinan en la certera El Concierto, tercer largometraje del rumano Radu Mihaileanu afincando en Francia, tras las muy apreciables y divertidas El tren de la vida y Vete y vive. Emociones engarzadas en una hilarante trama de chistes políticos y situaciones absurdas hábilmente conducidas es lo que nos ofrece ahora Mihaileanu en una recomendable cinta para el entretenimiento de una tarde de invierno.

La historia arranca con el impulsivo robo de una invitación de un concierto en el Chatelet de Paris por un degradado director de orquesta que debe limpiar cada día el teatro moscovita donde un día fue grande. Su oposición al régimen de Brezhnev le costó su carrera y ahora pretende tomarse la revancha lejos de Rusia. Para ello cuenta con su fiel amigo Grossman, junto al que reclutará a una alocada tropa de antiguos músicos que se ganan la vida en los trabajos más imprevisibles, y a su manager, un comunista nostálgico que no deja de soñar con el comunismo internacional.

Uno de los valores de El Concierto es la crítica política en clave de humor por la que caricaturiza tanto el pasado como el presente ruso; desde las anquilosadas mentes del comunismo que ahora nadie escucha, hasta el poder omnipotente de los oligarcas, representados en la película por un divertido músico frustrado que promociona la compañía. Sin duda, una de las escenas más hilarantes, es la de la boda que acaba con un tiroteo entre magnates al estilo gángster.

La trama se desarrolla con fluidez, deslizándose en algunas ocasiones en las secuencias más emotivas, aunque manteniendo el tipo hasta el final, cuando desemboca en el magistral concierto de Tchaikovski que encumbra a la banda en contra de lo que podía parecer al comienzo. Aquí al música surge con fuerza, implacable, como una preciosa floritura a modo de epílogo de una historia tierna de redenciones y segundas oportunidades. Las interpretaciones son correctas, en su mayoría de actores amateurs o poco reconocidos a nivel internacionales, a excepción de los actores franceses Francois Berléand y la exquisita Melanie Laurent, recordada como la vengativa judía de Malditos Bastardos.

No podemos más, pues, que recomendar el nuevo proyecto de Mihaileanu, que nos hace reír (aunque no emocionarnos excesivamente) con ganas y, sobre todo, nos eleva el ánimo con la música, ya sea clásica o folk.

Crítica Toro Salvaje; Destrucción y gordura

9/10

Si tenemos que dar una descripción exhaustiva de Toro Salvaje dirigida por Martin Scorsese, hemos de comenzar directamente por su excepcional guión, una de las grandes maravillas que ha dado el Séptimo Arte. Obra de Paul Schrader, el autor de Taxi Driver escribió una de las mejores películas de los años 80. Nominada a 8 premios Oscars, entre ellos película, director y actor (premio que Robert De Niro ganó más que merecidamente) aunque no así para el guión, la que quizás sea una de las grandes injusticias de la Historia del Cine. La película se vio superada por Gente Corriente, una obra de una calidad algo menor pero que cautivó a medio mundo además de ser la primera película dirigida por el actor Robert Redford, el cual le arrebató a Scorsese los premios de Mejor Película y Mejor Director, que el director neoyorquino no conseguiría hasta 2006 con Infiltrados tras siete nominaciones frustradas.
Mención aparte se merece Robert De Niro, un actor que no entra entre mis favoritos pero ante el cual me tengo que quitar el sombrero por la interpretación tan sentida que brinda en esta cinta. Un papel para el cual tuvo que engordar la friolera de 27 kilos para, al final de la película, parecer un hombre totalmente destruido. Fue un récord para la época que fue roto en 1987 por Vincent D´Onofrio y sus 30 kilos de más para La Chaqueta Metálica. Pero, al igual que en El Padrino II, De Niro demuestra de lo que es capaz y porqué tanto crítica como público se rinden ante él.
Con una fotografía en blanco y negro, digna de una buena película de cine negro, Scorsese nos pone ante nosotros una cinta áspera y con un montaje dificil que hace que el espectador tenga que sentirse identificado, bien con De Niro, bien con su mujer o bien por su atormentado hermano interpretado por Joe Pesci, incomensurable actor que trabajó en innnumerables ocasiones con De Niro, algunas de ellas películas del propio Scorsese.
Pero lo que realmente destaca en esta cinta es el guión. Un guión de Schrader que maneja todo tipo de vocablos (de hecho la palabra fuck se repite 114 veces) y que fue ninguneado por la mayor parte de las asociaciones entendidas en cine allá por 1980.
Gran película con una gran interpretación que la crítica no dudó en otorgar como una de las mejores de la Historia del Cine. Porque Robert De Niro sabe hacer cine, últimamente no, pero por lo menos, supo hacer cine. Y eso hay que reconocérselo. Y que mejor para demostrar esta afirmación que viendo la que posiblemente sea la mejor interpretación de su carrera. Ese Jack LaMotta que tantos desvelos tuvo y que tanto triunfó. Pero tal y como triunfó su carrera se vio truncada por su mala administración y por su cada vez más irregular forma física.

Crítica La Naranja Mecánica; Violencia, Ultraviolencia y Beethoven

9/10

Seguimos con nuestro particular homenaje a Stanley Kubrick en esta retrospectiva que hemos dividido en cuatro películas por mes, para poder abarcar las doce cintas que el director neoyorquino nos dejó en herencia. Si en febrero ya comentamos Eyes Wide Shut, La Chaqueta Metálica, El Resplandor y Barry Lyndon, en este mes de marzo tocaremos en profundidad La Naranja Mecánica, 2001: Una Odisea del Espacio, Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú? y Lolita. Todas ellas películas polémicas, obras maestras e imperecederas en nuestras retinas.
Comenzamos esta retrospectiva de marzo hablando de La Naranja Mecánica, una de las películas más prohibidas de la Historia del Cine. De hecho, en el propio país del director y donde se rodó la película, estuvo prohibida durante 30 años. En Inglaterra nadie podía ver La Naranja Mecánica. Parecía que la sociedad británica no estaba acostumbrada a tanta realidad en el cine. Bien es cierto que se exageran algunos aspectos, pero normalmente suelen ser aspectos decorativos y formales.
Si comenzamos nuestro análisis debemos hacerlo por la novela en la cual se inspira la película. Anthony Burgess, gran autor de obras musicales así como de todo tipo de novelas, realizó La Naranja Mecánica en recuerdo de un suceso que le sucedió en 1944 cuando fue víctima de un robo y una violación a su mujer en la ciudad de Londres por parte de cuatro soldados del ejército norteamericano. Su esposa, embarazada, abortó como consecuencia de esta brutal agresión. Hay toda una serie de teorías que intentan descubrir el porqué del nombre de esta cinta, quizás uno de los más enigmáticos de toda la Historia de la Literatura así como del Cine. Sin embargo, hay quien se aventura a dar su propia opinión acerca del tema. Sin embargo, todos coinciden en lo mismo. Se trata de una paráfrasis psicológica acerca de la dulzura, el color y buen sabor de una fruta que puede ser condicionada ante cualquier circunstancia asimilándose a cualquier objeto mecánico, que actúa sin libre albedrío. Es una teoría un tanto complicada que el autor quiso explicar intentando decir que el nombre de su novela procedía del malayo, donde la palabra orang significa "persona". De ese modo, y haciendo un juego de palabras, el título real de la obra sería El Hombre Mecánico. Sin duda, es otra vuelta de tuerca a todo el cómputo de teorías que existen acerca del nombre de la novela.
De lo que nadie tiene duda es del poder que ejerció el libro en la sociedad de la época. Para empezar, la jerga que utiliza su protagonista, Álex, para introducirnos de lleno en su mundo. El autor inventó este "dialecto", por llamarlo de alguna forma, al que llamó nadsat. Burgess lo identificó con el idioma de los adolescentes combinado con palabras procedentes del ruso: drugos, pijotera, etc. La utilización de esta jerga dota a la novela y posteriormente a la película de un aire de atemporalidad, la cual no hubiera sido posible si se hubiera hecho con un guión inspirado en la época.
Cuando Stanley Kubrick hizo la película decidió recurrir a las técnicas que lo hicieron conocido en todo el mundo. La aceleración, ralentización del tiempo, la utilización de la cámara manual, la inserción en determinados momentos de la cinta de fragmentos de películas clásicas y la fantástica adaptación de piezas clásicas tanto del gran Ludwig Van Beethoven como de Edward Elgar o Rossini así como composiciones originales de Walter Carlos, compositor que se cambió de sexo durante el rodaje de la cinta pasando a ser Wendy Carlos y que aún hoy sigue premiándonos con auténticas bellezas musicales.
Las escenas de violencia extrema e incluso de sexo explícito hicieron que se coartase la proyección de la película en ciertos países todavía sometidos a los yugos de las dictaduras o que, simplemente, eran presa del catolicismo imperante en la Europa de los 70. Sin duda, el suceso más triste que se recuerda es la sucesión de una serie de crímenes horrendos acaecidos en el Reino Unido tras el estreno de la película. Los detenidos eran todos jóvenes que declararon que se habían visto influenciados por el conjunto de lo que habían ido a ver al cine. A partir de entonces, los medios apuntaron como principal culpable de lo sucedido a Stanley Kubrick, quien se vio tremendamente afectado debido a que descubrió que no todo el mundo había comprendido el mensaje que la película quería transmitir. Tras esto, Kubrick obligó a Warner Bros. a retirar la cinta de los cines de Inglaterra después de más de dos meses de exhibición. De esta forma, La Naranja Mecánica no pudo ser vista en los cines del Reino Unido hasta la muerte de Kubrick en 1999.
Una de las escenas más memorables de la película es aquella en la que nuestro protagonista tiene los ojos abiertos a la fuerza mediante un sistema de pinzas que le sujetan los párpados. A Álex se le administra una droga que le hace tener horribles pesadillas cuando "videa" imágenes en las que aparecen signos de violencia. Encima, si las imágenes están acompañadas de la Novena Sinfonía de Beethoven, el músico preferido de Álex, la cosa se pone interesante. Es lo que se llamó "Experimento Ludovico" y que nadie nunca se atrevió a poner en práctica en la vida real.
Si hay algo que destaca de la película, aparte de la técnica anteriormente mencionada, el tema, la música y las consecuencias es una persona. Un actor joven que vio como su carrera comenzó a caer en declive ya que, aunque la cinta le dio un reconocimiento inesperado con un sinfín de premios, tardó largo tiempo en deshacerse del papel que le dio la gloria. Para separar a Álex de Malcolm McDowell, el actor se llevó años y años haciendo papeles menores. Actualmente es un gran actor de televisión al que podemos ver en Stargate o Héroes.
Obligado visionado de La Naranja Mecánica a todas aquellas personas a las que les guste el buen cine. Pero cuidado con lo que se dice, que aunque vivimos en el siglo XXI, no sabemos todavía de lo que es capaz una persona. Y yo me hago una pregunta:
¿Usted es humano o.... mecánico?